Este viaje se gestó en plena crisis pandémica, todos decían: «¡no viajes, quédate en casa, es muy peligroso!». Habíamos terminado el confinamiento en España, desde 15 marzo hasta 21 junio de 2019. Francia apenas tenía restricciones en ese momento, aunque no teníamos muy claro que nos dejaran pasar en la frontera de la Junquera, pero nos lanzamos a la aventura. Comenzamos nuestro personal «Le Tour de France» en la ciudad de Barcelona, habíamos volado con Vueling desde el aeropuerto TFN a la ciudad condal, donde habíamos alquilado un coche en Rentalcar con la compañía Firefly. Ahí comenzó nuestro primer contratiempo, yo tenía el carnet de conducir caducado, así que Rosi se hizo con los mandos del vehículo, uff!!!!, fantástico, yo hice de copiloto y disfruté del paisaje.

Antes de llegar a la frontera con Francia nos dio tiempo de conocer alguno de los pueblos con más encanto de Cataluña, según algunas páginas webs y revistas de viajes. Empezamos en Tossa de Mar, con su recinto amurallado de la Vila Vella es el único ejemplo de población medieval fortificada que se conserva en el litoral catalán. Continuamos hasta Peratallada, un pueblo en pleno Empordà, con callejuelas de piedra que se remontan al siglo X, Hicimos noche en la masía Ca L’Anguilla, para continuar visitando Besalú, una villa medieval de la Garrotxa, cuya entrada, por el puente medieval de siete arcos del siglo XI sobre le rio Fluviá es espectacular. Las noticias de un posible cierre de la frontera con Francia precipitaron nuestro itinerario, dejando pueblos como Siruana, Montblanc, Solsona, Pals, Sitges o Cadaques (que ya conocíamos) para otro viaje y pasar a nuestro país vecino y no parar hasta a Carcassonne, donde hicimos noche y donde ya habíamos estado en el Viaje al País de los Cátaros en las navidades de 2017.

Nuestra siguiente entrada será la Ruta por los pueblos más emblemáticos del Midi-Pyrénées, antigua región administrativa de Francia que tras la reforma territorial de 2014 se fusionó con la región Languedoc-Rosellón para formar la nueva región de Occitania. Del tamaño de Dinamarca y más grande que Bélgica o Suiza, se encuentra al sur limitando con España y el Principado de Andorra. Nuestro periplo, de unos aproximadamente 4 días, comenzó en la ciudad episcopal de Albi, con la monumental Catedral de Santa Cecilia y el Puente Viejo sobre el río Tarn, uno de los más antiguos de toda Francia que aun sigue en funcionamiento. Luego se sucedieron los pueblos de Cordes-sur-Ciel, literalmente colgado del cielo, Saint-Antonin-Noble-Val hay que verlo desde el puente sobre el río Aveyron, en la orilla opuesta, espectacular. El pueblo de Najac, ubicado en la cresta de la montaña en una garganta del río Aveyron, tiene una sola calle que va desde la plaza Faubourg hasta el Castillo del s.XII. Un agradable paseo por el valle siguiendo el curso del río nos llevó a nuestro siguiente pueblo, Belcastel, de casas apiñadas entorno al castillo. Una grata sorpresa la encontramos en la población de Salles-la-Source, una cascada divide el pueblo en dos, realmente espectacular, una parada obligatoria. Continuamos hasta Conques, esta villa está enclavada en la ladera de un frondoso bosque, en el Camino Santiago Francés. Su bella bella arquitectura rural, con sus casas de fachadas de madera entramadas, combinada con la pizarra de los tejados te traslada a la Edad Media, además habíamos llegado temprano y una ligera niebla le daba un halo aun mayor de misticismo, bajo la atenta mirada de la imponente Abadía románica de la San Fe. El pueblo de Saint-Cirq-Lapopie, está situado en un entorno ya de por sí grandioso, en el Parque Natural Regional de Causses du Quercy, encaramado sobre los acantilados formados por la erosión del rio Lot. El conjunto está formado por un entramado armonioso de casas con fachadas de piedra caliza de color marfil y tejados de arcilla de color rojo distribuidas en una gran pendiente, las vistas desde sus miradores son impresionantes. Fuimos a descansar a la ciudad de Cahors famosa por su vino, el puente Valentré y la Catedral Saint-Etienne., para coger fuerzas para nuestro último pueblo, Rocamadour, otro de los indispensables en esta ruta, desde lejos ya se observa que el pueblo está colgado del acantilado sobre el río Alzou. El pueblo esta en la base del acantilado y una escalera de 200 escalones te lleva al complejo monástico, con un palacio y 7 capillas- La más importante es la Iglesia de Notre Dame en la que se venera la Virgen Negra objeto de peregrinación.

A un ritmo pausado tomamos nuestra siguiente aventura, la Ruta por la Dordoña y el Périgord Negro. Actualmente el Périgord y el departamento de Dordogne son sinónimos y designan el mismo territorio. Los criterios utilizados para nombrarlos son geográficos o hidrográficos. El Périgord se refiere al departamento de Dordoña, situado en el suroeste de Francia, en la nueva región de Aquitania. Además la región del Périgord se la suele denominar por cuatro colores; negro, blanco, verde y morado. cuyos orígenes se pierden en los albores de la historia. Así, el Périgord Negro se refiere al bosque (oscuro), a veces también a la trufa. El Périgord Blanco hace referencia a los suelos calcáreos y de piedra caliza, el Périgord Verde se caracteriza por sus praderas y, por último, el Périgord Morado, por sus vinos. Nuestro primer pueblo fue Sarlat-la-Canéda, la capital de la comarca, recorrimos sus callejuelas y monumentos históricos protegidos por ley Malraux, que le han permitido quedar intacta a modificaciones modernistas. El siguiente pueblo en la ruta fue Beynac-et-Cazenac, dominado por la silueta de su castillo del s.XII en lo alto del promontorio a los pies del río Dordoña. Muy cerca en el valle se encuentra el Château de Castelnaud-la-Chapelle.que se alza sobre un espolón rocoso del río. No podía faltar un baño en el río Dordoña, en las muchas zonas acondicionadas para el camping de esta zona, el calor apretaba en esos días

Nuestra siguiente entrada se la dedicaremos a la Ruta del Vino, el Comic, el Coñac y las Ostras, ciertamente parece lo que es, un cajón donde incluir las diferentes zonas que visitamos durante 5 días. Daniel, nuestro hijo, nos había hablado maravillas de este pequeño pueblo vinícola, Saint-Émilion, cerca de Burdeos, que habíamos visitado en Burdeos: “un foot tour”. El paisaje de viñedos, un verde que lo inunda todo, el olor, un perfume embriagador que todo lo envuelve y el pueblo medieval , rodeado de bodegas, fue una experiencia sensorial maravillosa. Nos dio mucha pena solo poder visitar una bodega. Continuamos hacia Angulema, capital del departamento francés de Charente, considerada la ville dessinnée de Francia, desde que hace veinte años se iniciara la costumbre de cubrir sus fachadas con murales, sobre todo en la Ville Haute (parte alta). Pasear entre personajes del comic fue divertido, esperando descubrir a Luky Luke y los hermanos Dalton o girar una esquina y ver a Asterix y Obelix o sentirte observado por el Corto Maltés. Pero también tiene sus tesoros arquitectónicos como el retablo en piedra de la fachada de la Catedral románica de St-Pierre. La siguiente ciudad que visitamos fue Cognac, donde se fabrica el celebre licor francés, paradójicamente, la ciudad le debe mucho al agua dadivosa del río Charente que vivifica valles y colinas tapizándolas de viñedos. No puedes continuar sin una visita a una de sus famosas bodegas, Otard, Hennessy, o Rémy Martin, etc, alguna de ellas fundadas a principios de 1700 y que aun guardan barricas y botellas de esa época. Por fin el mar, llegamos a La Rochelle, un antiguo puerto de pescadores cuya entrada está flanqueada por dos torres medievales. Aunque hoy no queda mucho de la ciudad amurallada que fue en su centro histórico se puede disfrutar de casas con entramado de madera y palacios de arquitectura renacentista, con callejones cubiertos de arcos del siglo XVII. Un gran puente une la ciudad con la Isla de Re, un destino veraniego, naturaleza y bicicletas, con un habitante sorprendente, el burro lanudo. Encantadores pueblos blancos, playas de grandes arenales, criaderos de ostra, un manjar exquisito, fue nuestro paraíso varios días.

La siguiente entrada será la Ruta por la Bretaña, le dedicamos 7 días y la he dividido entre la zona sur y la norte de Bretaña. Comenzamos por la zona Sur de Bretaña en Nantes, aunque actualmente es la capital de la región de los Países del Loira, siempre estuvo muy ligada a Bretaña. La ciudad natal de Julio Verne que ve sus sueños hechos realidad en la Isla de las Máquinas, en la orilla izquierda de Loira en unos antiguos astilleros. Apoyándose en el universo de las máquinas del florentino Leonardo da Vinci se ha creado todo un universo de criaturas mecánicas que hacen disfrutar a niños y mayores. Su centro histórico es fácil de visitar porque hay una línea verde que une todos los monumentos. Aunque destaca el Castillo Medieval de los Duques de Bretaña y la Catedral de San Pedro y San Pablo. Para conocer el espíritu bretón nos dirigimos al bosque Brocéliande, donde se desarrolla la leyenda artúrica. Visitamos el Castillo Comper, centro de interpretación del imaginario artúrico y donde nació el hada Viviana, quién enamoró al mago Merlín y educó a Lanzarote, en su palacio de cristal bajo las aguas del pueblo de Paimpot. Nos acercamos hasta la Tumba de Merlín y la fuente Barenton. Paramos en el castillo renacentista de Josselin, donde Las imponentes torres del castillo de los Rohan se reflejan en las aguas del Oust . Continuamos hacia los pueblos de Malestroit y Rochefort-en-Ter antes de llegar a la población costera de Vannes. Capital de la provincia de Morbihan, ciudad medieval fortificada, simplemente callejeamos por sus calles adoquinadas con casas del s. XV. Fue nuestro punto de partida para conocer toda la costa sur bretona. Primero visitamos Auray. cuenta con el puerto de Saint-Goustan que se encuentra escondido en el fondo de una ría. En los días siguientes nos acercamos a la península de Quiberón, de hermosas playas de arena en el este y una costa acantilada y salvaje en el oeste. En la península de Locmariaquer, patria de druidas, quedamos embobados por los campos de menhires de Carnac, realmente fascinante. No hay una límite claro entre la Bretaña del sur y el norte, algunos dicen que comienza cruzando la desembocadura del río Aven. Así que después de visitar Pont-Aven, donde Gauguin fundó una escuela de pintores cruzamos esa línea invisible.

Ya en el territorio del norte de Bretaña nos dirigimos hacia Quimper, antigua capital de la región de Cornualles. Con la vista puesta en las agujas de la catedral de Saint Corentin, nos guiamos por la callejuelas medieval, cruzando el río Odet en varias ocasiones. La región de Cornualles nos sumergió en los grandes espacio naturales y salvajes como pudimos comprobar en la Punta de Raz, donde la violencia del océano se hace patente por el número de naufragios, con costas escarpadas y erizadas de aristas que surgen de la espuma del mar. Ahora entramos en la región de Finisterre al llegar a la localidad de Douarnenez, que tiene la singularidad de poseer cuatro puertos. Hicimos una parada en Locronan, donde las casas están construidas en piedra, en duro granito. Vimos Le Faou, puerta de entrada a la península de Crozon, y antiguo puerto de cabotaje y terminamos en el cabo Saint Mathieu, otro mirador al Océano y al fin del Mundo como se conocía en la antigüedad. Nos dirigimos hacia la Bretaña bañada por las aguas del Canal de La Mancha, al puerto más británico de Francia, Roscoff. Cerca se encuentra la ciudad de Morlaix, encerrada en un estuario, destaca su alto viaducto. Pusimos rumbo hacia la Costa de Granito Rosa, la carreta que va desde Treberdin hasta Perros-Guirec, bordea el mar entre arrecifes, acantilados y bellas playas como la de Trégastel. Sin olvidarnos del faro de Ploumanach erigido sobre rocas redondeadas y ciclópeas de color rosado. Entramos ahora en la Costa Esmeralda, su color viene del mar y no de la tierra, aunque tiene algunas similitudes con Asturias, poblaciones como Dinard, Dinan Cancale o Saint-Malo son el corazón de esta costa impresionante. Cuna de piratas y corsarios, con ciudades amuralladas, puertos de leyenda y balnearios de la belle epoque. Finalizamos nuestra ruta en la capital actual de Bretaña, la ciudad de Rennes, con un casco medieval de callejuelas erráticas que desembocan en la magnífica plaza Sainte-Anne.

Nuestra siguiente entrada será la región de Normandía. A la tierra del calvados y el camembert, le dedicaríamos 5 días. Comenzamos nuestra ruta en la abadía del Mont Saint-Michael, que habíamos visitado en 1987. ¡La vida mochilera quedó atrás hace tanto tiempo ya!. La modernidad y la tecnología ha alcanzado este enclave y una vez más no hemos podido disfrutar de las mareas altas y de esa estampa singular del monte rodeado del mar. Continuamos hacia las playas del desembarco, sin morbo, visitamos algunos escenarios del desembarco del día-D, como la playa de Omaha y uno de los cementerios. Transitamos por la Costa Nácar, visitando el pueblo de Bayeux con su impresionante catedral gótica de camino a Caen, donde Guillermo el Conquistador mandó a construir dos Abadías, una dedicada a los hombres y otra a las mujeres. Entramos en la Costa Florida, visitando la ostentosa Deuville, refugio de la belle époque, con una kilométrica playa de arena, grandes mansiones señoriales, un casino, el hipódromo, y un famoso festival de cine lo atestiguan. Continuamos hacia la desembocadura del río Sena, donde se sitúa la ciudad portuaria de Honfleur, con su Vieux Bassin (Viejo Muelle) y la Iglesia de Santa Catalina, un precioso templo de madera de 1468. Entramos ahora en la Costa de Alabastro, donde los acantilados de Aval decoran el tramo más espectacular de esta costa. En el pueblo de Étretat se pueden disfrutar de dos de las formaciones geológicas más emblemáticas, la Porte d’Aval y la Aiguille. Nos dirigimos al interior, hacia la ciudad de Rouen, de la cual no recordábamos casi nada, después de los más de 30 años pasados. Su centro histórico con las casas de entramado de madera y argamasa, colombajes, la torre del Gros-Horloge, de origen medieval, cuyo mecanismo relojero funciona desde el siglo XIV o la catedral de Notre-Dame son verdaderamente insuperables. Siguiendo el discurrir del Sena, que forma grandes meandros, nos dirigimos a las poblaciones de Les Andelys y Vernon, con sus viejos molinos y continuamos hacia la población que sedujo a Monet, Giverny; no fue difícil ver el porqué, visitamos su casa, el museo y los jardines que le inspiraron.

Abandonamos Normandía en dirección sur, siguiendo una ruta que nos llevó por Chartres, Orleans y Potiers, todas con un denominador común, sus catedrales. La Catedral de Nuestra Señora de la Asunción (Cathédrale de l’Assomption de Notre-Dame) erigida en el s. XIII en estilo gótico, sus vidrieras son consideradas como  la mejor muestra de este arte medieval de toda Francia. Centro de culto mariano y de peregrinación, porque en su cripta románica se guarda la Sancta Camisia, una reliquia de la Virgen María. En nuestro siguiente destino visitamos la Catedral de Orleans (Cathédrale Sainte-Croix d’Orléans) aunque ha sufrido diferentes reformas y bombardeos. Se erigió sobre anteriores templos en estilo gótico e inaugurada en el año 1829. Nuestra ultima parada fue en Potiers. La Basílica Catedral de San Pedro (Basilique-Cathédrale Saint-Pierre) construida en estilo gótico angevino a partir del año 1160.

Nuestra última entrada estará dedicada al País Vasco Francés, aunque ya lo habíamos visitado en Mi “roadtrip” de Biarritz a Arcachón, donde nos habíamos dejado algunos lugares de mucho interés. En nuestro camino hacia el sur, dejamos atrás Burdeos, que también habíamos visitamos en Burdeos: “un foot tour” y pusimos rumbo a los pueblos pesqueros y productores de ostras de la Bahía de Arcachón, Teste de Buch, Gujan-Mestras, Le Teich, Biganos, Audenge, Lanton, Andernos-les-Bains, Arès. Al único pueblo que no pudimos llegar, en los dos días que lo intentamos, fue a Lège-Cap Ferret, miles de conductores formaban una cola inmensa desde primera hora de la mañana, así que dejamos ese paraje fantástico para otro viaje. Disfrutamos, como no, de unas buenas ostra y un buen vino antes de continuar hacia nuestro siguiente destino.

En Bayona, callejeamos hasta la Catedral de Santa María y luego bajamos hasta el río Nive, donde hay una panorámica excelente de sus casitas con ventanas de colores. Continuamos hacia el bello pueblo pesquero de San Juan de la Luz, con vistas al mar Cantábrico. Tomado por los turistas, aquí las medidas y distancias de seguridad eran mínimas. Así y todo es en su puerto pesquero donde se puede tomar el pulso marinero a esta localidad, barco de colores, redes extendidas, olor a brea y salitre y el graznido omnipresente de las gaviotas. Caminamos por su paseo marítimo de la Grand Plage, en forma de media luna y por su centro peatonal abarrotado de tiendas de moda, antigüedades y bistros de todo tipo. Dejamos la costa para dirigirnos al interior, hacia los Pirineos, para visitar el pueblo de Ainhoa. Casonas con entramado visto, blanco sobre techos rojos a cinco aguas, un frontón de 1849 y un fuerte carácter vasco donde mires.

Nuestro último pueblo del Pirineo francés fue Saint Jean Pied de Port, última parada de todo pelegrino del Camino de Santiago antes e cruzar hacia España. Calles medievales adoquinadas, casas típicas del pirineo vasco. No se pueden perder dos instantáneas casi insuperables, la del Pont Neuf, con el reflejo de las casas en el río Nive, y la de la iglesia gótica de Notre-Dame, desde la Porte Saint Jacques. Aquí pusimos punto final a este «Le Tour» por Francia ,que seguramente será más un punto y seguido en un futuro.

Obviamente todavía nos quedaban unos días antes de regresar a Barcelona y a nuestra querida isla de Tenerife. Ascendimos por la carreta de francia en dirección al Puerto de Ibañeta, donde se encuentra la Ermita de El Salvador y el Monumento a Roldán. Por este punto histórico han pasado celtas, romanos, francos, franceses, y los millones de peregrinos que todos los años van camino a Santiago de Compostela. Descendemos hasta Roncesvalles, su nombre evoca la legendaria derrota de las hueste de los francos de Carlomagno, dirigida por Roldán, a manos de los vascones en el 778. El conjunto alberga la colegiata de Santa María, era un antiguo hospital de peregrinos, la iglesia de Santa María de Roncesvalles, gótico francés del s. XIII con la talla gótica en madera recubierta de plata de Ntra. Sra. de Roncesvalles, en el claustro se puede admirar la tumba del rey Sancho el Fuerte y por último la capilla del Espíritu Santo, o Silo de Carlomagno, del s. XII y estilo románico. Se cree que fue alzada por Carlomagno para enterrar a los muertos en la batalla y el cuerpo de Roldán.

Descansamos en la ciudad de Pamplona, su patrimonio histórico es inmenso, seguimos el discurrir del encierro de los San Fermines, desde la Plaza del Ayuntamiento por las calles Estafeta, Mercaderes, hasta la cuesta de Santo Domingo. Comimos rabo de toro, en un restaurante frente a la Plaza de Toros, nos codeamos con Hemingway en su rincón favorito del Cafe Iruña en la Plaza del Castillo, disfrutamos de la Murallas y de la Ciudadela, visitamos la Catedral de Santa María y nos fuimos de pinchos.

Visitamos Elizondo cruzado por el Bidasoa en pleno valle del Baztán, visitando los lugares donde se desarrolla la trama de las novelas de misterio de Dolores Redondo.

Por último, llegamos a Zaragoza, dónde hicimos otro alto para visitar la Plaza del Pilar, su Basílica y la «Pilarica«, el Palacio de la Aljafería, la zona del Tubo, un entramado de calles que forma la zona de tapeo. Finalizamos este recorrido en Barcelona, que comenzó el 26 de Julio y terminó el 26 de Agosto del 2020. La Pandemia del Covid-19 continuaba aumentado y nos llevaría a otro confinamiento antes de final de año. No sabíamos si podríamos volver a viajar el siguiente año. Muchos países decidieron cerrar sus fronteras y la campaña de vacunación no empezó hasta finales de diciembre, empezaban a oírse los nombre de las vacunas de Pfizer, Moderna o AstraZeneca. Además una luz al final del túnel se abría, el pasaporte covid o tarjeta de vacunación…