Había leído y escuchado, sin dar gran importancia, al termino País Vasco francés, tanto cultural como territorial, quitando de la ecuación el sentimiento político,  me he quedado sorprendido de la gran similitud de ambas comunidades a los dos lados de los Pirineos. Insisto que si dejamos a un lado las reivindicaciones políticas,  podemos valorar la idiosincrasia propia de esta región que parece un corazón partido por la historia.

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No voy a incidir mucho en su historia, solo dar algunos flashes de un pueblo que supo mantener su lengua, el eukera, que siempre fue celosos de su independencia y frenaron primero los intentos de dominación de pueblos como los celtas, íberos y cartagineses. Solo tributarios de los romanos, de los cuales recibieron el nombre de, vascones, pero tampoco los invasores germánicos, francos, suevos y visigodos tuvieron mejor suerte en someterlos. Pocos lograron su vasallaje y por poco tiempo, los godos y francos de Carlomagno. En el año 900 crearon el poderoso Ducado de Aquitania,  vinculado a la Iglesia y a la monarquía inglesa. Tras al Revolución Francesa y las Guerras Napoleónicas comienza su declive y el último clavo será su apuesta por el “Carlismo” en 1833, que provocará la supresión de los fueros y tradiciones vascas que se verá agravado por las dos Guerras Mundiales y el centralismo francés. Mientras en el lado español en 1975, se negoció un estatuto de autonomía para el País Vasco español.  En los últimos años, un resurgimiento del turismo en las zonas costeras, es una luz al final de un largo túnel de oscuridad.

road trip

Nuestro roadtrip comenzó en San Sebastián, la bella Doností, donde tomamos una guagua con ALSA que nos llevó a Biarritz, allí alquilamos un coche con Rentalcars para visitar las ciudades más importantes del territorio Vasco Francés Bayona, Anglet, Hendaya, San Juan de la Luz, San Juan a pie de Puerto y la misma Biarritz. Pero querer no es poder. Los pocos días que teníamos hizo imposible este itinerario que ya se nos ha quedado grabado para una próxima escapada. Así que decidimos dedicar el día a disfrutar de Biarritz.

Biarritz: la Meca del Surf

Con una pasado de puerto ballenero, s. XI, centrado alrededor del Port Vieux, luce con orgullo una ballena en su escudo y en otros monumentos históricos como en su catedral. Se transformó en el s. XIX en ciudad balneario por el capricho de  la emperatriz Eugenia de Montijo, esposa de Napoleon III, que se enamoró de sus 6 km de playas, acantilados y agua marina terapéutica logrando hacer de la ciudad un destino de veraneo e impulsando la construcción de la mayoría de las mansiones y casas burguesas, utilizadas por los más adinerados. Ya en nuestro siglo se ha vuelto a reinventar en lo que es actualmente un paraíso del surf. Miles de surferos de todo el mundo desembarcan sus tablas, lanzándose sobre las olas, donde dibujan giros y gráciles piruetas como si de un gran minué se tratara, imitando a la antigua aristocracia, ahora olvidada, cuyas sombras los observan desde los grandes ventanales de los palacios y casinos que dan al mar.

La mejor forma de disfrutar de Biarritz es pasear desde la Plage de la Cote des Basque hasta el Faro, dejando el mar siempre a nuestra izquierda y solo abandonándolo en un pequeño tramo para disfrutar de las mansiones y monumentos del casco histórico. continuamos por la Plage du Port Vieux, que anunciaba que no se permitía ni fumar ni llevar animales ¡que gente más civilizada!. Una pasarela metálica atribuida al Gustave Eiffel  nos acerca a la Roca de la Virgen (Rocher de la Vierge), un peñasco en medio del mar batido por las olas donde en 1865 colocaron en su cima la estatua de la virgen. La visión del mar embravecido rompiendo contra ella es una imagen imborrable.

Si continuamos llegamos al Puerto viejo, puerto ballenero, actualmente es la típica zona de restaurantes donde comer buen pescado y marisco. 

Aquí el camino se puede bifurcar tomando el camino ascendente hasta la  iglesia de Santa Eugenia y la amplia plaza del mismo nombre con templete y rodeada de bares y tiendas. La iglesia construida 1898 en estilo neo-gótico y en su interior destaca un barco colgado del techo. Si se toma la rue Gambeta nos encontraremos con una gran oferta repletas de tiendas exclusivas.

paseamos por la zona alta del mercado municipal, Mercado Les Halles, en la Place Sobradiel. la zona de mayor ambiente se concentra en las calles GambettaVictor Hugo y Champ Lacombe, tiendas y locales de moda, terrazas donde sentarte, charlar, ver y dejarte ver, vamos mucho postureo…jajaja.

Si continuamos por el paseo llegaremos a la Grande Plage donde destaca el  Casino Municipal, un edificio en estilo art decó construido en 1929, unos pasos más y alcanzamos el Hotel du Palais, ya al fondo se ve el Faro de la Point Saint Martin construido en 1834 con una altura de 74 metros. 

Pero el edificio más emblemático de Biarritz es sin lugar a dudas es el Hotel du Palais cuya historia arranca en 1852 cuando Napoleón III mandó construir este palacio que bautizó con el nombre de su esposa, “Villa Eugenie”, ya en 1880 el edificio fue comprado por el Banque Parisienne y transformado primero en Hotel-Casino y, después, en 1893, en Hôtel du Palais, en la que vive su segunda época de esplendor,  “Belle Epoque” y justo detrás del palacio se levanta la cúpula majestuosa de la iglesia ortodoxa o iglesia de Aleksandr Nevsky que comenzó a construirse en 1890, en  estilo bizantino. El porqué de su presencia en Biarritz se debe a que la Emperatriz Mª Eugenia invitó a la nobleza rusa a veranear en su palacio. Se enamoraron del lugar y, tras la alianza entre Francia y Rusia, el Zar Alejandro III mandó a edificar esta iglesia al arquitecto Oscar Tisnés Gers.

La Duna de Pilat y la Bahía de Arcachón

Uno de los principales motivos de este viaje surgió viendo Canal Viajar, nos sorprendió ver las imágenes de una duna enorme que se situaba en el suroeste de Francia, el documental nos fascinó, luego nuestro hijo Daniel y Patry, hicieron un viaje por la zona y las fotos que nos enviaron nos pusieron los “dientes largos”. La duna se llama Duna de Pilat situada en el departamento de la Gironda, domina la entrada de la bahía de Arcachón, a 70 km al suroeste de Burdeos.

Con una extensión de alrededor de 90 hectáreas y más de 60 millones de metros cúbicos de arena oceánica, la cresta asciende hasta los 105 metros de altura, su anchura se prolonga 500 metros, y se extiende a lo largo de tres impresionantes kilómetros frente a la costa de Aquitania.  Cada año la duna se adentra de  3 a 4 metros anuales en los inmensos bosque de pinos de las Landas.

Se sube por una empinada rampa de cerca de cien escalones de madera con el apoyo de una soga que sirve de pasamanos. Cuando alcanzas la cima, con la respiración entrecortada, te quedas sin palabras que describan lo que tus ojos ven. Impresionado por el paisaje, te sientas para asumir la inmensidad de ambos mares, el de arena y el que muere a cien metros más abajo, de un azul añil intenso en esta época del año. De frente al mar vemos, a la izquierda el cabo Ferret y la bahía de Arcachon, y delante de linea de playa la presencia de grandes bancos de arena procedentes de los depósitos sedimentarios de la cuenca de la bahía.

Queríamos almorzar en Arcachón y hacia allí nos dirigimos. Situada en la bahía homónima, pasó de pueblo de pescadores a destino turístico de aristócratas y burgueses, atraídos por sus balnearios a partir del s. XIX. Los barrios se organizaron en función de la época del año en la que los propietarios de las casas pasaban tiempo en el pueblo, uno de los más conocido es el barrio de Ville d’Hiver (invierno). Las antiguas mansiones, inspiradas en diferentes estilos arquitectónicos, neoclásico, neogótico, chalet suizo, casa colonial o la arquitectura árabe se abigarran en lo alto de una colina denominada Belvédere, parece que fue el mismo Eiffel quien diseñó un observatorio para bomberos en lo alto de la colina. Actualmente aún se puede subir hasta arriba del todo y ver Arcachon y la costa desde lo alto. Muy cerca se encuentra el Parc Mauresque de estilo de África del Norte en boga a finales del s. XIX.

Paseamos por el barrio del Moulleau, fundado en 1864 es una zona tranquila con una hermosa playa de arena fina; calles comerciales, cafés al aire libre, restaurantes y heladerías. En la parte alta se edificó en 1863 la iglesia de Notre-Dame-des-Passe,   en línea con la calle comercial, el muelle y el faro de Cap Ferret al otro lado del Bahía de Arcachon, en estilo bizantino y toscano, alberga una de las pocas imágenes que existen de la Vierge de l’Avent (Virgen embarazada) en Francia. Terminamos la visita dando un paseo por el Boulevard del Mar y por el puerto deportivo.

Se considera a la población de Gujan-Mestras, la capital de la ostricultura de la bahía de Arcachon, cuenta con siete puertos donde es imprescindible probar las famosas ostras en alguna de las cabañas de mariscadores o chiringuito típico junto al agua. Nos habían aconsejado que el mejor lugar para degustar este manjar era el puerto de Larros.

Las ostras las sirven tanto crudas como cocidas, siempre acompañadas de pan de centeno, mantequilla y una copa de vino blanco de Burdeos, ¡cómo no!. Es una verdadera satisfacción estar sentado, admirando los reflejos del sol al atardecer en las tranquilas aguas de la bahía, saboreando el delicioso vino de Burdeos en los labios y oyendo el lejano parloteo de las gaviotas que persiguen a los barcos que vuelven de la faena.

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Con mucho pesar dejamos este idílico paisaje para dirigirnos a nuestro último destino en Francia, la ciudad de Burdeos, Bordeaux,  Bordeu….