Teníamos en mente pasar las Navidades del 2017 con los niños (ya sé que son adultos) y les propuse que nos encontráramos en Barcelona el viernes 22, en la estación de Sants. Ire iría desde el trabajo, Dani viajaría en AVE desde Madrid, después del trabajo y nosotros volaríamos con Norwegian desde TFN. Precioso y emotivo encuentro digno de cualquier peli hollywoodense, tipo Billy Wilder. Si hay algo más maravilloso que viajar es viajar con tu familia, compartir y discutir (ja, ja, ja). Ya hay mucho jefe/jefa y los “golpes de estado” están a la vuelta de la esquina, pero eso también hay que ir aceptándolo. No les voy a dar la vara ni con los Cátaros, ni con la construcción del Canal du Midi, en sus enlaces queda explicado.

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Tomamos la guagua de ALSA, en la estación del Norte de Barcelona a las 23:00 h, hacia Touluse,  donde llegaríamos a la Gare Routiere hacia las 05:00 de la mañana del día 23. De allí fuimos al aeropuerto de Toulouse-Blagnac en el bus-airport (8€/pp). Teníamos reservado un coche con Rentalcars para comenzar nuestro itinerario por las tierras del Languedoc-Rosellón, el Canal de du Midi y el país de los Cátaros.

El sábado 23, salimos desde el aeropuerto de Toulouse en dirección a la ciudad medieval de Foix, dimos un paseo y adquirimos en un mercadillo pan, queso y embutidos para desayunar. Visitamos la iglesia de San Volusiano, erigida en el año 1112 en estilo gótico, nos hicimos fotos con su castillo omnipresente.

Continuamos por carretera secundarias hasta Montsegur, levantado a 1.150 mts en lo alto del monte Pog, su imagen hoy en día se difumina en un paraje desolador donde todavía parece resonar el entrechocar de las espadas y los gritos de los cátaros cuando eran quemados por no adjurar de sus creencias, mientras nosotros ajenos a estos hechos disfrutábamos con la lo que quedaba de nieve en sus inmediaciones.

Nuestra siguiente parada fue en el castillo de Puivert, que se encuentra asentado sobre una colina que domina el pueblo del mismo nombre y de un lago que se extiende a sus pies, a una altitud de 605 metros. El hambre comenzaba a llamar a las puertas del estómago de Dani y tras una breve parada en un supermercado adquirimos paté de foie, quesos, vino y pan.

Reconstituidos, continuamos hasta Rennes-le-Château, asociado casi siempre a lo paranormal y lo esotérico, debido a una leyenda moderna sobre el antiguo párroco Bérenger Saunière y al libro de Dan Brown, “El código da Vinci”. Nos hicimos fotos en la famosa Torre Magdala, construida por el cura, así como la Villa Béthania, donde vivió y murió. Por último, entramos en la Iglesia parroquial dedicada a Santa María Magdalena, con una curiosa pila sostenida por una figura representando al demonio Asmodeo, y diversos detalles de posible simbolismo masónico y rosacruz. Fuera vimos restos de un cementerio neolítico de hace unos 3.000 años.

Nuestro día finalizó en Carcassone, nos alojamos en  La Maison Des Lices, en la zona vieja pero extramuros. Dimos un paseo nocturno por la ciudadela y cenamos la famosa coussollette amén de otras viandas típicas, bien regadas por los caldos típicos de la zona.

El domingo 24, nos levantamos temprano para visitar la ciudad de Carcassonne, en realidad son dos ciudades que se miran frente a frente, separadas por el río Aude, pero se dan la mano a través del Puente Viejo. La ciudad vieja o Cité, encaramada sobre un promontorio y protegida por las murallas de la ciudadela. Al otro lado del río, la Ville Basse o ciudad baja, o también conocida como La Bastide de Saint-Louis, de s. XIII.

La Bastide se construyó en forma de damero de ajedrez pivotado desde la plaza Carnot, donde destaca la fuente de mármol de Neptuno. Tras cruzar el río podemos ver la capilla de Notre Dame de la Santé y a continuación los Bastiones que protegían la ciudad, la puerta de los Jacobinos y la Catedral de Saint-Michel, un templo sobrio de una única nave central. Continuamos en dirección norte hacia la plaza Carnot, plaza Gambetta, repletas de cafés con sus sillas dispuesta de cara a la calle. Por último vimos la Iglesia de Saint-Vicent y el Canal du midi con sus exclusas.

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Cruzando nuevamente el río Aude por el Viex Pont, del s.XIII con sus 12 arcos y nos adentramos en la ciudad vieja por la puerta Narbona, dos enormes torres en espolón precedidas por una barbacana y un foso que da entrada a la doble muralla fortificada y almenada, a partir de aquí accedemos a la ciudadela por calles empedradas rebosantes de tiendas de souvenirs, el deambular nos lleva al Castillo Comtal, frente a la plaza del castillo y la plaza Marcou, ambas repletas de restaurantes y cafés. Por último, la Basílica de Saint Nazaire, de nave central austera y preciosas capillas laterales, destaca en su exterior las gárgolas. Salimos por la puerta D’Aude que da a un camino almenado y finaliza en la Iglesia de Saint-Gimer.

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Comenzamos nuestro camino en dirección a la ciudad de Trebés, donde hicimos una breve parada para hacer unas fotos de las vistas del canal Du Midi .

Continuamos hacia el precioso pueblecito de Lagrasse rodeados de viñedos y atravesado por el río Orbieu, presenta su imagen más evocadora en su Pont Vieux, la antigua abadía fundada por Carlomagno, Saint Marie de Lagrasse, la plaza del Halle, la iglesia de Saint Michel y sus calles estrechas y empedradas.

Por la tarde visitamos la población de Termes y las ruinas del castillo que se yergue sobre el pequeño pueblo atravesado por un riachuelo, con iglesia medieval. El castillo surje de forma mágica entre los bosques y las montañas.

Ya con las última luces del atardecer entramos en Villerouge-Termenès del siglo XIII, con sus torres almenadas en las cuatro esquinas, se alza en medio del pueblo. Unas rampas empinadas dan acceso a la Iglesia del s XII dedicada a San Esteban y a la villa, con el castillo. El castillo se hizo famoso porque en el patio del castillo fue quemado vivo en la hoguera, el último perfecto de los cátaros, Guillem Belibaste, el 24 de agosto de 1321.

Ya de noche llegamos a Narbonne, al Hotel France, donde pasaremos la noche y dónde muy amablemente nos habían reservado la cena de navidad en el restaurante Les Grand Buffet (60€/pp) valorado con 3 estrellas michelín.

El lunes 25, comenzamos la visita a Narbonne, en una mañana bastante gélida, se la considera la ciudad romana más antigua de  Francia, de nombre: Galia Narbonesis. La Catedral de Narbona o Catedral de los Santos Justo y Pastor, con gran influencia cátara, de nave única  y aspecto externo de fortaleza inacabada. Su interior te sobrecoge, te empequeñece, la altura de la nave es infinita, el coro gótico y un órgano del siglo XVIII, también te deja sin palabras. Junto a la catedral, destaca el antiguo Palacio arzobispal de Narbona, al ser fiesta solo pudimos verlo por fuera, lo mismo nos pasó con el  “horreum”, las galerías subterráneas del siglo I a.C.

Tal vez la zona más bonita es pasear alrededor de las riberas del canal de La Robine, entre las calles cours Mirabeau y Victor Hugo y la Place Les Barques en sus riberas. Toda la zona está llena de terrazas y cruzando el canal y uniendo la Cité con Le Bourg, está el puente de los mercantes o Pont des Marchands, otro rincón muy original de la ciudad, ya que está completamente flanqueado por edificios, como el Ponte Vecchio de Florencia pero sin los arcos centrales. Se puede ver el agua sólo desde las ventanas de sus tiendas. Al lado de la ribera del canal se alza Les Halles, el mercado cubierto de estilo Baltard.

A mediodía nos dirigimos a Seté, algunos la consideran la Venecia del sur de Francia, por sus canales. Su origen se remonta a 1666, cuando Luis XIV de Francia dictó que el Canal du Midi debía morir en las aguas del Mediterráneo a los pies del monte Saint-Clair y tras atravesar las mansas aguas de la laguna de Thau. Lo primero que llama la atención son los canales atiborrados de embarcaciones de todo tipo, tanto pesqueras como de ocio. A medida que nos alejamos del mar, sus calles se van estrechando y retorciendo, al tiempo que se van empinando, aparece la ropa tendida y las pequeñas plazoletas rodeadas de casas estrechas y fachadas desgastadas, de colores pálidos y manchados. Subiendo al monte Saint-Clair,  accederemos a un espléndido mirador desde el que se divisa toda la ciudad, sus canales, la laguna Thau, al otro lado el puerto y el Mediterráneo con sus infinitas playas de arenas doradas.

pero no podíamos irnos de Seté sin probar su propuesta gastronómica. La zona del muelle de la Marine, reboza de restaurantes que proponen una gran variedad de especialidades locales a base de pescado y marisco, como la “bourride”, la “rouille” de sepia y los calamares rellenos, sin olvidar las ostras, los mejillones y las almejas de la laguna de Thau.

De regreso de Seté decidimos dormir en Beziers en el Séjour à Béziers. La imagen más famosa de este pueblo está formada por su puente medieval sobre el río Orb con la Catedral de Saint-Nazaire al fondo. El Puente Viejo o Pont vieux, de época medieval, construido en el s. XII. En lo más alto se alza la Catedral de Saint-Nazaire, construida a mediados del s.XIII, de estilo gótico e inmensas vidrieras, tiene un aspecto de un castillo. Desde el Jardín de los Obispos, hay una impresionante panorámica sobre el valle.  En este punto un mapa turístico te propone tres rutas. Aunque se hacía de noche decidimos hacer la ruta que pasa por el Mercado Cubierto de 1890, la Iglesia Sainte-Madeleine, por ser el lugar donde se produjo la mayor masacre de inocentes durante la Cruzada contra los Cátaros, entre 1209 y 1244 por orden del Papa Inocencio III.Arnaud Amaury, responsable de la barbarie, se le atribuye la famosa frase de “¡Matadlos a todos, Dios reconocerá a los suyos!“. Ya que mataron a mas de 8.000 personas entre cátaros y no cátaros. Finalizamos en el arbolado Paseo de Paul-Riquet donde los feriantes de navidad habían colocado sus casetas.

El martes 26 iniciamos nuestro regreso a Toulouse, la Ville Rose, en referencia al color de los ladrillos iluminados por la luz impresionista del Midi. Dejamos el coche en el parking de La place du Capitole, centro neurálgico de la ciudad. Rodeado de cafés y terrazas con unas galerías con techos pintados. En uno de sus lados se alza, el Capitole, sede del ayuntamiento y del teatro nacional. La fachada data del siglo XVIII y el patio del XVII. En el interior lo que más impresiona sin lugar a dudas el la “sala de los ilustres”, decorada en el siglo XIX con mármoles, estuco dorado, frescos…

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si subimos por la Rue du Taur, se pasa por delante de la iglesia de Notre Dame du Taur, que recuerda el lugar donde cayó muerto el santo San Saturnino sometido al martirio de ser arrastrado por un toro. Al final de la rue se llega a la Basílica de San Serín o San Saturnino, joya del románico, construida en ladrillo ya que no había piedra en la zona, es una etapa del camino de Santiago en Francia.

Si volvemos a la plaza y giramos a la izquierda callejeando encontraremos el conjunto conventual de los Jacobinos,  construida también en ladrillo entre los s. XIII y XIV, en  estilo gótico meridional, de exterior austero, en su interior lo que más destaca, sin duda, es la increíble columna en forma de palmera con sus veintidós nervaduras que sostiene el coro. De nuevo en la place du Capitole, tomando la rue Saint-Rome una de las principales arterias del barrio antiguo, hasta llegar a la Place de la Trinité, antiguo cruce del cardo máximo y del decumanus maximus, y por lo tanto el corazón de la ciudad romana.

Ahora nos dirigimos hacia la ribera del Garona, donde discurre uno de los tramos más bellos y tranquilos de Touluse, entre el Pont Neuf y la plaza de Saint-Pierre. Caminando bajo los árboles de la Quai Luncien Lombard, admirando la fachada clásica de la Basílica de  Notre-Dame o el parque de la Daurade o mirando hacia la otra orilla, al barrio de Saint-Cyprien, con su pradera de Filtres, su Château d’Eau, el Hôtel Saint-Jacques, la Quai de l’Exil-Républicain-espagnol y la cúpula de la Grave. Es el telón de fondo perfecto para contemplar los atardeceres sobre el Garona.

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El ambiente nocturno era espectacular con las típicas casetas de navidad pero teníamos que volar esa noche desde Toulouse a Barcelona con la compañía Volotea, tiempo de despedida y de encuentro con Patri la “potra” de Dani, ellos se fueron a casa de Ire en Sabadell y nosotros al hotel B Hotel en plaza de España.

A la mañana siguiente queríamos aprovechar para ver la casa Vicens y el Museo de Nacional de Arte de Cataluña antes de volar a Tenerife a las 21 h. La casa Vicens, uno de los primeros proyectos de Antonio Gaudí, edificio modernista con rasgos orientales, con gran profusión de azulejos cerámicos, arcos y cúpulas. Me decepcionó primero por su precio (16€/pp) desorbitado y segundo lugar, al estar las estancias vacías, me dio una sensación de frialdad, realmente es impresionante pero esperaba algo más.

La segunda visita fue al Museo Nacional de Arte de Cataluña, MNAC, (entrada gratis por profesores) situado en el Parque de Montjüic en el Palacio Nacional, edificio inaugurado en 1929 con motivo de la Exposición Internacional. En una jornada es difícil abarcar todas las salas, nosotros nos centramos en las salas del Románico y del Gótico. Se considera que la colección de arte románico es una de las más completas del mundo. Hay que recordar que ante el peligro de que los frescos de los siglos XI al XII desaparecieran de las iglesias románicas perdidas en los valles pirenaicos, la autoridad los arrancó (Strappo) y los instaló, de forma modélica, en este museo.

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Quizá la pieza más hermosa sea la pintura central del ábside de San Clemente de Tahull. El Pantocrátor, con su severa mirada, es la pieza más visitada, sin duda. Pequeñas maquetas de las iglesias y capillas que alojaban las pinturas se encuentran al lado de los originales, señalizando con marcas rojas los lugares ocupados por los murales. Igualmente, las salas reproducen la estructura interna de los templos, de manera que el visitante puede hacerse una idea muy aproximada de cuál era la disposición de las pinturas.

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También hay cabida para la exposición de diversas tallas de madera, piezas de orfebrería, capiteles de claustros, monedas, esmaltes y esculturas en piedra. Cansados de tanto arte y del aire gélido que corría ese día por la ciudad condal nos dirigimos al aeropuerto para tomar el vuelo a Tenerife.