Anhelaba hace mucho tiempo poder visitar San Sebastián, la perla del cantábrico, la bella Easo y así, tantos nombres y calificativos. Destaca su marcado carácter de ciudad abierta al mar, con sus dos centinelas; los montes Urgull e Igeldo que la protegen  de los envites del Cantábrico y crean una media luna perfecta dando forma a la Bahía de La Concha

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Si bien hay cierta controversia sobre sus orígenes, parecer ser que el nombre le viene de un Monasterio dedicado a San Sebastián sobre el s. XI, en el barrio Antiguo, alrededor del cual crece un asentamiento, solo reconocido en el s. XII. Su nombre surge etimológicamente de la evolución de la palabra Donebastian (de Done=Santo, y Sebastián). Pero fue gracias a la Reina Isabel II quien la llenó de fama y glamour. Su médico le recomendó tomar baños de mar en el Cantábrico para curar la infección cutánea que padecía, la monarca eligió San Sebastián. Mucho ha llovido desde entonces, claro, tanto que actualmente uno de sus principales reclamos internacionales pasa por el Festival de Cine que se celebra cada mes de septiembre en el estético Palacio del Kursaal.

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Volamos con Ryanair desde TFS a Vitoria y por primera vez utilizamos el parking (50€) de AENA para dejar el coche y recogerlo a la vuelta. La guagua del aeropuerto (3€/pp) nos trasladó a la estación de autobuses de Vitoria, donde tomamos otra guagua con AlSA (el ticket por internet, 6€/pp), que venía retrasada, para llegar cerca de la 01:00 h de la madrugada a San Sebastián y a nuestro alojamiento, la Pensión Gárate cuyo staff se porto muy bien y tuvo mucha paciencia con la hora de entrada.

Nuestro alojamiento se encuentra en la c/ San Martí, a pocos metros de la playa de la concha, desde donde comenzamos nuestro paseo por Doností. Era bastante temprano y una multitud ya correteaba por este magnifico y elegante paseo que va desde el monte Urgull, en el lado derecho, si nos situamos de frente al mar, hasta el monte Igeldo.  Justo en el centro del paseo encontramos el balneario La Perla del Océano, ahora moderno centro de talasoterapia que fue creado en 1912 cuando la familia real española elegía San Sebastián como destino de sus vacaciones.

La playa de La Concha se transforma en la de Ondarreta casi sin transición, solo separada por el promontorio del Pico del Loro. Frente a la playa de la Concha se encuentra la Isla de Santa Clara, donde se encuentra el Faro y a la que se puede acceder en barca desde el Puerto. Detrás del promontorio se erige el Palacio de Miramar (1893), un edificio neogótico con jardines, que recuerda a las mansiones inglesas y que también fue edificado para la familia real. Así llegamos al monte Igeldo, el otro centinela de la ciudad, que se alza al final de la playa de OndarretaPara subir se puede tomar un funicular de la misma época que sale de una estación de estilo “art déco” y en lo alto hay un parque de atracciones de inicios del siglo XX. 

Nosotros decidimos no visitarlo porque teníamos poco tiempo y continuamos caminando hasta llegar hasta donde está el Peine del viento, la gran obra de Eduardo Chillida (1924-2002) y del arquitecto Luís Peña Ganchegui (1926-2009). El mar rompía con fuerte oleaje dejándonos una imagen impactante: la espuma baña las tres estructuras de hierro engarzadas en las rocas. Antes de llegar te encuentras con siete agujeros que se abren en el suelo y cuando la ola rompe insufla el aire que va componiendo melodías como si de un órgano se tratase. En este punto se tiene una vista privilegiada de la playa de la Concha y de toda la ciudad. 

Regresamos desandado nuestros pasos, ahora dirigidos, hacia la esbelta catedral del Buen Pastor (1897), cuya torre neogótica se alza por encima de la ciudad. Tomamos la c/  hasta la ribera por donde fluye el río Urumea, con seis puentes que unen el núcleo histórico o barrio Antiguo con el barrio de GrosSe llega a la plaza Oquendo, donde está el Teatro Victoria Eugenia. Reformado con la última tecnología, acoge las galas del veterano festival de cine donostiarra.

El río Urumea lo cruzamos por el puente de Zurriola con una decoración “belle époque” que traslada a otro momento de esplendor de la ciudad y desde donde ya se ve uno de los iconos de la ciudad: los cubos de cristal que Rafael Moneo ideó para el Kursaal, el Palacio de Congresos, que tiene como telón de fondo la playa de Zurriola, idónea para el surf.

Después de deambular por el bario de Gros, buscando los templos gastronómicos, de los cuales hablaré más tarde, pues se acercaba la hora de almorzar y volvimos a cruzar el río Umea para dirigirnos al Barrio Antiguo, entramos por c/ Soraluze hasta la plaza Zuloaga que contempla, el Museo de San Telmo, dedicado a la cultura vasca y ubicado en un convento del XVI rehabilitado, a la izquierda se ve el lateral de la iglesia de San Vicente, la más antigua, siglo XVI en estilo gótico vasco con la escultura La Piedad de Jorge Oteiza, su interior no lo pudimos disfrutar porque estaba cerrada al público. Destaca por los rosetones y arcos apuntados parece una fortaleza.

Se hacia difícil caminar por las estrechas calles abarrotadas de gentes agolpadas en bares y tabernas tradicionales que ofrecen pintxos y guisos caseros, verdaderos templos. Toda está zona es peatonal, con callejas estrechas y plazoletas con encanto. En la c/ Mayor esquina c/ 31 de Agosto se encuentra la iglesia Santa María del Coro, de estilo barroco, terminada en el año 1774 presenta elementos góticos, churriguerescos y neoclásicos y posee un bello pórtico barroco con elementos rococó, la entrada era de pago, nos asomamos a la puerta y vimos su interior.

Desde la parte vieja se accede por las Portaletas, antiguamente llamada Puerta del Mar, que era una de las dos entradas a la ciudad fortificada hasta 1863, a la zona de los muelles. Junto al puerto y a los pies del monte Urgull discurre este bonito paseo que te obliga a pasar por delante de la mayoría de restaurantes de pescado. También es de obligado paso el Aquarium, que se ubicó en un antiguo edificio en 1928, aunque el actual, Palacio del Mar-Aquarium, data de 2009. Aquí comienza el Paseo Nuevo que bordea el monte Urgull para acabar en el extremo de la Parte Vieja, junto al Kursaal. A pocos pasos nos encontramos con la “Construcción Vacía” de Oteiza

Unas escaleras asciende hacia el Monte Urgull, en cuya cima destaca el Castillo de La Mota, junto con sus murallas y cañones y la estatua del Sagrado Corazón. Nosotros continuamos por el Paseo de los Curas, se dice que era el paseo por el que caminaban leyendo sus breviarios los sacerdotes de la cuidad. Desde aquí se pude divisar todo el puerto y la bahía de la Concha desde cualquiera de sus miradores. 

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Ya de regreso por la calle Mayor se desemboca en el Ayuntamiento, otro ejemplo “belle époque” conservado en la ciudad. El edificio fue hasta 1924 el Gran Casino, con sus salas de juegos y la de baile, que hoy hace las veces de Salón de Plenos.

Pero antes de dejarles les propongo un paseo gastronómico por San Sebastían, obviamente no soy el más indicado porqué no vivo allí, pero en el blogSehacecaminoalandar“, proponen una buena ruta de los mejores pintxos de Donostia y he de dar fé que son riquísimos, seguí al pie de la letra su recorrido, comenzando en el barrio de Gros por “La tortilla de papas” del Zabaletael “Mini completo” de la Bodega donostiarra y ya en la Parte vieja el “Foie” en el Sportla “Brocheta de gambas” del Goiz-Argi y no pudimos probar los “Calamares bravos” de la Mejillonera por estar cerrada. Una ciudad abierta al mar, gran ambiente en sus calles, cierto que nos cogió buen tiempo, pero me enamoró Donostia espero regresar y disfrutar más tranquilamente.