Una de las experiencias más estimulantes, que recomiendo a nuestros amigos desde que nosotros la vivimos es la excursión que realizamos a través de la selva de Borneo, remontado el río Sekonyer, para ver los Orangutanes en libertad. Será muy difícil describir las sensaciones que sentimos al caminar por el interior de la selva, el sonido que te rodea, las estrellas en el firmamento, pero sobre todo cuando tienes delante, a escasos metros de tí, ese inmenso, desproporcionando y anaranjado animal, que te mira fijamente, con esos ojo vacuos, temerosos, pero al igual que a uno, supongo, de infinita curiosidad.

Contratamos el tour “OT3 Orangutan Tour de 3D/2N” con la agencia come2indonesia.com, porque habíamos leídos en varios blog, su interés por la preservación de la selva, de los orangutanes y porque estaban involucrados en proyectos de desarrollo sostenible de un turismo ecológico, como pudimos comprobar posteriormente, además uno de sus miembros es canario, por tanto con más razón.

 
 

Salimos de la estación de trenes de Yogyakarta sobre las 16:00h y tardamos más de 5 horas en llegar a la ciudad de Surabaya y luego a su aeropuerto. El avión de Trigana air, salía 6:00 h y pensamos en dormir en el aeropuerto, pero no contábamos con que, primero lo cerraban y luego no te dejan pasar al interior del aeropuerto hasta dos horas antes de la salida del avión. La noche fue larga, un duerme velas en los duros asientos de mármol, otros pasajeros dormitan por el suelo en grupos.

En el año 2016 nos trasladamos desde Yogyakarta en taxi hasta Semarang, 3h, hicimos noche en el Grand Edge Hotel Semarang y celebramos el cumple de Rosi en la espectacular piscina infinty viendo el skyline de la ciudad desde la azotea. Volamos a las 7:00 h con Kalstar Aviation. Pero nuestra vuelta fue por Surabaya y dormimos en el hotel del aeropuerto, Ibis Budget Surabaya Airport y recordé lo duro que eran los asientos de mármol de la terminal.

 

El avión aterrizó en el aeropuerto de Pangkalan Buun, en Borneo, mientras nosotros dormíamos plácidamente. Nuestro guía, Yusuf nos estaba esperando, para comenzar el tour por el Parque Nacional de Tanjung Puting situado en la región de Kalimantan, que quiere decir kali=río y mantan=demonio. Nos trasladamos hasta el pueblo de Kumai, donde tomaríamos el klotok que sería nuestra “casa” durante tres días. Por el camino, Yusuf nos sorprendió cantándonos el “Mojo picón”, de Caco Senante, fue inolvidable. Llegamos al embarcadero y les dimos nuestros pasaportes, y ellos se encargaron de tramitar la entrada.

En el 2016 no pudimos contar con Yusuf pues nos dijeron que se casaba en esos días y que seguramente podríamos asistir a su boda. Nos recogió Eko un joven voluntarioso y simpático guía con muchas ganas de agradar pero que le faltaba experiencia.

Aunque era muy temprano, subimos a bordo del klotok, donde nos presentaron a toda la tripulación, el capitán, un cocinero al que llamaban “Tamara”, un mecánico y el guía.  La parte superior del klotok era para nosotros, allí dormíamos, comíamos y nos sentábamos a ver la jungla. En la parte inferior estaba el resto de la tripulación. En la popa del barco hay un pequeño cuarto que hace las veces de baño. El embarcadero era un ir y venir de personas que avituallaban los diferentes klotok amarrados, Dani y yo quedamos fulminados de cansancio solo Ire resistió, y pudo ver como al fondo se veía la desembocadura al mar, donde grandes barcos lo surcaban y como nos introducíamos en el río Sekonyer.

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Nos despertó el característico ruido del barco,  klotok, klotok, klotok, que hace el motor diésel de un cilindro, de manera machacona. Yusuf, nos informó del itinerario que realizaríamos por el parque y nos dio un kit, compuesto por una cantimplora (1l) y un frasco de champú (25 ml) ecológico. Mientras el barco ascendía cadencioso río arriba, íbamos sentados en la proa atentos a las explicaciones de nuestro guía y con los ojos pendientes de todo lo que se movía en las orillas y en las copas de los árboles, dónde Yusuf, nos prometía que veríamos y oiríamos a monos narigudos, macacos de cola larga, una gran variedad de aves, y otros animales que habitan en las selvas de Borneo.

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A mediodía, nos sirvieron la comida, exquisita, verdura, arroz, soja y pescado, todo en abundancia. Llegamos al primer campamento de orangutanes, Tanjung Harapan para presenciar la segunda toma de comida a las 15:00 h. Yusuf, nos presentó a ”Petra”, un ranger encargado de cuidar, proteger y dar de comer a los orangutanes.

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En 2016 llegamos a este campamento con amenaza de tormenta, se veían oscuros nubarrones y el sonido de los truenos avisaba que la tormenta se acercaba a gran velocidad. Solo nos dio tiempo a desembarcar y refugiarnos en las construcciones de los rangers y esperar casi 45 minutos a que escampara. Pudimos continuar pero el camino quedó anegado y en algunas partes el agua nos llegaba por encima de los tobillos, obviamente los tenis quedaron empapados.

Junto con sus sobrinos fuimos a hacer un trekking por la selva. Nuestro primer contacto con la selva fue increíble, el calor sofocante, los caminos cubiertos de hojarasca y ramas y el sol que se filtra entre el ramaje de los grandes árboles. Vimos las chicharas, los insecto palo, las cucarachas hojas, el lagarto volador, distintos tipos de plantas, pájaros y macacos.

Nos despedimos de Petra y después de caminar unos 15 minutos, nos adentramos en la espesura y llegamos a las plataformas donde alimentaban a los orangutanes. Yusuf nos señalaba las copas de algunos árboles donde los orangutanes dormían por la noche, parecían los nidos de las cigüeñas. De repente se oyeron unos sonidos guturales, emitidos por los cuidadores, a manera de llamada para la hora de comer. Unos troncos dispuestos en altura nos servían de asiento, una sencilla soga delimitaba el perímetro que nos separaba, unos 10 metros, de una tarima de 5×5 metros y 2 de alto, donde los ranger habían volcado unas cestas con plátanos.

 

Al principio, la sensación es de incredulidad, luego se nota en la atmósfera la tensión de que algo va a suceder y de repente la selva se mueve. Ya los sonidos no provienen de los cuidadores, sino de sombras en las copas de los árboles que los doblan y los hacen agitarse. De repente entre la maleza o aparece el animal, mirando fijamente a la multitud, que se ha quedado paralizada, con la respiración contenida, incluso hay gente que da un paso atrás o se oculta de tras de otros. Poco a poco, el ambiente se relaja, los orangutanes van poco a poco acercándose a la comida y se sienten más confiados, algunos cogen lo que pueden y se encaramen nuevamente a los árboles donde disfrutan de sus manjares. Los sonidos de las cámaras enloquecen cuando hace su aparición una madre con su hijo aferrado a su pelaje.

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En el 2016 la zona delimitada estaba encharcada pero eso no quitó ni un ápice de interés a todos los que allí estábamos, enfundados en nuestros chubasqueros atentos a cualquier movimiento en la copa de los árboles. Todos estábamos empapados inclusos los orangutanes cuyo pelaje se les pegaba al cuerpo provocando las risas de todos. Poco a poco comenzó el calor asfixiante y la humedad brutal, pasamos de estar empapados a sudar.

 

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Entre el ir y venir de los orangutanes hay espacio para el intercambio de miradas, de conversaciones, la estancia dura aproximadamente 2h, sobre las 16:00 h cierra el parque, pero bruscamente los orangutanes abandonan la tarima, como huyendo de algo y se vuelve a hacer el silencio sepulcral, solo roto por el sonido de las chicharas. Un gran macho hace su aparición, poderoso, impasible, sin mirar a su público, concentrado en la comida, ninguno de los demás orangutanes se atreve a bajar durante el tiempo que permanece sobre la tarima. Se redobla el martilleo de los “click” de las cámaras…luego se va y todos con él.

 

Yusuf, regresa por otro camino alternativo y nos brinda todo su conocimiento sobre los nidos de las tarántulas, los termiteros, hurgando con una ramita a ver si en alguno consigue sacar algún ejemplar. Nos enseña diferentes plantas e insectos hasta llegar a nuestra embarcación. Pasamos la tarde en la proa, como si de una película se tratase, comiendo cacahuetes y papas fritas con coca colas y viendo como anochecía, disfrutando de la imagen de miles de monos haciendo piruetas imposibles en las copas de los árboles, narigudos, macacos, jibones, etc. Todos preparándose para a dormir.

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Nosotros también, nos amarramos a las ramas de una palmera, a escasos metros de la orilla, bajaron los toldos que nos protegen de los animales y de la luz del amanecer y nos prepararon las mosquiteras sobre los colchones donde íbamos a dormir esa noche. Mientras nos preparaban la cena pusieron a funcionar el grupo electrógeno (solo funciona cuando el motor está parado), que suministra la electricidad y permite elevar agua para la ducha, si del río. El baño dispone también de un gran cubo de agua, que acarrean constantemente del río, para el uso del váter.

Dormir a la intemperie, bajo las estrellas y los sonidos de la noche no se puede describir, no hay sensaciones más intensas y satisfactorias que estas. El firmamento parecía que se nos caía literalmente sobre nuestras cabezas, las constelaciones, la vial láctea, todo era nítido, claro, limpio. Poco a poco nos quedamos profundamente dormidos. Pasamos algo de frío la primera noche y seguro que soñamos con ruidos extraños y animales de ojos intensos que nos vigilaban desde la espesura de la jungla, pero más difícil fue la peregrinación al baño en medio de la oscuridad total.

 

La jungla se despierta y tú con ella, a las 5:45h de la mañana, los gritos de los monos, el trinar de las aves junto con los primeros rayos del sol, todo se despereza poco a poco. Yusuf nos sorprendió cantándonos el “dices que te vas para la gomera”, que le habíamos enseñado la tarde anterior. La actividad en el barco se torna frenética, se organiza el desayuno y la recogida de los mosquiteros y toldos, te dan ganas de ayudar, participar en aquella vida, sin embargo sigues absorto mirando cómo se ilumina la selva, embobado escuchando los miles de sonidos que quedan ahogados con el ruido del motor, cuando el klotok se pone en marcha hacia Pondok Tanggui, uno de los tres centros de rehabilitación del orangután de Borneo, donde viven en semi libertad en plena selva tropical.

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Sobre las 8:30h llegamos a un pequeño embarcadero del Campamento Tanggui, una pasarela de madera, sobre pilones, atraviesa la jungla, inundada por el monzón en la estación lluviosa. Yusuf, prefiere ir por sus senderos a través de la selva, nos enseñó los destrozos que hacen los cerdos semi-salvajes en las orillas de los caminos en busca brotes frescos, las famosas plantas carnívoras y miles de insectos antes de llegar al campo.

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En 2016 nos encontramos en medio del camino con una familia que iba de camino al comedero columpiándose alegremente de rama en rama con los pequeñines aferrados al pelaje naranja de sus madres.  Sentados esta vez en el suelo  y a menos distancia del comedero esperamos a que se repita el ritual de llamada. Esta vez además de plátanos les llevaron leche, ya que en este ocasión eran varías madres con sus hijos las que bajaron a desayunar. El tiempo que tardó en aparecer el primer orangután lo pasamos divertidos viendo a las ardillas corretear por el lugar hasta que aparecieron los simios

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En 2016 nos encontramos con un orangután macho que no dejaba comer a los demás, apoderándose del cazo de la leche, incluso cuando los rangers pusieron dos, el simio permanecía atento y apunto estuvo de darle un manotazo a un joven orangután que había intento beber algo de leche.

La sorpresa fue mayúscula cuando algunos de aquellos mamíferos caminaron medio erguidos hacia donde nosotros estábamos y pasaron casi rozándonos, algunas personas salieron corrieron mientras que otras mantuvimos la calma. Dani fue el más valiente porque se quedó quieto y grabó al orangután que iba hacia él.

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Para regresar, nuevamente Yusuf atajó por un campo de helechos preciosos para regresar al barco donde almorzamos excelentemente y nos dirigimos al Campamento Leaky. En el 2016 también atravesamos esta zona que fue arrasada por un incendio en 2000, desde entonces se instaló una torre de vigilancia hoy en día casi en ruinas. La selva ha sido invadida por una magnifica colonia de helechos.

A medida que remontábamos el río, los márgenes se iban estrechando cada vez más hasta el punto de que en según qué sitios, solo había espacio para el propio barco. Tuvimos la suerte de ver un varano que se dirigía hacía la orilla donde una pareja de orangutanes deambulaba por la orilla haciendo las delicias de los que nos encontrábamos allí.

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En 2016 mientras nos dirigíamos al último campamento nos sorprendió durante almorzábamos una lluvia torrencial que obligó incluso a bajar los toldos laterales porque nos empapaba la zona de dormir. Finalmente igual que el día anterior cuando llegamos al embarcadero ya había cesado de llover y lucia el sol. También disfrutamos de lo que pensábamos que era un cocodrilo o un varano pero según el guía Eko, era un lagarto Monitor, son de la misma especie pero éstos son acuáticos.

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Entramos en el campamento Leakey y atravesamos una pasarela de madera que daba acceso al recinto de investigación, pasamos por delante de la casa de madera donde residía la bióloga canadiense Biruté Galdikas cuando trabajaba. El campamento es un centro de investigación y protección del orangután salvaje y comparte fundación con el equivalente africano para el estudio de chimpancés dirigido por Jane Goodall y el estudio del gorila de montaña desempeñado por la fallecida Diane Fossey. Por el camino pudimos ver muchos cerdos salvajes que deambulaban de un lada para otro, incluso caminaron durante un rato delante de nosotros.

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La plataforma se encontraba más cerca que las anteriores y ello permitió que algunos orangutanes bajaran de ella y se acercarán al público y pasaran entre ellos de camino a los árboles. La anécdota divertida la puso un macaco al que llamaban “boy” que robaba plátanos a los orangutanes.

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Nuevamente la aparición de una madre con su cría hizo la delicia y alegría de cuantos nos encontrábamos allí, Hay que ver que forma de agarrarse a la madre.  

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Un corpulento y fornido macho hizo su aparición y cortó la respiración a todos. Después del silencio inicial. Se llamaba Tom en honor al actor Cruise.

 

Ya se acercaba la hora de regresar al barco, como siempre quedábamos pocos turista y una pequeña familia con varios miembros jóvenes se nos acercaron bajando y subiendo a las ramas de los árboles cercanos a nosotros.

 

Después de estas últimas emociones, Yusuf nos llevó por uno de sus caminos y nos dijo que era uno transitado por los simios. Sorpresa, de repente como salidos de la espesura, una familia de 6 orangutanes venía directo hacia nosotros, madres con su crías, machos pequeños, ¡qué hacemos!. Yusuf sacó un plátano y se lo ofreció, mientras, nosotros intentábamos no hacer movimientos bruscos, sacándoles fotos y grabando, hasta posamos con aquellos animales a escasos centímetros.

El regreso fue eufórico, tanto que me doble un tobillo, aunque fue sin importancia y Dani nos deleitó con una exhibición de sus dotes de Tarzán balanceándose con las lianas de la selva.

 

Llegamos de nuevo al embarcadero, donde firmamos en el libro de visitas y volvimos de nuevo al barco, allí nos esperaba una pareja de orangutanes que despedían a los últimos turistas del Camp Leakey.

Una vez en el barco, pusimos proa a Kumai y nos sentamos en la proa, disfrutamos del atardecer y de los chillidos de monos narigudos y gibones, repasando todos los momentos vividos en aquellas últimas horas. Casi al anochecer, llegamos a una zona del río, donde había una multitud de luciérnagas, un espectáculo dificilísimo de fotografiar o de grabar, atracamos para pasar la noche. Ire, tuvo la suerte de tener en la palma de la mano a una de aquellas luces, que se encendían y apagaban. En 2016 debido a las lluvias nuestro guía nos dijo que nos íbamos a ver muchas pero Rosi pudo ver alguna.

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Al amanecer arrancamos en dirección al puerto de Kumai, justo cuando llegamos a la desembocadura del Sekonyer con el mar, disfrutamos de delfines. Después de atracar nos despedimos de la tribulación, agradeciéndoles la amabilidad con la que nos trataron todo el viaje y en especial a Yusuf del que todavía hoy en día le recordamos con satisfacción.

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En 2016 nos levantamos casi al amanecer y pusimos ritmo cadencioso hacia el Puerto de Kumai donde nos esperaba la gran sorpresa; asistir a la boda de Yusuf. La alegría y emoción fue mutua. Aunque el novio y la novia no se pueden mover de dos sillones engalanados sobre una tarima custodiados por dos familiares de cada casa y ella se cambia de vestido cada 2 horas, pudimos hablar con él unos minutos. La boda dura todo el día desde bien temprano hasta entrada la noche y los invitados sólo pueden asistir una sola vez. El responsable de la agencia Come2Indonesia nos llevó al pequeño aeropuerto donde tomaríamos un vuelo hacia Surabaya (Java).