La agencia de viaje, Erawan, nos recogió en el hotel a las 7:00 h de la mañana en una furgoneta. Se tarda en llegar Ayutthaya aproximadamente una 1 1/2 h, así que dediqué el tiempo a dormir, escribir el blog, ver paisaje y dormir. Estábamos un poco apretados porque las mochilas las llevábamos con nosotros, puesto que no íbamos a volver a Bangkok. La antigua ciudad de Ayutthaya (parque histórico de Ayutthaya) es una isla enclavada entre 3 ríos: el Chao Phraya, el Lopburi y por último el Pa Sak.
El guía de la agencia te informa de cada uno de los templos y luego te deja tiempo libre para hacer fotos, meditar, hacer ejercicios espirituales e incluso aguas menores. Este centro monumental, patrimonio de la Unesco está muy bien acondicionado. El conjunto del Wat Yai Chaya Mongkol, está compuesto por varios construcciones, como estos tres chedis, alineados.

El segundo templo está pegado y es más reciente, bastante abierto y con un enorme buda dorado en el centro. Aunque había muchos devotos, realmente era bastante feo.
En este templo destaca por su Buda acostado, es impresionante ver la procesión de monjes y fieles con sus canticos con el sol de justicia que caía sobre nuestras cabezas.
El templo principal mide 62 metros de altura y está formada por más de 28.000 tn de ladrillo. En lo alto del corredor superior puede contemplarse un pozo donde hay agua subterránea.
Las vistas de los demás templos y de la zona arqueológica es impresionante desde el corredor superior.
A su alrededor hay un patio rodeado de budas decorados con un tela que le cubre el torso. Por último en su parte posterior encontramos otra figura de buda en blanco rodeada por otras estatuas en posición reverente.
Una vez visitada la zona, tal vez nos faltó un poco de tiempo debido al esfuerzo de subir a lo alto del templo, tuvimos que regresar al parking de autobuses donde habíamos quedado todos. Nos llevaron al siguiente templo el Wat Maha That.
En el Wat Maha That vimos la famosa cabeza de Buda engullida por el árbol. La leyenda cuenta que cuando los birmanos saquearon la antigua capital, decapitaron La mayoría de las estatuas y estas rodaron por el suelo, así que un árbol creció en el lugar donde esta cayó y la enredó entre sus ramas. El Buda está protegido en todo momento por un vigilante sentado junto al árbol. Como respeto hacia el buda y como bien indican los carteles, se considera una descortesía no arrodillarse ante el buda para sacarse una foto. El vigilante te llamará la atención si no lo haces.
La mayoría de los templo están rotos.
Sin embargo las vistas son increíbles, se respira una atmósfera de total calma, en ocasiones solo rota por el piar de los pájaros y de algún chiquillo chico, claro.
Nos desplazamos  después de almorzar a un nuevo templo, el Wat Lokayasutharam, aunque sólo quedaban los basamentos, destaca por su Buda reclinado, es el segundo más largo después del que vimos en Bangkok. Su cabeza descansa sobre cuatro capullos de flor de loto y está sostenida por la mano derecha, tiene unas dimensiones de 8 metros de alto y 37 metros de largo, construido en ladrillo y mortero.
Originalmente, la estatua probablemente estaba en un viharn, del cual solo se pueden ver los cimientos de 24 columnas octogonales. Este lugar sagrado es un centro de peregrinaje famoso en Tailandia, con lo que es muy corriente encontrar a gente realizando ofrendas y rezando a este Buda. Suele estar ataviado con la túnica de color amarillo.
Nos vamos al Wat Phu Khao Thong o Templo del Monte Dorado, construido por el rey Ramesuan en 1395. se ve una vista de todo el recinto. Es curioso observar que a la entrada del templo hay un montón de figuritas de gallos de pelea de ofrenda que rememoran la antigua batalla contra los birmanos en el año 1568.
Este templo tiene una escalera bastante empinada, con escalones desiguales, que bajo el peso del sol es una proeza subirlos “para algunos que dicen que tienen la rodilla mal”. Rodeado de plantaciones de arroz y estanques de peces, las vistas son impresionantes desde lo alto. Al fondo se puede observar la estatua del  Rey Naresuan (1555-1605).
A continuación nos llevaron al Wat Phra Si SanPeth o Templo del Sagrado, Espléndido Omnisciente. Fue el templo más sagrado, ubicado en el viejo palacio real en la antigua capital de Tailandia, en él no vivían monjes era el templo de la familia real, hasta que la ciudad quedó totalmente destruida por los birmanos en 1767. Este conjunto data del año 1448, lo más destacado son los tres chedis, que contenían las cenizas de 3 reyes de AyutthayaBorommatrailokanat (chedi este), Boroma-Rachathirat III (chedi oeste) y el rey Ramathibodi II (chedi central).
Hacia el sur y fuera del recinto palaciego se encuentra una gran imagen de bronce de un Buda sentado, Phra Mongkhon Bophit se caracteriza por un gran wihan, donde se alza la estatua de 12,45 m de altura (sin contar la base) y 9,55 m de ancho. La escultura se cree data del s. XV.
Los templos estaban rodeados por pequeños estanques comunicados por puentes de madera. También se podían hacer paseos con elefantes. Después de nuestra última visita nos pagaron un tuc tuc a nosotros y los argentinos que conocimos en la excursión hasta la estación de trenes. Ellos iban a reservar para Chiang Mai y nosotros habíamos reservado un homestay, Baan Are Gong, cerca de la estación. El primer edificio que vimos estaba todo quemado pero por detrás estaba la guesthouse, que susto. La casa era toda de teka, no se podía circular sino descalzo y aunque el baño esta por fuera y se oía todo, estuvo bien. Para entrar a la habitación tenías que levantar el pie hasta la rodilla, pues la puerta empezaba a esa altura. La tarde la pasamos relajados leyendo y viendo como caía un diluvio.