El día comenzó con la visita a uno de los torreones de Fort Aguada en la playa de Sinquerín en Goa. La fortaleza fue construida en 1612 por los portugueses para protegerse contra los holandeses y los marathas (casta hindú). Fue un punto de referencia para los buques procedentes de Europa antiguamente, en la orilla del río Mandovi. Un manantial de agua dulce dentro de la fortaleza suministraba agua a los barcos que solían pasar por allí.

 

 

 

 

No pudimos darnos un chapuzón en la playa de Sinquerindebido a que había mucha marejada, además el frente de playa próximo pertenecía a los complejos hoteleros de 5 estrellas (Taj, etc…).
Nos desplazamos por carretera rio Mandovi arriba hacia Old Goa, la capital portuguesa hasta mediados del s. XVIII.
Es un grandioso complejo de catedrales, iglesias y monasterios repartidos en medio de una naturaleza exuberante.
La mayoría de los edificios son obra de arquitectos italianos o portugueses en diferentes estilos europeos: renacentistas, barrocos, manuelinos, etc.
La Iglesia de San Francisco de Asís, fue erigida por los franciscanos en 1521 en estilo manuelino con motivos náuticos. El interior es barroco presentando frescos con motivos florales en muros y techos. El suelo está pavimentado con lápidas esculpidas con los nombres de nobles portugueses. El altar dorado muestra imágenes de San Francisco y de Jesús.
La Catedral Sé, una de las más grandes de Asia. Se proyectó en el s. XVI en estilo renacentista toscano. El interior es enorme con 9 altares, 6 capillas y varias losas y piedras que representan a las familias portuguesas prominentes. El altar mayor dorado consagrado a Santa Catalina, con un retablo con escenas de su vida.
La iglesia del Bom Jesús, es la más famosa por guardar los restos de San Francisco Javier. Se construyó en piedra rojiza en 1605 de estructura barroca aúna los estilo dórico, jónico y corintio en su magnifica fachada de tres alturas. Lo más destacado, aparte del retablo que guarda una imagen de San Ignacio de Loyola, es el mausoleo-tumba, construido en mármol y jaspe, que guarda los restos del santo.
Otro punto interesante es el Monasterio e Iglesia de San Agustín. Estas melancólicas y evocadoras ruinas de un pasado esplendoroso, hoy comidas literalmente por la naturaleza, son todo lo que queda del inmenso monasterio de los agustinos que fue mandado a destruir cuando 1835 los obligaron a abandonar el país. En 1942 su fachada se vino a bajo.
Muy cerca del monasterio se encuentran la iglesia y el convento de San Juan de Dios y el convento de Santa Mónica que aloja el primer museo de arte cristiano de Asia.
Cerca del rio se encuentra el Arco del Virrey y era la entrada natural a la ciudad y por donde desembarcaban personas y mercancías. Hoy en día hay un embarcadero para ferris que transporta personas y coches al otro lado del rio.
Justo al lado, la bonita iglesia de San Cayetano, con su techo abovedado a imitación de San Pedro en Roma. Construida en 1661 por monjes Teastinos, guardaba los cuerpos de los gobernadores portugueses en Goa hasta que fueron devueltos a Lisboa en 1992.
En los jardines se ubica el antiguo monasterio que hoy alberga una escuela de teología y la puerta de entrada al Palacio de Adil Shah, que fue residencia de los gobernadores portugueses entre 1554 y 1695. Es lo único que queda.
Ramathan nos llevo rio abajo hasta la capital de Goa, Panaji, que a pesar de su aspecto destartalado y vetusto de barrios antiguos y casas con tejas pintadas de vivos colores no da la sensación caótica de las ciudades hindúes.
La iglesia de nuestra Señora de la Inmaculada Concepción es el edificio más emblemático de la ciudad y su doble escalinata recuerda el pasado portugués. Algunos residentes todavía hablan el idioma. Los dos barrios más famosos son los de Sao Tomé y Fontainhas y el paseo a lo largo de rio Ourem Creek.
Un olor a pescado frito de alguna de las tabernas por las que pasamos dando un breve paseo nos envolvió. Pero a Rosi y a los chicos aquel ambiente decadente y de total abandono no les gustó demasiado y decidimos irnos sin más. Creo que deberíamos haberle dedicado al menos un día completo a ambas ciudades y los alrededores simplemente paseando, sentándonos en alguna taberna y dar un paseo por el rio.
Pero decidimos irnos a las Playas del Sur de Goa. La primera fue Benaulim, desierta, algo azotada por el viento, pero bastante limpia con un pueblo de pescadores. Comimos en el chiringuito que se ve en la foto. La cerveza fría después de un baño relajante (aunque siempre pendiente de las corrientes y la dichosa resaca que hay) hace que uno se sienta muy ceca de lo que llaman el paraíso.
Habíamos hecho una selección de las playas del sur a través de Tridavisor, para evitar las más turísticas como Bogmalo, Colva, ect. Tuvimos problemas con los vigilantes de la playa que querían que nos bañásemos delante de su puesto de vigilancia aunque estábamos a 100 mts. y no había nadie más bañándose.
En la playa de Cavelossim nos divertimos mucho recogiendo caracolas de todo tipo que cubrían la arena próxima a la orilla, movida constantemente por las olas.
El atardecer lo pasamos en la Playa de Agonda, tal vez la más bonita. Vimos a los pescadores lanzar una y otra vez sus redes y como el sol se ocultaba y nos regalaba sus últimos rayos para que nosotros lo inmortalizáramos en la cámara.
Un día realmente precioso que tuvo su culminación con el alojamiento en un pequeño y maravilloso hotelito a kilómetro y medio del Palolem, Gardenia Fern. Alrededor de una piscina, en un jardín adornado con esculturas hindúes se levantan unas cabañas de madera bien equipadas y coquetas.
Después del desayuno copioso en el hotel visitamos la Playa de Palolem, aunque no disfrutamos de sus límpidas aguas porque fuimos justo después de desayunar y pretendíamos continuar la ruta, pudimos apreciar que se trata de una playa que es otra joya de Goacon un ambiente muy relajado y un paraje realmente bello. El acceso a la playa estaba lleno de tienditas muy tentadoras donde poder regatear y comprar gangas. Adquirimos ropa, sandalias, gafas, pulseras y música.
Este día almorzamos en un hotel-restaurante de carretera (solo tuvimos que salir de la autopista). Un lugar donde casi nadie se hubiera apeado por el aspecto cutre y destartalado que tenía, pero donde nos comimos un dhalcon  naam que estaba realmente delicioso.
Ya comenzamos nuestro retorno al punto inicial, Chennai…y muchos nos saludaron por la carretera.