Otro de los viajes iniciáticos que hemos realizado, donde los ojos nunca permanecen cerrados, donde tus instintos siempre están alerta y donde siempre, siempre quedarás sorprendido. Sabores, olores, colores, sensaciones contrapuestas, imágenes que nunca podrás borrar de tu retina. Un choque cultural que cambiará tu forma de ver el mundo, eso es  India.  Corría el verano de 2007 y la familia se había embarcado en un viaje organizado por Travel Plan, La Ruta de los Maharajas comprado en Halcón Viajes 20 días en la India y 5 más en Nepal y que como habrán observado, si han leído más entradas de este blog, nos supieron a poco porque regresamos en el año 2012 esta vez por libre a visitar la India del Sur. Aterrizamos en Delhi después de nuestro obligado periplo de Tenerife (2,5 h), Madrid (2,35 h), Frankfurt (8 h), Delhi.

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Se dice que Delhi fue el lugar elegido donde se ubicaron las siete ciudades antiguas a lo largo de los siglos, construidas, destruidas y vueltas a reconstruir. Capital de varios imperios que se remontan a la edad de hierro con el imperio Maurya (322 a 185 a. C). Actualmente viven en ella más de 19 millones de personas.

Old Delhi, la vieja Delhi,  exotismo y tradición

 

Old Delhi es el corazón de la otra Delhi, más cosmopolita, más populosa, más moderna pero no más autentica, con sus pequeñas callejuelas, abarrotadas de lugareños, bicicletas, rickshaws o cualquier tipo de vehículos, vacas sagradas que deambulan apartando las moscas con sus rabos y robando al quite alguna verdura de los muchos tenderetes que los comerciantes montan en cualquier parte. ¡Es un caos maravilloso!. Fundada a orillas del río Yamuna, bajo el imperio Mogol por el emperador Shah Jahan, en el año 1639 con el nombre Shahjahanabad. Una ciudad amurallada de la que hoy prácticamente no queda sino alguna puerta como  Khooni Darwaza, la puerta sur. Fue capital hasta el inicio del Raj británico, en 1857, cuando la capital fue trasladada a Calcuta. Aunque ahora vuelve a ser la capital del país.

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Nuestra primera visita fue la Gran Mezquita, Jama Masjid, la más grande de India, construida en el s. XVII por el emperador mogol Shah Jahan, sí, el mismo que mandó  construir el Taj Mahal. Te reciben tres grandes puertas, cuatro torres y dos minaretes, desde donde se llama a la oración a los fieles. Se accede a una gran plaza, 15.000 m2 de ladrillo rojo con pasarelas de esparto que evitan que te quemes los pies, ya que hay que ir descalzo y las mujeres deben taparse hombros y piernas. Solo cuando llegas a la zona de oración, te reciben unas galerías con arcos, coronadas por tres grandes cúpulas de mármol con un suelo de mármol blanco, que es lo más refrescante junto con una gran fuente central, donde se hacen las abluciones de purificación antes de rezar. En un gran armario de mármol blanco se guardan las reliquias del profeta Mahoma, el Corán escrito en cuero, un pelo de barba roja del profeta, sus sandalias y sus huellas incrustadas en un bloque de mármol.

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Pasamos demasiado rápido por  Chandni Chowk, la calle más importante de Old Delhi, y que da nombre al barrio. Conecta el Fuerte Rojo con la mezquita de Fatehpuri Masjid.  Bulliciosa, atestada de gente, un hermoso caos. Si quieres conocer la India este es el mejor lugar, lo auténtico. No debes dejarte intimidar por el gentío, los edificios destartalados, recuerda que están aquí desde el s XVII, ni por todo tipo de transportes, bicis, motos, rickshaws, vacas que deambulan buscando algún desperdicio y los hay a montones. De ella parten cientos de callejas estrechas con tiendas que venden de todo, comida, libros, ropa, calzado, artículos de cuero, productos electrónicos, etc…Y en sus alrededores podemos encontrar varios bazares como el Kari Baoli, el mercado de las especias y los frutos secos.

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Foto de wikipedia

Otra decepción fue la no visita al Fuerte Rojo, según el guía estaba cerrado por un acontecimiento militar. El guía español asignado perdió el enlace en París y no llegaba hasta el día siguiente y éste era un torpe y vago. Total que no pudimos ni hacer una foto al fuerte, residencia de los antiguos emperadores mogoles, cuyo nombre se debe al color rojo de la piedra arenisca con que se construyeron sus amplias murallas.

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Nuestra siguiente parada fue en el Raj Ghat o Memorial de Gandhi. Una explanada ajardinada a cielo abierto, con un césped perfecto, cerca del río Yamuna, fue el lugar elegido para incinerar el cuerpo de Mahatma Gandhi. Una losa de mármol negro y una llama permanente brilla en su nombre. Sobre una placa de mármol reza su epitafio, Hey Ram, “Oh Señor”, que fueron sus últimas palabras.  Es un lugar especial, cargado de simbolismo, al que para acercarte debes descalzarte, algunos sadhus o santones rezaban oraciones postrados frente al lugar y habían dejado guirnaldas de caléndulas, las típicas flores anaranjadas, sobre la losa.

New Delhi, La nueva Delhi, la ciudad moderna

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Todo cambió en la India cuando el Imperio Británico, como tantos otros (incluido el Español) en su ansias imperialistas y comerciales, implantaron en 1858 el Raj Británico, un régimen de gobierno colonial. En 1911 se planea la construcción por dos urbanistas británicos de gran prestigio, Edwin Lutyens y Herbert Baker de una nueva ciudad. La nueva capital fue bautizada como New Delhi en 1927. Concebida como una ciudad moderna con avenidas espaciosas de tres vías bordeadas por imponentes edificios gubernamentales, museos, galerías de arte, restaurantes, centros comerciales, etc. Sin embargo supieron mantener algunos de los monumentos de las antiguas ciudades ubicadas en la zona.

Nuestra primera parada fue la Puerta de India, un arco de triunfo de 42 metros de altura de estilo francés, erigido en 1921 y dedicado a la memoria de los soldados caídos  durante la I Guerra Mundial y las guerras afganas. Bajo el arco arde la Amar Jawan Jyoti, la llama del soldado inmortal, en memoria de los caídos en la guerra indo-paquistaní (1971). Este es un lugar de reunión de las familias hindúes que no tienen ningún reparo en sentarse a la sombra de algún árbol y hacer un picnic o sentarse a charlar.

Subidos en el guagua recorrimos el Rajpath o Camino del Rey, como se le conocía en la época del Raj Británico. Es un amplio bulevar con árboles y césped a ambos lados que va desde el estadio nacional, pasando por la Puerta de la India y termina en la Raisina Hill, donde se levantaron los edificios gubernamentales. A la zona previa a la colina se la conoce como Vijay Chowk o cuadrado de la Victoria. El Rashtrapati Bhavan o casa del Virrey, es hoy la residencia oficial del Presidente de la India. También se ubica aquí el edificio de la Secretaría, que alberga la oficina del Primer Ministro y un curioso edificio circular que es el Parlamento de la India.

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La siguiente parada fue en la Tumba de Humayun, el segundo emperador mogol. La construyó su viuda mayor, Haji Begun, en el s XVI,  dicen que es una de las primeras muestras de la arquitectura mogol. La tumba se encuentra en el centro de un gran jardín, con piscinas unidas por canales. El edificio octogonal se encuentra elevado sobre una terraza y está construido con arenisca roja con elaborados detalles decorativos en mármol blanco y negro. Todo es simétrico, matemático, exacto.

La sala central del techo abovedado tiene dos pisos y está flanqueada por cuatro salas, también octogonales e intercomunicadas por galerías o corredores. Los techos están cubiertos de pintura y el edificio está coronado por una doble cúpula de mármol de 43 m, flanqueada por chhatris, una especie de pabellón elevado rematado con una cúpula. En el centro de la sala del edificio principal se vislumbra, a través de las jaalis, ventanas de celosías talladas en piedra, un austero sarcófago de mármol blanco que descansa sobre una simple plataforma de mármol negro y blanco, a un lado se pueden ver tres solitarias tumbas familiares pertenecientes a sus viudas y su hijo.

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Desde el jardín accedimos a otros edificios diseminados aquí y allá, vimos la tumba del Barbero, de dueño desconocido, la de Isa Khan toda blanca, la de Nili Chhatri, con una cúpula como las de Uzbekistan de ladrillo azul pero bastante estropeado o la cúpula blanca del lugar santo Gurdwara Damdama Sahib.

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Nuestra última parada fue en el Complejo Qutb, bastante alejado, a unos 15 km al sur. Dominado por el Qutb Minar, como un faro que todo lo ve. Unos dicen que torre de la victoria, otros que minarete. En cualquier caso, con sus 73 m de altura, un diámetro de 14 m en la base y otro de 2,7 m en lo alto, lo sitúan como el más alto del Mundo. Se construyó en ladrillo con cinco pisos superpuestos separados por balcones, el cuarto es de mármol. Están decorados con inscripciones coránicas y patrones geométricos y por su interior serpentea una escalera de caracol de 379 escalones, aunque está cerrada al público.

Este complejo se construyó sobre las ruinas de Mehrauli, una de las siete ciudades antiguas que conforman el actual estado de Delhi. La construcción del complejo fue iniciada en 1192 por Qutb-ud-din Aibak, el primer Sultán de Delhi, que daría origen a la dinastía mameluca o Gulam Vansh y continuado por sus sucesores. El minarete se alza en el patio de la mezquita Quwwat-ul-Islam, construida por orden del primer sultán sobre las ruinas de templos hindúes y jainistas y finalizada por Shams ud-Din Iltutmish. Se ve claramente la mezcla de estilos por el uso de materiales de los templos derruidos. Destacan las intrincadas tallas de piedra en las columnas del claustro de la mezquita que parecen tomados de los pilares de un templo jainista.

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También, solitario, en el patio de oración, se eleva otro enigma, el Pilar de Hierro, de unos 7 m de altura y más de 6 tn de peso. La inscripción en Sánscrito del tipo Gupta que se encuentra marcada sobre su base indica que fue mandado a forjar por Chandragupta II Vikramaditya en el s. IV pero ubicado frente a un templo de Visnu que ya no existe y que se encontraba muy lejos de su posición actual. Está formado con hierro forjado, y posee elevada pureza (98%) y no presenta oxidación lo que nos indica el alto nivel de conocimiento y sofisticación en las técnicas de fundición del hierro.

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Muy cerca se encuentra la tumba, Iltutmish, el segundo sultán de Delhi.   La cámara central es de 9 m2 y en las esquinas hay restos de estructuras que sugieren la existencia de una cúpula. El cenotafio principal, en mármol blanco, se coloca sobre una plataforma elevada en el centro de la cámara. La fachada es conocida por su talla ornamentada, tanto en la entrada como en las paredes interiores.

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En medio de una explanada de césped se levanta el Alai Minar, un minarete frustrado, mandado a erigir por el emperador  Alauddin Khalji, de la dinastía Khalji (1290-1320) quería que fuera el doble de alta que la Qutb, pero fue abandonada poco después de su muerte solo queda el primer piso, un núcleo de mampostería de escombros gigante.

Aquí terminamos nuestra visita a esta caótica ciudad, pero llena de contrastes. Nuestro primer contacto con la India fue espectacular, quedamos impactados. Parece un tópico pero la India te deja huella. Seguiré contando otros relatos de este viaje, tal vez no en el orden en el que lo hicimos pero espero saber reflejar la belleza de las ciudades del Rajasthan, la pureza de Agra y el Taj Mahal, la sagrada Benares o Varanasi o  la irreverente Khajuraho y el sexo hecho piedra.