La costa del Océano Pacífico de Costa Rica se extiende más de 1.000 km desde la provincia de Guanacaste, pasando por la Península de Nicoya, el Pacífico Central hasta la Península de Osa. A a lo largo de este litoral se suceden playas de arenas doradas y de aguas cristalinas, rodeadas de bosques tropicales o sembradas de palmeras perfectas para hacer surf, snorkel o buceo, o cualquier deporte náutico (kayak, pesca deportiva, etc…). Un verdadero paraíso en la tierra. Nos decidimos por  zona del Pacífico Central ya que nos era imposible abarcarla al completo con los escasos días que nos quedaban.

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Desde Monteverde tomamos la 606 en dirección a la ciudad portuaria de Puntarenas,  y luego la Carreta 1, hasta el río Tárcoles, donde hicimos nuestra primera parada para ver los famosos Cocodrilos Americanos.

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Desde el puente que cruza el río se pueden ver estos ejemplares descansado plácidamente en las riveras o nadando sigilosamente en la aguas del río esperando cautelosamente a algún incauto turista. También vimos algunas aves carroñeras e iguanas en las orillas dándose un festín.

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Continuamos ahora por la ruta 34, oficialmente llamada Pacífica Fernández Oreamuno, aunque es mejor conocida como carretera Costanera Sur, recorre todo el litoral central y sur del Océano Pacífico del país. Pasamos por localidades como Playa Hermosa con una playa kilométrica, por la ciudad de Jacó, famosa por su playa de arena negra y paraíso de surfers, y nos alojamos en los Horcones, en Quepos, una localidad costera con un puerto del que dicen que se organizan los mejores tours de pesca deportiva y puerta de entrada al Parque Nacional Manuel Antonio nuestro destino.

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Parque Nacional Manuel Antonio

El parque Nacional Manuel Antonio (16$, de 7 a 16 h, cerrado los lunes) se ubica a 8 km de Quepos. Desde un kilómetro antes de llegar ya hay “jaladores” que intentan llamar tu atención para que aparques en pequeños terrenos de su propiedad, aunque el parque tienen un parking ( de 4-6  $). Dispone de un Centro de Visitantes, un conjunto de senderos como; el Perezoso, la Cascada, Punta Catedral, Mirador, Playa Espadilla, Playa Manuel Antonio, Congos, Playas Gemelas, Puerto Escondido, y Manglar  con facilidades de accesibilidad universal, áreas de descanso, miradores panorámicos y con paneles de interpretación científica. Estos senderos atraviesan manglares, lagunas y bosques tropicales salpicados de playas del parque donde darte un chapuzón.

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Decidimos no visitar la Catarata porque nos dijeron que no llevaba mucha agua, así que pusimos rumbo a la playa Manuel Antonio. Cruzando el manglar vimos algunos murciélagos, coloridos cangrejos, pequeñas tortugas, venados de cola blanca, perezosos y escurridizos mapaches.

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La playa tiene forma de media luna, no es muy extensa de aguas tranquilas y arena dorada rodeada del bosque tropical. Bastante concurrida porque tiene una zona con mesas.

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Realmente esta zona es un istmo cubierto de vegetación que en el lado opuesto recibe el nombre de playa Espadilla del Sur. Tal vez la mejor playa del parque, mucho más tranquila y alargada, de arena dorada y aguas más cristalinas. Finaliza en un promontorio rocoso que la separa de su continuación, la playa Espadilla del Norte, ya fuera del parque y en el pueblo de Manuel Antonio.

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Después de otro chapuzón continuamos el sendero que circunvala la Punta Catedral:  antiguamente fue una isla, que debido a la acumulación de sedimentos se unió a la costa a través de una franja arenosa llamada “Tómbolo”. El sendero sube y baja atravesando un bosque tropical con tres miradores, desde donde se ven varias islas, y se observan algunas aves marianas como los pelícanos. También pudimos ver una familia de monos Congo o aulladores o la Guatuza un pequeño roedor.

Ya casi al final del sendero Punta Catedral se llega a la playa la Trampa, al costado derecho de playa Manuel Antonio. Parece que la nombran así porque durante la marea baja se observa una especie de círculo formado con restos arqueológicos, que creen que se trata de una trampa utilizada por los indígenas para capturar tortugas y peces. No vimos nada. La vegetación que rodea la playa estaba tomada por una familia de monos capuchinos o cara blanca y estuvieron persiguiendo a una iguana que tuvo que refugiarse en la arena.

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Después del almuerzo continuamos por el sendero a Punta Serrucho, pero a medio camino decidimos ir a ver Playas Gemelas, porque se nos echaba el tiempo encima y queríamos ver otros parajes. Antes de llegar a la playa vimos una familia de venados. La playa es bastante pequeña con bastante piedra, dividida en dos por un saliente rocoso.

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Continuamos por el mismo sendero que nos lleva al Mirador de Puerto Escondido, por el camino vimos un perezoso trepando de forma cansina un gran árbol. Desde el mirador se tiene una vista agreste del litoral marino y de la bahía en donde se encuentra la playa del mismo nombre que se recorta sobre el verde de la vegetación en el acantilado.

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Regresamos porque se acercaba la hora del cierre y ya fuera del parque nos dirigimos a la playa Espadilla del Norte, frente al pueblo Manuel Antonio. Una playa de suave arena dorada, kilométrica, muy abierta y por tanto con oleaje que hace la delicia de los surfers y de otros practicantes de deportes náuticos.  Muy concurrida porque es de acceso gratuito. 

El lugar es espectacular para las puestas de sol y pasear por la extensa playa a esa hora indefinida de la tarde-noche en la que la luz poco a poco va disminuyendo su intensidad y crece la sombra. Momento que mucha gente aprovecha para darse el último baño del día bajo los dorados rayos del sol. 

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Parque Nacional Marino la Ballena

Seguimos recorriendo el litoral costaricense en dirección este por la carretera Costanera, nuestro objetivo era visitar el Parque Nacional Marino Ballena (6$. de 7 a 16 h). Nos alojamos en Natuga EcoLodge-Villas Dominical Baru, cerca de la comunidad de Dominical a 30 km del parque, si algo lejos. En un principio queríamos hacer una caminata hasta las Cataratas Nuayaca (10$, de 7:00 a 14:00 h) pero leímos que eran 12 km (casi 4 h), algo exigentes y el terreno estaba enfangado, así que no fuimos. Aunque ofertaban tours a caballo y camioneta.

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En cualquier caso aprovechamos para visitar el parque Reptilandia, (12$, de 9 a 16:30 h) muy cerca del hotel y de las cataratas. Cuenta con una diversa colección de reptiles, y anfibios específicos de Costa Rica pero también del resto del Mundo. El parque está distribuido en varias zonas, algunas al aire libre con estanques que intentan simular el habita natural, otras en zona cubierta con unos 70 terrarios, enfermería, y por último un jardín botánico con más de 100 plantas y árboles. También podemos encontrar Anacondas del Amazonas, Dragón de Komodo, tortugas gigantes de África, todo tipo de lagartos y cocodrilos.

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La sección de víboras en la zona de los terrarios es especialmente interesante, en algunos casos primero has de descubrir donde se ocultan. Todas tienen paneles informativos que detallen sus nombres, procedencia y otros datos de interés. Aquí se pueden ver alguna de las criaturas más mortales de Costa Rica, como la terciopelo (Bothrops asper ).

Aunque en menor número y muy difícil de ver en los terrarios son  algunas ranas, como la Dendrobates Auratus, muy venenosa, de color azul turquesa y manchas negras.

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Decidimos acercarnos un poco más, alojándonos en el hotel Marino Lodge, en el pueblo de Uvita a escasos 2 km de la entrada al parque Nacional Marino Ballena. El parque lleva el nombre de las ballenas jorobadas que migran a la región entre agosto y noviembre (en dirección norte desde la Antártida) y de diciembre a abril (en dirección sur desde Alaska), cada año. La zona fue declarada parque nacional en 1989 con el fin de proteger a las criaturas que emigraron aquí para la cría y la alimentación animal. Incluso la zona tiene forma de cola de ballena si se se tienen una vista cenital.

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Al parque se puede acceder por 4 sectores de ingreso: Uvita, Ballena, Piñuela y Colonia cada una da nombre a una playa y en total son 15 km de litoral. Obviamente, la actividad estrella y la más popular es la observación de ballenas y delfines, aunque el buceo en alguno de los ocho arrecifes coralinos también es bastante demandada. Contratamos una excursión para el avistamiento de ballenas en un local cerca de la entrada a Playa Uvita. Incluía la entrada al parque, el parqueo del coche, el avistamiento de ballenas y delfines, la visita a las cuevas marinas naturales de playa Ventanas, la visita a la isla Balllena y el snorkel en sus aguas. 

Pasado el centro de visitantes y tras un pequeño paseo de unos 100 m llegamos a  playa Uvita y allí casi en la orilla nos esperaba una lancha con techo. Nuestro guía nos distribuyó los chalecos salvavidas y nos dio una charla de seguridad. El patrón del barco nos llevó en paralelo a la costa en dirección este hacia playa Ventanas. A buena velocidad el barco hundía su proa en el mar haciendo que se levantaran olas de espumas mientras veíamos pasar la línea verde del litoral junto a una intermitente franja amarilla de las playas.

La Punta Ventanas es un promontorio montañoso que se interna en el mar cubierto de exuberante vegetación y que encierra una pequeña playa del mismo nombre. En él se abren varias cuevas que lo cruzan de lado a lado. Desde el mar el espectáculo de las cuevas impresiona. Algunos patrones más temerarios intentan pasar por el orificio , aunque es más fácil si vas en kayak o embarcaciones más pequeñas. 

Seguimos navegando sin dejar de otear el horizonte en busca de un chorro de agua que indique la presencia de algún cetáceo pero por el momento nada de nada. Dice el patrón que en esta época hay pocas ballenas todavía pero que seguro que veremos alguna. Pusimos rumbo a Punta Piñuela frente a la cual se sitúan una serie de islotes pertenecientes al arrecife de coral más grande en la costa del Pacífico de América Central y que forma un collar de media luna con las tres pequeñas islas conocidas como Las Tres Hermanas y la Isla Ballena. El nombre de isla Ballena le viene debido al curioso fenómeno producido por el agua al entrar en una de las cuevas que provoca un “chorro” como si fuese el de una ballena. La isla a pesar de su pequeño tamaño es lugar elegido por varias aves para su nidificación, entre ellas la fragata, tanta característica por su buche de color rojo.

En el arrecife que rodea la isla hicimos snorquel, aunque la verdad es que el fondo estaba un poco revuelto y no se apreciaba gran cosa.

De vuelta al barco nos dieron un pequeño refrigerio, consistente en bebidas y frutas, mientras poníamos dirección a alta mar pero paralelos a la costa. Los patrones se comunican entre ellos cuando alguno avista alguna ballena. Después de un rato, de silencio en la radio, en el que anduvimos arriba y abajo con los ojos pendientes del horizonte en busca del “chorro deseado” vimos uno a lo lejos. En el barco se desató la euforia y la ansiedad por intentar captar las imágenes de la ballena, su cola, su chorro, esperando el gran salto que arrojase su cuerpo fuera del agua. Pero siempre que llegábamos al lugar donde la habíamos visto se sumergía u otro barco se interponía. Así pasamos un rato hasta que el patrón dijo que el tiempo se acababa y que teníamos que regresar con gran pena. Realmente habíamos superado con creces el horario previsto (4 h) y ellos tenían que volver a salir en breve.

Te ofrecen dejarte cerca de Punta Uvita, en lugar el lugar el punto donde nos recogieron.  Ciertamente es la cola de la ballena. Lo conforma las formaciones rocosas que aparecen aproximadamente a 1 kilómetro de la orilla y que se une a tierra por un  tómbolo o itsmo de arena de unos 700 m de largo por el cual durante la marea baja, se puede caminar entre las dos enorme bahías disfrutando de una vista de 360° sobre el mar, las playas y las montañas. El istmo también recibe el nombre de Paso de Moisés. Este es otro punto donde se puede hacer snorquel.

Tras la excursión, tocaba disfrutar de las playas del Parque Nacional Marino Ballena, ya que el ticket te da derecho a visitar varias de ellas. La primera fue donde nos habían dejado,  playa Uvita. Una playa de forma curvilínea, que se prolonga unos 4 km, con arena gris casi blanca y de aguas cristalinas. Cerrada por tierra con un manglar. Se pueden realizar actividades como el kayak, montar a caballo, etc. Cuidado con poner la toalla en la línea de cocoteros o debajo de las palmas porque vimos a una familia salir despavorida al ver descolgarse una serpiente cuando tomaban el sol tranquilamente.

Para visitar las siguientes playas se tiene que salir del parque y tomar la Costanera y buscar los accesos a las playas del parque pasando por los puestos de control y enseñar el ticket. La playa Ventanas recibe el nombre por sus cuevas como es obvio y debes pagar para aparcar.

Su principal atractivo son las cuevas pero cuando mejor se observan es durante la marea baja ya que se puede caminar a través de ellas para ver las olas rompiéndose en el interior. Como en todas las playas hay zona donde se acampa y se montan tenderetes improvisados para pasar el día en familia.

Nuestra siguiente playa fue Piñuelas y me pareció más salvaje y agreste. La playa de arena grisáceas mide algo más de un kilómetro, pero antes de llegar a la arena debes sortear una barrera de guijarros que forman un pequeño talud de unos metros que hace el acceso algo incomodo. Realmente no me explico como han sido arrastrados y depositados ahí por las mareas. Como en la mayorías de las playas en la que hay un manglar también encontramos pequeños estuarios que desembocan en el mar y que  acogen una fauna algo peligrosa, los cocodrilos. Hay carteles que te advierten de su presencia y de no bañarse en estas zonas. Desde la playa se divisa en el mar las siluetas de los islotes de las  Tres Hermanas y en ocasiones se ven ballenas.

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Nuestra siguiente parada fue playa Ballenas, una playa ancha con más de  3 km y de arena de color blanco-grisáceo que cuando se moja parece dorada. Tiene un área boscosa de gran atractivo y varios estuarios que desembocan en el mar. Vimos varias parejas de guacamayas comiendo frutos de los árboles. Una playa para relajarse y pasear tranquilamente.

A la playa Arco solo se puede acceder caminando desde las vecinas playas de Uvita y Ballena. Nosotros fuimos desde esta última. No es muy grande, unos 500 m de arena color café dividida en dos por un promontorio rocoso con una cueva o caverna rocosa en forma de arco que le da su nombre. La playa queda encerrada entre el mar azul intenso y una rica vegetación exuberante que cubre las laderas de las paredes rocosas y que oculta una gran biodiversidad. Debido a la presencia de estos desniveles se producen pequeñas cascadas  de espectacular belleza que caen directo al mar o entre la vegetación y que hicieron que pasásemos uno de los ratos más entretenidos y divertidos del viaje. Sin lugar a dudas la elegiría como la mejor playa de las que vimos.

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San José, la Capital Tica

Regresamos a nuestra sede de Alajuela pero antes de entregar el vehículo quisimos conocer la capital del país. Habíamos leído en muchos blogs que no valía mucho la pena, que tenía una circulación infernal, que era insegura, etc, etc. En cualquier caso le dedicamos un mediodía y tal vez fuera porque era domingo y la gente andaba con la familia paseando por el centro histórico pero no percibimos ninguna de las cosas que habíamos leído. Fue fundada en 1737 y es verdad que no tiene muchos atractivos turísticos frente al resto del país pero su centro histórico es coqueto y se puede visitar tranquilamente y sin prisas.

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Nuestro paseo comenzó cerca del Parque Braulio Carrillo donde se ubica la Iglesia de Nuestra Señora de la Merced, un templo que se edificó en 1894 en estilo neogótico. Destaca la torre central, de clara influencia gótica alemana. El edificio se construyó en ladrillo, sobre un zócalo de piedra. El templo posee tres naves interiores bajo una ojiva continuada .Posee un cielo raso de caoba de tono natural, el cual se sostiene sobre columnas de madera. Todo muy colorido con grandes vitrales donde destacan las que representan la aparición de la Virgen de las Mercedes.

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Continuamos por la ancha Avenida 2 hasta el Parque Central o Plaza Central es la zona pública más antigua de la ciudad, data de 1885 cuando se sembraron los primeros árboles. Además destaca su kiosco central que es usado para diferentes eventos culturales. Realmente parece un ovni.

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Justo al lado de la plaza se levanta la Catedral Metropolitana de San José. Este edificio que data del siglo XIX, aunque ha sufrido varias remodelaciones. Su arquitectura es neoclásica combinando los estilos griego y barroco. Destacan los vitrales que representan escenas de la vida de Jesucristo. Aunque solo pudimos echar un vistazo rápido porque estaban en misa.

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Continuamos en dirección al Teatro Nacional,  ubicado al costado este de la plaza Juan Mora Fernández. Aquí se levanta un impresionante edificio neoclásico de 1981 de estilo renacentista, que alberga a las compañías nacionales de ópera y ballet de Costa Rica. La entrada al interior es de pago pero se puede ver las hermosas columnas y esculturas en el vestíbulo y disfrutar de un excelente café en el Alma de Café, la cafetería de la planta baja del teatro.

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Tomando la Avenida Central, que es la vía más antigua y con más sabor de San José, Una calle peatonal donde confluye todo el comercio de la capital. Encontramos algunos edificios bellamente decorados y espacios de ocio, como la Plaza de la Cultura en cuyos bajos se ubica el Museo del Oro. Otro de los edificios emblemáticos de la zona es el Edificio Central de Correos y Telégrafos, una obra que se inició en 1914, en un estilo arquitectónico que ha sido calificado como ecléctico, aunque otros piensan que arquitectura del final de la Belle Époque.

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Teníamos mucha ilusión en conocer el Mercado Central inaugurado en 1880. Bullicioso, con muchos puestos, también excelente lugar para comer. Se recomendaba mucho la heladería de Lolo Mora, por lo visto es una tradición pero todo el mercado estaba cerrado. Sin embargo, los alrededores eran un hervidero de gentes que anunciaban sus mercancías a voz en grito.

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No podía dejar de mencionar la gastronomía local.  Platos tradicionales como el gallo pinto (arroz, frijoles, huevos y carne), el casado (ensalada, arroz, frijoles, carne y plátano), Chifrijo (chicharrón de cerdo, arroz, frijoles con su caldo, tomate, cebolla y chimichurri, con chips de plátano) o la famosa torta de tres leches (elaborada con leche fresca, leche condensada y nata) y para terminar un café chorreado que los puedes encontrar en diferentes locales llamados “Sodas” (modestos restaurantes donde te ofrecerán el clásico “plato del día”), en las famosas “Pulperías”, (más comunes en las afueras de la ciudad), o en los mercados.

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Hasta aquí nuestro viaje de 15 días a Costa Rica es verdad que nos hubiese gustado poder visitar el Parque Nacional de Corcovado, la región de Guanacaste con el Rincón de la Vieja  o las playas de la zona norte del Pacífico como Tamarindo pero también las del Mar Caribe, en la región de Limón y sus fabulosas playas, o el desove de las tortugas pero siempre se puede volver. Espero siempre que la luz que veo en el horizonte desde la ventanilla del avión de regreso sea la esperanza de poder volver a viajar a otros lugares del Mundo. Gracias Costa Rica y hasta la próxima.