Uno de los parajes más románticos y bellos que hemos recorrido es la región alemana de Renania-Palatinado, surcada por sus dos caudalosos ríos el Rin y el Mosela. En sus riberas descubrimos cientos de castillos medievales, algunos en pie otros en ruinas, rodeados de vastos viñedos en inclinadas pendientes, con pueblos atávicos de aromas a mosto, a leña, al humo que desprenden sus vetustas chimeneas, a los guisos de antiguas recetas, en definitiva un paisaje que te traslada a los cuentos de los hermanos Grimm. Ya en nuestro viaje a los mercadillos navideños alemanes habíamos visitamos algunas ciudades de esta región y quedamos fascinados por la plasticidad de los paisaje y la amabilidad de las gentes, por ello queríamos hacer este viaje.

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RUDESHEIM am RHEIN

Nuestro punto de partida fue Dusseldorf y en apenas dos horas ya estábamos en este delicioso pueblecito del valle del Rin, en el estado de Hesse, conocido por sus viñedos, por su producción vinícola del famoso Risling y por ser la puerta sur de entrada a los tours románticos por el Rin, que finalizan en Koblenz (Coblenza), ya sea por barco o cualquier otro medio de locomoción. 

Para tener las mejores vistas del Rin, de Binden, el pueblo al otro lado del río y de los viñedos hay que subir a la colina de Niederwalddenkmal, donde se levanta el Monumento, del mismo nombre. La figura de 12,5 metros de altura representa a Germania, con la corona y la espada imperial en la mano izquierda. Fue construido con motivo del restablecimiento del imperio alemán después de la guerra franco-prusiana de 1870-1871. Se puede acceder por carretera o por un teleférico que sale del pueblo. A pocos pasos encontramos un templete, llamado Goethe Tempel, parece ser que el poeta inmortalizó las vistas sobre el Rin en sus libros desde este lugar.

El aroma a vino en esta época del año impregna cada lugar del pueblo. Casas de entramado de madera, bares con escudos de hierro se alinean en la zona peatonal alrededor de Oberstraße. Aquí hay muchas granjas con casas nobles de antiguas familias de rancio abolengo. Como el castillo Boosenburg,  del siglo XII que fue la residencia del caballero Lord Fuchs de Rüdesheim, en el que destaca su magnifica torre de piedra.

Otra propiedad es la mansión  Brömserhof, que data del siglo XIII y hoy alberga el Museo de Instrumentos Musicales Mecánicos de Siegfried. En el que se exhiben más de 350 instrumentos musicales mecánicos de entre los siglos XVIII y XIX.

Giramos en el callejón llamado Drosselgasse, conocida como “la barra de bar más larga”, ya que, en sus dos metros de ancho y 144 metros de largo, se apilan bares, tabernas y terrazas donde probar los famosos vinos que se producen en la región. En el siglo XV era un barrio marinero, en cuyos almacenes los propietarios guardaban remos, velas y jarcias, junto con las mercancías, y dejaban sus barcos desguazados amarrados en la orilla. El callejón desemboca en el río en el que hay varios embarcaderos desde donde salen algunos cruceros para recorrer el valle y visitar los pueblos cercanos. 

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Continuaremos por Rheimstrabe hasta la esquina con Marktstrabe hasta llegar a la plaza del mercado,  Marktdonde se levanta Iglesia de St. Jakobus, que se remonta al siglo X, aunque ha sufrido muchas reconstrucciones actualmente acoge recitales de música sacra  y el ayuntamiento. En el momento de nuestra visita estaban montando las casetas para el mercadillo navideño.

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Muy cerca en la calle Klunkhardshof, vemos otra casa singular con un entramado de madera del s XV, de fachada ligeramente cóncava, construida para la familia de comerciantes Klunkhard. La casa de tres pisos tiene una inscripción grande que resume su historia en el primer piso. 

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Dejando atrás el pueblo continuamos hacia el norte pegados al río, donde van surgiendo, entre la niebla, impresionantes castillos a ambos lados de la orilla. No hay puentes que crucen el río hasta llegar a Coblenza, solo transbordadores en alguno de los pueblos (dejo horarios). Este es otro tour muy popular, el de los castillos del Rin que se suele hacer navegando. El castillo de Rheinstein, el de Richenstein, o el de Sooneck son algunas de las fortaleza que se levantaron en la Edad Media.

Bacharach

A pocos kilómetros surge el pueblo de Bacharach, altar de Baco, su etimología obviamente hace referencia a sus vinos. Desde la orilla opuesta destaca la imagen de sus casas de entramados de madera, dominadas por el castillo Sthaleck del s. XII y la capilla gótica del s. XIV, Wernerkapelle.

A la salida del pueblo encontramos el castillo-aduana de Pfalz, erigido en un islote frente al pueblo de Kaub, data del s. XIII y su cúpula barroca de pizarra compite con el vecino castillo de Gutenfels, exigiendo peaje a los barcos a cambio de bajar las cadenas que impedían la navegación por el río.

Roca Loreley

Ahora el Rin se interna en un profundo cañón que da lugar a un promontorio sobre el que se alza la Roca Loreley. Este paisaje de una belleza dramática ha generado innumerables leyendas, la más famosa es la de la sirena que seducía a los marinos con sus cantos provocando naufragios mientras ella sonreía apáticamente, peinando su larga cabellera rubia. También inspiraron la paleta de muchos pintores impresionistas como William Turner , no el de Piratas del Caribe, jajaja ¡un poco de cultura! e instauraron la narrativa romántica de un Rin bucólico con ninfas acuáticas que custodiaban el oro en el “Anillo de los Nibelungos” de Richard Wagner. 

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El Rin fluía plácidamente cuando nos acercamos a la localidad medieval de Sankt Goar, pero por la orilla equivocada. En lo alto de la colina se levanta el castillo de Rheinfels, que fue la única plaza que no consiguieron conquistar los ejércitos de Napoleón

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La niebla nos impidió ver una de las más hermosas postales del Rin, el meandro que forma cerca de la ciudad de Boppard, cuya mejor instantánea se toma desde el mirador de Geodeonseck.

BOPPARD

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Rodeada de viñedos de uva riesling nos recibe esta pequeña urbe fundada por los romanos. Los campanarios gemelos de la iglesia Sankt Severus se ven desde todas partes. Frente al templo del s. XIII se encuentra la Markplatz, lugar de reunión y celebraciones. Un paseo por la calle principal, Oberstrasse te permite disfrutar de las casas típicas alemanas de madera, algunos tramos de la antigua muralla romana y de las ruinas de la  fortaleza romana Römer Kastell.

No debes perderte el paseo peatonal que recorre el río, llamado Rheinallee. Desde el embarcadero ya se divisa el Castillo Viejo o  Alte Burg, residencia de los Principies Electores, una reliquia del siglo XIII que alberga el Museo Boppard y el Museo Thonet. Cerca encontramos unas de las muchas puertas de la ciudad, esta se llamaba Sandtor, o puerta de la arena, también fue llamada puerta rompehielos o puerta del viento. Detrás se alza la capilla Gemeindezentrum St. Michael. Decidimos quedarnos a dormir en el Rebstock hotel para continuar nuestro viaje al día siguiente.

Braubach

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En la orilla opuesta a Boppard, entre bosques y casa de cuentos de hadas, se sitúa Braubach, protegida por el castillo de Marksburg, el único castillo del Rin jamás vencido desde su construcción en el s. XIII. Su figura se alza sobre un promontorio que domina el pueblo.

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Las calles de Braubach son un laberinto de estrechos callejones adoquinados, llenos de casitas de colores con entramados de madera de los siglos XVI y XVIII, adornadas con hermosos parterres de flores.

Te recibe la Obertor o puerta oriental de la fortificación de la ciudad y comenzamos a caminar por la Karlstrabe hasta llegar al lugar más fotografiados del pueblo, la Eckfritz, una preciosa casa con entramado de madera construida como taberna de campesinos en el año 1597 y que aún hoy en día sigue funcionando como restaurante.

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Continuamos por la Obermarktstrabe hasta llegar a la Markplatz donde se encuentra el casco histórico de la ciudad y una de las casas más antiguas de Braubach, situada en el número 13 y data de 1450, en la plaza hay algunos restaurantes y cervecerías. La calle termina a las puertas del castillo de Philippsburg, construido entre 1568 y 1571 en nombre de Landgrave Philip II de Hesse-Rheinfels

COCHEM

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Dejamos atrás el valle del Rin en la ciudad de Koblenz (Coblenza) para continuar por el valle del Mosela. Ya habíamos estado en esta magnífica ciudad en el viaje a los mercadillos de Alemania, así que continuamos nuestro viaje de retorno a Dusseldorf parando en la bella ciudad de Cochem, situada en la ribera del río Mosela en la falda de una colina coronada por un castillo feudal, el Reichsburg que data del año 1051.

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Una puerta monumental, la Enderttor, construida en 1332 te da la bienvenida a la ciudad medieval y te introduce al centro histórico por una calle estrecha y empedrada, muy animada, repleta de turistas y tiendas de todo tipo, de souvenirs, de antigüedades, pastelerías, modas, etc. Se pueden ver los restos de la muralla y la caseta del guarda que hay junto a la misma, ahora un hotel.

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Todas las calles principales desembocan en el corazón de la ciudad, su espectacular plaza del Mercado o Marktplatz, con las bonitas casas de colores de entramado de madera y típicos techos de pizarra pegadas unas a otras. Destaca el edificio del ayuntamiento, Rathaus de 1739 en estilo barroco de color rosado con dos pisos y buhardillas en el techo; la iglesia de San Martín, con un campanario que se ve desde todos los puntos de la ciudad y en el centro de la plaza la imponente fuente de San Martín, Martinsbrunnen de 1767.

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Desde la plaza del mercado parten varias calles con mucho encanto, algunas con empinadas y estrechas escaleras donde encontramos algunas vinotecas donde probar los excelentes caldos de la región del mosela y disfrutar de pequeñas plazas con mucho encanto.

Desde la parte más alta de la ciudad se tiene una de las vistas más espectaculares del  castillo de Reichsburg de estilo neogótico con sus numerosas torres y almenas sobre un precipicio a más de 100 m sobre el río Mosela. Sus orígenes se remontan al siglo XI, después de diversas vicisitudes el castillo permaneció en ruinas hasta 1868, cuando  Louis Ravené, reconstruyó el castillo incorporando elementos góticos que configuran la estructura principal del castillo hoy en día. 

Regresamos al paseo que recorre el río Mosela con su curso lento y serpenteante. Todo se vertebra desde las ribera. Terrazas, cafeterías y pastelerías se alinean en éste magnifico paseo. Desde este punto tenemos la mejor imagen de la iglesia de San Martín.

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Terminamos el paseo en el mural de la historia de la ciudad construido por un artista local, Carlfritz Nicolay. En él se reflejan todos los sucesos que han tenido lugar en Cochem a lo largo de los siglos. Desde los legionarios romanos, pasando por las diversas invasiones hasta la representación de unos toneles de vino que nos recuerda  la gran tradición vinícola de la zona.

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MONREAL

Nuestra última parada fue en el maravilloso y diminuto pueblo de Monreal,  situado en el valle del Elz,  parece sacado de un cuento. Apenas tiene 3 o 4 calles de casas con entramado de madera blancas y rojas por las que discurre el pequeño río Elzbach. Tres puentes de piedra unen las dos orillas del pueblo dando lugar a una atalaya perfecta para obtener las mejores panorámicas de esta villa medieval.

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El pueblo está dominado por dos castillos que se erigieron alrededor de 1600 en época medieval, Löwenburg y Philippburg sus ruinas siguen coronando el pueblo en la actualidad, tras su destrucción por las tropas francesas en 1689.

El puente central es probablemente el más fotografiado por estar decorado por la estatua de San Juan de Nepomuceno y el Monumento al León en Renania, símbolo de la región.  Al lado se levanta el Ayuntamiento uno de los edificios más antiguos de Monreal construido alrededor del siglo XV.

Cada rincón es una estampa para enmarcar. Te sientes atrapado por el encanto de sus casas entramadas blancas y rojas, las flores en parterres y balcones.

Su pequeña iglesia Heiligste Dreifaltigkeit, del siglo XV construida en estilo gótico en piedra de cantera con un campanario de techo piramidal poligonal puntiagudo y unos muros exteriores de altos contrafuertes. 

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Tomamos un respiro en la cafetería Arenz am Malerwinkel, frente a la iglesia y de cara al río en la preciosa terraza, saboreando una de las delicadas y riquísimas tartas caseras, rememoramos nuestro viaje por estos valles fértiles cargados de historias. Pueblos, paisajes, campos de vides todo se une para sentir una paz infinita y una felicidad inmensa por haber hecho este viaje.

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Seguro que volveremos a esta región para continuar descubriendo estos pueblecitos con tanto encanto. Hasta nuestro próximo viaje….auf wiedersehen