Un viento cálido nos empuja suavemente a dejar nuestras Islas Canarias, alejarnos de sus famosos Carnavales, y adentrarnos en la bella Italia. Este alisio nos llevó a la zona de la Puglia, en el tacón de la bota, dejando los mares del Adriático y Jónico a ambos lados. Un paisaje de anchas llanuras y onduladas colinas. La zona central la ocupa la llanura kárstica del Murge, zona árida, agreste, barrida por los cálidos vientos procedentes del norte de África y del Levantetramontana. Al sur queda la península Salentina, un paraíso de calas y playas con aguas cristalinas, pueblos marineros cobijados por sus murallas y aldeas encaladas llenas de obras de arte y de arquitectura singular. 

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ITINERARIO DE LA RUTA

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BARI, LA CAPITAL DE LA PUGLIA

Situada a orillas del Adriático muestra una gran vocación marinera. En la época medieval fue lombarda, sarracena y bizantina, una interesante mezcla que ha dejado su impronta en la ciudad. Dos grandes avenidas separan la ciudad moderna o Borgo Murattiano, del Bari Vecchia o  barrio antiguo, situado a pocos pasos del puerto, y donde la esencia mediterránea es visible en cada rincón. Iniciamos nuestro recorrido por la Piazza del Ferrarese, también llamada la Porta di Mare, en ella podemos ver un pavimento con basaltos de piedra de una antigua calzada romana, la Via Appia Traiana.

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Ahora nos adentramos en el tortuoso callejero medieval, altos edificios de piedra, puertas con cortinas que dan paso directo a la cocina y dejan entrever el quehacer de las mammas. Algunas montan sus tenderetes en el exterior para hacer la famosa pasta, orecchiette. Llegamos a la Basílica de San Nicolás, cuya construcción se remonta al siglo XI. Aquí se depositaron los restos del santo que descansan en la cripta.

 

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Continuamos nuestro callejeo disfrutando de palazzos e chiesas hasta llegar a otro de los imprescindibles, la catedral de San Sabino, un magnífico edificio románico reconstruido a finales del s. XII. Cerca encontramos el colosal castillo Normando Suevo o Norman-Hohenstaufen, fundado por rey de los normandos Roger II (Rogelio II de Sicilia) hacia el año 1131. Damos ahora un agradable paseo con vistas al mar por el Lungomare, el paseo marítimo, pasamos cerca de edificios históricos como el teatro Margherita, para terminar en el puerto, entre barcas de pescadores y puestos improvisados de pescado y mariscos, con un plato de erizos y una birra conseguida en el Chiringuito.

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dia02De TRANI a GIOVINAZZO y CASTEL DEL MONTE

Haciendo base en Bari se pueden realizar diferentes excursiones de un día. La primera la realizamos en dirección norte, a unos 50 kilómetros llegamos a la localidad marinera de Trani, un asentamiento del siglo IX, importante puerto durante las cruzadas y refugio de judíos hasta su expulsión en el siglo XV.

 

Destaca uno de los edificios más bellos y famosos de la época románica, la Catedral, dedicada a San Nicolás, a orillas del mar. Poco queda de ese pasado glorioso, el pavimento cerca del altar mayor y algunos frescos en la cripta. Muy cerca se levanta el Castillo Svevo, construido por Federico II  Hohenstaufen en el siglo XIII. Si uno se pierde por su callejas podrá llegar a descubrir la Sinagoga Scualonova del s. XII una de las cuatro que había en el antiguo barrio judio.

 

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Ponemos rumbo ahora a Giovinazzo, idílico pueblo de pescadores con un casco histórico de ensueño (27 km). Partiendo de la piazza Vittorio Emanuele, con la monumental Fuente de los Tritones y la iglesia de San Domenico, nos dirigimos  a través del Arco de Trajano apoyado en las columnas de lo que fue la Vía Traiana. Este era el acceso real que nos transporta al centro histórico formado por un intrincado laberinto de calles y callejones, patios e iglesias, plazas y palacios. Donde destaca cómo no, la catedral de Santa María Assunta, de estilo románico, con un impresionante rosetón, que data del siglo XII. Tomando la vía  Marina, podemos admirar el pequeño puerto, el lugar para los barcos de pesca y, las pequeñas embarcaciones de recreo. Desde la ribera contraria se observa la silueta redonda de la orgullosa Torre Aragonesa.

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Por último, cuando los rayos del sol declinaban nos acercamos al impresionante castillo medieval de Castel del Monte (46 km), atravesando campos de olivos y cultivos en la meseta del Murge. El castillo se construyó sobre una colina en torno al año 1240, con torres octogonales que dan un aura de misterio y esoterismo por orden de Federico II, soberano de Sicilia y Jerusalen conocido por el apodo del “Stupor Mundi”, por sus amplios conocimientos y cultura

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dia03De MATERA a GRAVINA IN PUGLIA

El recorrido de hoy nos adentra en el interior, atravesando la meseta del Murge, e introduciéndonos en la región de la Basilicata, para conocer alguna de sus joyas más preciadas. Decidimos ir primero a Matera (66 km), la ciudad troglodita, designada Capital Europea de la Cultura 2019, que con sus viviendas conocidas como sassi y sus iglesias rupestres excavadas en la roca volcánica es Patrimonio de la Humanidad por la Unesco. Las casas excavadas en la roca de toba han ido creciendo unas sobre otras encaramándose al borde de un cañón, que ha sido erosionado a lo largo de los años por una pequeña corriente, el Gravina dando lugar a uno de esos pueblos italianos cuya belleza deja sin palabras a quien lo visita.

Toda visita se inicia en la Piazza Vittorio Veneto,  en el mirador desde la que se ve los dos barrios principales de la zona vieja, Sasso Barisano y Sasso Caveoso, en la misma plaza se puede visitar el Palombaro Lungo, una gran cisterna excavada en la roca para almacenar el agua que traían los acueductos. Recorrer las calles hasta llegar al mirador de la Piazzetta Pascoli, es un continuo desfiles de palacio, iglesias, y plazas como la Piazza San Francesco , la iglesia de San Francesco o la impresionante fachada barroca del siglo XVIII de la Iglesia del Purgatorio.

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Nosotros decidimos visitar primero el Sasso Caveoso. Desde el mirador de la Piazzetta Pascoli, comenzamos a descender hacia el barrio más antiguo de Matera, conserva su apariencia rocosa con casitas apiñadas. A parte de las casas excavadas en la roca, destacan diversas iglesias rupestres singulares, eso sí, todas de pago, como; la Necrópolis de Santa Lucia alle Malve, la Chiesa Rupestre di Santa María di Idris o la Chiesa di San Pietro in Monterrone, dedicada a San Pedro y San Pablo.

Ahora nos dirigimos al Sasso Barisano por la Via Madonna della Virtù, no dejes de mirar atrás como la mujer de Lot, también quedarás convertido en estatua de sal, por las espectaculares vistas sobre la iglesia de San Pedro, el profundo barranco que ha horadado por el torrente Gravina y el Parque de Murgia.  Subimos por las callejas escalonadas hasta el imponente Convento de St Agostino, y la iglesia rupestre más antigua, la Chiesa di San Pietro Barisano.

Nuevamente las callejuelas empinadas, algunas escalonadas nos llevan hasta la mágnifica Cattedrale Basilica Pontificia di Maria Santissima della Bruna (Madonna delle Grazie). En la glamurosa plaza Sedile podemos sentarnos a tomar un apertivo y disfrutar de la arquitectura de los palazzos y del edificio del Conservatorio Statale di Musica E.R. Duni.

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Por la tarde pusimos rumbo a la bella ciudad medieval de Gravina in Puglia que trepa sobre un barranco y enriquece un paisaje rural con olivares y huertos. Su emblemático  acueducto sobre el Ponte Viadotto Acquedotto, que salva el barranco y el arroyo Gravina, con la ciudad de fondo singulariza el lugar. En plaza principal del centro histórico, dedicada al papa Benedicto XIII, se encuentra la Catedral Basílica dedicada a Santa Maria Assunta, del siglo XI, llena de altares de mármol policromado de principios del siglo XVIII. Aquí también se puede hacer un recorrido por varias iglesias rupestres, aunque tal vez la más emblemática sea la iglesia de la roca de San Michele delle Grotte.

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dia04De POLIGIANO AL MARE hasta ALBEROBELLO

La estatua de Domenico Modugno, en el paseo marítimo, con los brazos abiertos, nos da la bienvenida a este pueblito de pescadores donde aún se respiran aires marineros.

 

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Un recorrido por el centro histórico de callejas estrechas y casas blancas contrastan con las aguas color turquesa del mar Adriático y sus numerosos acantilados y balcones hacen de esta costa un paisaje digno de admirar.

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Dejamos atrás la costa y ponemos dirección al  Valle d’Itria sembrado de olivos y vides pero también de Trulli, típicas construcciones de piedra con el techo cónico que forman vistosos conjuntos arquitectónicos, aunque los interesados en darse un paseo entre estalactitas y estalagmitas pueden acudir al cercano complejo de cuevas, Gruta de Castellana.  Sin embargo nosotros estábamos más interesados en la capital de los trullisAlberobello, donde su concentración es mayor. Pintados de riguroso blanco y con extraños símbolos mágicos en sus cúspides, construidos en piedra y sin ningún tipo de mortero, estos domos (trulli viene del griego tholos o cúpula) albergan casas, iglesias y todo tipo de construcciones.

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Desde la Piazza del Popolo, junto a la Chiesa Santa Lucia, llegamos hasta el mirador Belvedere Santa Lucia, desde donde tenemos las mejores vistas. Los trullis se agrupan en dos barrios; el Rione Monti más turístico y el Rione Aia Piccola mucho más auténtico y tranquilo. No hay que perderse el Trulli Sovrano, que recrea cómo era la vida en un edificio tradicional en esta región. También hay que recorrer las via Monte San Michelle, o Via Monte S. Gabriele, donde hay  boutiques de souvenirs, cafés y restaurantes construidos en los trullis hasta llegar a la Parrocchia Sant’Antonio di Padova, construida en un trulli o visitar el  trulli Siamés. Aunque existen otros edificios monumentales como la Basilica Minore, Parrocchia SS.Medici patroni, dedicada a los Santos Medici Cosme y Damiano, patronos de la ciudad, y de los más venerados en toda Puglia, los pasos se dirigen inexorablemente a las callejas empedradas del Rione Aia Piccola, silencioso y misterioso.

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dia05De LOCOROTONDO a MARTINA FRANCA terminando en OSTUNI

Hicimos noche en Alberobello para poder explorar el  Valle d’Itria con sus bellísimas poblaciones como Locorotondo, uno de los pueblos más cautivadores, su centro histórico es circular y pequeño.

La Porta Napoli, nos introduce en un estrecho entramado de callejas empedradas, que se abren a pequeños patios encantadores con hermosos balcones de barandillas de hierro forjado. El encalado en blanco y la escalera exterior marcan una arquitectura muy singular salpicada de pequeñas iglesias barrocas incrustadas entre las casas.

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Luego nos dirigimos a Martina Franca, otro de los pueblos con solera del valle, rodeado por una muralla de puertas barrocas que dan paso también a estrechos callejones sinuosos y edificios encalados adornados con flores y balcones de hierro forjado.  Su centro neurológico es la Piazza Plebisctio,  donde se levanta la Basílica de San Martinojoya del barroco s. XVIII, y otros edificios con funciones administrativas, como la Torre Cívica y el Palacio de la Universidad. Pero no te puedes ir sin probar el  Capocollo, un embutido muy apreciado ya en 1700 en el Reino de Nápoles, para su elaboración se elige la mejor carne de cerdos de la zona, se deja macerar en vino caliente, se condimenta con hierbas, y luego se embute en tripa natural durante unos 15 días, y a continuación, se deja ahumar y madurar durante tres meses.

Finalizamos el periplo en la siempre bella Ostuni, la ciudad blanca, instalada sobre tres colinas y rodeada de olivos, regala unas maravillosas vistas al Mar Adriático. Las calles laberínticas de su casco histórico se cuelan entre sus muros encalados y su arquitectura típica, desde la plaza del ayuntamiento, antiguo convento franciscano edificado en 1304, ascendemos hasta llegar a su hermosa Catedral de Nuestra Señora de la Asunción, que data de finales del gótico y restaurada en el siglo XVIII. La plaza donde se levanta queda cerrada por sus cuatro lados por un edificio eclesiástico: en el lado derecho de la Catedral se encuentra el Palazzo Vescovile (Palacio del Obispo), unido al Palazzo del Seminario, (Palacio del Seminario) en el lado izquierdo, a través del Arco Stoppa.

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dia06De LECCE a  OTRANTO pasando por ROCA VECCHIA

Ahora nos dirigimos a la península de Salento, el verdadero tacón de Italia, tierra de sal, rodeada por los dos mares, el Adriático y el Jónico.

Una puerta monumental, Porta Rudiae, resguardada por restos de muralla, nos da acceso a la ciudad de Lecce, la Florencia del sur, gracias al singular barroco de sus edificios donde destaca la Piazza del Duomo, imponente y armoniosa, con una puerta monumental, una balaustrada y estatuas, rodeada por hermosos edificios barrocos, el Palazzo del Seminario o el Palazzo Vescovile. Aunque el principal edificio es el Duomo.

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Una mirada serena, al caer la tarde desde alguno de los cafés de la plaza Piazza Sant’ Oronzo, donde se levanta la columna barroca del mártir Sant’Oronzo, patrono de la ciudad, que en su época señalaba el final de la Via Appia, dirigida a los monumentos que la rodean y en especial al Anfiteatro Romano del s II, proporciona la calma y el relax suficiente para continuar con una visita a la Basílica de la Santa Croce, cuyos ángeles, rosetones y cariátides realzan y engalanan el ya de por si magnífico edificio. Entre jardines se levanta el castillo mandado a construir por Carlos V para luchar contra los otomanos y atestigua la importante presencia española en toda esta región. Preciosa ciudad que te devuelve al Renacimiento, a los grandes maestros de la pintura, la arquitectura, etc…

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Tomando como base Lecce visitamos la ciudad marinera de Otranto. Durante siglos fue uno de los puertos más importantes hacia Oriente y vivió un largo periodo de prosperidad gracias al intenso tráfico comercial con Oriente y el tránsito de los cruzados que se dirigían a Tierra Santa. Al centro histórico se accede por la Porta Alfonsina, en memoria de Alfonso, duque de Calabria, quien liberó la ciudad de la dominación turca.
Una serie de callejuelas nos llevan hasta la Catedral de Otranto, joya de la arquitectura románico-pugliese, edificada en el 1080-88 y conocida también como Catedrale dell’Annunziata. En la Capilla de los Mártires, se conservan los huesos de las víctimas de la masacre turca. En el otro extremo se levanta el Castillo de Otranto construido por los aragoneses a mitad del s. XV. Las vista desde sus murallas son impresionantes sobre la bahía y en días claros se dice que se puede ver las costas de Albania.

Regresamos siguiendo la Litoranea, la carretera costera, en la costa adriática entre San Foca y Torre dell’Orso. En la población de Roca Vecchia vale la pena hacer un alto para disfrutar de una Torre de vigilancia del siglo XVI, las ruinas del castillo que domina el mar, el santuario de la Virgen de Roca del siglo XVII y las dos cuevas de Posia (del griego, “manantial de agua dulce”), más conocidas como cuevas de poesía. Son cuevas kársticas donde los techos se han derrumbado; el agua del mar entra en cada uno de ellas a través de un canal que se puede recorrer nadando o en un bote pequeño.

Disfrutamos mucho del paisaje marino, de los farallones, de ese azul intenso, pero también de sus productos. Pegados a la carretera se levantan pequeños chiringuitos donde venden frituras de pescado, calamares, erizos, ostras y una especie de carpacho de pulpo en aceite de oliva y todo regado profusamente de buenos caldos locales o de cervecitas bien frías, el Paraíso o no?…

dia07De SANTA MARÍA DI LECCUA a GALLIPOLLI y FIN

Llegaba nuestro último día y decidimos llegar hasta Santa María de Lecua en la punta extrema del tacón de la bota italiana, el punto que divide el Golfo de Tarento del canal de Otranto, y el mar Adriático del mar Jónico. Antiguamente se consideraba el confín del mundo, el Finibus Terrae.

El paisaje de alrededor emociona con sus ensenadas y olivos centenarios, y el mar siempre omnipresente, con playas que alternan lechos arenosos con calas y rocas, lugares apartados. Sobre un promontorio al pie del mar se levantan las dos atracciones más destacadas; la Basílica de Santa María de Finibus Terrae, cuya actual estructura fortificada de la iglesia data del s. XVIII erigida para resistir los numerosos y repetidos ataques de los depredadores turcos y sarracenos y el Faro Monumental, construido en 1864 y recientemente restaurado, 47 metros de altura.

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Pusimos dirección a Gallipolli, preciosa villa marinera, una isla unida al continente por un puente que antiguamente la aislaba. Protegida por altas murallas que descienden hasta el mar y la circundan y dominada por el Castillo Angevino construido en el siglo XIII en la era bizantina y renovado por angevinos y aragonés.  Ahora protege el puerto repleto de sencillas barcas de pesca y de ociosos pescadores reparando sus redes. Un damero de calles prietas, bien cuidadas esconden verdaderas joyas arquitectónicas, donde destaca la Cattedrale di Sant’Agata. Un edificio barroco del siglo XVII en cruz latina,  con una fachada de toba calcárea dividida en dos órdenes ricamente decorado y un interior, con tres naves, que alberga valiosos altares barrocos y numerosas pinturas que hacen de ella una verdadera galería de arte.

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Ponemos punto y final a este maravilloso viaje del que destacaría por encima de todo la hospitalidad de las gentes, la atmósfera del paisaje, creada por la meseta calcárea, el verde de los olivos y el intenso azul de mar, con el continuo entrechocar de las olas contra los farallones, que proporciona esa mezcla de olor a salitre, brea y pescado frito de los pueblos marineros. Ciudades medievales preñadas de cultura, joyas de la arquitectura y productos gastronómicos de la tierra…me ha enamorado este viaje