En mi retina se agolpan nítidas todavía las imágenes de los chedis que sobresalen en una llanura de verdor infinito, de la eterna sonrisa de los birmanos vestidos con sus longyis, de las caras cubiertas de thanaka, de los búfalos retozando en los interminables arrozales, de los improvisados partidos de chinlone, de la humedad y del calor pegajoso que trae en esta época el monzón, de la espiritualidad que rezuman los innumerables templos budistas,  de los monjes con sus túnicas azafranas recorriendo las calles recogiendo comida, de los devotos con sus rezos y ofrendas a los miles y miles de budas esparcidos por los lánguidos paisajes regados por tranquilos ríos y en definitiva, de las escenas de la vida cotidiana de un país que te atrapa y te enamora.

Este maravilloso país, cuyo nombre Myanmar, fue recuperado por la dictadura militar que lo gobernó con mano férrea desde 1962 hasta 2011, conocido por los occidentales como Birmania se sitúa en el sudeste asiático compartiendo frontera con China, India, Tailandia y Bangladesh y bañado por las aguas de la bahía de Bengala y el mar de Andaman. Su capital es Naipyidó, aunque la ciudad más poblada y antigua capital sea Yangon (Rangun). La moneda es el kyat (1€ 2018= 1656 MMK) aunque se admite el dolar y el euro y para visitarlo es necesario adquirir un visado.

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Viajar por un país compuesto por más de 135 grupos y subgrupos étnicos que luchan por  mantener su destino como pueblo te hace reflexionar como viajero sobre el enorme daño que han hecho las potencias colonialistas en el pasado, como los británicos que dibujaron las fronteras por intereses políticos y que han dividido a estos grupos y minado su cohesión obligándolos a emigrar a otras zonas y provocando los enfrentamientos entre las diferentes etnias o la de ignorar cualquier consideración lingüística, nacional o étnica más allá de la dominante. Así el mapa que nos vamos a encontrar está compuesto por estados que representan los grupos étnicos dominantes, Pyi, Rakhine, Chin, Kachin, Shan, Kayah, Kayin, Mon.

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Mis 22 días comienzan en Yangon (Rangun), un hervidero de gentes, con un tráfico endiablado, edificios coloniales enmohecidos de fachadas desconchadas contrastan con grandes edificios de cristal, glamurosos parques con pequeños lagos donde relajarse al atardecer. Se dice que su historia se remonta a más de 2500 años, cuando se fundó el lugar más sagrado del budismo Therevara, la Pagoda de Shwedagon con más de cien pabellones y coronada con una estupa dorada de  98 m de altura que refulge como un faro de iluminación para todos los devotos que se acercan a ella. Nos alojamos en el Mother Land Inn con los que también alquilamos un coche con conductor para realizar nuestro recorrido por el país. No sabría decir quien disfrutó más del viaje si nosotros o nuestros guías-conductores, Tun Min ( Tomy “gordito”, “cua cua”) y Kyaw Myo Win (crazy driver), ya que formamos un grupo inseparable en este viaje.

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Dejando atrás Yangon nos dirigimos hacia Bago (Pegu), donde hicimos un alto para contemplar  el Buda de 4 caras de Kyaik Pun Paya, los Budas recostados de Myathalyaung y Shwethalyaung, la estupa dorada de Shwemawdaw, que compite en altura con la de Yangon, y el palacio reconstruido Kanbawza Thadi del Rey antes de dirigirnos al pueblo de Kinpun donde pernoctamos.

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Por la mañana temprano nos subimos a una camioneta en la que se hacinan unas 30 personas, la mayoría devotos, para ascender por una carretera sinuosa y bacheada entre la bruma de la mañana que nos lleva a lo alto del monte Kyaiktiyo, donde se encuentra otra de las reliquias más veneradas por la birmanos, la Golden Rock. Una roca recubierta de pan de oro al borde de un precipicio en un delicado y sutil equilibrio gracia a un “pelo” de Buda que la sostiene, obviamente es una leyenda.

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Ahora nos adentramos en el estado Mon, almorzamos en las refrescantes cascadas de Zin Kyaik, y al atardecer llegamos a Mawlamyine (Moulmein) a orillas del río Thanlwin (Salween) fue la primera capital de la Birmania británica entre 1826 y 1852. Nos dirigimos a la “colina de las pagoda” un mirador natural que nos ofrece una panorámica maravillosa de la ciudad y donde se sitúan las pagodas más relevantes. La Pagoda Kyaikthanlan, es la más alta y se cree que este es el lugar donde Rudyard Kipling escribió su famoso poema, “Mandalay“, al lado se sitúa el Monasterio Kyaung Seindon Mibaya, en madera de teka, a los lados se levantan la U Zina Paya y la Mahamuni Paya. Otros monumentos también interesantes son el templo hinduista Sri Shamuganathar Swami o el interesante Buda de bambú del Monasterio Taung Pauk Kyaung, aquí perdí mis sandalias de trekking pero eso es otra historia.

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Al día siguiente visitamos los alrededores de Mawlamyine en dirección al sur del estado. Nuestra primera parada fue en en el centro de meditación Pa Auk Tawya, donde vimos cientos de monjes que hacían cola para recibir una de las dos comidas diarias, luego visitamos las salas de meditación con curiosos mosquiteros para que la concentración sea completa…jajaja. Antes de llegar al pueblo de Mudon en medio de un terreno agrícola, se alza un afloramiento de piedra caliza y en su cima se levanta la Pagoda Kyauktalon Taung, muy cerca un camino de budas nos lleva al Buda reclinado más grande del mundo en el complejo Win Sein Taw Ya, en frente se está construyendo otro. Al paso por la ciudad de Thanbyuzayat vemos la terminal del ferrocarril de la Muerte, la línea de tren japonesa, que servía como ruta de suministro desde Bangkok y superaba el río Kwai, donde murieron 16.000 prisioneros aliados. Finalmente llegamos a la tranquila ciudad costera de Kyaikkami donde se levanta sobre un promontorio rocoso que se adentra en el mar la Pagoda Kyaikkami Yele, se dice que es el lugar donde una imagen de Buda llegó a la costa después de haber flotando en una balsa desde Sri Lanka.

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Bajo una tromba de agua llegamos a la ciudad de Hpa An, todavía en el estado Mon. Esta zona había sufrido una de las peores inundaciones de los últimos años y seguía lloviendo, así que nuestro recorrido se vio circunscrito a los lugares que teníamos acceso.  Nos alojamos en el Galaxy Motel cerca de la torre del reloj, la mezquita, y el mercado y a dos pasos de la pagoda de Shweyinhmaw, a orillas del río Than Lwin. Lo habían habilitado como centro de refugiados donde éstos hacían de comer, jugaban, tendían la ropa. Me pregunto si en una catedral cristiana permitirían eso.

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El paisaje es increíble, alucinante, campos de arroz y al fondo las formaciones kársticas que han dado lugar al gran número de cuevas repletas de budas. Tal vez la imagen de referencia sea la del monasterio Kyauk Kalap, en singular equilibrio sobre la roca en medio de campos de arroz. Cerca visitamos el jardín Lumbini, sembrado de budas y detrás el monte Zwegabin y en su cumbre un complejo monástico.  Aunque visitamos la cueva Ka Yhon, no pudimos acceder a las más interesante; Yathaypyan, Kawgun, SaddanKaw Ka Thawng o la piscina natural Yae Ta Khon y no vimos el vuelo de miles de murciélagos al atardecer en la Bat Cave.

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Dejamos atrás esta región con nostalgia y después de una maratoniana jornada, adelantando a enormes camiones cargados hasta los topes de hortalizas y frutas, ascendiendo por carreteras polvorientas hasta alcanzar las montañas Shan, donde se ubica el pueblo de Kalaw. Desde aquí haremos un trekking de tres días hasta el lago Inle. Esto hay que vivirlo, no se puede describir tanta belleza. Aunque en esta época del año los caminos puedan estar muy embarrados y las seis horas diarias se conviertan en once, la visión de las montañas con esa suave bruma del amanecer, repleta de pinares, el descenso a los valles, cubiertos de campos agrícolas preñados de pimientos, col china, jengibre, frutales, etc… Atravesamos inmensos arrozales, cruzando pequeños arroyos, caminamos por las vías del tren, y a cada paso hay que repetir el ¡Mingalaba! (hola) y obtener la sonrisa de los campesinos, disfrutar de la hospitalidad de sus casas, ver su día a día, da igual la etnia,  en definitiva disfrutar del contacto directo con el pueblo birmano. El trekking finaliza a orillas del lago Inle y una barca te acerca al pueblo Nyaung Shwe, donde ya te han traslado tu mochila al alojamiento que has elegido previamente.

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La visita al lago Inle se realiza en barca, la superficie del lago es un espejo, se respira tranquilidad y relax, solo roto por el motor y los graznidos de las aves que surcan el cielo. Tal vez lo más típico es la figura del pescador que retuerce su pie sobre el largo remo para dejar sus manos libres y poder sujetar su arte de pesca y lanzarlo. El lago es infinito, y en él proliferan los lirios de agua y nueve tipos de peces autóctonos. Las algas y limo del fondo son recogidas por barqueros, hasta casi hundir sus finas barcas, para construir los famosos jardines flotantes, sostenidos por cañas de bambú, ancladas en el fondo del lago, donde se plantan tomates, calabacines, etc. Encontramos asentamientos de poblaciones (la mayoría son de la etnia intha) que viven en palafitos y se dedican a la pesca, pero además a la fabricación de tabaco, donde lían los cigarros tradicionales birmanos cheroot, mercadillos de plata, de tejidos de fibras obtenidas del tallo de las flores loto, seda, cuchillos, etc. Nosotros fuimos al pueblo de Iwama un laberinto de canales.

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No nos podemos olvidar los lugares sagrados más importantes del lago: la pagoda Phaung Daw U, con sus 5 pequeños budas deformados por tanto pan de oro que los cubre, la pagoda Aung Mingalar, el Nga Phe Kyaung, denominado monasterio de los gatos saltarines. Pero la joya de la corona está en el pequeño pueblo de In Thein, al cual se accede por un estrecho canal que atraviesa una densa y exuberante vegetación. Hay dos complejos monásticos; Nyaung Ohak y Shwe Inn Thein, el primero está cerca del embarcadero, la vegetación parece querer engullir las derruidas pagodas, decoradas con tallas de estuco y adornadas con animales míticos, como los Deva (seres celestiales) y Chinthe (leones míticos). Una escalera cubierta e interminable asciende al segundo, repleta de tenderetes para la venta de mercancías de todo tipo. Al final un bosque de cientos de zedis o pagodas, la mayoría construidas entre los siglos XVII-XVIII, rodean a la estupa blanca central donde está el Buda.

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Hay dos excursiones que se pueden hacer desde Nyaung Shwe, o como nosotros cuando decidimos abandonar el lago. La primera es el complejo budista de Kakku, este lugar religioso se encuentra en las tierras de los Pa-O, con su típico pañuelo azafranado enrollado en la cabeza, la minoría étnica que habita esta parte del estado Shan. El complejo está formado por más de 2500 estupas o chedis, con sus típicas agujas pétreas de extrema delgadez que cobijan la imagen de un buda, distribuidas como un mandala alrededor de la estupa central. La otra excursión está en sentido contrario hacia el noroeste, las cuevas de Pindaya, un conjunto de cuevas donde los devotos han ido colocando Budas de distintos tamaños y formas a lo largo de sus más de 150 metros, los más antiguos datan del s. XVIII. En la entrada de la cueva se construyó una pagoda denominada Shwe Oo Min, a la cual se accede a través de una escalera infinita o recientemente mediante un ascensor.

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Dejamos atrás el estado Shan para dirigirnos a Mandalay, una de las pocas poblaciones a las que no se le ha cambiado el nombre. La mayoría de los viajeros toman un avión o surcan las agua del río Ayeyarwady, que atraviesa el país de norte a sur, hasta esta ciudad. Sin embargo nosotros fuimos por una polvorienta carretera que atravesó las montañas dándonos la oportunidad de gozar de uno de los paisajes más encantadores que hemos disfrutados, cascadas, ríos, un tapiz verde de selva infinita hasta donde la vista nos alcanza sobre el que se dibujaba un precioso arco iris.

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Mandalay, fue la última capital real antes de la llegada de los ingleses, poco queda del palacio real que no se haya reconstruido, pero te puedes hacer una idea romántica de lo que puedo haber sido. Desde una de las equinas del foso del palacio se tiene una imagen imborrable de la Colina de Mandalay, donde destacan las pagodas al sur de la colina: la Sandamani Paya, la Kyauktawgyi Paya, con un buda de ocho metros tallado de una pieza en mármol, o la Kuthodaw Paya, conocida por albergar el libro sobre el budismo más grande del mundo en 729 losas de mármol. De vuelta en la ciudad podemos ir al barrio de los orfebres para ver en algún taller, la fabricación de las hojas de pan de oro. No nos hemos de olvidar del tercer santuario de peregrinaje budista en Myanmar, la Mahamuni Paya.

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Si Mandalay te ofrece organización, belleza, misticismo, etc… los mayores atractivos están en las antiguas capitales birmanas situadas a pocos kilómetros, casi engullidos por el crecimiento de la urbe: Amarapura, Inwa, Sagaing y Mingún.  Otra de las estampas icónicas es la imagen del magnífico puente de U Bein en Amarapura, sobre el lago Taungthaman, el puente de teca más largo del mundo, 1200 metros. A la hora del sunset miles de personas caminan por él, intentando plasmar la mejor instantánea que refleje el ocaso. Pero no solo, sobre las tablas y pilones algo carcomidos por la acción del tiempo y los elementos, sino también por el río, cientos de embarcaciones llevan a los turistas a sus proximidades para obtener la silueta del puente recortada contra el horizonte

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Para acceder a Inwa (Ava), una pequeña isla entre los ríos Ayeyarwady y Myitngeya se puede ir directamente por un puente que la une al continente. Poco queda de la gran capital del antiguo imperio birmano entre los siglos XIV y XIX, las guerras y los terremotos la han desposeído de su antiguo esplendor. Caímos en la “turistada” de contratar una calesa para visitar los principales puntos de interés, como son el destartalado y envejecido monasterio Bagaya Kaung, completamente en madera de teka, tanto que da miedo pisar en algunas partes de su tablazon. Fugazmente se ve deambular algunos monjes que incluso imparten clase a los niños; el majestuoso monasterio Maha Aungmye Bonzan (Me Nu Oak Kyaung), que simula la construcción en madera con ladrillos, estuco y piedra, la torre del reloj Nanmyint y las piscinas reales es lo único que queda en pie del Palacio rey Bagyidaw, construida en el año 1822. Otros templos y estupas como; la blanca pagoda de Desada Taya, la Yadana Hsemmee, Le Htat Gyi Paya, se encuentran diseminados entre los campos de arroz y cubiertos por la vegetación.

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Al otro lado del río está la colina de Sagaing, fue capital del reino en 1315 tras la caída del reino de Bagan. La estampa es impresionante, una colina tapizada de verde, salpicada por el color blanco de las estupas y el dorado de sus pináculos. Hay que subir escaleras pero el esfuerzo bien merece la pena por las vistan tan espectaculares.  Arriba también nos espera infinidad de pagodas aunque podemos destacar la pagoda U Min Thonze, compuesta por 30 columnatas con una gran terraza curva y en su interior los 45 budas. la pagoda Soon Oo Ponya Shin (pagoda Pon Nya Shin), una de las más antiguas, 1932 y la pagoda Kaunghmudaw, la mas grande de todas con su característica estupa en forma de huevo.

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Para ir a Mingún hay que ir al puerto fluvial de Mandalay, es un hervidero de gentes, un ir y venir, unos van a tomar el barco o descargar mercancías, otros pululan por los múltiples puestos de comida o por los diversos puestos de venta de frutas, verduras, o tejidos, realmente una locura.  Cruzamos el río Ayeyarwady y ya desde lejos se ve la megalomanía del rey Bodawpaya que quiso construir (1790) la mayor estupa jamás vista, pero quedó incompleta a su muerte, la Mingun Pahtodawgyi. Al desembarcar te reciben dos estatuas en piedra de Chinthes, guardianes mitad león y mitad dragón, en avanzado grado de desmoronamiento. De camino a la pagoda Hsinbyume, vemos la enorme campana, la Mingun Bell, otra excentricidad del rey. La pagoda Hsinbyume recuerda a un pastel de merengue, aunque realmente es una representación del Monte Meru. Su construcción (1816), como el Taj Mahal, fue un acto de amor del rey Bagyidaw, en memoria de la princesa Hsinbyume que murió al dar a luz.

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En la ruta de Mandalay a Bangan se encuentra la ciudad de Monywa a orillas del río Chindwin, pero lo relevante está en sus alrededores; la pagoda Thanboddhay Paya, construida en 1930 e inspirada en el templo budista de Borobudur (Indonesia), destacan sus más de 500.000 imágenes de Buda, de todos los tamaños, cubren las paredes de las diferentes estancias porticadas, pintadas en vivos colores y el complejo de Bodhi Thataung compuesto por un jardín formado, por mil imágenes de buda sentados bajo árboles (ficus religioso), la estupa dorada Aung Setkya Paya, un Buda de pie de más de 219 m, el segundo más alto del mundo, para los aventureros hay escaleras en su interior y también un Buda reclinado de 95 metros de largo. Actualmente se está construyendo un Buda sentado.

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Una bruma suave, ligera, casi con vida propia, se desliza sinuosamente entre la planicie arbolada que cubre los cientos de pagodas que la trufan como si de setas se tratasen. Cualquier viajero avezado adivinaría que estoy describiendo Bagan. Originalmente llamado reino de Pagan se fundó a orillas del río Ayeyarwaddy en el año 849, aunque su máximo esplendor se sitúa entre los siglo XI al XIII, conocida como la “ciudad de las cuatro millones de pagodas”, su declive comenzaría con el asesinato del embajador de Kublai Khan y su posterior invasión en 1287. Intentar abarcar los casi 70 km2 y las más de 2000 es una tarea fútil, yo me quedo con mi preferida la Pagoda Sulamani, un templo en ladrillo rojo en forma de pirámide rematado por una cúpula dorada y en su interior delicados frescos del s. XVIII.

Marco Polo dijo de Bagan que era:

“uno de los lugares con las vistas más hermosas del mundo. Una ciudad de templos recubiertos de oro, coronados de campanillas que suenan junto con las túnicas de los monjes al más leve danzar del viento.”.

Esa pátina de luz difusa, amarillenta que torna en naranja, y que poco a poco, disminuye hasta desaparecer cuando el sol se funde en el horizonte. No hay nada tan bello como la espera de cientos de personas, en un silencio sobrecogedor, en una espera infinita, con la miradas fijas pero perdidas, con los rostros serenos bañados por los últimos rayos del ocaso. Las imágenes en Bagan son comparable a otras maravillas del Mundo como los templos de Angkor Wat, en Camboya, la antigua ciudad inca de Machu Picchu, en Perú, o las pirámides de Gizeh, en Egipto.