Llegó temprano, lo esperábamos con cierta ansiedad, una furgoneta o minivan de varias plazas, muchos de sus ocupantes con cara de sueño, nos saludaron y nos dirigimos al embarcadero de Rassada Pier en Phuket city, de donde zarpan diariamente los ferry públicos y excursiones al archipiélago de las Phi Phi. Habíamos contratado el traslado y el billete del ferry (400 BTH2013) en la agencia, Malee Tour & Travel, en Rd Sainamayen de Patong.

Este pequeño archipiélago paradisíaco situado a unos 50 km al sudeste de Phuket está compuesto por 6 islas, siendo Phi Phi Don y Phi Phi Leh las más grandes. Son parte de un parque nacional, donde abunda el coral y la fauna marina. Phi Phi Don es la isla más grande y es la única donde es posible alojarse. Sin embargo, Koh Phi Phi es la isla más famosa de Tailandia desde que se filmó la película “The Beach”, la Playa en el año 2000, interpretada por Leonardo DiCaprio.

En el embarcadero te pegan una pegatina de color para indicar donde te bajas, en nuestro caso, en el Ton Sai Pier, el puerto público de Phi Phi Don. Hay que espabilar para coger buenos asientos, ya que son filas de butacas y si te toca en el segundo nivel es más claustrofóbico. La travesía por el Mar de Andamán (2 h) fue magnifica con un mar azul intenso que al acercarse a las islas se tornaba en azul turquesa.

Al llegar al puerto, debes pasar por una especie de oficina donde pagas 20 BTH2013, para mantener la isla limpia (impuesto revolucionario). La pasarela de madera, que une con tierra firme está llena de locales con cartelitos de diferentes alojamientos. Nosotros habíamos reservado con booking 3 noches en el Phi Phi Andaman Beach Resort.

La isla de Phi Phi Don no es grande (8 Km de largo y 3,5 de ancho), parecen dos judías unidas por un istmo de arena, a un lado el embarcadero y la playa Ton Sai y al otro lado la playa Loh Dalum. Esta zona tiene apenas dos calles pavimentadas que unen las dos orillas y donde se agrupa el mayor número de alojamientos, las guesthouses y bungalows más baratos, tiendas de ropa, de surf, de diving, agencias de viajes, restaurantes y cuando cae la noche es un hormigueo incesante, los mostradores de los bares se llenan de cubos con diferentes bebidas alcohólicas. Si se dispone de tiempo se puede ascender a un mirador, viewpoint con muy buenas vistas.

Aunque delante de nuestro alojamiento teníamos una playa decente cuando bajaba la marea aparecía la zona de coral y piedras y hacía imposible el baño. Los resort más caros se encuentran en pequeñas calas aisladas a las que solo se puede llegar por mar en las típicas barcas o long tail, como las playas del norte, Loh Lana Bay y Loh Ba Kao Bay.

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A otras, como la Long Beach o Loh Moo Dee Beach hacia el este, se puede llegar atravesando la selva en un paseo de 1 hora, aunque nos habían advertido tener cuidado con los monos porque robaban. Alucinamos con los bungalow en medio de la tupida vegetación y de pequeñas calas con columpios y garitos para tomarte una birra o un zumo con conexión wifi...increíble!!!!!.

Finalmente, llegamos a la playa Long Beach, es perfecta para perder medio día disfrutando de su blanquísima arena y la calidez de sus aguas, cristalinas y muy tranquilas. Además pudimos almorzar en uno de los baretos a pie de playa. No estaba muy masificado cuando fuimos nosotros.

Aunque ciertamente algo nos sentó mal, Rosi dice que los mejillones, que le dieron mala espina, pasamos una noche fatal vomitando.

Al día siguiente nos levantamos tarde y decidimos relajarnos  en la playa Loh Dalum, que está al lado contrario del embarcadero y aunque no era tan bonita como Long Beach y había más gente, descansamos de la mala noche. La tarde la dedicamos a ver tiendas y pasear por el  pueblo.

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Nosotros  contactamos con un nativo, que se llamaba Jimmy y tenía su oficina en la misma playa de nuestro alojamiento, en una especie de caseta de madera abierta. Contratamos por 400 baths la excursión  de un día en su long tail, a las islas Phi Phi Leh y su famosa playa Maya Bay, Loh Samah Bay, las cuevas Pileh y Viking.

Nuestra primera parada fue en la Tham Phaya Naak o la Cueva de los Vikingos, llamada así porque se supone que hay pinturas que se asemejan a barcos vikingos. La cueva está vigilada día y noche para evitar los robos de  los famosos nidos de golondrina, hechos a partir de saliva solidificada de dichas aves, son considerados como un manjar en varios países asiáticos, éstos alcanzan un elevado precio en el mercado. La custodia está en manos de la etnia moken, originaria de China meridional, también se les conoce como los Gitanos de Mar.

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Después de 30 o 40 minutos de travesía nuestra primera parada fue la isla de Phi Phi Leh. Nos adentramos en una pequeña bahía natural entre acantilados, accediendo a una laguna preciosa de un verde esmeralda cristalino, de poca profundidad, conocida como Pileh Lagoon. La belleza del entorno corta la respiración, enmarcada por altos farallones cubiertos de vegetación y la transparencia de sus aguas cristalinas. Aquí disfrutamos de un baño e hicimos un rato de snorkel, descubriendo un pez que  nos atacaba e intentaba mordernos si invadíamos su territorio.

Jimmy nos dijo que no dejaban arribar en long tail a Maya Bay, a la playa, solo las speedboat y que nosotros tendríamos que ir por otra ruta que consistía en ir nadando, esquivando las hélices de otras long tail que estaban ancladas en la bahía frente a una pared de roca. Aunque el mar no estaba demasiado picado, sí que había cierto oleaje, además llevábamos la bolsa estanca con las cámaras, el dinero y el móvil. Una vez llegas ante la pared de roca, te tienes que agarrar a una especie de red y luego trepar por una escalera hasta lo alto del risco y luego caminar, descalzo, entre la selva hasta salir al otro lado de la isla, donde de golpe aparece ante tus ojos La Playa.

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 Maya Bay o simplemente la “playa” se va abriendo entre gigantescas rocas y acantilados sobre un mar de color verde esmeralda que contrasta intensamente con la arena blanca creando la postal perfecta, que recordaremos cada vez que alguien pronuncie la palabra Tailandia.

Debemos recordar que la isla fue totalmente barrida por un Tsunami en el 2004 del que ya se ha recuperado. Todo el mundo se queja del turismo masivo y sin control alguno, lo que está destruyendo poco a poco este lugar tan increíble, pero todos quieren visitarla, la cuestión es cómo hacerlo sostenible.

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Quedamos tan contentos con Jimmy que al día siguiente lo contratamos nuevamente para hacer la excursión de medio día a las islas Mosquito Island , Bamboo Island  y Monkey Island.

Pusimos proa a nuestro primer destino la isla de los Mosquitos, pero antes tuvimos que bordear la isla de Phi Phi Don y pudimos apreciar el gran número de Resort que hay perdidos por innumerables playas y calas de arena, en la zona noreste de la isla, a los cuales sólo se puede llegar por barca.

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La isla de los Mosquito o Koh Yung, es una isla rocosa totalmente cubierta por la vegetación y de difícil desembarco ya que carece de playa como tal, si está la marea alta. Lo mejor de aquí son sus aguas cristalinas donde hacer snorkel, gran variedad de peces y y un bonito jardín de coral. Una pena no poder mostrarles los fondos pero en ese tiempo no teníamos la cámara submarina. El nombre parece provenir de las nubes de mosquitos que al atardecer se concentran aquí.

La siguiente isla que visitamos fue la Koh Mai Pai o Isla Bamboo,  un atolón de un kilómetro de diámetro, rodeado de arrecife de coral. Jimmy nos advirtió que al ser un Parque Nacional nos cobrarían una entrada de 200 BATH y como somos de la banca catalana decidimos verla de lejos. Una gran playa de arena blanca que refulgía con los rayos del sol sobre el agua cristalina, aunque había bastante gente.

Como no bajamos en esta playa, Jimmy nos acerco a otra playa Loh Moo Dee Beach, en Phi Phi Don, donde pudimos nadar y relajarnos un rato antes de seguir nuestro tour.

Antes de finalizar, nos acercamos a la cala escondida de Ao Ling o Monkey Bay es el hogar de una colonia de monos,  que no dudan en subirse a las barcas o entrar en el mar para conseguir los plátanos o alimentos que los turistas les ofrecen. Se puede saltar a la playa y dar un paseo, pero hay que estar atentos a los monos porque además de ladrones te pueden morder, si se ponen agresivos.

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Por última vez, ponemos proa hacia Phi Phi Don, el motor ronronea y el agua nos rocía con el cabeceo de la proa al hundirse en la ola, comienza a dibujarse el atardecer en el mar de Andamán, las vistas resultan indescriptibles, tal vez son esos momentos los más reconocidos del viaje, la paz del inmenso mar, tus pensamientos y las personas con quien quieres compartir esos instantes, que más se puede pedir.