Esta entrada estará dedicada al México colonial y actual. Los españoles trajeron su cultura y religión que entroncó y se mezcló con la indígena dando lugar a un nuevos estilos arquitectónicos, ritos, costumbres, música y gastronomía, que quedaron reflejadas en ciudades como Mérida, Campeche, Veracruz, Puebla, Oxaca. Desde que Hernán Cortez en 1521 entró en México creando el virreinato de la Nueva España hasta su independencia en 1821, y posterior reunificación en 1910 de Estados Unidos, aún hoy en día México sigue consolidándose en busca de su propia identidad. Seguro que hay muchas ciudades coloniales preciosas en México pero estas son las que pudimos visitar, así que como decía el gran Mario Moreno “Cantinflas”Orale, no me hagan mal”.

Ciudad de Mérida

dsc_2268Veníamos de Chichén Itzá y nuestro “carro” avanzaba por la calle 61, en dirección al corazón de todas las ciudades mexicanas, su zócalo o plaza de armas, en este caso de la Independencia o Plaza Grande como la conocen los meridanos, donde se pueden admirar los elementos arquitectónicos más relevantes de la época colonial española. Fundada en 1542 por Francisco de Montejo “el Mozo”, construida sobre las ruinas de la ciudad maya T’Hó, se le dio su nombre, porque a los conquistadores, de origen extremeño les recordaba a las ruinas romanas de Emérita Augusta, en su Mérida natal.

Teníamos hambre y decidimos ir al Mercado Lucas Gálvez, que mejor lugar para conocer a las gentes de Mérida, lo que comen, qué compran, de qué hablan. Lo mejor es deambular por sus pasillos y disfrutar de las especialidades culinarias como la “cochinita pibil” o el “lechón al horno“, todo regado con sus aguas de fruta.

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Luego nos dirigimos hacia la Plaza de la Independencia o Plaza Grande donde destacan dos edificios sobre los demás, la Catedral de San Ildefonso, edificada entre 1561 y 1598, con una arquitectura de estilo renacentista y torres que exceden los 40 metros, es la catedral más antigua de Centroamérica.

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y la Casa de Montejo, construida entre 1543 y 1549 por Francisco de Montejo “El Mozo”, cuya preciosa fachada es la única joya de la arquitectura civil plateresca existente en todo México.

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Bajo la poca sombra que ofrecen algunos raquíticos árboles descansan dormitando, los limpiabotas, oficio ya desaparecido en la mayoría de países europeos. Otra de las atracciones de la ciudad es darse un paseo en calandria o calesa, tiradas por un caballo, destaca por su color blanco inmaculado.

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Alrededor de la plaza se levantan otros edificios como el Palacio Municipal, el Palacio del Gobierno de Yucatán, de evidentes líneas neoclásicas o el antiguo Palacio Arzobispal, hoy museo de arte contemporáneo, pero también encontramos un modernísimo Centro Cultural llamado Olimpo.

Ciudad de Campeche

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Campenche te recibe abierta al mar, las gaviotas revolotean sin cesar en un cielo tan azul como su mar. La brisa húmeda y salada me trae los recuerdos de los pueblos de pescadores de nuestras Islas Canarias. Enseguida destacan las murallas defensivas, levantadas en su día para protegerse de los continuos ataques de corsarios y piratas, pues Campeche y su puerto se convirtieron en la entrada y salida del comercio con España.

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Desde que arribó la primera expedición española en 1517 a las playas de la ciudad maya denominada Ah Kin’Pech o Can Pech, pasando por su fundación en 1540 por nuestro conocido Francisco de Montejo “El Mozo”, que le dio el nombre de San Francisco de Campeche se fueron construyendo murallas, baluartes y fortificaciones defensivas, de los que hoy solo perduran 2 puertas, 2 fuertes y 8 baluartes.

Conviene entrar por la Puerta de Mar, antiguamente daba la bienvenida a visitantes y mercaderes que llegaban por mar, junto a ella se encuentra el Baluarte de Nuestra Señora de la Soledad, su nombre se debe a la dedicación que se le hizo a la patrona de los marinos, por estar edificada a la orilla del mar.

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Sus calles alineadas nos permiten realizar un recorrido admirando la decoración de sus casonas, algunas de ellas con fuertes reminiscencias moriscas y españolas de los siglos XVIII y algunas modificaciones del XIX. El colorido de sus fachadas imprimen una vibrante sensación de vida a quienes las visitan, cada calle está llena de historias y leyendas.

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Frente al baluarte se abre la Plaza de la Independencia, en torno a la cual se alinearon los edificios que daban legitimidad al conquistador: la Catedral, adjudicada al patronazgo de Nuestra Señora de la Purísima Concepción, el Astillero, la Aduana, la Audiencia; hoy en día la conforman la Biblioteca Campeche, el Centro Cultural Casa Nº 6, la Catedral, la Casa Vieja, el Cuauhtémoc y el hotel Campeche. La plaza destaca por su kiosko central y su enrejado.

La Catedral se levanta en el lugar donde estuvo la primera capilla católica, dedicada a Nuestra Señora de la Inmaculada Concepción,  cuando se fundó la ciudad. El edificio actual data de principios del siglo XVII cuando se decidió erigir el nuevo templo, otorgándole el rango de Catedral en 1895. Es un edificio de estilo barroco y con rasgos del neoclásico, famosa por resguardar en su interior figurillas de arte sacro, destacándose un monumento denominado “El Santo Entierro” que representa un ataúd con la figura de Cristo.

A solo unas “cuadras” de distancia como dicen por aquí, se encuentra el Paseo de los Héroes y la Iglesia de San Román. La ermita fue puesta bajo la advocación de San Román Mártir en 1563. La iglesia consiste en una sola nave con techo de viguería y planta en forma de cruz latina, circundada por varias habitaciones. Su fachada principal se asemeja a una pequeña fortaleza medieval adornada por una esbelta torre de dos cuerpos que tiene vanos con arcos canopiales y coronada con una cúpula gallonada. En su interior destaca el Cristo Negro al que depositaron allí los campechanos en 1565, previo encargo hecho a Juan de Cano y Coca Gaitán quien la trajo de Alvarado, Veracruz y la cual fue tallada en Civitavecchia, Italia.

Ciudad de Veracruz

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Veracruz es una de esas ciudades que te hubiese gustado quedarte más tiempo para saborearla con tranquilidad. Se notaba esa alegría en la calle, y en los portales del zócalo o Plaza de la Independencia se oían los melodiosos acordes del jarocho y el danzón y de las terrazas se desprendían olores a tabaco y café entre el sonido de la música de las marimbas. Ríos de gentes paseaban por el malecón y el puerto. Fundada en el siglo XVI por Hernán Cortés, con el nombre de la Villa Rica de la Vera Cruz. Ha sido nombrada, la Cuatro veces Heroica, por la defensa que sus habitantes han hecho frente a los invasores, primero los españoles (1825), luego franceses (1838) y frente a los americanos en dos ocasiones (1847, 1914).

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La Plaza Mayor de Veracruz o Zócalo, es el lugar donde se reúnen los veracruzanos. Destaca en su costado derecho la Catedral y el Palacio Municipal. En el centro se levanta un Kiosco rodeado por grandes árboles y estos a su vez por palmeras.

La Catedral está dedicada a la Virgen de la Asunción y su construcción finalizó en 1731, de planta basilical tiene 5 naves, siendo la central mayor que las laterales. La cúpula del edificio es de forma octogonal, cuenta con una pequeña linternilla y azulejos poblanos que recubren la cúpula. La torre, de tres cuerpos, fue agregada a comienzos del siglo XX y cuenta con una pequeña cúpula.

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El Palacio Municipal fue levantado para albergar a las Casas del Cabildo en el año de 1608, aunque fue readaptado durante el s XVIII. Su estilo arquitectónico general es barroco muy sobrio; destacan la hermosa torre de la esquina del conjunto, que se dice era usada como torre de vigilancia para divisar a los barcos que llegaban a Puerto, y el magnífico patio interior con sus amplias arquerías.

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Tomando la calle Gutiérrez Zamora llegaremos hasta el Malecón. En esta calle peatonal es normal escuchar a personas gritar “Güero güero, güera güera” están anunciando la venta de una nieve, que son deliciosos helados. Ahora nos encontramos en el Malecón, donde muchos pasean viendo los barcos atracados y a chiquillos que se lanzan al agua en busca de una moneda, que alguien les ha lanzado al mar.

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En frente del Puerto se levanta la fortaleza de San Juan de Ulúa, construida sobre la pequeña isla a la que llegó Hernán Cortés en 1519, su nombre deriva de la lengua náhual Gulhua y Ulli, ya que antiguamente era un santuario dedicado a Tezcatlipoca, lo de San Juan fue debido a arribar el día de San Juan Bautista.

No nos podíamos ir de Veracruz sin pisar otro de sus lugares más típicos, el bar la Parroquia, fundado hace 200 años y un emblema y tradición de la ciudad. Dicen que es obligado tomarse un lechero con canillas, para llamar la atención del “mesero” (camarero) se debe hacer tintinear la cucharilla contra el vaso, para llamar la atención del “lechero”, persona que vierte la leche desde lo alto sobre el vaso con café para que forme espuma. Este ritual se inició como homenaje al conductor del tranvía que hacía sonar su campana para que le trajesen su bebida. Son típicos los desayunos, las picadas, los huevos tirados, las gordas, los antojitos, etc…aunque se nos pasó la hora decidimos probar.

Ciudad de Puebla

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Puebla de Zaragoza, denominada oficialmente como Heroica Puebla de Zaragoza, o la Angelópolis. Fundada el 16 de abril de 1531 como Puebla de Ángeles y construida de acuerdo con los planes del obispo Julian Garcés, se la considera como la primera ciudad colonial, nombrada como el Relicario de América, cuna del Barroco Mexicano, reconocida por sus artes decorativas y arquitectura colonial a nivel mundial. Se contabilizan más de dos mil edificios coloniales catalogados.

El Zócalo de la “Ciudad de los Ángeles” está rodeado de múltiples y hermosos edificios, sin embargo, el del costado sur es el que más atrae la atención de cualquier visitante. Se trata de la magnífica Catedral de Nuestra Señora de la Inmaculada Concepción. Hoy, el Zócalo es una plaza llena de árboles que contiene un gran número de esculturas, pero la nota más importante es la del Arcángel Miguel que se encuentra en una fuente situada en el centro desde 1777. Muchos edificios rodean el Zócalo al norte con un largo portal que conforman el Portal Hidalgo, de uso comercial, y el Portal del Palacio Municipal de Puebla, sede del Ayuntamiento, ambos separados por el Pasaje del Ayuntamiento; y finalmente, los portales de Iturbide y Morelos ubicados a poniente y oriente, respectivamente, con locales de uso comercial.

La Catedral comenzó su construcción en el año 1575 y duró 74 años, fue en tiempos del obispo Juan de Palafox y Mendoza a mediados del s XVII cuando se realizaron la mayor parte de las obras. En este bello edificio conviven casi todos los estilos artísticos virreinales, desde su fachada renacentista, con sus dos altas torres, hasta el ciprés neoclásico realizado por Manuel Tolsá y José Manzo.

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En su interior destaca el coro, dotado de una magnífica sillería de estilo mudéjar, la cúpula con la pintura de Cristóbal de Villalpando dedicado a la Eucaristía y el Altar de los Reyes. Considerado como un museo de arte sacro novohispano debido a que alberga en su interior notables obras de pintura, escultura y orfebrería de gran calidad artística, así como los tesoros de su sacristía y ricos ornamentos sacerdotales. Tanto los candelabros traídos de Francia, como las rejas y los portones que la rodean también son dignos de destacar.

La mayoría de las calles de Puebla se nombran mediante un sistema de numeración por cuadrículas, centrada en la esquina noroeste del Zócalo, intercepción de las calles; Av. 5 de Mayo y Av. 16 de Septiembre (norte – sur) y Av. Juan de Palafox y Mendoza y Av. Reforma (oriente – poniente).  A partir de aquí hay números pares e impares. Un verdadero caos. Comenzamos nuestra visita hacia el sur por la Av 2 Sur, donde destaca la Casa de los Muñecos, actual sede del Museo Universitario de la BUAP, el conjunto es un extraordinario ejemplo de fachada barroca poblana: en la base, cantera gris; sobre esta, ladrillos de arcilla roja y azulejos. Y en lo alto lo más llamativo; mosaico de azulejo, de dieciséis figuras antropomorfas. Otro edificio enmarcado en la esquina con la Av 2 Ote, es un edificio en estilo “art nouveau” o modernismo que actualmente es sede de la Capilla del Arte es un espacio cultural de la Universidad de las Américas Puebla (UDLAP).

A continuación giramos en La Calle de los Dulces, también conocida como calle Santa Clara, porque antiguamente, se encontraba el convento de monjas clarisas, quienes elaboraban desde el siglo XVIII diversos dulces y galletas.  La calle comienza con la Parroquia de Santa Clara, en un color rosa chicle. Le sigue la Casa-Museo donde habitó la familia Serdán Alatriste, miembros del movimiento antirreeleccionista encabezado por Francisco I. Madero, quien convocó al levantamiento armado en contra de Porfirio Díaz para el 20 de noviembre de ese año. El día 18 la conjura fue descubierta por la policía y en esta casa se desarrolló la batalla inicial de la revolución maderista, por ello es considerada como la cuna de la revolución mexicana, todavía se ven los impactos de bala. Varias son las dulcerías en esta calle que finaliza en el Templo de San Cristóbal.

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Medio perdidos por el sistema de numeración de las calles vimos el Templo de San Francisco, cuya fachada es de estilo barroco del siglo XVIII y en su interior se encuentra una urna de plata que custodia el cuerpo momificado de San Sebastián de Aparicio, patrono de los transportistas. Aunque el elemento más destacado es la Capilla del Rosario.

Seguimos caminando hasta darnos de bruces con el Teatro Principal, destaca por su color amarillo canario fuerte. Se dice que es el espacio teatral activo más antiguo de América. Data del s XVIII y fue conocido antes como Corral de Comedias, después como Antiguo Coliseo y finalmente como Teatro Principal. Fue inaugurado en 1761. frente al teatro se abre una explanada con una fuente de la época del virreinato

A continuación entramos en el Barrio del Artista, antigua Plazuela del Torno, era un antiguo paseo colonial de influencias barrocas, que se transformó en un barrio bohemio a partir de 1941 a propuesta del profesor José Márquez Figueroa a sus alumnos de pintura. Hoy consta de 45 estudios y se ha ido añadiendo nuevo mobiliario urbano como una fuente y diferentes esculturas y bronces, donde destaca el busto a José Márquez Figueroa.

Hay muchos cafés y tiendas, así como vendedores ambulantes de los típicos chapolines, son de tamaño relativamente pequeño, rojos y con un sabor agrio y un toque salado. En México el consumo de insectos ha sido una tradición milenaria, pues se sabe que mexicas, zapotecas y mixtecos acostumbraban a incluirlos en su dieta diaria. Actualmente se comen libélulas en Sonora, chinches en el estado de México, escarabajos en Hidalgo y gusanos grandes de agua en Chiapas, además de larvas de moscas y mariposas, hormigas, avispas, termitas y pulgones en otros estados del país. En cuestión nutritiva, 100 gramos de carne de res tienen de 54 a 57 por ciento de proteína, la cual es difícil de digerir; en cambio, 100 gramos de chapulines tienen de 62 a 67 por ciento de proteína de fácil digestión, un porcentaje que está por encima del pollo y del pescado, además de que son ricos en vitamina A y B12.

Cerca de este barrio encontramos la curiosa fachada del Museo Regional o Casa de Alfeñique en la esquina entre las calles 6 Nte y 4 Ote. Sus remates arquitectónicos parecen estar recubiertos por azúcar, de donde deriva su popular sobrenombre. En su interior “el Alfeñique” aloja fotografías y documentos que narran la historia de la ciudad y sus alrededores.

En el mismo barrio se visita el mercado artesanal conocido como el Parián, ubicado en la antigua plazuela de San Roque que se construyó en 1801. Está cubierto en la mayoría de las partes por ladrillo con azulejos de talavera muy al estilo poblano. Desde 1961 ocupa las instalaciones de lo que fue el antiguo mercado denominado El Parián, por ser el paso de arrieros que venían de Veracruz, Oaxaca, la Costa Chica de Guerrero y la capital de la Colonia.

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Siguiendo nuestros pasos por Puebla nos adentramos en la Av. Juan de Palafox y Mendoza en dirección norte, donde vemos por fuera el  Templo del Ex-Hospital de San Roque, el Edificio Carolino, construido en 1578, por los jesuitas, actualmente es sede de la Benemérita Universidad Autónoma del Estado de Puebla (BUAP). La Iglesia Compañía Templo del Espíritu Santo, su título hace referencia a la Iglesia de la Compañía de Jesús, de estilo barroco, resalta su Pórtico con Arcos cuya cantera gris contrasta con el blanco del segundo cuerpo de la fachada, en la cual se alzan majestuosas sus dos Torres Campanario. Por último, en la esquina se encuentra el Hotel Colonial de Puebla, antiguo edificio que formaba parte de la compañía y posteriormente transformado en hotel desde finales del s XVIII.

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Por último, ya cansados, nuestros pies se dirigen al “El callejón de los sapos”, que ha dado nombre al barrio, se encuentra en la calle 6 Sur, entre la 5 y la 7 Oriente. Parece ser que en tiempos coloniales, un río cercano se desbordaba y los lugareños para aprovecharse de las crecidas, instalaron molinos, que generaban aguas estancadas donde proliferaban muchos sapos, de ahí el nombre. Actualmente, es un barrio donde se puede pasear entre magníficos y elegantes edificios coloniales y en el que se han instalado un sinfín de tiendas de antigüedades, de muebles rústicos, artesanías, numismática, cafés y restaurantes. Además, los fines de semana se monta un mercadillo o tianguis,

No te puedes ir de Puebla sin probar dos de sus platos más famosos y bandera de todo México, como son los Chiles en Nogada y el Mole Poblano. Los chiles están rellenos con un picadillo hecho con carne, durazno, nuez, manzana y piñón entre otros; cubiertos con una salsa blanca de nuez conocida como “nogada”, y adornados con perejil y semillas de granada. El mole combina varios ingredientes, como pollo, con la salsa para mole que es preparada con cacao o chocolate de tablilla sin o con muy poco dulce, chiles ancho, chiles mulato, chiles pasilla, chipotle, jitomates, almendras, nueces, pasas, ajonjolí, clavos, canela, perejil, pimienta, cebolla, ajo y claro, tortillas. Después de este festival de sabores seguimos nuestra andadura.

Ciudad de Oxaca

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Fue fundada por un destacamento de guerreros aztecas, enviados por el octavo tlatoani, el emperador Ahuízotl, hacia el año 1486. Ya en 1532, por cédula real, recibió del rey Carlos I de España el título de “Muy noble y leal ciudad“, llamándose primeramente Antequera, nombre que en 1821 fue sustituido por el de Oaxaca.

El edificio religioso más importante de la ciudad es, sin duda, la Catedral. Su fachada está construida en cantera verde y sobre ella luce una docena de finísimas esculturas y estupendos relieves en tonos rojizos (el más espectacular es el relieve central, dedicado a la Virgen de la Asunción. La fachada está compuesta por tres cuerpos de estilo barroco. En el primero nos encontramos con tres puertas con arcos de medio punto, mientras que a los lados de la puerta central se encuentran sendas esculturas representando a San Pedro y San Pablo. En el segundo cuerpo se encuentra una imagen de piedra tallada de Nuestra Señora de la Asunción sobre nubes y querubines. En el centro del tercer cuerpo se encuentra un panel que representa el sacramento de la Eucaristía mediante un cáliz, y a su alrededor, un manto sostenido por ángeles entre nubes. Sobre la portada está el Espíritu Santo como una paloma vista de frente, con sus alas extendidas emanando luz, y un barandal de hierro forjado.

La Catedral está compuesta por tres naves cubiertas por bóvedas vaídas y orientada al poniente. Cuenta actualmente con doce capillas criptocolaterales y otros recintos cerrados que conducen a la sacristía y a las oficinas. Destacan por su tamaño la Capilla del Sagrario y la de Guadalupe. En la nave central está el coro, tiene el piso 60 cm más alto, la planta del coro es una U en cuyo fondo está el atril del director y hacia arriba el órgano tubular; los tubos de éste son plateados con un rico y fino ornamento dorado.

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Sembrada con fresnos en el s XVIII, la Plaza de la Constitución es un hermoso conjunto enmarcado por elegantes portales. Esta plaza existe desde 1529, trazada por Juan Peláez de Berrio. En 1901 se construye el actual kiosco de influencia modernista o art nouveau. Su diseño refleja también el ambiente de la época porfiriana, por su estructura y cubierta metálica, así como por sus barandales de hierro forjado. En el exterior se colocaron fuentes con figuras muy sugerentes, que más tarde fueron sustituidas por figuras caprichosas de cantera verde. Cuando la visitamos estaba tomada por los profesores que hacían huelga y estaban acampados y a su alrededor proliferaban los puestos de comida. No pudimos resistirnos.

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Visto que, tanto la Plaza principal, como la Alameda de León, estaban tomada por los profesores e imposible de plasmar en fotografía, decidimos comenzar nuestro paseo por la calle de Macedonio Alcalá, denominado por los oaxaqueños el Andador Turístico. Es una de las principales calles, empedrada con cantera verde, que en 1985 se cerró al paso de los vehículos para convertirla en vía peatonal, se pueden admirar numerosas casas coloniales con impresionantes patios, muchos de ellos, con fuente central rodeada de columnas que soportan un corredor de madera superior al que se accede por anchas escalinatas de cantera o madera. Realmente parece que estamos en las antiguas casonas laguneras de San Cristóbal de la Laguna

El andar nos acerca a la impresionante y bulliciosa Plaza de Santo Domingo, que se ha ajardinado en fronteras que contienen cactus y maguey. Un variado número de personas se reúnen en este amplio lugar, mezclándose con una gran cantidad de vendedores ambulantes. Aquí se encuentran varias joyas arquitectónicas,  de las cuales destacan el templo de Santo Domingo de Guzmán, el Ex-Convento que actualmente aloja al Centro Cultural Santo Domingo, donde residen el Museo de la Culturas de Oaxaca, la Biblioteca Fray Francisco de Burgoa, la Hemeroteca Pública de Oaxaca y el Jardín Etnobotánico. Como se puede ver en las fotografía la luz se iba extinguiendo y la mayoría de los lugares ya estaban cerrando y solo pudimos visitar el templo y su capilla.

Santo Domingo de Guzmán, inició su construcción, dirigido por Fray Hernado Cavarcos, en el año de 1575 y duró 30 años, mientras el ex-convento fue habitado por los dominicos hasta el año de 1608. La fachada del templo es una obra renacentista donde destacan dos altas torres con cúpulas inusuales.

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En el interior, los decorados barrocos son una explosión de forma y colores. La decoración del templo es uno de los ejemplos más sobresalientes del barroco mexicano, incluye el excepcional árbol genealógico de Santo Domingo de Guzmán y 36 pinturas que se localizan en el arranque, ilustrando pasajes del antiguo testamento. Las superiores reproducen escenas de la vida de Cristo y de la Virgen María. Fue Andrés de la Concha, quien pintó el retablo principal en 1612.  La cubierta del crucero es de bóveda vaída y está decorada con relieves de santos de la orden de predicadores, entre ellos cuatro pontífices que se hallan en las pechinas. Todo el espacio está cubierto por una verdadera e intrincada red por donde asoman santos, ángeles, querubines y patriarcas.

En nuestro paseo pasamos por delante del Templo del Carmen Alto es un conjunto religioso que perteneció a la orden de los Carmelitas Descalzos que se establecieron en Oaxaca en 1696. El pórtico forma parte de la portada de tres cuerpos. Es en el segundo cuerpo de la portada donde destaca un marco que contiene un relieve de Nuestra Señora del Carmen. A los lados tiene dos escudos de la orden Carmelita.

Visitamos la casa donde vivió de 1819 a 1828 Benito Juárez García, quien siendo niño, a los doce años de edad, llegó en busca de su hermana Josefa que trabajaba como sirvienta en la casa de la Familia Maza. Fue acogido por Don Antonio Sala Nueva quien lo adoptó, lo apadrinó, le facilitó recursos para su educación. La casa fue convertida en museo y abrió sus puertas en el año de 1933, sirviendo desde entonces para alojar parte de los documentos y facsímiles que contienen la historia del Benemérito.

Con pena nos despedimos de Oaxaca, de casas coloniales de vivos colores y calles perfectamente rectas en cuadrículas, trazadas con escuadra y cartabón. Limpia, ordenada, bulliciosa y cantarina la dejamos, pero nos hubiese gustado quedarnos una noche para disfrutar más de una de las ciudades mexicana que más nos gustó.