El día amaneció nublado y unos nubarrones grisáceos en el cielo amenazaban con descargar sobre nosotros todo un océano de agua. Pero claro eso no nos iba a detener, teníamos por delante una doble jornada visitar la ciudad de Noto y luego Siracusa. La ciudad de Noto es increíblemente espectacular con sus plazas arboladas y  sus rectilíneas calles con escalinatas que elevan sus formidables iglesias y magníficos palacios imprimiéndole un  aire versallesco. La antigua ciudad de Notofue destruida por un terremoto y mandada a reconstruir por un virrey español en el s. XVIII, de ahí su coherente y compacto estilo barroco siciliano. Casi todos sus monumentos importantes se asoman al Corso Vittorio Emanuele, desde la Puerta Reale hasta la Piazza XVI Maggio.

 

 

En la Plaza XVI de Mayo, podemos admirar la Iglesia de Santo Domingo(1737-56), con su fachada curvilínea y el convento dominicano con un bellísimo portal. En frente el Teatro Comunale Vittorio Emanuele, construido con un diseño semejante a la Escala de Milan, en los bajorrelieves de la fachada destacan los motivos musicales y máscaras de teatro.

 

 

 

En la via Nicolaci, perpendicular al corso Vittorio Emanuele,  encontramos el Palacio Villadorata con sus característicos balcones de hierro forjado que se apoyan sobre ménsulas en forma de figuras mitológicas y monstruos. Volviendo al corso V. Emanuelle, podemos ver la iglesia barroca de San Carlos,  su interior está decorado en estuco blanco y destaca su órgano, se puede subir a la torre.

 

 

 

A continuación entramos en la Plaza del Municipio rodeada de cuatro edificios ntables; El Palacio Ducezio, un edificio porticado de fachada de columnas y balcones de piedra, alberga el actual Ayuntamiento de la ciudad, la Iglesia del Santísimo Salvador (1791-1801), el Palacio Arzobispal y la maravillosa Catedral de San Nicolás o Duomo (1771), que domina desde lo alto de una impresionante escalinata. La fachada es de arenisca y de estilo barroco tardío, tiene dos torres decoradas con estatuas del siglo XVIII.

 

 

 

 

La pequeña plaza de la Inmacula, con su delicada fuente se ve abrumada por los edificios que la recortan, La chiesa de San Francisco de Asisi,  que se encuentra en lo alto de una escalinata, su interior es de estuco, pintado de blanco. A la izquierda de la iglesia se encuentra el Monasterio franciscano de San Salvador, con una fachada curva y una elegante torre, destacan sus exquisitas ventanas forjadas en hierro con celas curvadas hacia fuera enmarcadas en piedra decorada con motivos florales.

 

 

 

 

Finalmente llegamos a la Puerta Ferdinandea o Reale, construida para homenajear la visita de  Fernando II en 1838. En su parte superior tiene tres estatuas en el centro un pelícano, a la derecha una torre y a la izquierda un perro. Nos llamó mucho la atención que cada año en mayo, en la via Nicolaci, se celebra la “infiorata”, toda la calle es adornada con alfombras de flores igual que en las calles de los pueblos de Canarias.

 

 

La ciudad de Siracusa está a pocos kilómetros (37 km) de Noto. Dejamos el equipaje en el B&B Siracusa y gracias a la inestimable ayuda de Miriam y Giusy, que nos regalaron un mapa donde nos indicaron los monumentos y lugares más emblemáticos de la ciudad, nos lanzamos a descubrir la que Ciceronllamó “la más bella ciudad griega”, patria de Arquímedes a orillas del mar jónico y uno de los escenarios más conflictivos de todos los tiempos.

 

 

 

 

Comenzamos nuestra visita por la Neopolis, que era el barrio donde se ubicaban las estructuras sociales y religiosas de la ciudad antigua hoy se conoce como el Parque Arqueológico de Siracusa (10€/pp). En su interior se encuentran las ruinas del Anfiteatro Romano, levantado en el s. I d.C. en forma elíptica tiene una extensión de 140m x 119m. El deterioro se debe al expolio que sufrió en época española para fortificar el puerto y construir iglesias. En el jardín que precede la entrada se han ordenado sarcófagos provenientes de la necrópolis y sobre las gradas se hallan una serie de tumbas excavadas en la roca.

 

 

A continuación se encuentra el Altar (Ara) di Hieron II, un gigantesco altar de 200 m largo construido por Hieron IIen el s. III a.C.; en el que se realizaban sacrificios  hasta de 450 toros en un solo día. Sólo queda su basamento todo lo demás (es decir, las paredes de bloques cuadrados, columnas, rampas de acceso, estatuas) fue también expoliado por los españoles en el s.XVI.

 

 

 

 

Seguimos ahora por las Latomías, las canteras de piedra, que son cuevas que se han formado en las rocas durante la extracción de la piedra y que también fueron utilizadas como prisiones. La más amplia de todas ellas es la denominada Latomía del Paraíso, pero la más conocida se denomina Oreja de Dionisio, debe su nombre tanto a su forma, como al efecto sonoro que se crea en su interior.

 

 

 

 

Por último, unas escaleras de madera nos llevan a la parte alta de la colina Temenite, desde donde se tiene una vista espectacular del Teatro Griego, construido en el s. V a.C., semicircular y completamente excavado en la roca, se divide en 9 sectores ( “cuñas”) separado por las escaleras.

 

 

 

 

En la parte alta del teatro se encuentra el Ninfeoo la antigua sede de Mouseion (el santuario de las Musas), sede del gremio de artistas, donde los actores se reunían antes de descender en el teatro. En el interior de la cueva hay un estanque rectangular en el que se recoge el agua que cae en cascada desde una cavidad interior. En dirección norte se observa la calle de las tumbas que conduce a lo alto de la colina y donde se  ven tumbas excavadas en la roca para honrar a los héroes y el santuario de Apolo.

 

 

La visita a la supuesta tumba de Arquímedesla tuvimos que hacer por fuera del recinto, desde la calle. Es la más visible y tiene unas medias columnas dóricas en relieve grabadas en la roca, y un frontispicio con tímpano.  En realidad no se sabe dónde está enterrado.

 

 

 

 

La siguiente visita fue a la isla de Ortigia, fue el origen y fortaleza de la ciudad de Siracusa, fundada en el año 734 a.C dicen que por Eneas. Después de recorrernos el corso Umberto I,  cruzamos el puente Umbertino, que une la isla a tierra firme, seguimos recto hasta las ruinas del templo de Apolo, de planta muy alargada y construido con bloques de arenisca. En un principio había seis columnas en los lados cortos y diecisiete en los largos. La parte superior del templo estaba decorada con bellísimas terracotas arquitectónicas: un gorgoneion de terracota de 1,70 m decoraba la parte central del frontón, mientras que un jinete esculpido en piedra, del que se han conservado algunos fragmentos, constituía la acrotera central.

 

 

 

 

Continuamos el paseo por el corso Giacomo Matteotti, pasando por delante del Teatro Greco, hasta llegar a la Piazza Archimede, del s. XIX que representa a Artemisa, la diosa cazadora, rodeada de ninfas y sirenas. Alrededor de la plaza se encuentran el palacios de Platamonte, el palacio de Lanza con sus ventanas geminadas y el palacio Mergulese-Montalto con una puerta ojival y magnifica ventanas góticas y decoradas con columnitas salomónicas.

 

 

 

 

Continuamos por la via Roma hasta la Piazza Minerva y la preciosa plaza de la catedral o Duomo, donde se encuentra el Palazzo del Senato, frente a este el Palazzo de Beneventano del Bosco antigua sede de los caballeros de la Orden de Malta.

 

 

 

 

La catedral en su origen fue el templo de Atenea, del s. V a.C., del que se conserva parte en el interior del edificio que lo envuelve. En el siglo VII fue transformado en basílica cristiana y ha sufrido diversas  remodelaciones. Al final de la plaza sobre la via Pichareli se encuentra la Iglesia de Santa Lucia.

 

 

 

 

Bajando por la via Picherali, se llega a la fuente Aretusa, desde donde se ve la zona del puerto. La fuente es un manantial de agua dulce pegado al mar, que está lleno de papiros. La leyenda cuenta que la ninfa Aretusa, tras haber prometido ser virgen por siempre, pidió auxilio a su compañera Artemisa, al verse acorralada por el amor del dios Alfeo, está la convirtió en corriente de agua para que pudiera así huir de la solicitud del Dios. La fuente ya es citada por Virgilio, Ovidio y Pindaro en sus poemas y navegantes ilustres se abastecieron de agua dulce, como Napoleón en sus viaje a Egipto.

 

 

 

 

Seguimos el paseo marítimo pasando por delante del Castillo de Maniace, hermosa fortaleza que mandó a construir Federico II de Suabia a principios del S. XIII. Paseamos por el barrio judío de callejuelas estrecha y después de cenar en el A Putia Delle Cose Buone, fantásticamente regresamos en guagua, hay tres rutas por la ciudad, a nuestro B&B a descansar que bien merecido lo teníamos.