Desayunamos de lujo en el balcón de la B&B DolceVita, con vistas a la Chiesa di San Calogero y a la Piazzale Aldo Moro. Dicen los italianos de la península, que los sicilianos son tradicionales, amantes de la familia, desconfiados, impasibles, muy religiosos y que tienen un horroroso sentido del humor. Yo añadiría muy malos conductores.
La ruta elegida nos llevará al Valle de los Templos (10€/pp)a pocos kilómetros de Agrigento, la ciudad donde hemos pernoctado, luego nos dirigimos hacia Piazza Amerina para visitar la villa romana de Casale, y desde allí iremos a la ciudad de Ragusa, para terminar compraremos chocolate en Módicay dormiremos en Noto.

 

 

 

Agrigentoestá situada sobre los restos de la antigua Akragas, que fue fundada en torno al 580 a.C. por colonos de Rodasy Creta. La visita comienza por el Templo de Juno Lacinia o Hera, que domina la colina del Valle de los templos, precedido por un gran altar para sacrificios, data del 450 a.C., construido en estilo jónico sobre cuatro escalones para nivelarla al terreno, su construcción es períptera. Se sabe que en este templo se celebraban los esponsales ya que a esta diosa se le atribuía la protección de la familia, durante la ceremonia a la novia se le ponía una cinta alrededor de su abdomen que no debía quitarse hasta que no quedara embarazada, cuando esto ocurría, la mujer rompía la cinta y la entregaba a modo de tributo a Hera, de este hecho viene la designación de “encinta” para las mujeres embarazadas.

 

 

A través de un camino empedrado seguiremos el recorrido entre olivos y campos de cultivos, a la izquierda nos encontramos con la antigua muralla en la que se ven arcosolios (hueco en arco usado como lugar de enterramiento) de época bizantina.

 

Seguimos hasta el Templo de la Concordia, aunque lo que nos recibe es la escultura en bronce denominada “Icaro Caido” de la exposición los “Los gigantes de la mitología” del escultor franco-polaco Igor Mitoraj. Lo reconoceremos porque su obra está expuesta en muchas de las capitales de Europa, Madrid incluida.

 

 

Este templo es el mejor conservado, ya que fue convertido en iglesia durante el siglo VI d.C dedicado a San Pedro y San Pablo. Con 42 metros de largo por 19,5 de ancho, consta de 34 columnas, antiguamente recubiertas de estuco blanco y pudiéndose admirar los tríglifos, y las metopas, así como el frontón del templo.
Más adelante a la izquierda se halla la Villa Aurea, sede hoy de la dirección de la zona arqueológica y que posee restos de una necrópolis bizantina con enterramientos subterráneos además de la necrópolis Gianbertoni, de época helenística con enterramientos de sarcófagos. El Templo de Hércules es el más antiguo de los templos conservados en Agrigento, fechado en el 510 a.C. Restaurado en 1924, es un períptero aunque de él solo se conserva únicamente algunas de sus columnas pero se sabe por escritos de Cicerón, que en su interior se encontraba una magnífica escultura de bronce de Hércules.

 

 

Cruzando lo que queda de la Porta Aurea y un puente que salva la carretera se llega al Templo de Júpiter Olímpico, gigantesco edificio con una planta de 112,5 m de largo por 56 de ancho que nunca fue finalizado. El templo constaba de 7 columnas en los lados cortos y 14 en los lados, con arquitrabe dórico y cornisa, en el frontón se cree que habían frisos con representaciones de la guerra de Troyay de la batalla entre los Dioses y los Gigantes. Al este del templo se erigía el altar de 54,50m x 17,50m. Además  estaba adornado con 38 estatuas de Atlantes o Telamones de casi 8 metros de altura. Junto al templo podremos observar la reproducción de uno de estos Atlantes cuya pieza original se encuentra en el museo junto a una maqueta del templo original.

 

 

Desde lejos se ve la Tumba de Terón, monumento funerario del siglo I a.C., con planta cuadrada coronado por una torre con las puertas ciegas talladas en piedra calcárea y columnas dóricas coronadas por capiteles jónicos en los ángulos. Aunque quedaban algunas ruinas más alejadas decidimos que era suficiente.

 

 

Pusimos rumbo hacia el interior, circulamos por tierras áridas, con lomas salpicadas por frutales, pitas y sorgo; pasamos por carreteras de árboles retorcidos y espesos matorrales en las cunetas; por pueblos formados por cuatro casas de campesinos que parecían abandonados hasta por fin llegar a Piazza Amerina y a la villa romana de Casale (10€/pp). Por fuera decepciona bastante y está algo descuidado; materiales de metal para los andamios, zonas prohibidas al visitante y una cubierta de cristal para proteger los descubrimientos. La comparación con el museo del Bardoen Túnez es obvia.

 

 

 

 

La villa se remonta a finales del siglo IV a.C. y perteneció  a una poderosa familia romana, es un pabellón de caza o casa rural, cuyo atractivo se debe principalmente a sus maravillosos mosaicos. La visita se realiza a través de unas pasarelas metálicas que nos permiten no pisar los mosaicos y poder verlos la perspectiva de la altura y captar mejor los detalles. Se accede a la zona central de la casa o Peristilo, es rectangular y esta rodeado por un pórtico soportado por columnas de capiteles corintios y en el centro una fuente, a continuación se pasa por las habitaciones del servicio y se llega al corredor de la Gran Caza. Es una representación de la captura de animales silvestres vivos en las partes más distantes del imperio y su posterior transporte por barco a Roma para los venationes o las peleas con animales salvajes que tuvieron lugar en el Coliseo.

 

 

 

 

En frente del corredor se abre la Básilica a la que se accede por cuatro escalones. A la izquierda del corredor se pueden ver un Atrio con fuente y mosaicos con escenas de cupidos de pesca, así como la sala de Eros y Pan, que simboliza la lucha entre el amor profano, representado por Pan y el amor sagrado, representada por Eros. Otra habitación que da al corredor es el vestíbulo de Polifémo, que narra la historia de Ulises y sus hombres cuando están atrapados en la cueva del cíclope Polifemo.

 

 

Una de las salas a las que se accede por el Peristilo es la Sala de Orfeo. Es una gran sala rectangular con exedra al fondo, donde se sitúa la estatua de Apolo, se cree que se dedicaba a audiciones musicales. Al lado se encuentra la Sala delle Dieci ragazze o Sala de las diez muchachas, donde se representan a mujeres realizando actividades deportivas. La fama de este mosaico se deriva de los trajes de bikini. Otra de las habitaciones famosas es la alcoba principal y cuyo mosaico principal representa a Eros y Psique. Con esto finalizamos nuestra visita a la villa.

 

 

 

 

 

 

Continuamos nuestro periplo hasta alcanzar Ragusacuando los últimos rayos del sol descendían sobre ella. Las casas se encaraman en la colina Iblea, luchando por no precipitarse, aferradas a la tierra. Ragusa ha conseguido gran popularidad, al margen de su patrimonio, gracias a la serie del detective Montalbano.

 

 

 

 

Comenzamos una visita relámpago delante de la Chiesa dell Anime Sante del Pulgatorio por la via del Mercado y luego caminando por calles estrechas, poco iluminadas, que daban a las fachadas desconchadas un aspecto fantasmagórico. Nuestros pasos resonaban en el adoquinado, de vez en cuando unos faros nos deslumbraban hasta que por fin llegamos a la Plaza del Duomo Di San Giorgio. Nos quedaba un largo camino y con gran pena decidimos volver al parking.

 

 

 

Ya de noche hicimos una parada en Módicapara deleitarnos con el famoso chocolate elaborado en la Antica Dolceria Bonajato. El chocolate llegó a Sicilia en 1600 de manos de los españoles durante el reinado de Felipe V. En esta dulcería, escondida en un precioso callejón, decorado por miles de plantas y flores cuando traspasas su puerta das un salto a 1880, no solo por su decoración, sino porque desde esa fecha se viene fabricando el chocolate con la misma receta. El chocolate siciliano es rugoso, menos refinado. Tienes la posibilidad de una degustación de todos los sabores: con pimienta, sal, nuez moscada, guindilla. Además su cannoli, es espectacular.

 

 

Terminamos la noche en Noto en el B&B CasaGiacchino, la dueña estaba de fiesta con una amigas y nos recomendó el Ristorante Crocifisso, algo caro pero a la hora que llegamos todo estaba cerrado. El día había sido largo e intenso y muchas cosas que repasar, así que tras un breve paseo nos fuimos a descansar.