Yogyakartaes la capital y provincia homónima de la Isla de Java, en Indonesia. Es la única provincia en Indonesia cuyo gobierno es un sultanato de la época precolonial. El sultanato de Yogyakarta, oficialmente Sultanato de Ngayogyakarta Hadinngrat, se formó en 1755 cuando el entonces sultanato de Mataram fue dividido en dos por la Compañía Holandesa de las Indias Orientales mediante el tratado de Giyanti.

Yogyakarta es una bulliciosa ciudad llena de gente y con un tráfico endemoniado en sus arterias principales. No esperes grandes monumentos en esta ciudad ni compares sus monumentos con los de otras capitales asiáticas como, Bankog, Beijin, etc… Sus beldades son otras, más enfocadas a sus alrededores. La mayoría de los visitantes pernoctan en ella para visitar los monumentos budistas de Borobudur,los hinduistas de Prambanan o para realizar excursiones a los volcanes, Merapi, Merabu o Plawangan y/o los de la meseta del Dieng.

La parte más tradicional y cercana a la estación de trenes Tugu,  se denomina Sosrowijayan. Se caracteriza por sus callejones estrechos o gang, donde se reúne una gran oferta de alojamientos baratos muy asequibles para mochileros y, por tanto, también de restaurantes, lavanderías y agencias de viaje que organizan excursiones, tours, alquilan motos, bicis y coches con y sin conductor. Aquí la vida parece que se ralentiza aún más, se saborea tradición, los niños juegan en espacios minúsculos y en las destartaladas casas cuelgan infinidad de jaulas de pájaros de trinos imposibles. Pasear por los Gang I y II te trasporta a otra época.

 

Próxima a esta zona se encuentra la calle Jalan Malioboro, la arteria principal de la ciudad y donde se concentra el comercio. Comienza en la estación y termina en el Kraton o palacio imperial, cerca de 2 km. Las aceras a ambos lados de la calle están llenas de pequeños puestos que venden una gran variedad de productos. Se pueden encontrar camisas, vestidos estampados en colores inimaginables, marionetas clásicas de Indonesia; wayang golek (marionetas de madera) o wayang kulit (marionetas de piel), una gran variedad de barritas de incienso, “hiu” y el omnipresente Batik.

El Batikes una tela, que puede ser de algodón, seda, etc… a la que se somete a un proceso de coloración por fases, primero dibujan el diseño, luego se añade cera donde no se quiere que aparezca un color, se tiñe y el color se impregnará en aquellas zonas de la tela libres de cera. Este proceso se repetirá tantas veces como colores tenga la tela. Lo usan principalmente para decoración, para colgar en las paredes, porque es muy delicado y solo se puede lavar a mano. Aunque también los hay sintéticos, con diseños javaneses en múltiples colores con los que se hacen desde sarongs, a camisas de hombre, vestidos, para mujeres, niñas…

 

Como diría mi hermano Dioni, si quieres tomarle el pulso a la ciudad y conocer a sus gentes debes dar un paseo por la ciudad en los Becak, o rickshaw, triciclo con capacidad para dos personas, el transporte más utilizado tanto por la población como por los turistas. Otro de los transportes típicos son los los carros de caballos o Andong, que también ofrecen paseos por la ciudad. Ya quedan pocos edificios coloniales de la época holandesa, el hotel Garuda y alguno más. Pero hay un producto que causa fascinación entre los indonesios y son las piedras semipresiosas y las gemas. Las exponen medio sumergidas en agua y también las venden ya pulidas y engarzadas en anillos. Todos los hombres llevan uno de tamaño descomunal en sus dedos.

 

Al final de la calle se llega a una gran explanada con dos waringin, higueras sagradas de Bengala y la entrada principal al Kraton o palacio real, que está cerrada, se accede por una lateral. El palacio fue construido por el príncipe Pangeran Mangkubumi en 1755. El recinto está rodeado por un muro rectangular con varias puertas de acceso. Es una ciudad dentro de la ciudad, viven unas 25.000 personas con sus propios mercados, tiendas, artesanos, escuelas y mezquitas. Unos mil residentes trabajan para el sultán. Aquí se encontraba nuestro hotel, Griya Wijilan.

 

El recepcionista de nuestro hotel se ofreció a acercarnos hasta la entrada del Kraton. Bajo un sol de justicia nos condujo por las intrincadas callejas del recinto. Por delante de nuestros ojos, a modo de película,  observábamos a través de las puertas semiabiertas de las humildes casas, escenas  cotidianas; sobre jergones, casi su único mobiliario, madres peinando a sus hijos, chiquillos viendo la televisión absortos, mujeres haciendo la comida en infiernillos de carbón y hombres que duermen tirados en el porche. Continuamos nuestro periplo, pensando que para volver deberíamos haber dejado miguitas de pan, cuando de repente llegamos una explanada o plaza llamada Alun-Alun Lor, en cuyo centro destaca una cerca con dos waringin o bayanos sagrados, frente a ellos se encontraba la antigua entrada principal, Bangsal Pagelaran, el pabellón donde el sultán se sentaba a ver las paradas militares, ahora se utiliza para ceremonias musicales y de teatro. Unas escaleras te conducen hasta el Siti Hinggil, o “tierra elevada” y alberga el Manguntur Tangkil Halldonde se encuentra el trono y donde se llevan a cabo las coronaciones reales.

 

La entrada  se encuentra más al oeste y hay que comprar los tickes en un edificio de estructura abierta. Al entrar nos encontramos con un muro que hay que rodear, baturana, es una barrera para mantener los demonios fuera, ya que estos tienen dificultad a girar en las esquinas. En el interior destacan dos pabellones en estilo javanés en los que se ofrecen espectáculos incluidos en la entrada.

En el de la derecha, Bangsal Trajumas, en este pabellón se realizan audiciones de gamelán, agrupación de música tradicional indonesia, constituida por instrumentos de percusión, xilófonos, etc..y representación de wayang, teatro de las sombras con marionetas o  kulit, en este caso realizadas en madera, otros días hay también canto y poesía javanesa o danza clásica. En el de la izquierda, Bangsal Sri Manganti. De frente se abre la puerta Regol Donopratopo que es la entrada al Pelataram Kedaton o Patio Real, custodiado por dos Dwarapalas, denominados Cingkarabalael del este y Balaupata el del oeste.

 

Al pasar al interior del Pelataram Kedaton o Patio Real se abre una gran explanada arbolada con pabellones algunos de los cuales cerra están cerrados al público por ser de uso exclusivo del Súltán. Por todo el recinto deambulan los antiguos sirvientes del Sultán, hoy empleados, que visten el traje tradicional, soldiery y una kris, daga asimétrica ondulada, atada en la espalda.

 

A la izquierda vemos un precioso pabellón de música con vidrieras que representan instrumentos musicales y en el lado derecha se ubican los edificios más privados, donde todavía vive el actual sultán, el Bangsal Purworetno y el Bangsal Kuning. Sin embargo el edificio más delicado es el Bangsal Kencono o pabellón del trono dorado, con influencias hindús, holandesas y musulmanas que se reflejan en un suelo de mármol con un techo profusamente decorado, unas vidrieras de estilo holandés y espléndidas columnas de teca tallada. El edificio contiguo es el Bangsal Manis, un gran salón de mármol que hace las funciones de comedor real. Todo el mundo quiere hacerse fotos con nosotros, parecemos estrellas de cine.

 

En los edificios de lado izquierdo, destaca  el Gedhong Kaca (Museo HB IX), se usa como museo y contiene una extensa colección, entre la que se encuentran obsequios de monarcas europeos, copias doradas de las pusaka sagradas (reliquias de la familia real) e instrumentos de gamelan. En otros hay exposiciones de batik, de cerámica, de cristalería, maquetas o miniaturas. De las paredes cuelgan retratos de la familia real o cuadros.

 

En las diferentes salas del Kraton se pueden ver las colecciones expuestas en cajas de vidrios que van desde cerámica, cristalería, armas, fotografías, miniaturas y maquetas, a diversos tipos de batik. Ciertamente, la exposición no está muy bien cuidada y la información brilla por su ausencia pero ello no debería ser óbice para no visitar esta joya arquitectónica.

 

Ahora nos dirigimos al Palacio de agua o Taman Sari, para ello, hay que atravesar un asentamiento llamado Kampung Taman, cuyos residentes se dedican a la fabricación de batik y a la pintura tradicional. Un anciano sentado a la puerta de su casa, después del pertinente “hallo” y de decirle que tiene una preciosa jaula de pájaros, le preguntamos por la dirección del Palacio de agua, nos la indica y nos cuenta orgulloso, con un gesto de su mano, que es el dueño de esta zona y que estuvo trabajando en Holanda pero que ahora está jubilado, nos despedimos con el sempiterno “terima kasih” a lo que responde con el “sama, sama”. Continuamos callejeando hasta que nuevamente le preguntamos a un hombre a la puerta de su casa por la dirección y ante nuestra sorpresa inicial y la proverbial desconfianza occidental se ofreció a llevarnos hasta la entrada, resultó ser un guía del palacio de agua.

 

Llegamos al punto más alto, donde antiguamente se alzaba el castillo Kenongo, hoy en ruinas, desde aquí podemos hacernos una idea del complejo Taman Sari. Consistía en cuatro áreas distintas: un gran lago artificial (Segaran) con islas (en una de la cual estábamos) y túneles situados en el norte, un complejo de baños en el centro (Umbul Pasiraman), un complejo de pabellones y piscinas en el sur (Pasarean Dalem Ledok Sari) y un pequeño lago en el este. Es difícil visualizar que en el pasado esta zona era un lago artificial porque ahora está lleno de asentamientos por donde hemos venido caminando. De frente una fila de pequeños edificios, nos llama la atención, son los denominados Tajug, que funcionan como respiraderos o salidas de aire para el túnel subterráneo que salva el lago.

 

A nuestra izquierda, se encuentra la antigua mezquita, Sumur Gumuling, a la cual se accede a través de unas escaleras que descienden hasta un túnel subterráneo. La mezquita es un edificio circular de dos planta, como un pozo, sumur. El área central tiene una plataforma elevada a la cual se accede por cuatro escaleras, que simbolizan el credo, las oraciones, el ayuno y la limosna. De ella, parte otra, que se dirige a la segunda planta, ésta simboliza, la peregrinación (los cinco pilares del Islam). Bajo la plataforma hay una pequeña piscina que se utilizaba para el ritual de la ablución. Un nicho en la primera planta hace las funciones de mirhab.

 

El Taman Sari fue construido como un jardín real para el Sultán Hamengkubuwono I (1755–1792). Hoy en día sólo queda el complejo balneario central y algún edificio bastante deteriorado. Para acceder al Umbul Pasiraman lo hacemos a través de un pasadizo subterráneo y llegamos a la puerta oriental llamada Gedhong Gapura Panggung, decorada con adornos de aves estilizadas y flores. La entrada presenta cuatro escaleras, dos en el lado oeste y dos en el lado este, decoradas con nagas. Después de la puerta nos encontramos con un patio octogonal donde hay varios edificios que antiguamente ocupaba la guardia.

 

A la zona de baño se accede a través de una puerta sobre la que hay relieves para ahuyentar a los malos espíritus. Por unos escalones se llega a un espacio cerrado rodeado de paredes altas. Hay dos edificios, el de la derecha se utilizaba como lugar de descanso y vestuarios para las hijas y concubinas del sultán. La piscina está dividida en dos por una vía central, Blumbang Kuras y decoradas con surtidores en forma de hongo o flor de loto y rodeadas de grandes macetas.

 

Al edificio de la izquierda, el que contiene una torre se denomina Umbul Muncar. El ala derecha del edificio era utilizado como vestuario del sultán, el ala este era usado como su lugar de descanso. Detrás de este edificio se encuentra una tercera piscina, más privada, sólo la usaba el sultán y sus concubinas. Desde lo alto de la Torre el sultán tenía una vista privilegiada de las piscinas.

Unas escaleras dan acceso al segundo patio octogonal y a la puerta occidental Gedhong Gapura Hageng, en cuya fachada está inscrita en forma de cronograma o memet sengkalan, la  fecha de finalización 1691 (1765 en nuestro calendario) de la construcción del Taman Sari. El relieve muestra “A pájaros libando polen de flores” (Peksi Sinesep Kembang Lajering), cuya transcripción numérica es; “pájaro” peksi: 1; sinesep“chupar o libar”: 6; kembang “flor”: 9; lajering “polen”: 1.

 

Al sur de Yogyakarta, se encuentra Prawirotaman, una zona un poco más moderna y donde podemos encontrar alojamientos más exclusivos y mejores restaurantes, tiendas de confección de batiks y muchas tiendas de antigüedades, las calles son más anchas y de frondosa vegetación, menos bullicio y más tranquilidad, además de aportar un aire bohemio. Fuimos a almorzar al Vía-Vía, uno de los locales con más ambiente de la zona, se daban clases de yoga, de cocina, de música tradicional, muy alternativo.

 

El último párrafo se lo quiero dedicar a la comida callejera. La oferta es infinita y la mejor forma de saber si está buena o no es por el número de clientes que se agolpen delante del puesto. Los vendedores ambulantes de comida anuncian su llegada a través de música y ruidos: por ejemplo golpeando una lata con un palo. Podemos degustar platos como el bakso, una sopa de albóndigas, el Sate que es como una especie de barbacoa con salsa y acompañado de arroz, el nasi goreng, arroz frito o el mie goreng, fideos fritos, el gado-gado, verduras variadas y tofu en salsa de maní o los deliciosos pinchos de pollo y cerdo llamados satay.

Estos mismos platos los puedes encontrar también en los famosos warung, suelen ser pequeños establecimientos familiares, aunque actualmente a cualquier restaurante o bar se le suele dar ese nombre. En la próxima entrada seguimos en la isla de Java nos iremos de excursión a los templos budistas de Borobudur, Mendut y Pawan no se lo pierdan….