Después de un magnifico desayuno en la “Enoteca Internazionale”, todo hay que decirlo, en la mesa de al lado entablamos conversación con una familia de argentinos, ya mayores, que se quejaban del tipo de desayuno. Es cierto, que cuando uno viaja quiere desayunar como en casa, pero eso, no es posible casi nunca, sobre todo en países exóticos. El english o el continental breakfast, no son los únicos.

Habíamos organizado el día para realizar dos visitas a los pueblos de Corniglia, antes del mediodía y a Manarola por la tarde. Para llegar a Corniglia tomamos el tren en la estación de Monterroso al Mare, la estación además de la venta de billetes en ventanilla y máquinas expendedoras, hace la función de Centro de Información y Turismo, así como, la venta de la tarjeta del Parque Nacional. La duración del trayecto es de 4 min y su coste de 1€/cu.

Cornigliaes el único de los cinco pueblos que no se conecta directamente con el mar, sino que se sitúa sobre un promontorio de unos cien metros, circundado por viñedos distribuidos en las características terrazas en el lado que mira hacia el mar. La estación de tren se encuentra al borde del mar y hay que subir una escalera, que se denomina “Lardarina”, de 377 escalones, divididos en 33 tramos. Pero en los últimos años han puesto un servicio de transporte gratis, sobre todo para el turismo de mayor edad, que no puede hacer el esfuerzo de subir tantos escalones.

Nosotros, rápidamente nos dirigimos al autobús que nos dejó en la plaza central de Corniglia, llamada Ciapara, la carretera asfaltada continua y es adecuado caminar por ella unos 100 mts para disfrutar de las mejores vistas del pueblo.

De vuelta en la Plaza Ciapara uno escalones ascienden hasta la iglesia parroquial de San Pedro o Parrocchiale di San Pietro. Construida en el año 1334 sobre las ruinas de una capilla del s. XI, en estilo gótico ligur, con tres naves y una fachada presidida por un florón en mármol horadado, realizado por Mateo y Pietro de Compiglio, con una Puerta Monumental de arco de medio punto con luneta que encierra pequeñas estatuas.

En el interior destaca una Pila Bautismaldel s. XII. En el edificio con arcos góticos, podemos encontrar el lugar que ocupaba  la familia noble Fieschi. También podemos ver el bajorrelieve que representa a un ciervo, el emblema del pueblo. Detrás del altar principal se pueden admirar dos ventanas de coloridos vitrales.

Ahora nos introducimos por el “Caruggio” o calle, que es la vía principal, Fieschi. Esta estrecha callejuela está atestada de comercios de todo tipo, restaurante, vinotecas, heladerías, tiendas de suvenires, de artesanos, etc… y desemboca en la plazuela Taragio en cuyo centro  se coloca el Monumento a los Caídos y dominado la plaza el Oratorio de los Disciplinantes de Santa Caterina, pequeño edificio del s. XVIII.

Detrás de la iglesia, una escalera larga y empinada nos lleva hasta una  terraza ofrece unas vistas espléndidas  de la marina de Corniglia y al fondo el pueblo de Manarola, así como los restos de las Fortificaciones Genovesas. Restos de un castillo y una torre poligonal levantada por los genoveses en 1556 para defenderse de las incursiones de los sarracenos están ahora integrados en el cementerio con vistas al mar.

Si seguimos hasta el final de la Vía Fieschi se llega al Mirador de Santa María, que ofrece una vista soberbia al mar y a la costa accidentada de la Cinque Terre. Mirando en dirección a la estación se encuentran algunas playas salvajes, entre las cuales está la de Guvano, que se hizo famosa por el movimiento hippie y que también está abierta a los naturistas y a la derecha de la estación la pequeña playa Spiaggione.

A medio día partimos hacia Manarola,donde queríamos almorzar. El pueblo, se sitúa sobre un escarpado promontorio de roca, con el puerto encerrado entre dos espigones rocosos. Como todos se organiza alrededor del curso, ahora cubierto del arroyo Groppo. La estación de tren queda a unos 100 mts del pueblo y se ha de atravesar un túnel.

El túnel desemboca cerca de la Piazza Darío Capellini, que se encuentra en la mitad del pueblo y a unos 10 mts por encima del nivel de la vía Discovolo que da acceso a la parte alta del pueblo. A lo largo de esta calle pendiente se alinean las típicas casas torre cuya función era la defensa del pueblo.

Por esa vía llegamos a la Piazza Papa Innocenzo IV, que alberga los edificios religiosos, como la iglesia parroquial de San Lorenzo, de 1338, en estilo gótico, obra de los maestros Antelami. La fachada presenta un gran florón en mármol horadado, una Puerta Monumental con arco ojival y luneta con bajorrelieve que representa el Martirio de San LorenzoEl interior está dividido en tres naves en estilo barroco. Es singular el tríptico del siglo XV.

En frente de la iglesia se erige el Campanarioque data del s. XIV y fue realizada como torre de avistamiento. Está flanqueada por el Oratorio de los Disciplinantes, levantado en el s. XIV. En la esquina se encuentra aún el edificio del antiguo Lazzeretto o hospital de San Rocco. En este lugar podemos ver el antiguo curso de agua, llamado Groppo.

Desde esta plaza se tiene una vista excepcional del pueblo y del  Belénmás grande del Mundo que cada año se construye en Diciembre en la colina y que por las noches queda iluminado. Desde 1976, el ex ferroviario Mario Andreoli, ha dedicado su vida a la realización del belén. Se han utilizado unos 8 km de cables eléctricos, 17.000 bombillas, más de 300 figuras de tamaño natural, (a partir de materiales no utilizados o reciclados).


Teníamos hambre y habíamos leído que la Trattoria dal Billy se comía muy bien, así que tomamos la via Rollandi que nos dejó en su puerta. El lugar esta encaramado en la montaña, con vistas sobre los viñedos y sobre la villa, prácticamente colgada…pero si las vistas son increíbles su comida es excelente, pedimos el pescado de día y un entrante de anchoas aliñadas…sufrimos un orgasmo esofágico, como diría nuestro amigo Tino…increíble, riquísimo.

Muy a gusto seguimos disfrutando de las estrechas callejuelas de esta vía que desciende hasta la Piazza del Castelo, donde está la Puerta Rossa, que son las ruinas de un baluarte defensivo construido antes del s. XIII, junto con el castillo, ahora perdido. Si nos fijamos bien podemos ver todavía restos de las mamposterías que sostienen las casas sobre el acantilado. Por la vía Belvedere se llega al mirador de la Piazzetta E. Montale, magnifico balcón que se asoma sobre el mar.

Ahora nos dirigimos hacia el puerto, bajando por estrellas escaleras hasta la Zona de la Marina. La vía Renato Birolli, es la que finaliza en el puerto y donde se concentran la mayoría de los restaurantes y comercios de la ciudad. Además,  su parte final, sirve de lugar donde dejar las barcas de pesca, dando un ambiente marinero muy significativo.

Si bien no hay una playa, muchos lugareños y turista se agolpan entre las rocas y el pequeño puerto pesquero, cuando no hay mar de fondo como fue en nuestra visita.

Sin lugar a dudas, las vistas más atractivas y espectaculares de Manarola se tienen desde el paseo que va del puerto hasta la Punta Bonfiglio. Las formas caprichosas de la lava al fundirse y la flora nos hizo recordar a nuestras Islas Canarias.


En la cima de esta Punta se encuentra el cementerio de la ciudad, debajo de él, un parque con áreas de picnic, juegos infantiles, bancos y un bar donde disfrutar de un descanso al atardecer y de una vista impresionante de la costa en dirección a Vernazzay Monterosso, hacia donde nos dirigimos a última hora de la tarde para descansar después de este día tan inolvidable…