En esta entrada relataré las excursiones que contratamos y la visita a los mercados de Chiang Mai. Antes de montarnos en la furgoneta que nos recogía en la puerta del hotel, algunos disfrutamos de un fantástico desayuno en el hotel, pero Rosí no pudo, ya que tardaron más de 1 hora en traérselo, con el consiguiente cabreo y queja en recepción y encima no era lo que había pedido. Al regresar nos dieron una sorpresa, pero eso lo dejaré para el final.

Habíamos contratado una ruta guiada con las siguientes actividades: visita a un invernadero de orquídeas y mariposas, ruta en elefante, trekking por la selva y baño en unas cataratas, visita al poblado de la tribu de las mujeres jirafa y otras minorías étnicas.

La primera parada fue en la Bai Orchid and Butterfly Farm. Está ubicada al norte de la ciudad de Chiang Mai, concretamente en el pueblo de Mae Rim a 10 kilómetros. También alberga un mariposario.

Es uno de los cuatro invernaderos de la orquídea de Chiang Mai, que acoge a casi todas las especies de orquídeas que crecen en Tailandia. Además de la producción de orquídeas, también ofrece una gran variedad de suvenirs, tales como ornamentos en oro y piedras semipreciosas de orquídeas y mariposas.

La siguiente parada es el poblado de elefantes, donde en parejas haces una ruta de unos 30 minutos por la selva, atravesando primero campos de labranza y arrozales para luego internarte en un pequeño riachuelo.

Tuve la oportunidad de que mi mahout se bajara y me dejara ponerme a horcajadas sobre la cabeza del elefante y conducir al bicho durante un rato. El contacto con su piel dura, peluda y el fuerte olor que desprendía es una sensación que nunca se me olvidará.

También nos dieron un almuerzo thai bastante sencillo, arroz, pollo y fideos, fruta variada, la bebida aparte. Te hacen fotos durante el recorrido que luego te ofrecen comprarla con marco y todo. 


Nuevamente nos subimos a la furgo que nos llevó a un punto de un camino donde nos dejó para empezar la ruta de tekking por la selva que duraría más de 40 minutos y que finalizaría en unas cataratas donde nos podríamos bañar. El trekking es relativamente sencillo, ascendente todo el tiempo, primero por una zona rural y de cultivo, para luego internarse en una zona de matorral y monte bajo y finalmente zona selvática.
Generalmente, el suelo estará resbaladizo, pero en nuestro caso es que además no paró de llover en la mayor parte del trayecto. Yo resbalaba constantemente con unos tenis de suela lisa, hasta que subiendo una pequeña colina, me caí y me embarre bastante, que vergüenza, jajaja.

Llegamos hasta un pequeño poblado Lisu en Mae Taeng, una tribu de origen tibetano. Las casas son todas de madera y bambú con los tejados de cañas y construidas sobre pilotes. Y aunque se ve que viven de manera bastante rústica, destaca alguna antena parabólica y paneles solares. Se les reconoce por su tradicional túnica multicolor y los pantalones azul intenso de los hombres.

La ruta finaliza en unas cataratas donde nos habían dicho que nos podíamos dar un pequeño baño. Obviamente, no en la época del monzón, ya que el caudal de agua, el fragor y el color de la misma no invitaban a ello.

Desde este punto comenzamos el ligero descenso que nos llevaría nuevamente a la furgo y a la siguiente actividad. Como éramos los únicos que queríamos hacer el “wild rafting”. Nos dijeron que era muy peligroso dos personas solas en la balsa. Así que hicimos el descenso en balsa de bambú bajo una cortina de agua y el bramido de los truenos y los fogonazos de los rayos cada vez más cerca.

 

El descenso fue precioso, muy lento, bajo una cortina de agua, impulsados por la vara de nuestro balsero en ocasiones, otras por la corriente. Atravesamos parajes preciosos, nos cruzamos con otros turistas subidos a lomos de sus elefantes.
En un instante el balsero se cayó al agua porque estaba más pendiente del móvil que del río, ante nuestro estupor.

Nuestra última parada fue en una especie de poblado prefabricado, multi-étnico, donde “exhiben” a varias poblaciones que han sido desplazadas por conflictos bélicos y a las que el gobierno les da asilo pero no les permite tener la nacionalidad ni propiedades. Obligándoles, a concentrarse en este tipo de poblados en la zona norte y cerca de las fronteras. La única fuente de ingresos, sobre todo para las mujeres es la artesanía.

Existen seis grupos étnicos mayores: meo, karen, lahu, lisu, akha y yao. En las imágenes podemos ver los vistosos trajes de las mujeres akha. Usan tocados de plata con diseños muy elaborados que se asemejan a elegantes torres cubiertas de borlas, bordados y monedas.

Nos dirigimos a visitar a la tribu de las Long Neck Women, o mujeres jirafa. Pertenecen a la tribu kareny se caracterizan por sus largos cuellos adornados con aros de cobre, que también muestran en sus brazos y piernas.

Se cree que empezaron a colocarse esos anillos alrededor del cuello para protegerse de los ataques de los tigres, pero actualmente viven por y para los turistas y todo su poblado gira en torno a unos puestos de venta donde te ofrecen productos variados, como por ejemplo pañuelos tejidos a mano, o puedes hacerte fotos con ellas.

Todo aquel que haya viajado sabe que si se quiere conocer la vida e idiosincrasia de una ciudad, ha de visitar sus mercados. Chiang Mai, tiene muchos, nosotros sólo visitamos tres; el Warorot, Ton Lamyi y Night Bazar. El Warorot está situado al final de Chang Moi Road, cerca del Río Ping y a no más de 10 minutos caminando de la puerta Tha Pae. Las paradas más habituales son las de ropa, complementos,  artículos de decoración y hasta electrodomésticos.

Pero también los de Pad Thai, arroces, carnes, pescados, dulces, fruta y sushi!. Aquí también podemos encontrar los famosos puestos de insectos, gusanos, etc. que tanto asquea al occidental y fascina al oriental.. ¡mmmm que ricos!.

Dejamos este mercado y caminamos paralelo al río hasta que llegamos al mercado húmedo de Ton Lamyai, es el mercado de las flores. Los mercados húmedos, llamados así por el agua en el suelo, son lugares en los que se vende también fruta fresca, verduras y carne. Tom Layaies el lugar idóneo para conocer todas las variedades raras de fruta y flores que hay en Chiang Mai.

Siguiendo el curso del Rio Ping se disfruta de unos paisajes bellísimos cuando cae la tarde. En la ribera norte en la Charoen Rajd Rd es donde se concentran la zona de restaurante donde va la mayoría de los turistas. Si quieres cenar a la orilla del río debes llamar para reservar porque es imposible ni siquiera tomarte una cerveza de lo petado que suelen estar.

El Night Bazar o mercado nocturno de Chiang Mai es bastante grande. Se encuentra en la c/ Chan Klan, entre Tha Pae y Sri Donchai. Es famoso por sus artesanías y pinturas del retrato. También hay joyas, juguetes, prendas de vestir y artículos de alta tecnología como CDs y DVDs. Es un mercado muy turístico y caro.

Cruzando la calle se accede al Bazar Galare, con puestos de mayor calidad entre los que predominan la ropa de lujo, la decoración del hogar y los de artesanía.

Regresamos al hotel y nos encontramos con la sorpresa de una tarta y una carta de disculpas por el desayuno. Decidimos ir a cenar al The Spirit House Restaurant& Bar. Pocos lugares desprenden el aroma de una cocina tradicional de calidad, sin ser pretenciosa. Si además de una espléndida y variada cocina la combinamos con un encantador jardín exuberante y mágico a la luz de faroles y de las velas. El corazón del Spirit es su dueño, encantador, cariñoso, flemático e inglés, a mí me recordaba a John Hurt, el actor. Es el anfitrión ideal no sólo de su local, sino cuando te habla con pasión sobre la ciudad y el país. Lo encontraras sentado en su mesa de siempre o departiendo con clientes, todo un personaje.
Sólo nos queda despedirnos de Chiang Mai, habíamos decidido no visitar el triángulo de Oro y Chian Rai, las cosas que leímos no nos gustaron y optamos por dedicar ese tiempo a la zona sur de Tailandia y sus islas.