En esta sesión que ahora comienzo quiero trasladar la opinión sobre cine, libros, música, espectáculos o sobre cualquier acto cultural que haya visto o que se vaya a celebrar y que sea de interés para los seguidores del blog.

 

 

Comenzaré con alguno de los últimos libros que he leído y que realmente me han suscitado algo. Incluso, uno de ellos dio lugar a un viaje. Empezaremos por este último, se trata de “El tiempo entre costuras” de Mª Dueñas.

La novela te transportará al Marruecos colonial, al Madrid pro-alemán de la primera posguerra y a una Lisboarepleta de oportunistas, espías y refugiados. Es la historia de una joven modista que empujada por el destino acepta un arriesgado compromiso en el que los patrones y las telas de su oficio se convertirán en la fachada perfecta que la llevará a descubrir el amor.

 

 

Y a nosotros nos arrastrará con la misma fuerza por todos esos escenarios tan dispares y de paso nos da una visión de los convulsos años de la posguerra española y de los ecos de la guerra europea resonando en la distancia.

 

Uno de los pasajes de libro que me atrapó fue la descripción de la ciudad de Tánger. En ese momento decidí que tenía que conocer esa parte de Marruecos que todavía no habíamos visitado.

 

 

Realmente, la ciudad ha cambiado mucho desde esa época hasta hoy en día, pero si sabes esperar, si tienes paciencia, si no vas de turista, si como dice mi hermanito Dioni, “le tomas el pulso a la ciudad”, veras la luz filtrándose en los callejones, los lugares mágicos, los personajes, los olores y sabores y desearás que el tiempo se detenga para poder retener esos momentos en tu mente y poder revivirlos más tarde, como hago ahora.

 

Ya digo que la ciudad, no es lo que fue, pero la disfrutamos mucho, más con los sentidos que con la vista. Nos gusto mucho el zoco chico, los cafés y el deambular por los callejones de la medina, los edificios destartalados tenían ese algo decadente, nostálgico que te describe la novela. Si te fijas bien, descubres los nombres en español de viejos comercios; de cines ya cerrados, mientras te tomas un café con leche o un té moruno en alguno de los bares de la calle

 

La zona del zoco grande y la plaza del 9 de abril con la mezquita Sidi Bou Abid con el alminar recubierto de azulejos de múltiples colores o en su lado norte los jardines de la Mendubia.

 

 

La entrada a la Casbah levantada en tiempos del Mulay Ismail, rodeada por murallas y multitud de puertas, entre las que destaca Bab el-Assa, o el museo de la Casbah que no pudimos visitar por estar cerrado.

 

 

Realmente para sentir esta ciudad lo mejor es acomodarse en un café. En ellos, hay que sentarse en alguna silla exterior, con vista a la calle. Mientras ves pasar al personal y oyes la conversación de los parroquianos y cómo no, la llamada a los fieles desde las mezquitas, en esos instantes puedes saborear la atmósfera de la ciudad, su pulso.

 

 

Oficios antiguos se mezclan con tiendas de última tecnología, con mercados destartalados y puestos de comida en la calle, igual venden hierbabuena en manojos sobre burros que una tetera de fina plata. La ciudad no descansa, el ir y venir de sus gentes parece agotador, mientras, tú miras a la sombra, con el té de menta que el camarero acaba de servirte.

 

Mención aparte es la vieja Legación Americana, la primera de las embajadas, 1821. Ubicada en un callejón del Mellah, barrio judío. En su interior muestra una decoración y mobiliario años 50. El precioso patio con fuente que reverbera el sonido del agua dando la sensación de frescor en el bochorno del día. En una de sus habitaciones del patio hay una retrospectiva de genial escritor Paul Bowles (1910-1999). Sonaba música de los años 40.

 

 

Este personaje está unido a la historia de esta ciudad, que sin duda no podríamos pasar por alto, vivió aquí parte de su vida y también se enamoró de la ciudad. Escribió novela, poesía, recopiló música, arte, relatos y cuentos del pueblo marroquí, fue compositor y murió aquí.

 

Tal vez sea más conocido por ser el autor de la novela “El cielo protector” que llevó al cine Bernardo Bertolucci y que interpretaron magistralmente Debra Winger y John Malkovich. Como dice el autor, en ella la acción transcurre en dos planos, el desierto africano exterior y el desierto interior de los protagonistas.

 

La banda sonora compuesta por el japonés Ryuichi Sakamoto (1952) te envuelve de forma suave y si cierras los ojos puedes sentir como te acaricia al atardecer, la brisa caliente del desierto, en lo alto de las dunas, tú solo, la arena infinita y el cielo.

 

 

Uno de los lugares emblemáticos de Tángeres el Hafa Café. El café más conocido de todo Tánger fundado en 1921 y ubicado en escalonadas terrazas sobre un acantilado entre el cabo Espartel y el cabo Malabata. El Café Hafa permite tomarse un té a la menta en un ambiente relajado, escuchar la brisa marina, ver el océano Atlántico, el mar Mediterráneo, Españay Marruecos y disfrutar de un paisaje espléndido

 

Sean Connery o los músicos Mick Jagger, Jimmy Hendrix, Jim Morrisom y esritores como el mítico Paul Bowles, Truman Campote eran asiduos. Es curiosa la canción que Luis Eduardo Aute le compuso.
Antena 3 está preparando una telenovela sobre la obra que se emitirá muy pronto según su pagina weby la autora, María Dueñas, recientemente ha publicado una nueva novela, “Misión Olvido”. Yo la he solicitado en el Círculo de Lectores, ya les contaré que tal. Bueno quería escribirles acerca de otros libros y de alguna película pero va a ser en otra ocasión.

 

Entonces, hasta pronto, ¿no?…le dijo él a ella mientras le retenía con suavidad su mano.

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Pues eso les digo yo a ustedes, hasta pronto, ¿no?…