Abril 2026

La ruta nos llevará por dos regiones de la zona más austral de la Isla Sur de Nueva Zelanda, la Península de Otago y los Catlins, dos regiones contiguas que juntas forman uno de los corredores costeros de naturaleza, paisajes y fauna marina más espectaculares del país.

Durante dos días recorreremos primero la península de Otago, una estrecha lengua de tierra volcánica de unos 20 km de largo que se extiende justo al este de Dunedin, famosa por albergar uno de los ecosistemas costeros con mayor diversidad de fauna del mundo. Para posteriormente continuar hacia los Catlins, una de las zonas más remotas, salvajes y vírgenes del extremo sur de la Isla Sur de Nueva Zelanda, famosa por su costa acantilada, bosques templados húmedos, cascadas y una fauna marina increíblemente diversa que finaliza en la ciudad de Invercargill.

La Península de Otago, el Último Santuario Marino

La península origen volcánico se extiende hacia el este de forma paralela a la costa continental a lo largo de 30 km. Su anchura máxima es de 12 km y está unida al área continental por un istmo, en su extremo suroeste, de poco más de un km de ancho, mirando directamente hacia el Océano Antártico. Aquí coexisten especies en grave peligro de extinción: el albatros real, el pingüino de ojo amarillo, el león marino y el pingüino azul.

La península se puede recorrer fácilmente en un viaje circular de 1,5-2 h, contando con que paramos en varios miradores para disfrutar de unos fantásticos paisajes de postal. Hay dos carreteras principales, la Portobello Road y la Highcliff Road, por tanto, se puede ir por una volver por la otra.

Nosotros habíamos leído que era mejor ir primero por la Highcliff Road que es la carretera del interior y que sube hacia las crestas, la parte alta de la península de Otago. La carretera no tiene quitamiedos en muchos tramos y tiene bastantes subidas y bajadas pero las vistas son espectaculares. Al ir por la cresta vemos por un lado, las aguas tranquilas y protegidas del puerto de Otago y por el otro, el salvaje y abierto Océano Pacífico chocando contra los acantilados y bahías de difícil acceso como Sandfly Bay, Allans Beach o la espectacular entrada a Hooper’s Inlet. Es un contraste fotográfico único entre colinas verdes divididas por muros de piedra al estilo escocés, construidos por los primeros colonos, con vacas y ovejas pastando al borde de abismos que caen al mar.

El regreso lo hicimos por la Portobello Road, la carretera de la costa que te lleva pegado al mar. La vía discurre de forma relajada a nivel del agua a lo largo de las bahías y marismas donde se pueden ver garzas, espátulas reales, ostreros y cormoranes buscando alimento en las orillas a lo largo del margen sur del puerto de Otago. La carretera atraviesa varios pueblecitos como Portobello, Broad Bay o Macandrew Bay donde puedes hacer una parada para descansar y/o almorzar. Mirando hacia el centro de la bahía se distinguen las islas de Quarantine Island y Goat Island. En todo el recorrido destacan las Boathouses, típicas casetas de colores vivos para guardar las barcas, así como, las simpáticas marquesinas decoradas con murales pintados a mano. Finalizamos la ruta en la ciudad de Dunedin.

Dunedin, el Legado Escocés

El centro de la ciudad fue diseñado originalmente para emular el diseño romántico de Edimburgo, influenciado por la fuerte presencia escocesa que se estableció en la ciudad en el s. XIX, ya que Dunedin es el nombre en gaélico escocés para Edimburgo.

Recorrimos la ciudad disfrutando de su imponente arquitectura victoriana y eduardiana, comenzamos nuestro paseo por la icónica Estación de Tren, construida entre 1903-1906, entramos al Toitu Otago Settlers Museum, que alberga dos de los tres huevos de moa completos que existen en el mundo y recorre la historia desde los maoríes hasta la actualidad.

Visitamos la Octagon, la plaza central de la ciudad presidida por la estatua del poeta escocés Robert Burns, la principal iglesia anglicana, la Catedral de St. Paul’s y el edificio del Town Hall. Cerca se levanta la First Church of Otago, una iglesia de estilo gótico-anglosajón de mediados del s. XIX. Continuando hacia la zona de Exchange, el antiguo centro financiero de la ciudad con una mezcla de edificios modernos y otro de finales del s. XIX.

Por último hicimos un recorrido por la Ruta del Arte Callejero de Dunedin, en los antiguos almacenes de lana, grano y suministros del s. XIX reconvertidos hoy en día en galerías, cafeterías y lienzos gigantes para artistas internacionales como Phlegm, ROA o Pixel Pancho. Pasamos por el parque urbano de Queen Garden con la estatua de la Reina Victoria y el cenotafio conmemorativo por los caídos en las GM y por el Jardín Chino, Lan Yuan construido en 2008 para rendir tributo a los primeros inmigrantes chinos durante la fiebre del oro de la década de 1860. Finalizamos nuestro paseo en el pub más antiguo, el del Hotel Provincial, degustando buena cerveza.

Los Catlins, el Confín Salvaje del Sur

Los Catlins representan la cara más salvaje e indómita de Nueva Zelanda: un territorio poco poblado con frondosos bosques templados de cascadas escondidas que desembocan bruscamente en escarpados acantilados frente al Océano, formado un insólito paisaje costero escénico. Nosotros seguimos la famosa Southern Scenic Route o Ruta Escénica del Sur. Esta ruta turística conecta las poblaciones de Dunedin con Invercargill atravesando el corazón de los Catlins a lo largo del litoral sur.

El Faro de Nugget Point

Nuestra primera parada nos lleva al Faro de Nugget Point que se sitúa sobre un promontorio rocoso elevado, al final de una cresta estrecha que se adentra en el Océano Antártico. El nombre de Nugget proviene de los islotes y rocas puntiagudas que emergen del mar justo frente al faro, los cuales recuerdan a pepitas, nuggets de oro.

Se llega a través de un sendero a pie muy accesible de aproximadamente 20 min (ida) desde el aparcamiento principal. El día de nuestra visita hacía bastante viento que dificultaba caminar y tenías que agarrarte fuertemente a las barandillas de protección. El faro fue construido en 1869 e inaugurado en 1870, es uno de los faros más antiguos del país. Mide unos 9,5 m de altura y actualmente funciona de forma totalmente automatizada. Hacia ambos lados se contempla la dramática e indómita costa de The Catlins, marcada por imponentes acantilados verticales, playas vírgenes y el rompiente constante de las olas.

Las rocas que rodean la base del faro son un santuario natural donde habitan colonias de lobos marinos de Nueva Zelanda, elefantes marinos, leones marinos y diversas aves marinas como el cormorán moteado y el pingüino de ojos amarillos. Aunque llevábamos prismáticos, sinceramente, nosotros solo vimos una pequeña colonia de focas.

Las Purakaunui Falls, el Corazón Verde

A unos 30 km dentro de la reserva Purakaunui Falls Scenic Reserve y muy cerca de la bahía de Purakaunui Inlet paramos para ver estas cascadas. Desde el aparcamiento, hay una caminata muy accesible de unos 10 min (ida) a través del bosque nativo hasta un mirador de madera frente a la cascada.

Antes de llegar a la cascada se ha de atravesar un bosque templado húmedo que es un ecosistema lluvioso, verde y tupido característico del sur de Nueva Zelanda, dominado por dos familias de árboles antiguos: las Hayas del sur, árboles altos que forman la bóveda principal del bosque y los Podocarpos nativos, coníferas ancestrales gigantescas que emergen entre la vegetación. El suelo y las laderas del cauce están cubiertos por un denso manto de helechos arborescentes gigantes, musgos vívidos y líquenes.

Las cascadas se forman sobre el curso alto del río Purakaunui, que desciende cortando capas de roca sedimentaria y de origen volcánico antiguo, de la meseta de las colinas de The Catlins antes de llegar al nivel del mar. Destacan por caer en tres niveles o terrazas de roca escalonada sobre el río, rodeadas por el denso bosque nativo, con una caída total de aproximadamente 20 m.

Tahakopa river bay y Florence Hill Lookout

Continuamos por la ruta panorámica, Southern Scenic Route, una carretera que en cada tramo ofrece vistas espectaculares de suaves colinas ondulantes dedicadas a la ganadería, salpicadas de ovejas y áreas agrícolas tradicionales.

Paramos cerca de la desembocadura del río Tahakopa y la bahía que se forma. En su tramo final el río forma un estuario amplio protegido donde se mezcla el agua dulce con la marea del mar, creando un hábitat clave para aves acuáticas nativas. La bahía se caracteriza por una larga y solitaria playa de arena abierta al Pacífico sur, bordeada por un impresionante sistema de dunas costeras.

Unos kilómetros más adelante nueva parada en el Mirador de Florence Hill, que ofrece una vista aérea sobre la bahía de Tautuku Bay, una bahía en forma de herradura con arena fina y dorada bordeada por bosques nativos densos, que termina en la península de Tautuku al fondo.

Curio Bay, el Bosque Petrificado del Jurásico

Nuevamente echamos a andar por la ruta panorámica Southern Scenic Route unos 50 km hasta llegar a la costa. El lugar es conocido por albergar una colonia de pingüinos de ojos amarillos y un bosque petrificado de unos 180 millones de años.

Desde el aparcamiento del Centro de Visitantes Curioscape, se toma la pasarela de madera que sale desde la parte trasera del edificio y desciende suavemente por la ladera hacia la costa. La pasarela se diseñó para elevar a los visitantes por encima del hábitat de los pingüinos de ojos amarillos, Hoiho y evitar que la gente pise sus zonas de anidación. Nosotros no tuvimos suerte de ver ninguno.

El camino está perfectamente acondicionado con carteles informativos que conducen a una plataforma de observación elevada, desde la cual unas escaleras bajan directamente a la repisa rocosa e intermareal donde yacen los fósiles. Durante la marea baja se pueden caminar sobre los troncos y tocones fosilizados tallados por las olas. Los troncos ahora petrificados, procedentes de coníferas antiguas estrechamente relacionadas con el kauri moderno y el pino de Norfolk, fueron enterrados por antiguos flujos de lodo volcánico y reemplazados gradualmente por sílice para producir los fósiles.

El Faro de Waipapa Point

Está situado en un cabo salvaje en el extremo suroeste de la región de The Catlins, famoso por su entorno costero ventoso, sus playas de arena y su rica vida marina. Se llega fácilmente tras un paseo llano de unos 5 min desde el aparcamiento.

Fue construido en 1884 a raíz del trágico naufragio del barco SS Tararua en 1881, donde murieron 131 personas, uno de los peores desastres marítimos de Nueva Zelanda. Es uno de los dos últimos faros de madera que quedan operativos en todo el país. Su torre blanca destaca fuertemente contra el paisaje llano y verdoso.

Es uno de los mejores puntos de la Isla Sur para ver de cerca leones marinos de Nueva Zelanda en su estado natural. Es muy habitual encontrarlos durmiendo directamente en la playa o entre la hierba del sotobosque costero. Por seguridad, se exige mantener una distancia mínima de 10 a 20 m con los leones marinos y evitar cortarles la salida hacia el mar. Como podrán observar algunas personas como mi mujer no se pueden resistir al encanto de los animalitos.

El entorno combina dunas, praderas batidas por fuertes vientos del Océano Antártico y los característicos árboles inclinados por el viento, windswept trees, que recuerdan mucho a las Sabinas del Hierro. La fuerza del viento dobla sus copas hasta tocar casi el suelo, haciendo que las ramas crezcan retorcidas y tumbadas paralelas a la tierra en lugar de hacia arriba.

Invercargill, la Ciudad más Meridional de NZ

Nuestro lugar de descanso fue Invercargill, la población más al sur de Nueva Zelanda y la capital comercial de la región de Southland. Es el punto final occidental de la ruta Southern Scenic Route y de la región de los Catlins.

El centro urbano conserva elegantes edificios históricos victorianos y eduardianos, destacando la enorme torre de agua victoriana de ladrillo rojo, Invercargill Water Tower, icono de la ciudad, el Civic Theatre, ahora el edificio del ayuntamiento o la First Church, la primera iglesia Presbiteriana de Invercargill de 1915.

Luego fuimos a pasear por los Otepuni Gardens, junto con Queens Park son el pulmón verde esencial en su centro. El parque es ideal para dar caminatas suaves, disfrutar de un picnic en el césped o simplemente sentarse a leer. Aquí destaca la Basílica de Santa María, de rito católico.

Nuestra aventura a través de la Isla Sur de Nueva Zelanda continuará ahora en dirección norte hacia Fiordland y Milford Sound, la máxima expresión de la naturaleza salvaje de Nueva Zelanda. Un territorio de proporciones épicas esculpido por glaciares, donde las montañas verticales nacen directamente del mar entre bosques primigenios, niebla constante y miles de cascadas. Así que no te pierdas nuestra próxima entrada.