Agosto 2005
Como el legendario Ulises, Odyseo, nos embarcamos en una ruta marítima por el mar Egeo deseando que Poseidón y Éolo nos fueran favorables para recorrer algunas de las islas que componen el archipiélago de las Cícladas. Pueblos de casas blancas con puertas y ventanas azules, iglesias con cúpulas azules, molinos de viento y puestas de sol espectaculares sobre aguas cristalinas.

El archipiélago cuenta con más de 200 islas e islotes, pero solo unas 24 están habitadas de forma permanente. Su nombre proviene de la palabra griega kyklos, círculo. Los antiguos geógrafos las llamaron así porque forman un círculo sagrado alrededor de la isla de Delos, que en la mitología era el lugar de nacimiento de los dioses Apolo y Ártemis. A lo largo de los siglos, las islas fueron dominadas por romanos, bizantinos, venecianos y otomanos, cada uno dejando su huella. Nuestra ruta comenzó en el puerto de Rafina, en la Grecia Continental donde embarcamos hacia el archipiélago. Visitamos Andros, Mikonos, Paros y Santorini durante 7 días.
La Isla de Andros, la isla verde



Desde el puerto de Rafina se tarda solo 2 h en ferry estándar o 1 h en ferry rápido, llegando al puerto de Gavio. Allí alquilamos un coche por 2 días para recorrer la isla. Andros es la isla más septentrional y la segunda más grande del archipiélago de las Cícladas. A diferencia del paisaje árido habitual de la zona, destaca por su abundante vegetación, manantiales naturales y una fuerte tradición marinera.




Tras desembarcar en el puerto de Gavrio, tomamos la carretera costera hacia el sur hasta Batsi, la villa marinera más pintoresca del oeste. Continúanos la ruta hacia el interior de la isla haciendo una parada en la bahía de Korthi, donde descansamos tomando un aperitivo y los niños mojándose los pies en el agua.







Desde allí, ascendimos por las laderas del monte Gerakones hasta el espectacular Monasterio de Panachrantos, una fortaleza bizantina del s. X encaramada en la roca que alberga las reliquias de San Pantaleón y que ofrece las mejores vistas panorámicas sobre el pueblo de Melidoni y su bahía. Tras la visita, descendimos hacia la costa este por el valle de Dipotamata que desemboca en la salvaje playa Syneti para finalizar la jornada en la elegante Chora, capital de Andros.








La capital, Chora fue construida sobre una península estrecha que se adentra en el mar. Es una mezcla de mansiones neoclásicas, casas cicládicas y torres venecianas. Recorrimos su arteria principal peatonal de grandes lozas mármol, admirando las mansiones neoclásicas de los armadores, hacia la plaza principal, plaza Kairis y la Iglesia Metropolitana de Panagia Theoskepasti y luego continuamos hasta la plaza de la Riva con el monumento al Marinero Desconocido. Al final de la península, un puente de piedra arqueado conecta con un islote donde se encuentran las ruinas de un castillo veneciano, Mesa Kastro, junto al icónico faro Tourlitis.



Después del paseo los niños se dieron un baño en la playa de arena dorada de Paraporti a los pies de Chora. Luego tomamos el coche y nos fuimos en dirección a Gavrio donde teníamos que entregar el coche y coger el ferry a nuestro próximo destino pero antes paramos en varias playas, la playa principal del pueblo de Batsi y en la playa de Angios Petros, algo más salvajes, antes de llegar a nuestro destino.
La Isla de Mikonos, Molinos, Viento y el Azul del Egeo

Miconos o Mykonos es el gran icono del archipiélago de las Cícladas: un lienzo donde contrastan la calma de la arquitectura tradicional griega y la sofisticación de un destino cosmopolita de renombre mundial.
Desembarcamos en el Puerto Nuevo o Tourlos pasadas las 21:00 h sin reserva de hotel, sin embargo a pie de muelle hay muchas personas que ofrecen alojamientos a los turistas. Al día siguiente visitamos el centro de la capital, Chora, que destaca por el intenso contraste entre el blanco encalado de sus casas cúbicas, el azul cobalto de las cúpulas de sus iglesias y los tonos vivos de las maderas de balcones y puertas, todo bajo una luz mediterránea impecable. Paseamos por sus calles comerciales llenas de boutiques, restaurantes, flores de buganvilla y las tradicionales casas blancas con puertas de colores. Visitamos la Iglesia de Panagia Paraportiani, la iglesia más emblemática de la isla, famosa por su arquitectura encalada, asimétrica y de formas orgánicas, Little Venice, un pintoresco barrio del s. XVIII con casas de colores construidas directamente sobre la orilla del mar y por supuesto los Molinos de Viento, Kato Mili, situados en una colina con vistas panorámicas al mar y al atardecer.





Al día siguiente alquilamos un coche para visitar las playas más emblemáticas de la isla, Platis Gialos, Paraga, Super Paradise o Kalafatis en la zona sur de la isla, famosas internacionalmente por sus beach clubs, fiestas, ambiente exclusivo y aguas cristalinas. En la zona norte disfrutamos de la playa de Panormos ubicada en una bahía amplia de arena fina y dorada con aguas turquesas, bien equipadas con restaurantes y servicios. No te puedes ir de la isla sin ver sus famosos atardeceres.
Isla de Paros, la isla del Mármol

Paros, se encuentra en el centro de las Cícladas y es la tercera isla más grande del archipiélago. Según una leyenda la isla debe su nombre a Paros, líder de los arcadios, vinculado a la región de Arcadia en el Peloponeso que se asentaron en la isla en el s. IX a. C. Pero si por algo es conocida es por su excelente mármol blanco, conocido desde la antigüedad como el mejor de Grecia. De hecho esculturas como la Venus de Milo, la Victoria Alada de Samotracia, o monumentos como el Templo de Apolo en Delfos o la tejas del Partenón de Atenas están realizadas con el mármol de la isla.
Comenzando nuestro visita por su capital, Parikia o Chora, paseando por el puerto y por su Casco Antiguo, un laberinto de calzadas empedradas, arcos de piedra, fachadas encaladas y balcones cubiertos de buganvillas, repletos de pequeñas boutiques, talleres de artesanía y cafés. Hicimos una parada en la iglesia Panagia Ekatontapiliani o la de las 100 Puertas, fundada en el s. IV por Santa Elena. En la parte más alta del casco antiguo se levanta el Castillo Veneciano o Kastro, construido en el s. XIII. Al caer la noche paseamos por las callejuelas empedradas de muros encalados que se iluminan con faroles de luz cálida, proyectando sombras sobre los arcos de piedra, las flores de buganvilla y los detalles de azul tradicional fue una experiencia mágica y vibrante.



En esta oportunidad no pudimos encontrar ningún coche de alquiler y tuvimos que usar el taxi y la guagua para movernos por la isla. Comenzamos explorando el encanto marinero de Naoussa, con sus icónicas callejuelas encaladas y su pintoresco puerto veneciano, para luego poner rumbo este hacia la cristalina playa de Santa María, ideal para sumergirse en sus aguas turquesas y relajarse junto al mar. Siguiendo la línea costera hacia el sur, la ruta alcanza la mítica Golden Beach o Chryssi Akti, y por último hicimos una parada en Punda Beach, famosa por sus vibrantes chiringuitos y su ambiente joven a pie de playa.
La Isla de Santorini, donde el Fuego Volcánico se Abraza con el Mar


Desde la cubierta del ferry Blue Star, que en unas 3 h nos dejó en el puerto de Athinios, presenciamos la imponente entrada a la majestuosa caldera. Un colosal muro de acantilados volcánicos oscuros de más de 300 m de altura que surge directamente del agua, coronado en la cumbre por una fina franja de casas blancas de los pueblos de Fira e Imerovigli que parecen nieve sobre la roca. Abajo, en el diminuto puerto, impresiona contemplar la zigzagueante carretera esculpida en la ladera por la que ascienden los vehículos para conquistar la cima de la isla.
Si espectacular fue la entrada, las vistas desde lo alto de acantilado desde la capital Fira te dejan sin respiración. La panorámica de la Caldera volcánica de la enorme depresión marina circular de varios kilómetros de ancho, formada tras la gran erupción volcánica, rodeada por acantilados de más de 300 metros de altura que muestran capas de tonos oscuros, rojizos y ocres. Justo en el centro del abismo azul destacan las islas oscuras de Nea Kameni y Palea Kameni, de roca volcánica negra casi desértica, donde aún se aprecia la actividad térmica del volcán. Hacia el horizonte se divisa la isla vecina de Thirasia cerrando la caldera por el oeste y, a lo lejos hacia el norte, el extremo punteado de casas blancas del pueblo de Oia.
Los pueblos de Fira y Oia, encaramados en el Acantilado

Alquilamos en coche en el puerto y buscamos alojamiento en la capital Fira o Thira. El día lo dedicamos a visitar la capital que se recorre fácilmente a pie en medio día. Lo más destacable son sin duda sus miradores, ya que al estar suspendida a más de 300 m sobre el mar, te regala vistas constantes hacia las islas volcánicas de Nea y Palea Kamen. Paseamos por el laberinto de callejuelas peatonales repletas de boutiques, joyerías y talleres de arte, visitando la Catedral Ortodoxa Metropolitana y la Catedral Católica. Dejamos para otro día descender al Puerto Viejo a bordo del pintoresco teleférico o los 588 escalones dela escalera Karavolades.

Continuamos ahora hacia el siguiente pueblo encaramado sobre el acantilado, Oia, famoso por sus casas encaladas y sus callejones de mármol suspendidos sobre la caldera volcánica. Nos hicimos muchas fotos en las icónicas tres cúpulas azules de las iglesias de Agios Spiridonas y Anastasi, subimos a las ruinas del Castillo de Oia, el lugar ideal para contemplar el atardecer, dimos un paseo por la elegante calle peatonal Nikolaou Nomikou hasta la plaza principal de Oia, dominada por la imponente iglesia blanca de cúpula azul Panagia Platsanii, una iglesia ortodoxa griega con seis campanas. Vimos desde arriba el Puerto de Ammoudi, un encantador rincón a pie de mar ideal para disfrutar de pescado fresco en sus tradicionales tabernas.
Pyrgos y el Monasterio del Profeta Elias

En el segundo día nos dirigimos a Pyrgos situado en el centro interior de la isla de Santorini, a unos 8 km al sur de Fira, justo a los pies del monte Profitis Ilias, el punto más alto de la isla.





Pyrgos, es el pueblo medieval mejor conservado de Santorini, destaca por su Castillo Veneciano en la cima de la colina, desde donde se obtienen impresionantes vistas de 360 grados de toda la isla y del mar Egeo. Al recorrer su laberinto de callejuelas encaladas destacan las históricas iglesias de Eisodion tis Theotokou y Theotokaki.

Nuestra siguiente parada fue en el Monasterio del Profeta Elías, ubicado en el punto más alto de la isla, a unos 567 m sobre el nivel del mar, en la cima del monte Profitis Ilias. Fue construido en el año 1711 por dos monjes nativos de la zona. Durante los s. XVIII y XIX desempeñó un papel crucial para la comunidad local, funcionando incluso como una escuela secreta para preservar el idioma y la cultura griega durante el dominio otomano.
El yacimiento arqueológico Akrotiri

Continuamos nuestra visita a la isla en dirección sur, a unos 15 kilómetros de Fira, para llegar a Akrotiri es un importante yacimiento arqueológico de la Edad del Bronce, frecuentemente llamado la Pompeya del Egeo, famoso por conservar intactos los restos de una próspera ciudad minoica que quedó sepultada bajo las cenizas de una erupción volcánica en el s. XVI a.C.
La visita consiste en recorrer por pasarelas instaladas sobre las calles originales de la ciudad minoica, pudiendo ver desde villas o casas de lujo hasta edificios de varios pisos, en las que el piso inferior servía como sala de almacén o taller, algunas habitaciones están decoradas con magníficas pinturas murales, hay plazas, avanzados sistemas de alcantarillado y vasijas ceremoniales intactas, todo bajo un moderno complejo techado.
Excursión al Volcán y a las Aguas Termales

El último día lo dedicamos a una excursión en barco por la caldera inundada, hasta las islas volcánicas de Nea Kameni y a las aguas termales de Palea Kameni.
El barco parte del puerto viejo de Fira, Gialos, para ello usamos el teleférico en lugar de bajar los 588 escalones. Navegamos por la Caldera hasta el muelle en la isla de Nea Kameni. Allí se lleva a cabo un ascenso a pie, unos 45 min, entre paisajes lunares de roca negra y azufre hasta alcanzar el borde del cráter activo, donde se puede ver perfectamente como burbujea el azufre en la fumarolas y el olor a sulfuro de hidrógeno (huevos podridos), lo inunda todo. En lo alto del cráter también se tienen unas vistas panorámicas imponentes de la gran bahía marina rodeada por los acantilados de Santorini, donde destacan las fachadas blancas de los pueblos de Fira, Imerovigli y Oia, encaramadas en lo alto, así como una vista privilegiada de la vecina Palea Kameni, de la isla de Thirasia justo enfrente y del horizonte abierto del mar Egeo.




La siguiente parada es en la isla de Palea Kameni, aquí el barco no atraca sino que fondea y tienes que saltar al mar y nadar unos 30 m hasta la cala donde se encuentran las aguas termales. Enseguida se nota el contraste de temperatura a medida que te acercas, se alcanzan los 35 ºC., además el agua de color azul turquesa se torna a un verde/marrón arcilloso cargado de azufre, hierro y minerales. En el fondo hay barro volcánico arcilloso con el que mucha gente suele embadurnarse la piel.
Las escaleras Karavolades y la subida en burro

El paseo tradicional en burro o mula sube por la icónica Karavolades, una serpenteante escalera empedrada de 588 escalones que salva el desnivel de casi 300 m entre el mar y la cima del acantilado. Hoy en día se sigue realizando la subida con extremas medidas de protección animal por parte de las autoridades griegas.




Tras desembarcar en el Puerto Viejo, los arrieros te asignan un animal en la estación base y te ayudan a subir sobre una montura tradicional de madera o cuero. El burro inicia un ascenso a paso constante formando una comitiva o en pequeños grupos. El recorrido zigzaguea por 68 curvas pronunciadas pegadas al acantilado, ofreciendo vistas espectaculares de la caldera a medida que ganas altura. El viaje dura unos 20 a 30 min. La experiencia suele ser bastante emocionante y divertida, ya que los animales caminan muy cerca del borde del muro y los escalones son de piedra pulida y algo resbaladiza. El paseo termina en la parte baja de Fira, muy cerca del mirador principal y de la estación superior del teleférico.



Hasta aquí nuestro periplo por las islas Cícladas. Nos trasladamos hasta el puerto de Athinios donde tomamos un ferry convencional de la compañía Blue Star Ferries que tardó unas 9 h en llegar al puerto del Pireo y de allí una guagua hasta el aeropuerto Internacional de Atenas, Eleftherios Venizelos para regresar a casa. Con muchos recuerdos en la mochila, atardeceres de película, gastronomía inolvidable, sol, mar, en resumen, un viaje a la altura de Odyseo.























































22/08/2026 at 17:29
Cómo ha pasado el tiempo! Qué pequeños los niños! Cuántos bellos recuerdos! 💞
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23/08/2026 at 11:08
Qué maravilla de viaje! Qué recuerdos de Mykonos y Santorini! Las islas griegas son un paraíso al que hay que volver. Genaro
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23/08/2026 at 19:57
Muchas gracias! Precioso reportaje!
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