Marzo 2026

El Outback es el nombre coloquial que se le da al vasto, remoto y semiárido interior de Australia. Es el corazón salvaje del país. La propia palabra significa literalmente el patio trasero o lo que está allá atrás, haciendo referencia a todo lo que queda lejos de las zonas costeras donde vive la gran mayoría de la población australiana.

El Outback es gigantesco y ocupa más del 70% del continente australiano. Abarca casi todo el centro del país y se extiende por el Territorio del Norte, Australia Occidental, Australia Meridional, el norte de Nueva Gales del Sur y el interior de Queensland. Allí solo vive menos del 5% de la población total del país. Las distancias son tan brutales que entre un pueblo y el siguiente puede haber perfectamente 500 km de carretera recta sin una sola gasolinera.

El Outback es mayoritariamente árido o semiárido. La temperatura media a finales de marzo rondó los 35 ºC, con cielos muy soleados y un ambiente seco. Sin embargo en verano, de diciembre a febrero, se alcanzan temperaturas de más de 45 °C a la sombra y en el invierno, las noches pueden ser extremadamente frías, bajando de los 0 °C, incluso vimos letreros en la carretera que te avisan de inundaciones por las lluvias torrenciales.

Entonces por qué visitar este desierto de arena. Pues porque disfrutarás de un paisaje gigante de llanuras de tierra roja, matorrales, cadenas montañosas rocosas, cañones y cielos nocturnos tan limpios que permiten ver la Vía Láctea con una claridad irreal. Además de la importancia espiritual y cultural inmensa para las comunidades aborígenes australianas, quienes han vivido allí durante decenas de miles de años. Pero la razón más importante es poder visitar y conocer el corazón y el símbolo definitivo del Outback, Uluru, también conocido históricamente como Ayers Rock. El gigantesco monolito de arenisca roja que se alza de forma imponente en mitad de la llanura desértica. La vista desde el avión impresiona.

Volamos desde el aeropuerto internacional Kingsford Smith de Sidney, con Jetstar airways, unas 2 h, hasta el pequeño aeropuerto de Ayers Rock. Aunque estuvimos tentados de hacer la ruta en coche: desde Darwin en el norte de Australia, a través de la mítica autopista Stuart Highway, que te lleva en línea recta durante 4 días a través del Outback más salvaje. Decidimos que era demasiada aventura y no teníamos tiempo, debido a la cancelación de nuestro vuelo por la guerra de EEUU contra Irán.

Habíamos alquilado un coche con Hertz, para los tres días y/o dos noches que nos alojamos en la zona de Ayers Rock Resort, un área de hospedaje que está ubicada dentro de un pequeño pueblo turístico y de servicios llamado Yulara, el cual fue construido expresamente fuera de los límites del Uluru-Kata Tjuta National Park para proteger el entorno sagrado de Uluru, que se encuentra a unos 20 km de distancia. El pase ($38 AUD2026) que da entrada al parque durante tres días, se puede adquirir en las taquillas de acceso al parque o hacerlo on line. Te llegará un código QR al móvil. Para entrar en el parque lo pasas por las cabinas de control automáticas del parque, en el carril de acceso rápido, sin bajarte del coche.

Aunque lo habíamos leído e íbamos preparados nos sorprendió bastante la cantidad de moscas que se nos posaban y revoleaban alrededor de los ojos, boca y orejas buscando las zonas húmedas de nuestro cuerpo, incluso dentro del propio aeropuerto. Son las moscas del arbusto australiano, bush flies, que llegan a ser desquiciantes. Hay un término que los australianos han acuñado, el Saludo de Bush, que es el gesto cómico y automático que hace todo el mundo agitando la mano continuamente de un lado a otro frente a la cara para espantarlas. Así que hicimos uso de la red mosquitera para la cabeza un invento súper efectivo. Aunque nosotros la traíamos se puede comprar casi en cualquier sitio, aeropuerto, supermercado, alojamiento, museos, etc. También llevábamos un repelente australiano, de alta resistencia que contienen DEET o Picaridina, pero al poco rato las moscas vuelven al ataque.

Kata Tjuta, las Olgas

Nuestra primera visita nada más bajar del avión y recoger el coche fue ir directamente a las taquillas automáticas del parque y poner rumbo a Kata Tjuta a unos 45 min del aeropuerto. Su nombre significa literalmente muchas cabezas, en el idioma del pueblo aborigen Anangu, los dueños tradicionales de la tierra. Realmente el nombre es una descripción perfecta de su paisaje, ya que el complejo está formado por 36 majestuosas cúpulas de piedra rojiza agrupadas, que sobresalen de forma imponente en mitad de la llanura desértica. La cúpula más alta de Kata Tjuta es el Monte Olga que alcanza los 546 m de altura.

También son conocidas por el nombre de las Olgas. El nombre le fue otorgado por el explorador británico Ernest Giles, quien en el año 1872 se convirtió en el primer hombre no aborigen en avistar estas espectaculares formaciones rocosas. Decidió nombrar a la cúpula más alta de las 36 como Monte Olga en agradecimiento a su mecenas que había sido nombrado barón por la reina Olga de Wurtemberg.

El conjunto montañoso está formado por un tipo de roca llamado conglomerado. Es una mezcla de grava, guijarros y piedras grandes de granito y basalto unidas por una matriz de arena arenisca. Comenzaron a formarse hace unos 550 millones de años, compartiendo el mismo proceso tectónico de erosión. La experiencia consiste en adentrarte y caminar entre los gigantescos cañones que forman las cúpulas. Hay dos rutas principales:

Walpa Gorge

Esta caminata parte del parking y es corta y accesible, de 2,6 km ida y vuelta, con una duración aproximadamente de 1 h. El sendero sigue un pequeño arroyo natural que te introduce en un cañón estrecho y espectacular entre dos de las cúpulas más colosales.

El nombre en el idioma del pueblo aborigen Anangu, se puede traducir como el Desfiladero del Viento y desde luego no es una casualidad; ya que debido a la forma de embudo que tienen las dos formaciones rocosas colosales que forman el desfiladero, el viento se canaliza y se acelera al pasar por el medio.

El sendero está muy bien señalizado y discurre sobre una mezcla de tierra, grava y, en algunos tramos, pasarelas de madera diseñadas para proteger el suelo de la erosión. El camino va ascendiendo de manera muy suave y gradual a medida que te internas en el cañón. Lo más impresionante del paseo es levantar la vista y ver cómo te rodean dos muros de roca roja gigantescos.

Atravesamos un pequeño bosque denso de arbustos de menta de Spearwood y arbustos de Eremophila, conocidos como fuchsia bush. El sendero termina abruptamente en una plataforma de madera que funciona como mirador dentro del desfiladero. Desde este punto, la vista hacia el interior del cañón, donde las paredes casi parecen tocarse, es espectacular.

Valley of the Winds

Esta otra ruta, el Valle de los Vientos es un treking de senderismo exigente de 7,4 km, unas 3 o 4 h que te lleva al corazón de las cúpulas. Tiene varios miradores con vistas espectaculares, rodeado de paredes de roca roja verticales. Por seguridad, los guardaparques cierran este sendero a las 11:00 am si la previsión de temperatura para el día supera los 36 °C. Nosotros no hicimos la ruta completa solo llegamos al primer mirador, Karu Lookout, a unos 2,2 km ida y vuelta.

Su nombre hace honor a la geografía del lugar. A medida que caminas y dejas atrás las llanuras abiertas para meterte entre los desfiladeros, entras en una red de valles estrechos. Las cúpulas de piedra actúan como chimeneas naturales, creando corrientes de aire constantes.

El Karu Lookout es la primera parada y el punto hasta donde llega la mayoría de la gente que no quiere hacer el circuito largo. Ofrece una vista fantástica del inicio del valle entre las primeras cúpulas. Caminamos entre bosques de Mulga, un tipo de acacia típica del Outback de madera densa y del Spinifex, una planta perenne y punzante que cubre el suelo del desierto. Para ver animales, los canguros o wallaby, hay que madrugar y no te lo garantizan, en cambio vimos varios tipos de aves; halcones y pájaros. Pero sobre todo las omnipresentes y dichosas moscas.

Las Dunas de Kata

Realmente es una plataforma-mirador construida sobre una duna de arena roja natural que ofrece una panorámica de 360 grados del desierto del Outback, diseñada específicamente para contemplar la inmensidad del paisaje.

La duna está situada a un lado de la carretera principal que va hacia Kata Tjuta. Desde el parking, solo hay que dar un paseo muy corto y llano de apenas unos minutos a través de una pasarela de madera que te lleva directo a la plataforma sombreada en lo alto de la duna. Predomina un paisaje desértico dominado por densos mantos de pasto Spinifex intercalados con majestuosos robles del desierto de troncos finos. Tras las escasas lluvias, este suelo árido se transforma temporalmente, al florecer, en una vibrante variedad de arbustos autóctonos como las acacias Mulga y coloridas flores silvestres.

En lo alto de la Duna han dispuesto una plataforma y justo enfrente tienes una vista frontal impresionante de las 36 cúpulas de Kata Tjuta, apreciando perfectamente el valle y la silueta de las muchas cabezas. Si te giras y miras hacia el horizonte lejano en la dirección opuesta, puedes ver la silueta icónica de Uluru a lo lejos.

Uluru, el corazón del Outback

También conocido por los colonos occidentales como Ayers Rock, es el icono natural más famoso de Australia y uno de los monumentos geológicos más impresionantes del planeta. Este majestuoso monolito, que se eleva abruptamente del desierto circundante, ha sido durante milenios sagrado para las comunidades indígenas, que lo consideran un lugar de gran importancia cultural y espiritual. Visitar Uluru es un sueño para muchos viajeros y cumplido para nosotros, ya que es una de las imágenes más repetida en las fotos de revistas de viajes y documentales de National Geographic que captura la esencia de su espectacular belleza, de lugar inalcanzable, remoto y salvaje.

Se eleva 348 metros sobre la llanura desértica que lo rodea, es más alto que la Torre Eiffel de París o el edificio Chrysler de Nueva York. Lo más fascinante es que, al igual que un iceberg, la mayor parte de la roca está bajo tierra. Se calcula que el monolito se extiende hacia el subsuelo a lo largo de unos 6 km y su perímetro si quieres rodearlo tendrás que caminar unos 9,4 kilómetros.

Para los Anangu, Uluru no es una roca muerta; es un ser vivo. Es el escenario del Tjukurpa, el Tiempo del Sueño, la mitología que explica la creación del mundo. Cada grieta, cueva, textura y marca en la superficie de Uluru fue causada por las acciones de sus ancestros espirituales durante la creación. La palabra Uluru no tiene una traducción literal en el idioma actual, pero es un nombre propio sagrado que define a la roca y a la región que la rodea. Por ley aborigen, hay ciertas cuevas o zonas de la roca señalizadas como Sitios Sagrados donde está estrictamente prohibido hacer fotos o vídeos.

En octubre de 2019, el parque prohibió permanentemente la escalada por dos razones: por respeto al pueblo Anangu, para quienes violar la cima es un sacrilegio y por seguridad, porque decenas de personas murieron allí debido a caídas y paros cardíacos por el esfuerzo. Como ya no se puede subir, la experiencia actual consiste en caminar por su base. Hay varias rutas perfectamente señalizadas, llanas y accesibles:

La Mala Walk, la ruta cultural

La ruta Mala Walk cubre una distancia de 2 km (ida y vuelta) por un sendero llano que discurre concentrado en la cara noroeste de la roca. El trayecto se puede realizar en 1 h aproximadamente. Los guardaparques suelen ofrecer este tour de forma guiada y gratuita todas las mañanas a eso de las 8:00 am. Va desde el parking principal hasta la garganta de Kantju Gorge. Es una ruta muy especial porque cuenta la historia del pueblo Mala, de sus ancestros, los ualabíes, los hombres-canguro y del perro demonio, Kurpany. Pasarás por cuevas donde los aborígenes vivían, cocinaban y enseñaban a los jóvenes.

Al poco de empezar a caminar, te encontrarás con el antiguo sendero que ascendía a lo alto de la cima aunque hoy en día permanece cerrado.

Continuando el sendero plano de tierra roja, se llega a una serie de oquedades donde destacan grandes formaciones rocosas caídas en la base que funcionaban como las estancias de una casa moderna. Aquí se encuentra la Cueva de las Mujeres o Mala Puta, era el refugio y espacio sagrado exclusivo para las mujeres Aṉangu y los niños pequeños. Era donde se realizaban sus ceremonias, preparaban medicina y transmitían los conocimientos femeninos del Tjukurpa. Al ser un lugar muy íntimo y sagrado, no se permite la visita al interior. Nuevamente en el camino atravesamos un bosquecillo llano de arbustos bajos y pequeñas acacias que crecen a la sombra que proyecta la gran pared de Uluru durante la mayor parte del día, y al agua que cae de la roca cuando llueve y se acumula en la tierra de la base.

Llegamos a la primera cueva que podemos visitar es la llamada Cueva Cocina o Kulpi Minymaku. Es una gran pared cóncava donde las mujeres y los niños se reunían. Si miras el techo de la cueva, verás que está completamente negro debido al hollín de las fogatas que se encendieron allí durante siglos para cocinar las semillas, especialmente el kampurarpa (el tomate del desierto) y las semillas de acacia y la carne que traían de la caza.

Usaban piedras planas llamadas tjunku para moler las semillas de las plantas del desierto y formar una harina roja rica en nutrientes. Con ella elaboraban una especie de pan o torta densa, nyuma que cocinaban sobre las brasas del fuego.

Una pasarela elevada nos lleva hasta la cueva sagrada, la Cueva de Enseñanza de los Niños o Kulpi Nyiinkaku. Lo que vemos es una gran hendidura alargada en la base de Uluru. Su significado, según el Tjukurpa, el pilar fundamental de la vida, la cultura y la filosofía del pueblo Anangu. Fue aquí donde los ancestros Mala excavaron la tierra para refugiarse al llegar a Uluru. Históricamente, este lugar era donde los ancianos de la tribu traían a los niños varones jóvenes para iniciar su educación, enseñarles las leyes del desierto y cómo convertirse en rastreadores y cazadores.

Frente a la bóveda de la cueva en el techo y en la pared vemos paneles con pinturas rupestres tradicionales pintadas con ocre rojo, amarillo, carbón y arcilla blanca. No son meros dibujos decorativos; son mapas y herramientas de enseñanza. Verás símbolos en forma de «U» (que representan a personas sentadas), círculos concéntricos (que representan pozas de agua o campamentos) y huellas de animales. Los ancianos pintaban estas formas para enseñar a las nuevas generaciones dónde encontrar agua y comida en el Outback.

Muy cerca se encuentra la Cueva de los Ancianos o Kuḻpi Waṯiku, es un refugio rocoso más profundo y protegido. Aquí los ancianos se reunían a debatir, planificar la cacería de animales grandes y realizar ceremonias o transmitir las leyes más profundas del Tjukurpa, de tradición oral.

Preparaban los atuendos, pinturas corporales y objetos sagrados necesarios para las ceremonias religiosas o Inma. Era un espacio cerrado a las mujeres y a los niños no iniciados para preservar la privacidad de estos rituales. Todavía se pueden observar zonas con textura arrugada y erosionada como pequeñas repisas naturales que los ancianos usaban como estantes donde guardar sus herramientas de cacería y pertenencias ceremoniales.

La última cueva es la Cueva de los Ancianos o Tjilpi Pampa Kulpi, un gran abrigo rocoso cóncavo y protegido. Si miras hacia la bóveda de la cueva, verás claramente que la piedra roja pasa a un tono negro o grisáceo muy oscuro. Es el hollín acumulado o puli wari tras milenios de pequeñas fogatas que los ancianos encendían en el suelo para mantenerse calientes durante las heladas noches del invierno en el desierto central

A mitad de la ruta, el sendero se abre y te permite ver la imponente pared vertical de Uluru. Los Anangu te invitarán a mirar las cicatrices físicas de la piedra, grietas, agujeros y desprendimientos. Para ellos, esas marcas no son fruto de la erosión del viento, sino las huellas reales de la historia de la creación: representan la huella de los dientes y las heridas de la batalla real en la que el terrible perro demonio Kurpany, enviado por una tribu enemiga atacó y persiguió a los hombres Mala en este mismo lugar. Hay zonas donde no se permite fotografiar por ser muy sagradas.

El sendero finaliza de forma espectacular al adentrarse en una zona boscosa que termina en una profunda garganta vertical donde las paredes de Uluru te rodean casi por completo. Hemos llegado a nuestro punto final, la Kaṉtju Gorge.

Al final del desfiladero hay una poza de agua o Kapi Kaṉtju que, aunque a veces se reduce en la época seca, suele mantener agua. Es un lugar de un silencio sepulcral, donde la temperatura baja varios grados de golpe gracias a la sombra eterna de las rocas. Este es el punto exacto donde se forma una cascada vertical de más de 300 m de altura que vierte el agua directamente en la poza en la época húmeda o después de una tormenta.

Centro Cultural de Uluṟu-Kata Tjuṯa

A 5 minutos en coche desde el parking de Mala Walk encontramos este complejo que funciona como museo y centro de interpretación principal de todo el parque nacional. Está construido en adobe con la arquitectura orgánica de los Aṉangu y alberga varios espacios de exposiciones interactivas con vídeos, paneles e historias explicadas directamente por los ancianos. También dispone de galerías donde se exponen tallas de madera tradicionales, punu y pinturas de puntos sobre lienzo. Además hay un taller donde puedes ver en vivo a las mujeres locales pintando y creando sus obras. No se pueden hacer fotos en el interior del complejo.

Kuniya Walk y Mutitjulu Waterhole

El Kuniya Walk se encuentra en la vertiente sur en la base de Uluru y es la ruta más corta y accesible, cubre una distancia de apenas 1 km (ida y vuelta).

A lo largo del camino los paneles informativos señalan marcas físicas en las paredes de arenisca que los Aṉangu interpretan como las cicatrices dejadas por una de las batallas más dramáticas del Tjukurpa: Cuenta la tradición oral que Kuniya, la mujer pitón descubrió que su sobrino había sido herido de muerte por Liru, la serpiente de veneno mortal. Furiosa, Kuniya se desplazó hasta la base de Uluṟu para vengar a su sobrino. En la pared de roca, los Aṉangu señalan un profundo corte vertical que representa el tremendo golpe que Kuniya propinó a Liru con su bastón de excavar, wana.

Otro de los alicientes de la caminata está en las cuevas o en este caso Kulpis, sino grandes abrigos rocosos. El más importante es el Kuḻpi Mutitjulu, un campamento familiar y punto de reunión para los ancianos y niños mientras compartían alimento o se resguardaban del calor. Además alberga pinturas rupestres, una serie de capas superpuestas de dibujos geométricos, círculos concéntricos y huellas de animales pintadas a lo largo de generaciones para enseñar a los niños las rutas de supervivencia en el desierto. Había otra cueva la Tjintir-tjintirpa Kuḻpi o Cueva del Pájaro Abanico, donde se representa este tipo de ave pero en el momento de nuestra visita estaba cerrada al público.

La ruta finaliza en otra de las pocas pozas de agua permanente en la base de Uluru, la Mutitjulu Waterhole. Es un rincón sombreado, muy fresco, lleno de vegetación. Este rincón está rodeado de higueras silvestres, Ili, árboles Muṯi, juncos y aves. En la pared de arenisca que rodea la poza podemos ver también espacios en la roca que eran lugar utilizado por las mujeres de la tribu para preparar comida y cuidar a los niños a escasos metros del agua vital.

El Atardecer o Amanecer en Ururu

Es algo que no te puedes perder en Uluru. No es simplemente contemplar un cambio de luz; es presenciar una transformación casi mística de la materia donde la roca parece cobrar vida. El silencio es absoluto y la expectación máxima. En el atardecer Uluru alcanza un estado en el que parece arder desde el interior. Pasa de un naranja intenso a un rojo carmesí y neón brillante. En el instante en que el sol cae definitivamente por debajo del horizonte, la roca sufre un cambio drástico: la luz intensa se apaga en cuestión de segundos y la piedra adopta un color violeta terroso o magenta profundo.