Marzo 2026

Se cumple otro de los sueños que muchos amantes de los viajes tenemos. Un viaje a las antípodas del Mundo, a Oceanía, aunque es el continente más pequeño del planeta, también uno de los más singulares debido a su carácter insular y su biodiversidad. Está situado mayoritariamente en el hemisferio sur, entre el Océano Índico al oeste y el Océano Pacífico al este y norte. En este viaje solo visitaríamos la zona de Australasia que combina Australia y Nueva Zelanda y dejaremos para otro viaje soñado las otras las partes en las que se divide Oceanía; la Melanesia con islas como Papúa Nueva Guinea y Fiyi, la Micronesia (con pequeñas islas como las Marshall o Palaos y la Polinesia con un triangulo que va desde Hawái hasta la Isla de Pascua.

La guerra de EEUU contra Irán provocó el cierre del espacio aéreo de los países del Golfo Pérsico, entre los que se encuentra Emiratos Árabes, donde teníamos nuestra escala técnica en Dubai con la aerolínea Emirates. Esto supuso que nuestro vuelo programado para el 5 de marzo se retrasase hasta el 20 del mismo mes. Eso provocó que tuviésemos que cancelar alojamientos y vuelos ya contratados con la pérdida económica en algunos casos y el recorte de la estancia en Australia, sacrificando la costa este, con la Golden Coast y la Barrera de Coral como puntos fuertes. Sin embargo disfrutamos enormente con el recorrido por la Great Ocean Road, las ciudades de Melborune o Sidney o el Outback de Uluru, caracterizado por sus paisajes rojos de tierras hostiles con la icónica formación rocosa de arenisca, durante 12 días.

Nuestro recorrido por la Gran Carretera del Océano comenzó en la ciudad de Melbourne, realmente en su Aeropuerto Internacional de Tullamarine, donde alquilamos un coche con Rentalcars, con la cia Europcar, durante 4 días para recorrer los 243 km por la costa sureste de Australia, en el estado de Victoria. Utilizamos la ciudades de Torquay y Apollo Bay como bases para recorrer los puntos más interesantes del recorrido. Estos son nuestros imprescindibles de la ruta:

Torquay, la capital del Surf

Es el punto de inicio de la Gran Carretera del Océano y oficialmente la capital del surf de Australia. Es el lugar donde nacieron dos de las marcas de surf más grandes del mundo: Rip Curl y Quiksilver.

Fue nuestro primer contacto con la vida australiana, gente caminando descalza por la calle, con neoprenos y tablas de surf bajo el brazo. El pueblo tiene un aire muy relajado, laid-back, con muchas cafeterías donde descubriríamos el excelente café y las cervecerías artesanales como Blackman’s Brewery. Aquí encontrarás el Museo Nacional del Surf, donde se repasa la historia del deporte, la evolución de las tablas y tiene el Salón de la Fama del Surf australiano. Su paseo marítimo es una franja verde de césped con pinos costeros que separan la carretera de la playa, con zonas de barbacoa pública muy típicas de Australia. Lo que sorprende es ver a cantidad de gente corriendo, jugando al frisbee, montando en bici, etc…, todo muy deportivo.

La Bells Beach, una playa de leyenda

A solo unos minutos del centro de Torquay se encuentra Bells Beach, famosa por sus acantilados y sus olas potentes. La playa está rodeada por altos acantilados de color ocre.

Se accede a ella bajando por un sinfín de escalones de madera y verás a los surfistas subir y bajar de forma incesante. Es la sede del Rip Curl Pro, la competición de surf más antigua y prestigiosa de Australia, se celebra cada Semana Santa. Los turistas y fotógrafos profesionales se sitúan en pasarelas de madera sobre el acantilado para ver las evoluciones de los surfistas. Como dato curioso también es un lugar famoso por salir en la película, Le llamaban Bodhi, protagonizada por Patrick Swayze y Keanu Reeves con el mundo del surf de telón de fondo.

Anglesea, canguros jugando al golf

La carretera nos lleva a la siguiente población después de Torquay, Anglesea está más enfocada a la naturaleza. El pueblo tiene un río que desemboca en el mar creando una zona de humedales con pasarelas de madera y puentes que conectan varias pequeñas islas. La población tiene la fama de tener un campo de golf por donde deambulan los canguros. Eso sí, la atracción se paga por unos 12 €2026. Nosotros decidimos verlos por nuestra cuenta en otros lugares.

El Faro de Split Point o de la Reina Blanca

Se encuentra en el pueblo de Aireys Inlet, apenas a 10 minutos de Anglesea. El faro es conocido localmente como, The White Queen debido a su color blanco inmaculado, que contrasta con el tapón rojo brillante de su linterna.

Fue construido en el año 1891 para guiar a los barcos a través del peligroso Estrecho de Bass, una zona donde hubo muchísimos naufragios. Su sistema de iluminación es automático y emite una luz que se puede ver a unos 33 km de distancia.

Aparte de la visión del faro hay varios balcones de madera construidos en el acantilado que te ofrecen vistas de 360 grados de la costa. Desde unos de ellos se ve la Eagle Rock, una formación rocosa gigante que sobresale del mar. Es espectacular ver como rompen las olas allí.

El Memorial Arch

Este arco marca el inicio espiritual de la Great Ocean Road. Se encuentra después de pasar el pueblo de Aireys Inlet en Eastern View, un pequeño tramo de costa. El arco se colocó aquí porque, en este punto, es donde comenzaba el tramo de carretera más difícil de construir, donde los acantilados se encuentran directamente con el mar. La carretera se vuelve mucho más estrecha y empieza a serpentear pegada a los acantilados.

En el lateral, hay una escultura de bronce que representa a dos trabajadores. El arco rinde homenaje a los 3.000 soldados que regresaron de la I GM y construyeron la carretera a mano, con picos, palas y dinamita entre los años 1919 y 1932.

El pueblo de Lorne, la entrada a los Otways

Lorne es el destino más chic y vibrante de la ruta. Es el lugar donde los habitantes de Melbourne suelen tener sus casas de verano. Está encajonada entre las colinas verdes del Parque Nacional Great Otway y las aguas azules de la Bahía de Louttit.

La playa principal es larga, de arena fina y bastante protegida de las corrientes más salvajes del océano abierto. Además, frente a la playa hay un enorme parque con césped, barbacoas públicas, camas elásticas para niños y piscinas. Como en la mayoría de estos pueblos costeros abundan las boutiques de moda, las cafeterías con el mejor café y los restaurantes de fish & chips. Otro de los puntos emblemáticos es su muelle o Pier muy popular para ver a la gente pescar o simplemente para caminar. Entre mayo y septiembre, el muelle y los acantilados cercanos son puntos excelentes para intentar avistar ballenas francas australes en su migración.

Hay que tener mucho ojo y no dejar la comida desatendida en las mesas porque el pueblo está lleno de Cacatúas de moño amarillo que son expertas en robar papas fritas o trozos de sándwich en un descuido.

Las Erskines Falls

La cascada tiene una caída impresionante de 30 m sobre un barranco lleno de helechos gigantes y árboles antiguos. Lo que la hace especial no es solo la altura, sino el entorno de selva húmeda que parece sacado de la película Jurassic Park.

La cascada se encuentra a 10 km de Lorne y la carretera se adentra en el Parque Nacional Great Otway, volviéndose bastante estrecha y con curvas, pero estás rodeado de altos eucaliptos y helechos gigantes. Hay dos miradores, el superior está a solo 5 minutos caminando desde el aparcamiento. Es un camino llano y fácil. Desde aquí tienes una vista panorámica de la parte alta de la caída. Al mirador inferior se tiene que bajar unos 230 escalones de piedra y madera.

Teddy’s Lookout

Desde este mirador se obtiene la foto perfecta de la Great Ocean Road. El mirador se encuentra en un promontorio a 113 m del nivel del mar.

Desde las plataformas de madera mirando hacia el sur, tendrás unas vistas espectaculares del estrecho de Bass y de la Great Ocean Road. Verás como la carretera serpentea bordeando los acantilados con el agua rompiendo a sus pies y el río Saint George desembocando en el mar. Es una de las vistas más espectaculares de toda Australia. Se llama así en honor a un pastor de la zona llamado James «Teddy» Brown que usaba este punto como lugar de vigilancia de su ganado que se había extraviado.

Koalas en el río Kennet

Nuestro siguiente destino es un pequeño y tranquilo caserío costero, Kennett River, donde el bosque de los Otways llega literalmente hasta la playa coincidiendo con la desembocadura del río Kennett.

Desde el aparcamiento y la pequeña cafetería, Kafe Koala arranca una vía, la Grey River Road, al principio pavimentada, pero luego se convierte en un camino de tierra batida, flanqueado a ambos lados por un denso bosque de eucaliptos azules altos y helechos gigantes. Ahora solo te queda armarte de paciencia y mirar hacia las copas altas de estos árboles para distinguir a los koalas que se pasan la mayor parte del tiempo durmiendo, acurrucados en las horquillas de las ramas, dicen que duermen unas 20 h al día. Pudimos ver a varios ejemplares perfectamente a través de los prismáticos aunque conseguir imágenes nítidas con los móviles resultó complicado.

Además de los koalas se pueden ver aves exóticas como las ruidosas Cacatúas de moño amarillo, Kookaburras de la familia del martín pescador, pequeños loros de colores increíblemente brillantes, los Loros arcoíris o el King Parrot, un loro grande de un rojo y verde intensos.

Apollo Bay, relax y tranquilidad

Este pueblo marinero con su preciosa playa de arena dorada en forma de media luna y un puerto pesquero muy activo fue nuestro lugar de descanso en la ruta.

Un pueblo tranquilo, algo bohemio, con muchas cafeterías y restaurantes de mariscos y las típicas urbanizaciones donde te llama la atención los cubos de basura ordenados de forma militar. Una gran franja de césped con barbacoas públicas da acceso a la hermosa playa y en un extremo al puerto pesquero.

Maits Rest, el bosque prehistórico oculto en los Otways

Dejamos atrás el pueblo y la carretera se interna hacia el corazón de la montaña en pleno corazón de los Otways y nos rodea un remanente de bosque húmedo templado frío que cubría gran parte de Australia hace millones de años.

Desde el parking un sendero circular y autoguiado de unos 800 m te lleva sobre pasarelas de madera en mitad de un bosque de helechos milenarios y árboles gigantes. La sensación es como entrar en la película de Jurassic Park.

Desde que te internas en el bosque la temperatura desciende varios grados, el aire es increíblemente puro, húmedo y huele a tierra mojada y musgo. El suelo está cubierto por una alfombra de helechos gigantes, Man Ferns que parecen sombrillas verdes. La densidad es tal que la luz llega al suelo de forma filtrada y suave, creando una atmósfera mística.

Otra de las sorpresas del bosque son los Mountain Grey Gums, son árboles colosales de 50 o 60 m de altura, algunos de hasta 300 años de antigüedad. Destacan sus raíces, tan grandes y nudosas que forman cuevas y esculturas naturales en el suelo. Caminamos en silencio solo roto por el grajeo de las aves que te acompañan todo el recorrido es un paseo realmente hermoso.

Los Doce Apóstoles

Seguidamente nos dirigimos hacia, probablemente, uno de los paisajes costeros más impresionantes y una de las imágenes más famosas de toda Australia, los Doce Apóstoles. Se encuentran dentro del Port Campbell National Park, a unos 60 km al oeste de Apollo Bay. Aparcas en un parking inmenso al otro lado de la carretera y cruzas por un túnel peatonal bajo la carretera principal que te lleva a los miradores.

Hay una red de pasarelas de madera y asfalto que recorren el borde del acantilado. La vista más famosa es la que mira hacia el este, donde se ven varias columnas alineadas con el oleaje rompiendo en su base. La imagen que quedará en tu retina son columnas colosales de piedra caliza que se elevan hasta 45 m sobre el nivel del mar. Se formaron hace millones de años por la erosión del viento y el fuerte oleaje del Océano Antártico que han ido desgastando los acantilados, creando cuevas, luego arcos y, finalmente, dejando estas columnas aisladas.

Aunque nunca hubo doce! y solo había nueve antes de cambiar su nombre en la década de los años 20 de Sow and Piglets (la cerda y los lechones), por el actual, The Twelve Apostles, por razones turísticas y comerciales. Actualmente solo quedan ocho en pie, ya que la erosión que los creó también los destruye; el último gran colapso fue en el año 2005.

La Garganta del Lago Ard

A solo 4 km de nuestro anterior punto se encuentra Loch Ard Gorge, perfectamente señalizada y con parking gratuito. Es una bahía estrecha con una entrada de mar flanqueada por dos acantilados colosales que casi se tocan, dejando apenas un pasaje para que entre el agua.

Desde el primer mirador vemos lo que queda del Island Archway, que antes era un arco completo, pero colapsó en el año 2009. Ahora son dos pilares enormes que han sido bautizados como Tom y Eva, en honor a los supervivientes de un naufragio del que hablaremos después.

Continuamos por los senderos rodeados de vegetación hasta llegar a otro de los miradores desde el que se ven cuevas en las paredes de los acantilados con formaciones de estalactitas debido a la filtración del agua. y otra de las formaciones geológicas caprichosas, la Razorback, (el Lomo de Navaja) una roca larga y afilada de piedra caliza que se extiende como un enorme muro paralelo a los acantilados.

Pero al lugar, además del dramatismo geográfico, se le suma la tragedia humana sufrida por el barco llamado Loch Ard, de ahí el nombre del lugar, un clipper de tres mástiles que se hundió el 1 de junio de 1878 al chocar contra Mutton Bird Island, una enorme mole de piedra caliza de 40 m de altura.

De las 54 personas que viajaban a bordo, solo sobrevivieron dos jóvenes de 18 años, Tom Pearce, aprendiz de marinero y Eva Carmichael, una pasajera que no sabía nadar, aferrada a un madero. El oyó sus gritos y aunque ya estaba a salvo en la playa, volvió a zambullirse en el agitado mar para salvarla y llevarla a la playa, a la cual hoy, se puede acceder por una larga escalera que durante nuestra visita estaba cerrada al público. Cerca, en lo alto del acantilado, encontramos un pequeño cementerio donde están enterrados algunos de los pasajeros cuyos cuerpos fueron recuperados.

Port Campbell

El pueblo portuario de Port Campbell es un pequeño refugio encajonado en un valle que da directamente a una cala natural. Básicamente es una calle principal, Lord Street llena de vida, donde hay tiendas de surf, galerías de arte local y cafeterías con terrazas donde descansar un rato antes de continuar la ruta o incluso otra base de alojamiento para explorar la zona con más tranquilidad añadiendo un día más a la ruta. Nos llamó la atención unos pinos altísimos, llamados Pinos de Norfolk, que bordean la costa, muy típicos de los pueblos costeros victorianos, que le dan un aire muy señorial.

El London Bridge

Otra de las paradas más famosas y fotografiadas de la Great Ocean Road. No tanto por su belleza geológica, que también, sino por la historia que subyace. Hasta enero de 1990, esta formación era un impresionante puente natural de piedra caliza con dos arcos perfectos que conectaba directamente con la costa. La gente podía caminar tranquilamente por encima de él para adentrarse en el océano y tomar fotos.

En esa fecha, sin previo aviso, el arco que conectaba la estructura con la tierra firme se derrumbó por completo, cayendo al mar en cuestión de segundos debido a la erosión acumulada. Dejando aislados a dos turistas en la nueva «isla» que se acababa de formar. Tuvieron que esperar varias horas en lo alto de la roca hasta que un helicóptero de la policía llegó para rescatarlos.

The Grotto

A tres minutos de nuestra anterior parada llegamos a la Gruta, el rincón más místico, estético y visualmente sorprendente de toda la Great Ocean Road. Es una parada única que combina tres elementos en un solo lugar: una cueva, un arco natural y una poza marina.

Al salir del parking se camina por un sendero llano sobre el acantilado. Desde los miradores superiores tienes una vista panorámica de un abismo rocoso. Parece simplemente un gran agujero en la costa donde el Océano Antártico ruge abajo. El verdadero tesoro se descubre al bajar por unas escaleras de madera y piedra talladas en el acantilado. A medida que bajas, las paredes de roca te envuelven, el viento disminuye y el sonido del mar se vuelve más profundo. Al final de las escaleras, te encuentras frente a una pared de roca caliza con una abertura en forma de arco perfecto. Detrás del arco, el suelo se hunde formando una poza de agua salada completamente cristalina y quieta.

El pueblo de Peterborough, extremadamente relajado

Peterborough es el último pueblo turístico que te encuentras dentro del Parque Nacional de Port Campbell, justo antes de que la Great Ocean Road se aleje de la costa hacia el interior.

El pueblo se puede describir como el refugio de la tranquilidad. Mantiene un aire residencial, familiar y sumamente relajado. Hicimos un alto en el camino para tomar un tentempié en el icónico Peterborough General Store & Takeaway, que hace las funciones de bar del pueblo, gasolinera, oficina de correo, tienda de comestibles, ferretería, etc…jajaja. Pero su fish&chips, junto con el pie de cordero, son de los mejores que probamos en toda Australia.

El pueblo se abre al salvaje Océano Antártico con una costa que se vuelve abrupta, de piedra caliza dorada, muy similar a la de los Doce Apóstoles.

La Bahía de las Islas

A pocos kilómetros del pueblo ya puedes ver los impresionantes islotes y torres de piedra caliza que emergen del agua. Seguimos las indicaciones de los carteles informativos de la carretera que te indican los diferentes parkings con sus miradores, ya que se extiende casi 32 km por la costa. Es un auténtico laberinto de decenas de islotes, rocas y agujas de piedra caliza que emergen del mar y salpican todo el horizonte

La Bahía de los Mártires, es el primer mirador que te encuentras justo a las afueras de Peterborough, es un mirador con una carga visual y emocional tremenda. Desde aquí verás una playa salvaje semicircular protegida por un «ejército» de rocas hundidas que rompen las olas antes de que lleguen a la arena. El nombre de la bahía esconde una de las historias más truculentas de Australia. Un grupo de colonos locales acorraló a una gran parte de la población aborigen de la zona (incluyendo a hombres, mujeres y niños) y los empujaron hacia el borde de los escarpados acantilados de la bahía, arrojándolos al vacío hacia las rocas y el océano, muriendo la gran mayoría.

El mirador principal de Bay of Islands es otra parada obligatoria con el cartel oficial del parque. Desde el parking, un sendero cortísimo y llano de apenas 200 m lleva a dos plataformas de observación distintas: El mirador este, que ofrece una vista espectacular del acantilado recortado y de los pilares rocosos más cercanos a la orilla, donde puedes ver como el mar esculpe las cuevas en su base. El mirador oeste: Te regala la icónica postal panorámica. Desde aquí verás la inmensidad de la bahía y como las «islas» de piedra se extienden en la distancia hasta donde alcanza la vista.

Aquí termina la ruta por la Great Ocean Road, nosotros tuvimos que desandar el camino hasta Apollo Bay, unas 2 h largas, por eso tal vez sea una buena idea quedarse por alguno de los pueblos cercanos como Port Cambell. En cualquier caso la carretera siempre te dejará imágenes espectaculares y otras algo más inquietantes como la cantidad de canguros o ualabíes atropellados en las cunetas.