El río Nilo es la arteria vital de Egipto y la cuna de una de las civilizaciones más fascinantes de la historia. Es el río más largo de África y el segundo más largo del mundo. Su caudal es alimentado por dos afluentes principales: el Nilo Blanco, su principal fuente es el lago Victoria, y el Nilo Azul, que se origina en Etiopía. Fluye hacia el norte, atravesando once países, hasta desembocar en el mar Mediterráneo en un vasto delta, una de las zonas agrícolas más fértiles del mundo.

La Esclusa de Esna

Nuestro recorrido por el río Nilo comienza en la ciudad de Luxor con rumbo a la ciudad de Esna, a 55 km al sur, donde hay que pasar obligatoriamente una esclusa, que salva un desnivel de 10 m en el río. Es curiosa la imagen de los cruceros en fila esperando, en orden de llegada, el paso por la esclusa. Se tarda una media hora en llenar y vaciar la esclusa y caben dos barcos a la vez.

La ciudad de Edfu

Continuamos nuestra travesía hasta la ciudad de Edfu para visitar su templo. Para llegar hasta él, la visita se realiza en una calesa tirada por caballos, una experiencia pintoresca, aunque un poco turistada. Te dejan en medio del Mercado de las Chilabas, no es un mercado en el sentido tradicional con puestos permanentes, sino que se refiere a los vendedores ambulantes que se agrupan en las cercanías del Templo de Edfu.

El Templo de Esfu está dedicado al dios Horus, el dios halcón. Su excelente estado de conservación se debe a que permaneció enterrado bajo la arena y los escombros durante siglos, lo que lo protegió de los elementos y del paso del tiempo. El templo tiene una imponente fachada o pilono, con dos grandes torres de 37 m de altura y con relieves que muestran al faraón Ptolomeo XIII golpeando a sus enemigos. Dos impresionantes estatuas de granito negro de Horus en forma de halcón custodian la puerta.

En su interior, se pueden explorar un patio con columnas, dos salas hipóstilas, una sala de ofrendas y el santuario, donde se encontraba la estatua de Horus y en las paredes se representa la barca de horus. Descubrimos una escalera con marcas en la pared que se utilizaba para medir el nivel de las crecidas del Nilo, llamado Nilometro. Frente al Pilono de entrada se encuentra el Mammisi o Casa de Nacimiento, que servía para el nacimiento simbólico de Horus. Era un lugar donde se celebraban ritos para asegurar la legitimidad de los faraones.

El Templo de Kom Ombo

Continuamos nuestra singladura hasta el pueblo agrícola de Kom Ombo ubicado a orillas del río Nilo que tiene un templo que lo hace único; su diseño simétrico y su naturaleza «doble». Construido en la época ptolemaica, alrededor del 180 a.C. y con adiciones posteriores de los romanos, el templo se alza majestuosamente sobre un promontorio en una curva del Nilo.

A diferencia de otros templos dedicados a una sola deidad, el Templo de Kom Ombo está dividido en dos partes idénticas, cada una con sus propios santuarios, salas hipóstilas y entradas. El lado derecho del está dedicado al dios Sobek, el dios cocodrilo, asociado con el Nilo, la fertilidad y la creación. Los egipcios adoraban a Sobek para aplacar la furia de los cocodrilos que habitaban el río. El lado izquierdo está dedicado a Haroeris, que es una de las primeras formas del dios Horus, el dios halcón del sol y el cielo.

Una de las inscripciones más famosas es la que muestra un conjunto de instrumentos quirúrgicos y médicos de la época. Cerca del templo hay un pequeño museo donde se exhiben momias de cocodrilos que se encontraron en el recinto sagrado. El templo también cuenta con un nilómetro, que permitía predecir las cosechas y calcular los impuestos.

Después de la visita al templo nos acercamos a un cafetín próximo, donde nos refrescamos y fumamos unas shishas, mientras escuchábamos en directo a un grupo nubio de música tradicional. Nos explicaron que la mayor parte de la población de Kom Ombo es de origen nubio porque muchas de estas familias se mudaron a la zona después de que sus pueblos y tierras ancestrales quedaran sumergidos por las aguas del lago Nasser tras la construcción de la Presa de Asuán.

Asuán, la puerta de Nubia

Hacia Asuán puso rumbo nuestro barco. Asuán marca la entrada a la región de Nubia y era la última frontera en el sur en el Antiguo Egipto. En los mulles de la ribera del río Nilo nos montamos en una faluca, una embarcación de vela tradicional egipcia hecha de madera, para surcar las tranquilas agua del río.

A medida que el barco se desliza suavemente se puede disfrutar de vistas panorámicas de los principales puntos de interés de la ciudad como la isla Elefantina, su silueta aérea recuerda al colmillo de un elefante, frente a ella vemos la isla de Kitchener, que alberga el jardín Botánico y en la ribera occidental, en lo alto de una colina de piedra arenisca, se alza el Mausoleo de Aga Khan, que guarda las tumbas de Aga Khan III y de Aga Khan IV.

Dos sorpresas más nos esperaban en el río, la primera en forma de niños que se acercaban a la faluca, en pequeñas embarcaciones, muy precarias, para a cambio de unas monedas cantar algunas canciones, la segunda fue cuando atravesamos los rápidos del río, que son zonas de aguas bravas cerca de la primera catarata.

Desembarcamos y continuamos el Paseo en Camellos hasta el llamado Poblado Nubio. El camino te lleva a través de un tramo de arena y tierra pedregosa, ofreciendo vistas panorámicas del Nilo, las dunas de arena y las colinas que se extienden hasta el desierto. La duración del paseo es de unos 30 min.

Su nombre real es Gharb Soheil y aquí se tiene la oportunidad de conocer la cultura local. Desde visitar alguna de las casas nubias de adobe, pintadas con colores vivos, asistir a la escuela y aprender los números y el abecedario, tomar un té de hibisco, realizarse algún tatuaje con hena, o coger alguna crías de cocodrilos del Nilo.

Finalizamos la excursión con un chapuzón en el Nilo, muy refrescante sobre todo para Ire que la pobre había estado vomitando toda la noche y se portó como una campeona.

Uno no puede abandonar Asuán sin ver el Obelisco inacabado. Se encuentra en las canteras del norte de la ciudad. La explotación de canteras de granito, esquisto y alabastro fue desde la antigüedad, una de las riquezas de la región y los bloques extraídos eran transportados por el río Nilo en dirección al norte. La visión del obelisco en el que se estaba trabajando y que se resquebrajó y se tuvo que dejar sin concluir te hace reflexionar sobre el inmenso trabajo que tuvo que suponer su construcción.

Por último nos acercamos a la presa de Asuán, cerca de la primera catarata. Su construcción entre los años 1959 y 1970 formó el lago Nasser. Si bien supuso el fin de las inundaciones y un aumento del almacenamiento de agua y de la producción de energía hidroeléctrica. También desencadenó un desastre para muchos habitantes de la región, nubios en su mayoría, que sufrieron un gran cambio en su forma de vida, así como un impacto ecológico sobre la fauna, la flora, etc.

El Lago Nasser, un viaje a través de las aguas de Nubia

En nuestro tour por Egipto incluimos un extra de varios días recorriendo los Monumentos del Lago Nasser; este embalse artificial amenazó con sumergir a docenas de templos, tumbas y sitios arqueológicos en la antigua región de Nubia. Para evitar esta catástrofe, la UNESCO lanzó una campaña de rescate sin precedentes que movilizó a ingenieros, arqueólogos y fondos de más de 50 países. Siempre nos viene a la mente el Templo de Debod, en Madrid como regalo de Egipto por la ayuda prestada por nuestro país.

Filae, la perla del Nilo

cortesía wikipedia

Nuestra primera visita en el Lago Nasser fue a la isla de Filae. Al atardecer, asistimos a un espectacular show de luz y sonido en la isla, conocida como la Perla del Nilo por su belleza y su increíble traslado. El templo fue desmantelado piedra por piedra, trasladado y reconstruido en la cercana isla de Agilkia. El complejo está dedicado principalmente a la diosa Isis, la diosa del amor, la magia y la maternidad.

La estructura más grande y principal del complejo es el Templo de Isis. En sus paredes se pueden ver relieves que cuentan la historia de la diosa y su marido, Osiris. Otro de los edificios es el Quiosco de Trajano, una estructura icónica de columnas sin techo que servía como vestíbulo para los peregrinos. También hay otras capillas auxiliares dedicadas a otras deidades, como el Templo de Hathor.

Abu Simbel, el orgullo de Ramsés II

Desde la ciudad de Asuán tomamos un vuelo (media hora) temprano y aterrizamos en el pequeño aeropuerto de Abu Simbel, cercano a la ruinas. Sin embargo, el trayecto en guagua se demora unas 4 horas porque se va en un convoy, custodiado por el ejercito por motivos de seguridad.

El complejo arqueológico está compuesto por dos templos; el Gran Templo de Ramsés II y el Templo de Nefertari. El templo de Ramsés II es el templo más grande y fue construido por el faraón para conmemorar su victoria en la batalla de Qadesh (1274 a. C.). Su fachada está custodiada por cuatro estatuas colosales de Ramsés II sentado, de 20 m de altura cada una. El interior está dedicado a los dioses Amón, Ra y Ptah, además del propio faraón deificado. Su diseño está orientado de tal manera que dos veces al año (el 22 de febrero y el 22 de octubre), la luz del sol penetra hasta el santuario e ilumina a tres de las cuatro estatuas. La cuarta, que representa a Ptah, dios de la oscuridad, permanece siempre en la penumbra.

cortesia wikipedia

El segundo templo, el de Nefertari, es más pequeño y se encuentra a unos 100 metros del templo principal. Está dedicado a la esposa favorita del faraón, la reina Nefertari, y a la diosa Hathor. La fachada está decorada con seis estatuas, cuatro de Ramsés II y dos de Nefertari. La entrada conduce a una sala con seis columnas centrales, esculpidas con capiteles decorados con la cabeza de la diosa Hathor.

Ksar Ibrim, el centinela del Nilo

Esta fortaleza tiene una historia de ocupación continua de más de 3.000 años, desde la época de los faraones hasta la Edad Media. Situada en lo alto de una colina hoy en día es una isla rodeada por las aguas del lago Nasser. No está permitido bajar a tierra. Desde la distancia, se aprecian los restos de las murallas, las torres, y las ruinas de las estructuras que alguna vez fueron casas y edificios religiosos.

Amada, el Templo de los Colores

Este es el templo más antiguo de Nubía, con impresionantes relieves que conservan sus colores originales. Fue trasladado en una sola pieza sobre rieles. Lo inició el faraón Tutmosis III y fue completado por su hijo, Amenhotep II, en el s. XV a.C., dedicándose a las deidades de Amón y RaHorajti.

Para llegar desde nuestra embarcación, el Tania, tenemos que ir en una lancha escoltados por militares hasta llegar a la orilla. Durante la travesía nos cruzamos con pescadores locales de la región de Nubia. Estaban faenando en el lago utilizando métodos tradicionales, como redes y líneas de mano, desde pequeñas embarcaciones de madera. Finalmente, ya en la orilla, dimos un pequeño paseo por el desierto hasta llegar al yacimiento arqueológico.

En su interior, las paredes están cubiertas de murales vívidos que narran historias mitológicas y rituales de ofrendas a los dioses. Al entrar, se accede a dos salas hipóstilas con columnas. Al fondo se encuentra el santuario, el lugar más sagrado del templo y donde se rendía culto a las deidades principales.

Templo de Derr, un Santuario Solar

Después de otra pequeña caminata bajo un sol de justicia llegamos al templo de Derr, que está excavado en la roca y dedicado al dios principal Ra y al propio faraón Ramsés II. El templo también fue reubicado como parte de la campaña de la UNESCO para salvar los monumentos de Nubia. Sus relieves interiores, aunque no están tan bien conservados, ofrecen una visión interesante de las escenas de batalla del faraón. Además al ser un templo solar su eje estaba orientado hacia el este para que los rayos del sol de la mañana iluminaran el santuario.

La Tumba de Penut, el Virrey de Kush

A pocos metros del anterior monumento visitamos la tumba de Penut que fue un alto funcionario egipcio, virrey de la región de Kush, con el título de jefe del granero de Amón, que vivió durante el reinado del faraón Ramsés VI (1143-1136 a.C.). Su tumba es un testimonio de la vida de un funcionario de clase media-alta en el Antiguo Egipto y de las costumbres funerarias de la época.

Templo de Wadi es-Sebua, el Valle de los Leones

Volvemos al barco y continuamos nuestra tranquila singladura hasta el siguiente destino el templo de Wadi es-Sebua, construido por el faraón Ramsés II, su nombre se debe a la avenida de esfinges que conducía a la entrada del templo, lo que le dio el apodo de Valle de los Leones.

Está dedicado a los dioses Amón-Ra y Ra-Horajty, así como al propio Ramsés II, quien se hizo deificar en el interior del santuario. El templo constaba de tres partes diferenciadas: dos patios abiertos decorados con esfinges o dromos, un gran patio interior con columnas osiris y el templo excavado en la roca.

Templo de Dakka o de la sabiduría

En la misma zona encontramos un templo que inicialmente fue construido por el rey nubio Arkamani en el s. III a.C. y dedicado al dios de la sabiduría Thot. Más tarde, fue ampliado por los faraones ptolemaicos, quienes añadieron un pilono y finalmente por los romanos, que completaron la fachada. Esta combinación de estilos arquitectónicos nubios, ptolemaicos y romanos lo hace único en la región. A diferencia de la mayoría de los templos egipcios que estaban orientados de este a oeste, con su eje principal perpendicular al Nilo, este corre paralelo al río.

El Templo Meharakka, el inacabado

A poco distancia del anterior se traslado también este templo, denominado Meharakka, construido durante el período romano, aunque nunca se completó. Su característica más distintiva es un patio con columnas y una escalera que parece no llevar a ninguna parte. La ausencia de un techo y un santuario interior lo distingue de otros templos de la región. Se cree que estaba dedicado a los dioses Isis y Serapis.

Templo de Beit El Wali o de Amón

Nuevamente a bordo de nuestro barco nos acercamos a los últimos templos situados muy cerca de la orilla de la Presa Alta de Asuán y el fin de nuestro recorrido. El primero que visitamos es el templo de Beit El Wali, que significa en árabe, la casa del santo. El templo fue excavado en la roca a principios del reinado de Ramsés II y está dedicado a los dioses Amón-Ra, Ra-Horajty y Jnum, además del propio faraón deificado. En su interior destacan una serie de relieves con imágenes del faraón que aún conservan el color.

Templo Kalabsha o Mandoulis

Nuestro siguiente monumento se encuentra al final de una cuesta empinada y a pocos metros del anterior pero bajo el sol de justicia se nos hizo eterno. El templo fue construido, en torno al 30 año a. C, durante el reinado de Augusto, aunque nunca llegó a concluirse. Se erigió en homenaje a Mandulis o Merul, dios del sol de la Baja Nubia. El templo fue usado como iglesia durante la era cristiana.

El Kiosco de Kertassi y el Templo de Gerf Hussein

Los últimos monumentos que visitamos fueron el Kiosko de Kertassi, una pequeña estructura, del periodo romano, a cielo abierto, sin techo, con catorce columnas que conectan los capiteles de estilo egipcio con la arquitectura grecorromana. Se cree que el kiosco sirvió como un lugar de descanso para la barca sagrada de la diosa Isis.

El otro edifico fue Templo de Gerf Hussein. Construido por Ramsés II, este templo era una combinación de dos estilos arquitectónicos: una parte estaba excavada directamente en la roca, mientras que la otra era una estructura de piedra convencional. Estaba dedicado al dios Ptah. Cuando las aguas del lago Nasser comenzaron a subir, se decidió que solo la parte de construcción libre del templo sería desmantelada para su traslado. La parte tallada en la roca, con sus estatuas y santuarios, fue dejada en su lugar y ahora se encuentra sumergida bajo el agua. Es un recordatorio de que no todos los tesoros de la antigua Nubia pudieron ser salvados en su totalidad.

Hasta aquí nuestra aventura por el increíble río Nilo y el antiguo país de Nubia. Nuestro periplo continuará por la vibrante metrópolis del Cairo, una ciudad de contrastes, donde las pirámides del desierto se encuentran con mezquitas milenarias y rascacielos modernos. Visitaremos las Pirámides de Guiza y la Esfinge y haremos una excursión a las ciudades de Menfis y Saqqara. Sin olvidar una visita al fabuloso Museo Egipcio y su tesoro más preciado la tumba de Tutankamón. No te lo pierdas, pero sé paciente…