Marzo 2025
Después de nuestra visita a la prefectura de Wakayama ponemos rumbo al noreste de la isla de Honshu para visitar las prefecturas de Mie y posteriormente la de Nara. La prefectura de Mie se encuentra en la parte oriental de la península de Kii en la costa del océano Pacífico.

Dejamos atrás los santuarios de Kumano y ponemos rumbo hacia la ciudad de Ise (2 días) que alberga el santuario de Ise Jingu, uno de los santuarios sintoístas más importantes de Japón y famosa por su producción de perlas y por ser el hogar de las ancestrales buceadoras a pulmón Amas. Visitaremos la bahía de Ago y sus numerosas islas deshabitadas que salpican el mar. Terminamos en la ciudad de Nara (2 días), la antigua capital del Japón medieval y hogar de los ciervos sika que vagan libremente entre los templos, un lugar verdaderamente mágico.
Oni-ga-jo o el Castillo del Demonio

Enclavadas a lo largo de la escarpada costa de la prefectura de Mie, las rocas de Oni-ga-jo son el testimonio de la fuerza de la naturaleza, un conjunto de cuevas y piedras de diversos tamaños formadas por las olas que se extienden a lo largo de 1,2 kilómetros alrededor de un pequeño cabo.
El nombre de Onigajo se traduce como, castillo del demonio, en referencia a los piratas, que asolaban el mar de Kumano y se protegían en este lugar y eran considerados como onis o demonios. Las rocas están formadas por toba, una piedra volcánica blanda compuesta de ceniza expulsada durante antiguas erupciones. A lo largo de milenios, las fuerzas erosivas del viento y las olas han esculpido las rocas hasta darles sus fantásticas formas actuales. Los acantilados presentan numerosas cavidades, afiladas puntas rocosas y mesetas de piedra salpicadas de pequeñas ondulaciones, creando un paisaje de otro mundo.
Santuario Imperial de Ise

El Santuario de Ise o Ise-Jingu, es el recinto Shinto más importante de Japón. Se localiza en la ciudad de Ise, en el centro de la prefectura de Mie. La zona en la que se ubica el santuario forma parte del parque nacional Ise-Shima. El Ise-Jingu se compone de dos santuarios principales: el Santuario Interior, Naiku y el Santuario Exterior, Geku.
Construidos hace más de 2 milenios en un estilo arquitectónico denominado Shinmei-zukuri, que se caracteriza por usar maderas sin pulir ni barnizar, unidas sin clavos, con suelo elevado, techo a dos aguas y troncos puramente decorativos llamados chigi (verticales) y katsuogi (horizontales) que sobresalen de la cumbrera del techo. No se puede reproducir este tipo de construcción en ningún otro lugar de Japón. Se han reconstruido cada 20 años siguiendo el ciclo ritual Shikinen Sengu, que se traduce como renovación ritual. Se basa en la convicción sintoísta de que todo es efímero y requiere renovación cíclica para preservar su pureza.




El Santuario exterior, Geku, está dedicado a la adoración de Toyouke no Ōmikami, la deidad sintoísta, diosa de los cereales, el vestido, el alimento, la vivienda, la agricultura y la industria. Tras pasar el Torii de entrada recorremos un sendero de grava que atraviesa un bosque de altos árboles hasta llegar al santuario principal, al que no se puede acceder y está rodeado por una alta valla de madera. Los fieles presentan sus respetos y oran en la entrada del santuario.


Varios santuarios auxiliares se alzan cerca del santuario principal, en la base y la cima de una pequeña colina. Entre ellos se encuentran el Kazenomiya, dedicado al dios del viento; el Tsuchinomiya, dedicado al dios de la tierra.

El Santuario interior, Naiku, a unos 4 km al sur, está dedicado a la diosa Amaterasu O-Mikami, deidad afín al sol y la más venerada de la religión sintoísta, relacionada con el origen místico del Japón y de la familia real japonesa.
El recorrido se inicia en un gran Torii que da paso al puente Uji-Bashi, construido en madera de ciprés japonés. A continuación se pasa por la fuente de purificación o temizusha, aunque muchos prefieren realizar el ritual en la orillas del río Isuzugawa. Esta zona está rodeada de cerezos que a principios de abril están en su máximo apogeo de floración.


Continuamos cruzando varios Toris hasta llegar a unas escaleras que conducen al santuario principal, también en este caso rodeado de vallas de madera. Al interior solo pueden acceder la familia real japonesa y altos sacerdotes. Aquí se guarda uno de los tres objetos más valiosos de todo Japón, el espejo dorado, Yata-no-kagami. Según el mito sintoísta, este espejo se utilizó para atraer a Amaterasu fuera de una cueva en la que se había escondido debido al comportamiento ofensivo de su hermano menor y desde entonces se encuentra en el interior del espejo.






En el camino de regreso disfrutamos de otros puentes, lagos y diferentes edificaciones, como el Kaguraden, donde se realizan danzas y música rituales denominadas, Kagura, durante las ceremonias en honor a los kamis, deidades. Además se pueden comprar amuletos tradicionales japoneses.





Los dos santuarios principales de Ise están conectados por una ruta de peregrinación que se conoce como O-Ise-Mairi. El camino pasa por el antiguo barrio de Furuichi, con una arquitectura tradicional de las épocas Edo y Meiji, con restaurantes y múltiples tiendas de regalos, artesanía, etc. Sobre todo en las calles Oharai-machi y Okage-yokocho.
Las Rocas Casadas, Meoto Iwa

En el pueblo de Futami, en la bahía de la ciudad de Ise, encontramos dos farallones que están unidos por un shimenawa, una gruesa cuerda de paja de arroz. Según el sintoísmo, representan la unión de los kamis creadores, Izanagi e Izanami. Es decir, la unión matrimonial entre un hombre y una mujer. La roca más grande, se identifica con la figura masculina y tiene un pequeño torii en su cima.
Frente a ellas se encuentra el Santuario Futami-Okitama, que está dedicado a la deidad sintoísta Sarutahiko Ōkam, un kami conocido como el protector de la tierra y las encrucijadas. En las inmediaciones del santuario se pueden ver numerosas esculturas de ranas, ya que se cree que son un amuleto para traer de vuelta a personas o cosas. También es habitual que las parejas acudan al santuario para orar por su matrimonio.
Isla de la Perla Mikimoto y las Amas








Nos dirigimos ahora por la carretera costera hacia la bahía de Toba donde se encuentra la Isla de las Perlas Mikimoto, a la que se accede por un puente peatonal y donde visitamos el Museo de Mikimoto Kokichi, la primera persona en el Mundo que logró por primera vez cultivar perlas. En las diversas salas se ofrecen explicaciones detalladas sobre las perlas y su cultivo, sobre la vida de Mikimoto y además puedes comprar una gran variedad de perlas.

Además en la isla se ofrecen actuaciones turísticas cada hora de buceadoras a pulmón, conocidas como Ama, mujeres del mar, que tradicionalmente se dedican a plantar y cosechar ostras y recolectar otros mariscos. Las Amas representan una antigua tradición japonesa, con raíces que se remontan a más de dos mil años, aunque hoy en día prácticamente han desaparecido.

A continuación nos dirigimos a Osatsu, un pueblo pesquero al sur de la ciudad de Toba, es famoso por tener el mayor número de buceadoras Ama en activo per cápita en todo Japón.





En su recoleto puerto los pequeños barcos se balanceaban al ritmo de la olas. El olor a salitre y se mezcla con el olor de la multitud de algas que cuelgan secándose al sol. Había poca actividad en el pequeño mercado de pescado al pie del puerto. Un lugareño no invitó a su negocio de producción de sal marina muy orgulloso de su trabajo. Pero nosotros habíamos venido a visitar los ama huts, que eran los lugares tradicionales donde las buceadoras ama descansaban, compartían comidas y conversaban después de sus inmersiones para recolectar mariscos. Actualmente se han abierto a los turistas y las amas veteranas cocinan los mariscos capturados a mano.
Habíamos reservado en Ozego-San, una cabaña al final de un estrecho sendero que discurre desde el malecón del puerto junto a la orilla del mar. Las amas con su antiguo traje de buceo cocinan en una parrilla sobre brasas de carbón; jurel, almejas gigantes, conchas turbante, vieiras, mariscos secos, langostas y abulones, servido con arroz con erizo de mar y una sopa de miso. Disfrutamos mucho de esta experiencia culinaria de platos de marisco fresco. Teniendo muy claro lo que significa para ellas perder su modo de vida y sustento, teniendo que buscar alternativas para mantener viva una tradición cultural milenaria.







En el mismo pueblo de Osatsu visitamos el templo Shinmei Shrine, que está dedicado a la diosa Ishigami-San, también conocida como la deidad de piedra y ha sido durante mucho tiempo un lugar donde las Amas de la zona rezaban por su seguridad. La deidad concede al menos un deseo a las mujeres y basta con escribirlo en el Papel de los Deseos, que se vende en la tienda del santuario y depositarlo en la urna frente al Dios y rezar. También es muy popular un singular amuleto de la suerte con una estrella bordada y rejillas. Como una estrella se podía dibujar de un solo trazo, las buceadoras creían que podían regresar al punto de partida después de la inmersión.
Bahía de Ago y mirador de Yokoyama

Continuamos hacia el sur hasta alcanzar el mirador de Yokoyama desde el que puedes disfrutar de una vista panorámica de la Bahía de Ago y sus cerca de 60 islas.




La bahía es conocida por ser el lugar donde Kokichi Mikimoto y otros comenzaron a cultivar perlas. En el mirador encontramos cinco plataformas de observación a diferentes alturas que permiten apreciar el paisaje desde diversas perspectivas.



Antes de abandonar la prefectura de Mie, no podíamos dejar de probar una de las carnes más selectas de Japón, y yo añadiría que del Mundo, y ¡no!, no es la de Kobe, que también la degustaríamos, sino de la carne de Matsusaka. una carne de res Wagyu, de ganado negro japonés criado en la región de Matsusaka, conocida por su excepcional ternura, marmoleado y rico sabor. Para la carne de Matsusaka solo se utilizan hembras, criadas con esmero, a menudo con dietas especializadas e incluso masajes para mejorar la calidad de la carne. Pedimos Sukiyaki que consiste en finas láminas de carne wagyu cocinadas en una olla en la mesa con una salsa dulce y salada, junto con verduras, tofu y fideos, y luego sumergidas en huevo crudo batido antes de comer y Yakiniku, en la que se cocinan pequeños trozos de carne de wagyu en una plancha o parrilla sobre la mesa.
Nara, la ciudad de los ciervos Sika

La ciudad de Nara se ubica al norte de la península del Kii, en la prefectura de Nara, fue capital del Japón entre los años 710-784, denominado periodo Nara. Nosotros aparcamos cerca de la estación Kintetsu-Nara y tomamos la calle comercial Higashimuki, donde seguramente te sorprenderá una acumulación de gente haciendo cola delante de Nakatanidou, una popular tienda de mochi. Unos pasos más y llegamos a las escaleras de acceso a nuestro primer parada, el Templo Kofuku-ji.
Templo Kofuku-ji

Su historia que se remonta al año 669. Originalmente fue el templo familiar del influyente clan Fujiwara y llegó a tener más de 150 edificios en su apogeo, aunque la mayoría se han perdido a lo largo de los siglos.


Los edificios que más destacan son: la Pagoda de Tres Pisos o Sanjū-no-tō, las Salas Octogonales, Hokuendo (al norte) y Nanendo (al sur), la Sala Dorada Central, Chukondo, considerado el edificio más importante del templo. La Sala Dorada Oriental, Tokondo, la Pagoda de Cinco Pisos (en reformas durante nuestro viaje), denominada Gojunoto, símbolo de Nara que data de 1426 y el Museo del Tesoro Nacional, Kofukuji Kokuhokan que alberga gran parte de la impresionante colección de arte budista del templo. La entrada a los terrenos del templo es gratuita, pero si quieres acceder a las salas dorada central y oriental y al museo es de pago.
Un paseo por el Parque Nara y los ciervos Sika

Continuamos nuestro paseo por el Parque Nara, un parque público creado en el año 1880 que se extiende por una superficie de casi 600 hectáreas, rodeando a diversos templos, museos, jardines y lagos. Aunque los reyes del parque son los ciervos Sika.





Hay más de 1.300 ciervos sika salvajes que deambulan libremente por el parque y están consideran sagrados. Es muy común ver a los turistas alimentar a los ciervos con shika senbei, unas galletas especiales para ciervos que se venden en diversos puestos del parque. Muchos ciervos han aprendido a hacer reverencias con la cabeza, si tu previamente se la haces a ellos, antes de darle su galleta. Aunque los más ansiosos suelen perseguirte e incluso intentar morderte para conseguir su preciado tesoro.




Otro de los atractivos del parque es su vegetación compuesta por pinos, arces, cedros japoneses, pero sobre todo los famosos cerezos y ciruelos, que en época de floración (marzo-abril) dan un colorido espectacular al parque.


Nuestro paseo por el parque nos lleva a pasar por delante de dos edificios importantes; el Museo Nacional de Nara, Nara Kokuritsu Hakubutsukan, construido en 1889, es reconocido por su extensa y valiosa colección de arte budista, y también por la Biblioteca de Arte Budista del Museo Nacional que es una institución de investigación especializada en el estudio y la preservación del arte budista.
El Jardín Yoshikien, un espacio de paz

Aunque hay dos jardines muy próximos entre si, el Jardín Isuien es enorme y de pago, mientras que el Jardín Yoshikien, es mucho más pequeño y de entrada gratuita. Es una pequeña joya escondida y un ejemplo sereno del paisajismo tradicional japonés.





Está compuesto por tres zonas diferentes; el Jardín del Estanque, el más grande, con un estanque central y elementos clásicos de diseño de jardines japoneses, un Jardín de Musgo, es un área cubierta de musgo exuberante, creando una atmósfera de paz y antigüedad y por último, el Jardín de la Ceremonia del Té, con un espacio más pequeño con una casa de té con techo de paja.
El Templo Todai-ji, Gran Templo del Este



Una riada de gente te indica que te estas acercando al Templo Todai-ji, fundado en el año 752 por el Emperador Shōmu, aunque el actual data del año 1709. Se accede a través de la Puerta Nandaimon o Gran Puerta Sur. Siendo la puerta de madera más grande del país con 25 m de altura, construida en el año 1203. Está custodiada por dos enormes y feroces estatuas de madera de guardianes Nio o Kongorikishi.



El complejo tiene varios edificios de interés cuyo coste es de 800 JPY2025. El más interesante es Daibutsuden o Gran Sala del Buda. Este es el corazón del templo y su edificio más icónico. Es la estructura de madera más grande del mundo, 57 m de ancho por 49 m de alto, aunque la reconstrucción actual es del año 1709, siendo un tercio más pequeña que la original.







Alberga la monumental estatua de bronce del Gran Buda o Daibutsu, una representación del Buda Vairocana de unos 15 metros de altura. Está flanqueado a ambos lados por sendos Bodhisattvas, el pilar con un agujero del tamaño del orificio de la nariz del Gran Buda. Los turistas, grandes y pequeños, hacen cola para intentar pasar por el agujero porque se cree que si puedes pasar por él, conseguirás la iluminación en la próxima vida.








Un Torii nos marca el camino por una escalera flanqueada por las típicas lámparas de piedra, tōrō, hasta la parte alta de la colina al este de la sala principal, donde vemos la Torre de la Campana, Shōrō, que alberga la campana más grande de Japón, que data del año 752 y aún se utiliza y la Sala Nigatsu-do, famosa por la ceremonia Omizutori, durante ésta los monjes portan grandes antorchas encendidas en peregrinación por la terraza del templo, girándolas y agitándolas para que desprendan chispas y cenizas que caen sobre los fieles congregados. Éstos creen que se protegen contra los malos espíritus. Justo al lado está la Sala Hokke-do o Sangatsu-do, considerado el edificio más antiguo del complejo.
El Santuario Kasuga Taisha, el bosque de farolillos

El camino continua a veces por senderos que atraviesan bosques de cedros y otras por escaleras flanqueadas de lámparas de piedras y siempre acompañados por los simpáticos ciervos hasta llegar a los primeros edificios del extenso Santuario Sintoísta Kasuga Taisha.
Fundado en el año 768 d.C. por el poderoso clan Fujiwara, los edificios se reconstruían cada 20 años siguiendo el ritual Shikinen Zotai, pero este se interrumpió en el año 1863. El rasgo más distintivo del santuario son los miles de farolillos de piedra, ishidōrō y bronce, tsuridōrō que adornan el camino de acceso a los edificios, que presentan un estilo arquitectónico denominado Kasuga-zukuri, caracterizado por su techo a dos aguas, el uso extensivo de laca roja bermellón y el diseño de aleros curvados. Para acceder al santuario interior, hay que pagar una entrada.
El estanque Sige-Ike y el pabellón Ukimido

El Estanque Sige-Ike es un remanso de paz y refugio sereno después de estar todo el día visitando el parque. Es un estanque artificial bordeado por un camino pavimentado en su orilla y rodeado de árboles de cerezos y habitado por peces y tortugas que se secan tranquilamente al sol.

Pero el lugar más evocador e instagramer del estanque es el idílico Pabellón Ukimido, que se traduce como Pabellón Flotante. Es un pabellón hexagonal de madera con techo de ciprés, que realmente parece flotar sobre el agua y está conectado a la orilla por puentes.
Naramachi, el Antiguo Barrio Mercantil de Nara

Nos dirigimos, por último, al antiguo barrio mercantil durante los periodos Edo y Meiji, situado al sur del Templo Kofuku-ji, que aún hoy en día conserva gran parte del ambiente y la arquitectura tradicional de esos periodos.







Nos dedicamos a deambular por sus estrechas calles peatonales de casas tradicionales de madera, conocidas como machiya, muchas de ellas cuidadosamente preservadas, con celosías de madera en las ventanas, kōshi y pequeños jardines interiores; muchas de ellas albergan ahora tiendas, cafés acogedores, restaurantes, galerías de arte y pequeños museos. Hasta el diseño de las tapas de alcantarillas tienen detalles delicados. Otra curiosidad fue encontrar unas figuras conocidas como perro mapache japonés, tanuki, que se colocan en las puertas de hogares, tiendas y restaurantes para atraer la buena fortuna y la prosperidad económica.

Hicimos noche en Nara y al día siguiente entregaríamos el coche en el aeropuerto internacional de Kansai, desde donde cogeríamos el tren hasta la ciudad de Kioto nuestro siguiente destino en la isla de Honsu en Japón. Ahora desde la distancia y el tiempo, tal vez hubiese sido mejor seguir con el coche hasta Kioto, aunque los transportes son eficientes y puntuales, la comodidad y flexibilidad que da el coche sería un punto a considerar, puesto que la ciudad no nos pareció caótica y había muchos parkings a precios nada desorbitados.

























































19/07/2025 at 07:29
Un acierto haber alquilado un coche para recorrer esta zona. La experiencia con las Ama muy enriquecedora y Nara a pesar de la masificación es imperdible. Los ciervos muy educados te saludan haciendo una reverencia. Tener la suerte de encontrar el parque en plena floración de cerezos es un plus sin duda! Increíble este viaje!
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