Agosto de 2009

Petra en nuestro subconsciente siempre ha sido una ciudad misteriosa, perdida entre las montañas y cubierta por las arenas del desierto. A la mente siempre nos viene la imagen de Harrison Ford en la película Indiana Jones y la última cruzada cabalgando por un cañón muy pronunciado llegando a una ciudad tallada en la piedra. Quién no ha deseado vivir esa aventura, pañuelo al cuello, para cubrirnos el rostro en las tormentas de arena y descubrir ruinas enterradas en el desierto.

Nuestro viaje organizado por Halcón Viaje para visitar Siria y Jordania en 2009 que nos llevaría a las ruinas de la ciudad de Petra, cuyos pobladores la llamaban Raqmu. La ciudad se sitúa, en el sur de Jordania en una región montañosa al este del valle Arabah, entre el golfo de Aqaba y el mar Muerto. Las condiciones morfológicas y su situación geográfica, la dotaron de protección y cierta seguridad ante las invasiones, y una situación estratégica clave para el comercio de las caravanas que cruzaban el desierto.

La zona estuvo habitada desde el Neolítico, primero por los Edomitas, en el s. VIII a. C. y posteriormente por los Nabateos, otra tribu árabe nómada, que se asentaron en el s. IV a. C y que crecieron gracias a la Ruta del Incienso y al comercio de las especias. El cambio en las rutas comerciales, los terremotos y el saqueo la sumió en el olvido hasta que en el año 1812, el explorador Johann Ludwig Burckhardt, la puso nuevamente en el mapa.

Los nabateos supieron aprovechar la orografía del terreno rodeado de rocas, y acantilados rocosos, compuestos de arenisca, roca que se formó a través de la agregación y cimentación de granos de arena, conformando una piedra dura y resistente para la construcción de sus edificios. Hoy en día es difícil creer que Petra fuese un lugar verde, pero los nabateos lograron controlar las lluvias estacionales que caían por los acantilados y wadis hacia el valle mediante ingeniosas obras hidráulicas como pozos, canales y cisternas que aún hoy en día son visibles.

Nuestra visita comienza en el centro de visitantes. El recorrido son unos 8 km desde el, Bab as-Siq, o camino al Siq hasta el último monumento el Ed Deir o Tesoro. Es bastante llano menos la última parte que hay una fuerte subida. En época de calor no olvides llevar agua y protegerte del sol pues prácticamente no hay lugares de sombra.

Bab as-Siq

Es traducido como la puerta o camino al Siq. Un sendero ancho de unos 900 m que sigue el cauce del Wadi Musa. Ofrecen la opción de recorrerlo a caballo, en calesa o a pie. En el paseo vemos los bloques Djinn, unos imponentes monolitos que son en realidad monumentos funerarios, la Tumba del Obelisco, con sus cuatro pilares puntiagudos o nefeshes, del s. I d.C.

El Siq o el Desfiladero de Petra

A la ciudad antigua de Petra se accedía a través de este pasaje con el objetivo de impresionar. Es un estrecho cañón de algo más de un kilómetro, originado como una falla natural por fuerzas tectónicas, siendo posteriormente erosionado por el agua, formando paredes rocosas de colores rojizos y anaranjados con curvas y tramos estrechos que alcanzan alturas de 150 m y anchos en algunos puntos de menos de 3 m.

A lo largo del camino encontramos diversos nichos excavados con betilos, piedras o figuras sagradas. Aunque tal vez lo más importantes son las diferentes presas que controlaban la fuerza del agua que baja por el Siq durante la temporada de lluvias. Así como los canales a ambos lados del Siq que distribuían el agua. Uno de los relieves más significativos es el de cinco camellos y sus conductores, aunque muy deteriorado por la erosión del agua causada por la falta de mantenimiento durante siglos de agua que también ha provocado que el limo arrastrado haya enterrado el suelo del Siq a una profundidad de más de dos metros.

Al-Khazneh, El Tesoro de Petra

En el final del Siq, en el último recodo y sin previo aviso, aparece una impactante imagen. Supongo que los antiguos caravaneros cubiertos de polvo y cansados, tendrían la misma expresión de absoluta fascinación al mirar la grandiosidad que se abre ante nuestros ojos.

La gran fachada del Khazneh o Tesoro, tallada en la roca en el s. I a. C., seguramente como tumba del rey de los nabateos Aretas III, está distribuida en dos niveles. El inferior está formado por un pórtico de seis columnas con frontón triangular. El segundo nivel está compuesto por tres falsos tholos con dos columnas y frontón, el central presenta el frontón con forma redonda y encima se encuentra una urna y un águila.

Es lo que llevó a la creencia de los beduinos saqueadores de que en su interior se escondía una fortuna, de ahí el nombre de Tesoro. Solían dispararle a la urna de piedra con la vana esperanza de que el oro y las gemas cayeran de ella, hoy en día se pueden ver los orificios.

Antiguamente había un estanque y una escalinata (en excavación durante nuestra visita) que llevaba hasta el interior del pórtico inferior, que se abre en tres habitaciones, la central con un hueco en el suelo y un canal que servía para la realización de rituales en honor a los dioses y a cada lado se abre una sala. Las esquinas están ricamente decorada con elementos florales y figurativos, muestra claras referencias a elementos de la arquitectura palaciega del Imperio Ptolemaico de Alejandría.

La Calle de las Fachadas

Continuamos el paseo a medida que el desfiladero se ensancha, conocido como Siq exterior, en dirección al centro de la ciudad. Aquí aparecen altas fachadas de tumbas talladas en la roca a distintos niveles en el lado izquierdo como una fila de elegantes mansiones. Es lo que ha llevado a asignarle este nombre. Algunas siguen enterradas por el cieno arrastrado por el Wadi Musa a lo largo de los últimos siglos y que no han sido excavadas aun. Otras, en cambio, incluso parecen estar separadas de la pared.

El Teatro y la Necrópolis

El Teatro fue construido en el s. I d.C, con una capacidad para más de 6.000 personas, distribuidas en 45 filas divididas horizontalmente por dos diazomata. Su cavea está orientada al norte y al este, para proteger los ojos de los espectadores del sol.

Después de la anexión romana en el año 106 d.C., el teatro fue ampliado, para lo que tuvieron que eliminar numerosos frentes de tumbas más antiguas, cuyas cavidades se pueden ver sobre la cavea en la pared de roca del fondo. Estás pueden ser visitadas y destacan sobre todo los colores veteados de la piedra.

Las Tumbas Reales

En la ladera occidental del macizo rocoso del Jabal al-Khubtha se eleva una hilera de cuatro grandes mausoleos con fachadas monumentales talladas en la roca. Aunque no hay certezas absolutas se cree que pertenecieron a reyes nabateos y de ahí su nombre.

La Tumba de la Urna, es la mayor de las cuatro, su patio está sostenido por dos niveles de arcadas de impresionante altura, con bóvedas de cañón. La fachada es estrecha y alta, coronada con una pequeña urna, de ahí el nombre. A ambos lados del patio se abren pórticos con columnas.

La Tumba de la Seda, no parece tan majestuosa como sus hermanas pero destaca por los colores iridiscentes de su erosionada fachada. Dispone de dos pisos con entradas diferenciadas. La entrada superior está flanqueada por columnas adosadas y nichos con estatuas

La Tumba Corintia, recibió su nombre al confundir sus capiteles, creyéndolos corintios, cuando en realidad son de estilo alejandrino, como la tumbal Khazneh. En el orden superior encontramos tholos con frontón roto, nuevamente comparable con la tumba antes mencionada. Mientras que en el orden inferior, hay una mezcla de entradas y paredes ciegas que se distribuyen entre ocho columnas adosadas.

La Tumba del Palacio, denominada así por su ostentosa fachada con elaborados elementos arquitectónicos. En el nivel inferior hay cuatro entradas, enmarcadas por pilares con capiteles nabateos que sostienen frontones triangulares en el medio y frontones arqueados en los laterales. Sobre estos hay un pórtico que consta de dieciséis medias columnas adosadas

La Vía de las Columnas

El Centro de Petra está bastante deteriorado debido a terremotos y riadas, pero todavía puede uno imaginarse la fastuosidad de la urbe por las ruinas de los edificios que todavía quedan en pie y los que siguen explorando. Al centro se accedía por una Vía Columnada, de la que todavía queda alguna en pie y las ruinas de un Ninfeo que en su día fue una gran fuente pública. La antigua vía principal estaba llena de tiendas, templos, baños, tabernas, etc

El Gran Templo

El primer gran edificio monumental en el lado derecho de la calle es conocido como el Gran Templo, aunque en realidad no se dedicaba al culto.

Está construido en dos niveles. El primer nivel se construyó sobre el s. I a.C. y constaba de unas escaleras que conducen desde la calle a un gran patio con columnas cuya función fue más de salón de reunión que de culto.

El segundo nivel, fruto de una gran modificación durante el s. I d.C. A la terraza superior se le añadió un pequeño bouleuterion o lugar de reunión del consejo de la ciudad y se construyó un gran patio con una sala de columnas, tipo foro, al cual se bajaba por una escalinata.

El Templo de los Leones Alados y la Iglesia Bizantina

Al otro lado de la Avenida de las Columnas, en el margen izquierdo, frente al Gran Templo se encuentran dos edificio que no pudimos visitar, El Templo de los Leones Alados y la Iglesia Bizantina.

La Puerta de Temenos

Al final de la Avenida de las Columnas se levanta la Puerta del Temenos o sagrada, un triple arco con el central más grande que los dos laterales, de estilo romano del siglo II, seguramente sustituiría a una nabatea porque nos introduce al último templo nabateo. Se aprecian adornos vegetales y de deidades.

El Templo de Qasr el-Bint Faroun

El templo más sagrado de Petra construido entre los s. I a.C. y 1 d.C, seguramente en honor al dios Dushara, aunque no quedan inscripciones que lo verifiquen.

Su estructura de muros cuadrados de 23 m de altura sobre una terraza a la que se accede mediante una escalinata. El acceso a la cella o cámara sagrada se realiza desde el hall que presenta cuatro columnas, a través de un alto pórtico arqueado. Esta sala central estaba flanqueada por salones laterales de dos pisos, que probablemente servían para los banquetes rituales. Desde ellas, dos escaleras conducían a los pisos superiores y finalmente a la azotea.

Ascenso al Ad-Deir o Monasterio

Para acceder al último de los monumentos que nos incluía el tour teníamos que recorrer una distancia de 1,6 km de largo y una diferencia de altitud de casi 200 m, que serpentea por los acantilados hacia el noroeste y que requiere de buena condición física, aunque no es peligroso si se debe extremar la precaución.

La subida se puede hacer a pie o en burros, que alquilan los lugareños y la bajada a pie. Hay varias tramos planos entre los 800 escalones de subida. Los animales se encontraban en buen estado y nunca vimos mal trato por parte de sus dueños y les suministraban agua y comida en sus descansos. Es verdad que los animales se arriman preocupantemente al borde del barranco pero conocen perfectamente el camino.

En la bajada se disfruta mucho mejor del paisaje y se puede uno fijar mejor en los detalles del camino como las profundas gargantas laterales, las numerosas tumbas, lugares de culto, nichos de betilos y otros vestigios de la época nabatea. Además el atardecer añade un plus al paisaje. El color de la piedra se torna entre el dorado, naranja y finalmente el rojizo.

El Monasterio o Ad-Deir

Después de la subida se llega a una vasta meseta dominada por la monumental fachada del Ad Deir, o Monasterio, traducción del árabe, que los beduinos le dieron al encontrar las cruces que hay inscritas en la pared interior que datan de la época bizantina.

La fachada del Ad Deir es comparable a la de Khazneh, con un piso superior diseñado como un frontón roto e interrumpido por un tholos coronado por una gran urna. Su fachada alcanza los 47 m de ancho y 48 m de alto. Se talló directamente en la montaña a mediados del siglo I d.C.

En el interior hay una gran sala en la que no se encontraron tumbas por ello no se considera que sea un mausoleo. La existencia de un nicho elevado en la pared trasera con rastros de un betilo removido posteriormente, y bancos planos y anchos a ambos lados puede indicar que sea un lugar de culto. De algunas inscripciones encontradas se puede inferir que se realizaban ofrendas rituales en homenaje al rey nabateo Obodas II.( s. I a.C.).

Al norte de Ad Deir en la pared rocosa vemos que se han excavado varios nichos, cámaras, canales de agua y cisternas. viejos canales de agua, nichos de culto y cámaras. Frente a la fachada se ve la cima más alta de la meseta, denominada Burgberg o colina del castillo. En ella se excavó una gran sala en la roca, de unos 15×9 m y en la pared del fondo un nicho o edículo, pequeño santuario para un altar o estatua, enmarcado por elementos arquitectónicos que recuerdan a la fachada de un templo.

Viajar organizado como siempre digo tiene sus ventajas e inconvenientes. El principal es que está todo cerrado y el viaje continua. Nos hizo falta un segundo día para visitar Little Petra, hacer la ruta Wadi Al-Farasa que te lleva al famoso Altar de los Sacrificios en la cima de Jabal al-Madhbah, echar un vistazo a las exposiciones del Museo de Petra o incluso disfrutar de la actividad Petra by night. En cualquier caso tuvimos mucha suerte con el grupo con el que compartimos el viaje, todos gente maravillosa y encantadora.