Viajamos a Lituania, desde la cercana Letonia, ya no hay fronteras entre los Países Bálticos, solo infinitos campos de cereales. En nuestros 5 días visitamos: la Colina de las Cruces, el fervor religioso, la ciudad de Kaunas, la antigua capital y cuna del mejor baloncesto, el Castillo de Trakai, la joya medieval y su capital Vilna, el orgullo barroco.

La Colina de las Cruces, el fervor religioso

Una de las primeras diferencias que notas al viajar a Lituania es su religión, casi el 85% de su población son cristianos católicos frente a los luteranos en Estonia y Letonia. Para entender esto hay que trasladarse a mediados del s. XIII cuando el Rey Mindaugas reunió a las tribus lituanas para crear el Gran Ducado de Lituania y se convirtió al catolicismo en un intento por desactivar la amenaza de la Orden Teutónica en su cruzada para la cristianización de los países Bálticos. Pero fueron los duques Jogailas y Vitautas el Grande quienes en el s. XIV impulsaron el cristianismo y crearon la República de las Dos Naciones, entre Polonia y Lituania creando así el mayor estado de Europa.

Muy cerca de la frontera con Letonia y a menos de 10 km al norte de la ciudad de Siauliai en medio de la planicie azotada por los vientos se alza la Colina de las Cruces o Kryžių kalnas. No se sabe con certeza cuándo comenzó esta tradición de cubrir la colina con cruces, si con la llegada del cristianismo a Lituania o en la época zarista en honor a los caídos por la represión hacia el año 1831. Una vez pasada la pequeña explanada una escalera asciende hacia lo alto de la colina. Todo está rodeado de miles de cruces clavadas desordenadamente en la tierra, desde las más enormes y ostentosas hasta las más humildes y pequeñas.

En cualquier caso, durante el dominio de la Unión Soviética, se prohibió la colocación de cruces en la colina e incluso en 1961 muchas fueron arrancadas, pero a la mañana siguiente aparecían nuevas cruces colocadas. Este tira y afloja duró hasta la independencia de Lituania en 1991, y el número de cruces se multiplicó. En la actualidad, se calcula que puede haber cerca de medio millón. El lugar se ha convertido en el centro de peregrinación católico más importante de las repúblicas bálticas y se ha construido una ermita a petición del papa Juan Pablo II, que visitó el lugar en 1993.

Kaunas, la antigua capital y cuna del mejor baloncesto

Kaunas es una ciudad que sorprende al viajero, dividida en dos, la ciudad vieja y la nueva, pero unidas por la Calle Vilnius, en la confluencia de los ríos Nemunas y Neris.

La ciudad creció alrededor de la fortaleza medieval, Castillo de Kaunas, en el s. XIV y fue la primera línea de defensa contra los caballeros de la Orden Teutónica. Se construyó en ladrillo rojo y en estilo gótico aunque solo quedan dos pequeñas torres en pie, una sección de la muralla y parte del foso. La estatua del caballero que hay al lado del castillo representa a Vytautas el Grande.

Aunque el casco antiguo queda mejor dibujado en la Plaza del Ayuntamiento, antigua plaza de mercado, donde se celebraban juicios y ejecuciones. El centro lo ocupa el esbelto y elegante ayuntamiento, conocido como el Cisne Blanco. Construido en el s. XVI en una mezcla de estilos; gótico, barroco y clasicista.

La plaza está rodeada por casas de los s. XVI y XVII de los tiempos de la Liga Hanseática, lo cual denota la influencia arquitectónica alemana. Otros edificios que son emblemáticos en la plaza son: la Iglesia de San Francisco Javier, de estilo barroco tardío, planta rectangular y con dos torres del s. XVII. El Museo de la Medicina y la Farmacia, que ilustra los avances de las ciencias médicas en Lituania a lo largo de los siglos. La iglesia luterana de la Santísima Trinidad, con sus características tejas rojas o el Museo Maironis de Literatura Lituana que ocupa el antiguo Palacio Siručiai del s. XVII y casa del sacerdote y poeta lituano Maironis.

Bajando por la calle Aleksoto hacia la ribera del río Nemunas veremos la Casa Perkunas o Casa del Trueno, construida en 1440 en estilo gótico y ladrillo rojo, como oficina de los comerciantes de la Liga Hanseática. Muy cerca se levanta la Iglesia de la Asunción de la Santísima Virgen María también conocida como La Iglesia de Vitautas el Grande, porque la mandó a construir en honor a la virgen por salvarle la vida después de una gran derrota en la batalla del río Vorskla. Es la iglesia más antigua de la ciudad, construida alrededor del año 1400 y la única planta gótica en forma de cruz.

Si cruzamos el Puente de Vytautas el Grande sobre el río Nemunas, podremos tomar el funicular Aleksotas que asciende hasta la colina Aleksotas, desde donde se puede contemplar el panorama del casco antiguo de Kaunas.

Volviendo a la plaza del Ayuntamiento tomaremos la calle Vilnius, esta antigua calle peatonal empedrada constituía la vía que unía Kaunas y Vilnius en la Edad Media. Hoy está llena de restaurantes, cafés y tiendas de souvenirs.

En su inicio encontramos la Catedral Basílica de San Pedro y San Pablo, aunque citada en 1413, parece que la actual data de 1624 con varias reformas posteriores mezclando rasgos góticos y renacentistas. La calle finaliza en el Antiguo Palacio Presidencial, un edificio neobarroco del s. XIX que fue sede del Gobierno de la República Lituana en el periodo de entreguerras, en el jardín se ven estatuas de expresidentes.

Aquí comienza la Ciudad Nueva, un ejemplo del desarrollo de la arquitectura modernista del periodo entreguerras que se refleja en la construcción de edificios públicos, espacios urbanos y residencias. Esto queda reflejado en la Avenida de la Libertad o Laisvės Alėja, un paseo peatonal arbolado de 1,7 km, con fuentes, tiendas y restaurantes. Hay varios puntos de interés en la avenida como el Monumento en Memoria a Romas Kalanta, un estudiante lituano que, como protesta ante el régimen soviético que ahogaba la economía lituana, decidió suicidarse a lo bonzo en 1972, frente al Teatro de Kaunas.

Otro de los edificios imprescindibles que visitar es la Iglesia de San Miguel Arcángel, de rito ortodoxo fue construida en estilo neobizantino a finales del siglo XIX se encuentra al final de la avenida.

Muy cerca encontramos el acceso al otro funicular de la ciudad, el Zaliakalnis, es el más antiguo y nos llevó hasta la Iglesia de la Resurrección de Cristo, una monumental iglesia católica comenzada a construir en 1934 y terminada en 2005 como ejemplo del modernismo.

Bajando de la colina verde de Kaunas, Žaliakalnis, nos dirigimos hacia la Plaza de la Unidad, donde se encuentran varios museos como; el Gran Museo de la Guerra Vitautas, en cuyo jardín está el Altar de la Llama Eterna, en la parte trasera se levanta el Museo de Arte Ciurlionis, que exhibe la obra de dicho pintor, o el cercano Museo del Diablo. También visitamos en la zona la Sinagoga Coral, construida en 1872 en estilo neobarroco. Es la única que sobrevivió al Holocausto en Lituania de las más de 25 sinagogas y casas de oración judías que había en la ciudad.

No podíamos irnos de la ciudad sin visitar otro de los imprescindibles de Kaunas y Lituania: el pabellón Žalgiris Arena, donde juega el Žalgiris Kaunas, el club de baloncesto más laureado del país, que ha dado estrellas del calibre de Paulauskas, Sabonis,  Marčiulionis, Ilgauskas o Jasikevičius, entre muchos otros.

Cerca del embalse regional de Kaunas y rodeado de un bosque de pinos centenarios se encuentra el Monasterio de Pažaislis. Mandado a construir por el Canciller Kristupas Žygimantas Pacas en el s. XVII para la orden de los monjes Camaldulenses procedentes de Italia. Constituye el mayor ejemplo de la arquitectura barroca del país de influencia italiana. El complejo incluye la iglesia y el monasterio.  La iglesia tiene planta de cruz latina, con una cúpula hexagonal de 53 m de altura con linterna y cruz. La fachada sur alberga, en la torre de la iglesia, el reloj más antiguo de Lituania.

El Castillo de Trakai, la joya del medievo

Pusimos rumbo a la capital de Lituania pero antes paramos en el Castillo de Trakai, situado en una isla del lago Galve en la localidad de Trakai, a unos 30 kilómetros de Vilna. El castillo original fue mandado a construir por el rey Kęstutis en el s. XIV. El castillo ha sufrido mil y un asedios, batallas e incendios, casi las mismas que reconstrucciones a lo largo de los años, la última de 1961.

Se accede a través de un largo puente de madera. Una gran puerta salva el gran muro de piedra y ladrillo flanqueado por dos grandes torres cilíndricas. Se puede rodear el exterior del castillo en un agradable paseo con el lago siempre a nuestra derecha. Hay posibilidad de dar paseos por el lago mientras ves desfilar con gallardía a los cisnes blancos que por él pululan.

Dentro del castillo está el Museo de Historia Trakai que repasa la cronología del castillo y la región a través de multitud de objetos y obras de arte (muebles, ropajes, armas, mapas, monedas, sellos, plata, cerámica, relojes, pipas, etc.). El centro lo ocupa el Patio de Armas donde encontramos algunos artilugios de tortura que hacen las delicias de los niños y de algún mayor.

Al fondo vemos un puente elevadizo que da acceso a la Torre del Gran Duque Vitautas, recordar que aquí nació. Se accede a un pequeño patio interior con varias alturas y escaleras de madera oscura. Estas conducen a diversas salas donde se exponen objetos de la época.

Otro de los atractivos de Trakai es pasear por el pueblo, residencia de los descendientes de los karaim o caraítas, un grupo étnico de habla turca y religión judía caraíta procedentes de Crimea, traídos a la corte como guardia y escolta por el Duque Vitautas en agradecimiento por su ayuda durante su lucha contra la Horda de Oro. Lo más curioso es que todavía hoy en día mantienen algunas de sus tradiciones, el habla y la gastronomía. Un ejemplo son sus casas de madera pintadas de vivos colores, se caracterizan por tener tres ventanas idénticas alineadas en sus fachadas. Una está dedicada a Dios, otra a la familia y la tercera al Duque Vitautas. En cuanto a la gastronomía el buque insignia es el kibinai o kybyn, una especie de empanadilla especiada que puede estar rellena de cordero, ternera, espinacas o repollo.

Vilna, el orgullo del Barroco y la República de Uzupis

Vilna o Vilnius se ubica en la confluencia de los ríos Neris y Vilna, del cual toma su nombre. Dicen que su centro histórico o Vilniaus senamiestis es uno de los mayores y mejor conservados barrios medievales de la Europa del Este. Allí, los diversos estilos arquitectónicos; gótico, renacentista, barroco o neoclásico se suceden ante nuestra vista, complementándose entre sí. Aunque es el barroco la que la ha hecho más famosa.

La ciudad fue fundada por el Gran Duque Gediminas en el s. XIV en lo alto de la colina convirtiéndose posteriormente en la sede del Gran Ducado de Lituania. La Torre del Castillo de Gediminas es la única torre que queda de las tres que alguna vez protegieron el Castillo Superior de Vilnius y es el único ejemplo bien conservado de arquitectura de defensa gótica en Lituania. En su interior hay un pequeño museo arqueológico. Las vistas sobre la ciudad son impresionante, con los tejados y las torres de las iglesias a un lado y el río Neris con el moderno centro de la ciudad al fondo, al otro. Hay un funicular que permite el acceso hasta lo alto. ¡Fuera de servicio durante nuestra visita!, jajaja.

Después de la unión dinástica entre Polonia y Lituania en 1387, la ciudad adquirió un carácter más polaco y menos germánico, al igual que sus vecinas Riga y Tallin. La ciudad se desarrolló alrededor del Palacio de los Grandes Duques y de la Catedral de San Estanislao y San Vladislav, erigida en 1251, aunque la fachada neoclásica es del s. XVIII. En la misma Plaza de la Catedral se encuentra el campanario de 57 m de altura, separado del templo, que en el s. XIII formaba parte de la muralla defensiva de la ciudad. Al lado de la torre encontramos en el suelo la huella en granito rojo que conmemora la Vía Báltica.

La estética barroca de la ciudad que hoy podemos admirar data del periodo que va del s. XV al XVIII. Desde la Plaza de la Catedral parte la avenida Gediminas, el corazón comercial de la ciudad, trazada por los rusos tras la conquista en 1795. Edificios como Teatro Dramático Nacional de Lituania, el Banco de Lituania o la Academia Lituana de Música y Teatro se encuentran en esta calle.

La otra vía importante es la calle Pilies, es la más popular y atraviesa el casco antiguo hasta la Plaza del Ayuntamiento. De ella parten callejas jalonadas por venerables mansiones, grandiosas iglesias de diferentes confesiones o los magníficos edificios de la Universidad con sus hermosos y tranquilos patios interiores. Fundada por los jesuitas españoles en 1579 es la más antigua de las Repúblicas Bálticas. Destacan la Biblioteca, la Iglesia de San Juan y el campanario, el Patio del Observatorio y el vestíbulo de la Facultad de Filología, con unos murales de Petras Repšys.

Cercana a la Universidad se encuentra la calle literatau, de los literatos; algunos dicen que recibió su nombre por las imprentas, librerías y tiendas de antigüedades que allí se encontraban, mientras que otros afirman que fue en honor al escritor Adam Mickevičius, quien vivió al principio de esta calle. En cualquier caso, en 2008, a un grupo de artistas se les ocurrió la idea de revitalizar esta calle y decorarla con obras de arte relacionadas con los escritores que vivieron y trabajaron en Vilna o escritores extranjeros que la visitaron.

Seguimos caminando en dirección a la Plaza del Ayuntamiento pero antes de llegar vemos las placas conmemorativas alrededor de las calles Zidu y Stikliu, es lo poco que queda del antiguo Barrio Judío que se remonta al s. XIV. De los 60.000 judíos que vivían aquí, los alemanes primero los encerraron en guetos y posteriormente los enviaron a campos de exterminio.

El antiguo ayuntamiento, Vilniaus Rotušė, reconstruido a lo largo de tiempo el edifico actual data de finales del siglo XVIII, en estilo clásico. Actualmente es un centro de exposiciones y la sede de la oficina de turismo. Se encuentra en la espaciosa Plaza del Ayuntamiento bordeada de casas e iglesias de distintos estilos y llena de terrazas con cafés y restaurantes.

Aquí se hace más evidente la fusión de las influencias del catolicismo occidental y de la ortodoxia oriental, de Polonia y Rusia, que durante siglos dominaron la vida política, cultural y social de la ciudad. Se suceden las iglesias de las distintas confesiones. La iglesia ortodoxa de San Nicolás, en este lugar siempre ha habido una iglesia dedicada a este santo, la última es de 1866 remodelada en estilo neo-bizantino. A dos pasos la iglesia de San Casimiro, es la primera y más antigua iglesia barroca de Vilna, construida por los jesuitas en el periodo 1606-1618.

Ascendiendo por la calle Ausros Vartu, veremos más ejemplos de diferentes tipos de arquitectura como el edificio de la Filarmónica Nacional de principios de s. XIX de estilo neorrenacentista, o la monumental puerta de acceso al Monasterio Basiliano y a la iglesia de la Santísima Trinidad, diseñada en estilo barroco tardío en 1761.

Continuando por la calle encontramos nuevamente dos iglesias contrapuestas en su confesión. La primera, nos llama la atención por el color rosa de su entrada, es la iglesia ortodoxa rusa del Espíritu Santo, construcción barroca de planta de cruz latina del s. XVIII. Se compone de bóvedas y columnas rosas, azules y blancas entre las que destaca su altar de color verde del s. XVII. En medio de la iglesia hay una cripta con los restos de tres santos: Juan, Antonio y Eustaquio, mártires del s. XIV.

La segunda es la iglesia de Santa Teresa de Ávila, con una fachada de mármol y granito. Es un ejemplo del barroco temprano. Fue construida para las Carmelitas Descalzas alrededor del año 1650. Su altar principal es del s. XVIII en estilo rococó.

imagen obtenida de la wikipedia

Ahora nos dirigimos a la antigua entrada a la ciudad, la Puerta de la Aurora o del Amanecer. Fue construida a principios del s. XVI como parte de las defensas de la ciudad. Es la única puerta que queda de las 9 que protegían la ciudad. En la parte interna de la puerta, sobre el arco, hay una capilla con una imagen de la Virgen María. La pintura es de estilo renacentista de alrededor del año 1630. La pintura se ha convertido en un objeto de veneración y se le adjudican numerosos milagros.

Continuamos nuestra visita por lo poco que queda de la muralla defensiva de la ciudad, construida en piedra y ladrillo en el s. XV y posteriormente en el s. XVI el Bastión de artillería que sirve de museo hoy en día.

Nuestra siguiente parada fue en la orilla izquierda del río Vilna, donde vimos otras tres iglesias, sí, ya sé que en este itinerario hay muchas. De hecho, a la ciudad también se la conoce como la Ciudad de las Iglesias. La primera es la Catedral Ortodoxa de la Theotokos, de la Santa Madre de Dios. La primera iglesia fue construida en 1415 y reconstruida en piedra en el siglo XVI; la última reconstrucción es del siglo XIX. La siguiente es la iglesia de Santa Ana, un templo católico construido entre 1495 y 1500, que es un ejemplo del gótico flamígero. Justo detrás, muy pegada, se encuentra la Iglesia de San Francisco de Asís y el Monasterio de San Bernandino. La iglesia actual fue construida entre 1506 y 1516. En la nave de la iglesia hay trece altares de madera de estilo barroco tardío, y se pueden admirar techos de bóvedas de cristal, crucería y estrella de estilo gótico. Las paredes de la nave están decoradas con frescos góticos policromados.

La Republica de Uzupis, una realidad

Si cruzamos al lado derecho del río Vilna nos adentramos en el barrio de Uzupis, rebautizado como la República de Uzupis, desde que en 1997 un grupo de artistas y bohemios proclamaron su independencia y redactaron su propia Constitución.

Uzipo Res Publika, reza en un cartel al principio del puente que da entrada al barrio. Una vez se llega al otro lado, lo primero que hay es una pequeña garita donde está escrito Border Control.

Es un barrio bastante agradable, con cafeterías, galerías de arte y rincones originales. El centro lo ocupa Tibet Square, una plaza decorada con las coloridas banderas tibetanas, donde se levanta una escultura de un ángel forjado en hierro sobre un pilar enorme. Otro de los lugares emblemáticos es la Librería Keistoteka, una librería de libros usados en la que reina un gato llamado Kukutis. Pero es en la calle Paupio donde se puede leer los 41 artículos de la constitución en 23 idiomas, incluso en español.

No podemos irnos de Lituania sin hablar de su gastronomía, influenciados por polacos y alemanes, sus platos son toda una delicia, la sopa fría de remolacha, Saltibarsciai o los Vėdarai, salchichas de papa, unos intestinos de cerdo rellenos de papa cruda rallada, horneados, son algunos de esos manjares que no puedes perderte. Y así con este buen sabor de boca nos despedimos de este Viaje con Nosotros a las Repúblicas Bálticas.