Una vez visitada la capital de Letonia, Riga, es el momento de realizar una ruta en coche por algunos de los rincones más bonitos del país. Desde su capital se puede llegar tranquilamente en 3 horas a cualquier punto. En nuestro itinerario nos esperan increíbles playas en la costa del Mar Báltico, enormes espacios naturales con ciudades medievales y palacios de ensueño. ¡Abróchense el cinturón que arrancamos!….

Jurmala, el paraíso letón

Esta pequeña ciudad balneario ubicada a 25 km de Riga entre el golfo de Riga y el río Lielupe, comenzó su desarrollo a final del s. XVIII bajo el imperio Ruso. Las brisas del mar, el aroma a los pinos, las fuentes del agua mineral y la tranquilidad de la playa de arena animó a muchos sanatorios a invertir aquí. Hoy en día continúa el poder adquisitivo ruso, exhibiendo sus coches de alta gama, en una mezcla de gente guapa, turistas y locales.

La playa de arena blanca se extiende por 24 km y está rodeada por un bosque de pinos y un bulevar donde abundan los hoteles, restaurantes, tiendas y lujosas casas. Las aguas costeras son poco profundas y sin oleaje. Puedo dar fe de que es bastante fría en pleno agosto. Hay varias áreas recreativas y otras de juegos infantiles, así como tarimas estables si no quieres caminar sobre la arena. La playa está dividida en varias zonas ; LielupeBulduri o Dzintari, aunque la  más famosa es Majori Beach. Una gran tortuga gigante nos da la bienvenida.

Otro de los aspectos relevantes son las casas de madera de época victoriana, construidas entre finales del s. XIX y principios del s. XX, en estilo clásico, estilo romántico nacional, etc, casas repletas de arcos decorativos y terrazas acristaladas que servían como villas de verano.

Pero el corazón de Jūrmala se encuentra en su calle principal Jomas iela, es el centro de la vida social y cultural, abundan los cafés, restaurantes, boutiques y tiendas de souvenirs. Al final de la calle está el monumento Globbus que indica las ciudades del mismo nombre en todo el mundo y detrás la preciosa Iglesia Ortodoxa del Icono de la Madre de Dios de Riga.

El Parque Nacional de Gauja, la Ruta de los Castillos

Ahora ponemos rumbo al Parque Nacional de Gauja, ubicado a unos 100 km de Riga, para visitar este enorme espacio protegido, pero no tanto por su naturaleza, que también, sino por sus fortalezas y castillos medievales imbuidos en medio de bucólicos y frondosos bosques, verdes valles y encantadores ríos y riachuelos. Vertebrado alrededor del valle del río Gauja, del que toma el nombre, hablamos de una superficie superficie de 917,45 km2.

Comenzaremos por el pueblo de Cesis, su historia y la de muchos pueblos de la región está unida a la de los Hermanos Livonios de la Espada, que en 1206, aliados con la tribu local de los Wendos, construyeron en una pequeña colina el Castillo Wenden (Cēsis en alemán) y el pueblo creció a su alrededor. Hoy en día, como antaño, la vida sigue girando alrededor de la plaza del mercado, Rožu laukums y de la imponente Iglesia de San Juan (s.XIII), donde están enterrados los Maestros de la Orden Livona.

En Cesis realmente hay dos castillos: el Viejo y el Nuevo. El Nuevo es una mansión del s. XVIII construido en estilo neogótico que alberga un Museo de Historia y Arte. En su parte delantera hay un jardín con maquinaria de guerra medieval y unos establos.

El Castillo Viejo tuvo su época dorada entre los siglos XIII y XV. Durante el s. XX se remozaron sus estructuras y hoy es posible visitar una de las torres, el antiguo calabozo y otros espacios. Al entrar te dan un fanal o farol con una vela encendida para que realices el recorrido, ya que dentro de las estancias solo hay luz natural y algunos lugares son ciertamente oscuros. Además, en el tercer piso de la torre se utilizan proyecciones audiovisuales como enfoque artístico que relatan la historia del castillo y la región.

Alrededor del castillo hay un parque con un gran estanque, diversos senderos, restos arqueológicos y una pequeña iglesia ortodoxa de la Transfiguración de Cristo.

Ruta de los Castillos: Sigulda, Krimulda y Turaida

¡Qué nombres!, si parecen los homónimos de las tres brujas de los cuentos de una película de Disney. Sin embargo son los nombres de tres poblaciones en el interior del Parque Nacional de Gauja, por la que transita la ruta de los Castillos. La ruta de 10 km se realiza a pie y dura unas 4 horas. Aunque perfectamente se puede realizar en coche o en bici, pero se pierde el transitar por los senderos del bosque salvando riachuelos y disfrutando de los sonidos del bosque. Hay un teleférico entre Sigulda y Turaida que se puede usar para regresar.

Sigulda, la de los dos castillos

La ruta arranca en la población de Sigulda. De camino al castillo medieval se puede ver la coqueta Iglesia Evangélica Luterana, del s. XV y el Castillo Nuevo o Siguldas Jaunā pils construido en el año 1878 en estilo neogótico y aunque ha pasado por muchas manos y diversas funcionalidades, en la actualidad alberga al Consejo de Sigulda y no se permite la visita. Merece una mención especial los extensos jardines y el curioso conjunto de esculturas denominadas el Desfile de los Caballeros.

Rodeando el Castillo Nuevo y cruzando una pasarela llegamos al Castillo de la Orden Livona de Sigulda o Livonijas ordeņa Siguldas pils, el más antiguo de la zona. Este castillo fue fundado por la orden de los Hermanos Livonios de la Espada en 1207. Poco queda en pie y muchas de sus ruinas han sido reconstruidas pero todavía pueden recorrerse las antiguas murallas de piedra, subir a las torres o disfrutar de eventos al aire libre en su plaza de armas.

Continuamos nuestra ruta cruzando el río Gauja, por el puente de hormigón armado que descansa sobre tres arcos de más de 35 metros de ancho, es una de las estampas de la zona. Cerca se encuentra la Serpentīna ceļš, el camino que serpenteando por la colina une las poblaciones de Sigulda con Krimulda.

Gutmana, la cueva del hombre bueno

Ponemos rumbo a Turaida pero antes de llegar visitamos la Cueva Gutmana. Aunque a mi me sonaba a nombre hindú, realmente procede del alemán gut mann, que significa buen hombre. En su interior brota un pequeño manantial. La cueva tiene muchas inscripciones las más antiguas datan del s. XVII y está vinculada a la leyenda de la Rosa de Turaida.

Turaida, el Jardín de Dios

El castillo de Turaida se encuentra dentro del Museo Reserva de Turaida, un complejo de 57 ha que alberga lagos, jardines, arboledas y varios edificios en el que se recrea la vida de la época, se realizan talleres de artesanía y diversas exposiciones, así como distintas actividades para los visitantes. Además, se pueden visitar otros lugares interesantes, como la Iglesia de Turaida o el Parque de las canciones populares, con 26 esculturas originales.

Pero sin duda, la estrella de este museo al aire libre es el Castillo de Turaida, mandado a construir en 1214 como residencia del arzobispo de Riga hasta que un incendio en 1776 lo arruinó. Este edificio de ladrillo rojo llama la atención por sus torres, murallas y salas de exposición de objetos de la época del antiguo pueblo de los livonios que conformaban los habitantes del río Gauja y que lucharon contra los Hermanos Livonios de la Espada para evitar ser cristianizados. Ellos fueron los que le pusieron nombre a la región de Turaida que significa Jardín de Dios en livonio.

Justo antes de llegar al castillo, en una colina, encontramos una iglesia de madera construida en 1750 para la parroquia luterana de Turaida. De su interior destaca el altar de estilo barroco, el retablo del Gólgota del s. XVII y el púlpito. En el exterior, bajo un enorme tilo centenario, se encuentra la tumba de Maija, la Rosa de Turaida.

Continuamos nuestra visita dando un paseo por el Parque de las Canciones Populares, formado por la Colina Dainu y el Jardín de Canciones, con 26 esculturas en granito del artista Indulis Ranka que representan las canciones populares. Sin un camino fijo, anduvimos curioseando los diferentes edificios donde se exponía la administración del señorío, los artesanos y las tradiciones cotidianas entre los s. XVIII-XX.

El Señorio de Krimula y su Castillo

La pequeña villa de Krimulda está dominada por la majestuosa Mansión de Krimulda, una casa solariega construida a mediados del siglo XIX en estilo neoclásico. Hogar de la Casa Lieven, hasta que en 1921 se convirtió en sanatorio y centro de rehabilitación para tuberculosos. Hoy en día alberga un hotel. Se pueden ver lo que eran los establos, el granero, la casa de los sirvientes y el pabellón de verano.

Dentro del señorío se encuentran las ruinas de lo que fue el Castillo de Krimulda. Construido para el arzobispado de Riga, en torno al año 1255 y destruido en la guerra sueco-polaca del año 1601. Se ubica en lo alto de la empinada orilla derecha del río Gauja y está protegido por el profundo barranco de Vikmeste. Hoy en día, la colina del castillo está cubierta de bosques y solo se puede ver un pequeño fragmento de la muralla del castillo, cimientos de torres y del patio de armas.

Cerca de las ruinas se encuentra la Casa Suiza construida por el príncipe Paul Hermann von Lieven en 1848 y el teleférico de Sigulda, un aerial cable-way que cruza el río Gauja y los bosques del valle a una altura de 42 m y recorre una distancia de 1 km uniendo las poblaciones de Krimulda y Sigulda.

El Palacio Rundale, el Versalles letón

En nuestra última visita a tierras letonas, nos dirigimos al Palacio Rundale, ubicado en medio de las fértiles llanuras de Zemgale, al sur de Letonia, junto a la frontera con Lituania. Fue diseñado por el genio del barroco y rococó, el italiano Bartolomeo Rastrelli, arquitecto de la corte rusa, como residencia del duque de Curlandia, Ernst Johann Biron, en el siglo XVIII. Desde entonces, el palacio ha sufrido graves daños durante las diferentes guerras y su restauración no llegó hasta el año 2015.

En el ala este se hayan las conocidas como Salas de Estado, que estaban destinadas a las recepciones y los grandes eventos sociales de los duques. Destacan la Sala Dorada, usada como salón del trono del Duque. El Gabinete de Porcelana o El Gabinete Ovalado de Porcelana en ambos se exhiben jarrones de porcelana oriental. La Sala Blanca o salón de baile y la Gran Galería que se usaba como salón de banquetes. La habitación azul que exhibe pinturas de maestros flamencos y holandeses o las Cocinas con sus cuatro enormes hogares.

En el Edificio Central se encuentran las habitaciones privadas del Duque que albergan salas de recepción privadas, la suite del Duque, aseos y vestidores. Así como la biblioteca, el comedor o la sala de juegos. Se conserva parte del mobiliario original, entre ellas seis grandes estufas de porcelana de las 80 que hubo en el palacio.

Los apartamentos de la Duquesa ocupan el ala oeste del edificio. Aunque no se conserva la decoración original de la mayoría de las habitaciones, estas han sido reconstruidas cuidadosamente a partir de fotos antiguas.

Finalmente, los Jardines Reales, inspirados en los jardines de Versalles, también se utilizaron para asuntos públicos. Obviamente en estilo francés. En sus 10 hectáreas de extensión encontramos un intrincado laberinto de callejones, cruces, pérgolas y bosques donde destaca el Jardín de Rosas, el Teatro Verde, los parterres ornamentales y la fuente central.

Dejamos atrás Letonia para continuar nuestra Ruta por los Países Bálticos cruzando la frontera con Lituania, nuestro último destino.