El país de las águilas, animal emblemático del estado presente en su bandera roja, es conocido por su costa escarpada con grandes montañas que mezcla un puñado de calas con kilométricas playas de paisajes vírgenes y restos arqueológicos. La Riviera albanesa, se trata de la franja costera del Mar Jónico que se encuentra entre las ciudades de Vlorë y Sarandë, aunque podríamos extenderla hasta la frontera con Grecia, donde predominan las aguas transparentes y de color azul turquesa con una luz única que te escolta durante toda la ruta.

Albania está situada en la península de los Balcanes, con fronteras con Grecia, Macedonia del Norte, Kosovo y Montenegro, aquí viven unos 3 millones de habitantes en un espacio similar al de Galicia. El lek (1 € = 110,96 lek2023) es su moneda. Tras vivir bajo el yugo comunista del presidente Enver Halil Hoxha durante 40 años, es candidata a formar parte de la Unión Europea desde 2014, pero parece no terminar de cumplir con los criterios y requisitos establecidos por la UE.
Saranda, la capital no oficial de la Riviera Albanesa

Saranda o Sarandë, es una ciudad costera con una bahía en media luna rodeada por colinas. Se ubica al suroeste del país y próxima a la frontera con Grecia y frente a ella se extiende la isla griega de Corfú. Su pequeño y concurrido puerto se ha convertido en un destino que atrae a los cruceros del Mediterráneo. Antiguo lugar de veraneo del turismo local y de los cercanos países limítrofes que se refleja en una urbanización típica de los años sesenta. Nos recordó a los Cristianos (Tenerife, Islas Canarias) en esos años.




El Lungomare o bulevar Hasan Tahsini, es un paseo marítimo rebosante de vida, sobre todo al caer la noche, cuando los turistas y locales se acomodan en las terrazas de bares y cafeterías para disfrutar de una rica gastronomía mediterránea. Al borde del paseo encontramos la playa urbana, Plazhi i Sarandes, sorprendentemente limpia, con agua cristalina. Al fondo en lo alto de la colina se levanta el Castillo de Lekursi una antigua fortaleza que domina la ciudad.
Parque Arqueológico de Fenice y Monasterio de San Nicolás
A unos 15 km al norte de la ciudad visitamos el parque arqueológico de Fenice, es una excavación arqueológica de la antigua ciudad griega, que dominaba el Epiro desde el s. V a. C dada su ubicación estratégica. La ciudad en lo alto de la colina con vista al valle se encontraba rodeada por una gran muralla, contaba un ágora, cisternas para el almacenamiento de agua, incluso un teatro. Durante la influencia bizantina en los siglos V y VI se erigieron más edificios religiosos, incluido un baptisterio y una basílica.
A 5 km al oeste se encuentra el Monasterio de San Nicolás de Mesopotam. Fundado en el s. XI, aunque solo queda el Katholikon, iglesia principal, construida en 1225 sobre un templo pagano con materiales procedentes de la antigua ciudad griega de Fénice, es una de las iglesias bizantinas más grandes de los Balcanes. Su doble ábside lo hace único en su género y el interior está decorado con frescos bastante dañados y ocultos por andamios.
Ksamil, el caribe albanes

A Ksamil, se accede en media hora desde Saranda. Este pueblo costero, con playas de arena blanca y aguas que recuerdan al Caribe, ofrece atardeceres únicos.







Este pequeño litoral mira al frente a cuatro islotes (isla Gemelas, isla Esmeralda, isla Pequeña e isla de Piedra) a los que se puede llegar incluso a nado. El único handicap de las playas es que la mayoría son privadas y de pequeño tamaño. Además, es obligatorio alquilar una tumbona y una sombrilla, y en temporada alta todo está abarrotado.
El parque arqueológico de Butrinto


Si seguimos la carretera SH81 desde Ksamil hacia el sur, antes de llegar al yacimiento arqueológico de Butrinto, pasaremos por un mirador con vistas al Canal Vivari que une el lago Butrinto en Albania con el estrecho de Corfú y sirve como línea de demarcación donde termina el mar Adriático y comienza el mar Jónico. El canal fluye en ambas direcciones, del lago al mar y viceversa durante la marea alta.


El yacimiento arqueológico se encuentra dentro del Parque Nacional de Butrinto, en una colina que domina el canal Vivari y está situado dentro de un bosque natural. Protegido por dos castillos, uno a cada lado del canal. El Castillo Veneciano Triangular está en la orilla oriental del canal, unido por un transbordador. Fue construido en el siglo XV para protegerse de los Otomanos. En la orilla oriental se encuentra el Castillo de la Acrópolis Veneciana construido en el siglo XIV.






Los restos arqueológicos encontrados datan desde la Edad del Hierro hasta la Edad Media. Pero centrándonos en la ciudad de Butrinto, antigua polis griega y más tarde ciudad romana y la sede de un obispado paleocristiano en Epiro. Una vez cruzas la entrada, dejando atrás el Castillo Veneciano encontramos una explanada donde se encuentra el ágora, con las termas, el mercado y dos edificios de mayor relevancia como son el Santuario de Asclepio del siglo IV a.C. y el impresionante Teatro Romano, construido en el s. III a.C.






Continuamos paseando entre la arboleda que protege del sol hasta los restos de un edificio circular con muchas columnas dispuestas de forma concéntrica, es el Baptisterio del s. VI. Su suelo de arena oculta un mosaico, decorado con pájaros y formas geométricas, para protegerlo. Unos metros más adelante nos topamos con dos impresionantes arcadas que conformaban la nave de la Basílica Paleocristiana del s. VI.






El camino nos acerca a las murallas y a las puertas de la ciudad, la vegetación y la maleza lo han colonizado todo, el cercano lago siempre a nuestra derecha. La primera puerta que encontramos es la Puerta del Lago, alta y estrecha. La siguiente es la Puerta del León, en el dintel se ha representado un bajorrelieve de un león atacando a un buey.





Ascendemos por las escaleras que nos llevan a la parte más alta donde se encontraba la Acrópolis. Hoy hay un Castillo Medieval y dentro un Museo. Las vistas sobre el lago son magníficas.
La Kilométrica Playa de Borsh

Dejamos Saranda y tomamos la carretera nacional, SH8, en dirección noreste por la falda de la cordillera Ceraunias o comúnmente conocidas como montañas Akroceraunianas, siempre con vistas panorámicas del mar Adriático. Se atraviesan pintorescos pueblecitos de una belleza salvaje, colgados en la montaña.



En poco más de una hora llegamos a la playa más larga de toda la Riviera Albanesa. La playa de Borsh, un paraje que mide más de 7 km de longitud y destaca por sus increíbles aguas cristalinas. Cuenta con algunos bares y restaurantes, así como un gran parking. El lugar perfecto para un chapuzón sin sentirnos agobiados, como en otras playas por las hamacas y paraguas que acaparan todo el espacio.
Puerto Palermo y el Castillo de Ali Pasha



Continuamos, ahora sí, por el litoral costero, hasta llegar a Porto Palermo, una pequeña bahía del mismo nombre que conforma dos pequeñas playas y un islote unido por un istmo. Las playas son de pequeños guijarros blancos que confieren al agua un color azul turquesa. La cala cuenta con un par de sencillos bares y una pequeña iglesia. Nos dimos un buen chapuzón después de visitar el castillo.




El Castillo de Ali Pasha es una impresionante estructura que se encuentra en una pequeña isla en lo alto de un promontorio. La fortaleza tiene una forma triangular con tres poderosos baluartes en las esquinas, lo que la hace imponente e impenetrable. Se cree que la fortaleza fue construida por los venecianos entre los siglos XV y XVI, lo que demuestra su rica historia y su importancia estratégica en la región.
Himarë y playas alrededor



Himarë es otro pequeño enclave turístico albanés en la costa del Adriático que parece anclado en los sesenta urbanísticamente. La larga bahía alberga tres playas que discurren a lo largo del paseo marítimo; Marachi, Sfageio y Spile, en estas últimas el ambiente es más local. El color azul turquesa y las cristalinas aguas son todo un reclamo para el baño.
Antes de continuar visitando las otras playas subimos hasta el Castillo de Himarë. Se ubica en lo alto de la colina bordeado por dos cañones. Desde el parking se asciende por una red de callejuelas empedradas atravesando antiguas casas de piedra con pequeños huertos donde todavía se ve actividad humana. Todo parece en estado de ruina y abandono. Un ejemplo es la pequeña iglesia de San Sergio y San Baco. Se cree que las antiguas murallas datan probablemente de los siglos V-IV a.C., en los cuales la tribu griega de los caonianos dominaba la región. Por eso no es extraño oír hablar griego en todo este litoral. Desde las ruinas del castillo de Himarë hay hermosas vistas de los frondosos bosques y hacia la playa de Livadhi.






Toda la costa está jalonada de calas y playas rodeadas de exuberante vegetación y acantilados escarpados, algunas de fácil acceso como Jale o Livadhi, otras como la de Gjipe, hay que caminar 1 hora a través de senderos escarpados e impresionantes paredes rocosas. En cualquier caso, lo que sí está garantizado es un baño relajante en las cristalinas aguas turquesas del tranquilo y cálido mar Adriático.




En este litoral se disfruta de una gastronomía muy mediterránea, con influencias griegas, italianas o turcas, todas deliciosas y muy bien regadas por vinos generosos, frescos y equilibrados, un disfrute sensorial. Como diría el amigo Tino: ¡un orgasmo esofágico!.
De Dhermi a Vlore cruzando el Paso Llogara




Nuevamente nos vamos alejar de la costa para adentrarnos en las montañas Akroceraunianas, pero antes visitamos el pueblo de Dhermi. Construido en la ladera de la montaña con estrechas callejuelas y casas de piedra es un pueblo tranquilo y agradable. Desde la Iglesia de San Atanasio se tienen una vistas increíbles sobre la costa de Dhermi y la playa.





Algo más arriba encontramos las empinadas escaleras que llevan al Monasterio y la Iglesia de Santa María, también conocido como monasterio de Panagia. El monasterio consta de un recinto amurallado con un cementerio y una iglesia en el centro de tipo basilical con cúpula y construida en los siglos XIII-XIV. En las paredes del interior de la iglesia también se pueden observar unas hermosas pinturas murales.



Desde este punto se ve perfectamente como la carretera se retuerce sobre sí misma para alcanzar el Paso de Llogara. Es un paso de alta montaña a unos 1.000 m de altura sobre el nivel del mar que conecta el valle del Dukat al norte con Himare al sur. Las vistas que ofrece son espectaculares. Pensar que por aquí pasó Julio César con sus legiones persiguiendo a Pompeyo.


Finalmente llegamos a la ciudad de Vlore, el último enclave turístico de la Riviera Albanesa, tal vez el más desarrollado y también para nosotros el más feo, apenas estuvimos unas horas. Tiempo suficiente para dar una vuelta por el paseo marítimo de la playa Ri o playa Nueva, un bulevar en el que se encuentran la gran mayoría de hoteles, restaurantes y zonas de marcha.
Recinto Arqueológico de Apolonia
Antes de poner rumbo a la capital, Tirana, para despedirnos de Albania, visitamos nuestros dos últimos puntos de interés: el Monasterio de la Virgen María en Zvernec y el Yacimiento Arqueológico de Apolonia. Este monasterio se ubica en una isla en la Laguna de Narta, a 12 km al noroeste del centro de la ciudad. Para llegar se debe cruzar la laguna a través de una pasarela de madera. Es un complejo ortodoxo del s. XIII-XIV que se compone de varios edificios conventuales, una iglesia y un pequeño cementerio. En la capilla destaca un iconostasio bastante bien conservado.










El Yacimiento Arqueológico de Apolonia, se encuentra en una meseta montañosa no lejos de la ciudad de Fier, en la orilla derecha del río Viosa. Esta ciudad fue fundada en el año 588 a. C. por colonos griegos de Corcira y Corinto. Pero alcanzó su mayor esplendor bajo el dominio romano y contó con una reputada escuela de filosofía. El monumento más imponente es un pórtico de frontón triangular y columnas con capiteles corintios, denominado Bouleuterión o Monumento de los Agonotetas. Frente a él hay hay un pequeño Odeón, con una capacidad para 300 personas. A su lado se levantaba la Biblioteca. A su derecha se encuentra el Obelisco de Apolo, que representa el culto por Apolo Agyieus, protector de caminos y casas. A la izquierda se encontraba el Ágora, en su día estaba porticada y era el lugar donde los ciudadanos se reunían para debatir o intercambiar noticias y el Nympheum, una gran fuente decorada, que recogía el agua que aun brota de la tierra. Otros restos los componen el Teatro, el Templo de Diana o el Gimnasio.
Con la misma entrada se puede ver el Monasterio de Santa María de los s. XIII y XIV. Un complejo amurallado que contiene las celdas de los monjes, el campanario y el katholikon o iglesia principal del s. XIII. Su forma es cruciforme, de estilo bizantino, aunque el exonártex, las esculturas y capiteles de sirenas, animales y monstruos, además de los frescos, nos acercan más al románico. En el interior se conservan fragmentos de pintura mural y un bello iconostasio.








En el segundo piso del edificio monacal hay un Museo Arqueológico que se creó para albergar los hallazgos excavados en Apolonia. Con 6 salas donde se exponen los descubrimientos desde la prehistoria al período romano y un pórtico de esculturas, donde se muestran las grandes esculturas de mármol.

Ahora sí pusimos rumbo a las dos últimas ciudades que para muchos son prescindibles en un itinerario por Albania. Nosotros quisimos darles una oportunidad y ustedes decidirán si vale o no la pena, creemos que sí. Pero eso será en nuestra próxima entrada Durrës y Tirana.




















































11/01/2024 at 08:26
La Riviera Albanesa está bastante masificada. Un remanso de paz en sus monasterios y sitios arqueológicos, que son una verdadera maravilla!
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