Viajar por Letonia es adentrarse en llanuras tapizadas de campos de labranza y densos bosques. Tierra que se ha visto invadida por alemanes, polacos, suecos y finalmente rusos, pero que han sabido perpetuarse como nación para dejar de ser meros sirvientes. Aunque atravesamos el país de este a oeste y luego de norte a sur, comenzaremos nuestro relato por su capital, Riga, a la que le dedicamos dos días.

La capital letona fue fundada en la desembocadura del río Daugava en el s. XII por mercaderes alemanes y estuvo marcada por el poder de los Caballeros Teutónicos y por su pertenencia a la federación comercial de la Liga Hanseática. Es la ciudad más poblada de los Países Bálticos y su centro histórico es famoso por su arquitectura art nouveau y las construcciones de madera del siglo XIX, también es la ciudad europea con más edificios modernistas.

Comenzamos nuestra visita por su casco histórico, conocido con el nombre de Vecrīga, el área original, antes de que la ciudad se expandiera a finales del siglo XIX. La Plaza del Ayuntamiento o Rātslaukums es donde se desarrollan los principales eventos de la ciudad. En su centro se levanta la Estatua de Roland, el legendario caballero que sirvió a las órdenes de Carlomagno y detrás está la Casa de las Cabezas Negras o Schwarzhäupterhaus, de estilo barroco y gótico. Construida en 1334, restaurada tras la II GM, era el lugar de reunión de la Hermandad de las Cabezas Negras, cuyo nombre deriva del santo patrón, San Mauricio, representado como un soldado negro con armadura de caballero.

En el lado noroeste del edificio, se encuentra una placa en el suelo, con forma de árbol de Navidad, que reclama el lugar del primer árbol de Navidad del Mundo. Parece ser que la hermandad plantó un abeto en la plaza y lo decoraron con flores de papel. Este hecho está documentado en el año 1510. A su derecha se encuentra el Museo de la Ocupación de Letonia, si deseas conocer la historia del país. El otro edificio, de tres plantas coronado por un campanario que data de 1756, es el Ayuntamiento, de estilo manierista con pórticos toscanos y una torre barroca.

A pocos pasos, la iglesia luterana de San Pedro, data de 1209, aunque ha sido reformada en varios estilos. Tiene el prurito de haber tenido la torre de madera más alta de Europa en el siglo XVII. Actualmente es una réplica de acero, de 123 m de altura a la que se puede ascender para tener unas esplendidas vistas de la ciudad. En la pequeña plaza trasera de la iglesia encontramos una estatua de los Músicos de Bremen, ya que la ciudad está hermanada con la de Bremen.

Ahora nos acercamos a otra de las plazas emblemáticas de la ciudad, la Plaza Līvu, llena de terrazas, restaurantes y rodeada de varios edificios magníficos como el Teatro Mikhail Chekhov, el Pequeño Gremio o Mazā ģilde, un pequeño palacete blanco usado para conciertos y otros eventos; en frente, el Gran Gremio o Lielā ģilde, o el edificio conocido como “la Casa de los gatos”, en cuyo techo asoman dos gatos negros. También hay una réplica de la Cabeza de Piedra, en un jardín cercano.

Continuamos hasta la parte más medieval de la ciudad, con calles estrechas y adoquinadas, poco o nada queda de la muralla que rodeaba a la ciudad, aunque algún vestigio se puede encontrar, como la Torre de la Pólvora, que actualmente acoge una parte del Museo de la Guerra de Letonia. Detrás de la torre están los antiguos barracones militares, Jacob’s Barracks, hoy en día cafés, restaurantes y tiendas. Lo que queda de la muralla se ve en la Troksnu iela, a mitad de la calle encontramos la única puerta de las ocho que tenía la muralla que ha sobrevivido hasta nuestros días, la Puerta Sueca.

Seguimos por este laberinto de pequeñas calles hasta llegar a la calle Mazá Pils, donde se encuentran tres de las casas contiguas más antiguas de la ciudad, las casas de los Tres Hermanos o Tris Brali. La más antigua, con la fachada blanca, se construyó en el siglo XV, en estilo gótico. La siguiente se construyó en el siglo XVII, siguiendo el manierismo holandés, y la última en estilo barroco del siglo XVIII.

Justo en frente se alza la alargada figura estilizada de la Catedral católica de Santiago de Riga, dedicada a Santiago el Menor, aunque estaba cerrada durante nuestra visita. Luego visitamos la cercana Iglesia de Santa María Magdalena, de estilo barroco, fue visitada por el Papa Francisco en 2018.

A un paso de ellas queda el Castillo de Riga, construido en 1330 como fortaleza por los Hermanos Livonios de la Espada, aunque ha sido reconstruido en muchas ocasiones. Las mejores vistas las obtenemos desde la orilla contraria del río Daugava. Hoy es la residencia del presidente de Letonia.

Continuamos en dirección a la Plaza de la Catedral o Doma Laukums, la más grande de la ciudad. Suele ser escenario de conciertos, mercados y eventos especiales, sin mencionar los cafés y cervecerías al aire libre en los meses de verano. Está rodeada por majestuosas fachadas, destacando el antiguo edificio de la Bolsa que data de mediados del siglo XIX, actualmente sede del Museo de Arte de Riga Bourse.

Pero en la plaza hay un monumento que la domina y del cual recibe el nombre, es la Catedral de Riga o Doma Baznica. Su construcción, junto con el Monasterio de la Orden de los Monjes de Riga, que hoy acoge el Museo de Historia y Navegación de Riga, se inició en el año 1211, aunque tanto las remodelaciones como las ampliaciones han hecho que encontremos una mezcla de estilos: románico y gótico. Está considerada como la iglesia medieval más grande y antigua de los Países Bálticos. Aunque su interior es bastante austero, como corresponde a una iglesia luterana, destaca el órgano Walcker de 1884, con 6718 tubos, la primera veleta (1595) o el monumental púlpito.

También se puede visitar el claustro, donde se puede apreciar la mezcla de estilos. En sus pasillos encontramos diversos restos arqueológicos, entre los que destaca la cabeza de piedra de Salaspils, de origen confuso. Se cree que se trata de un ídolo eslavo antiguo.

Nos dirigimos ahora al cercano río Daugava, dando un paseo por su ribera hasta el Mercado Central, pasando por el puente, Akmens inclina o Puente de Piedra, disfrutando de las vistas del edificio modernista de la Biblioteca Nacional de Letonia, abierto al público en 2014. Finalmente llegamos al Mercado Central, el mercado cubierto y bazar más grande de Europa. Está ubicado en el interior de los inmensos hangares, que los alemanes utilizaban para guardar sus zepelines, a los que se les añadió decoración neoclasicista y art déco. En total hay cuatro áreas dedicadas al pescado, la carne, productos lácteos y la fruta y verdura.

Ahora salimos del centro medieval hacia la zona de crecimiento de la ciudad durante los años 1889 a 1914, bajo el imperio ruso, nos referimos al Barrio Art Nouveau o Centrs. En esas fechas se dio un gran impulso al desarrollo urbanístico de la ciudad creándose grandes bulevares y jardines, y construyéndose principalmente gran cantidad de edificios de apartamentos de varias plantas en estilo modernista.

Una muestra muy representativa la podemos encontrar sobre todo en las calles Alberta, Elizabetes y Strelnieku, esta última también llamada la calle de las embajadas. No queda sino pasear tranquilamente, admirando las fachadas Art Nouveau, rebosantes de decoración, con figuras femeninas sinuosas, exuberantes guirnaldas, animales exóticos y máscaras teatrales.

Terminamos nuestro paseo por el Barrio Art Nouveau o Centrs en el cercano Kronvalda Park, un parque dividido en dos por el Canal, que permite el paseo en barca, de estilo paisajístico con frondosos árboles, jardines de rosales y parterres, un pabellón chino, un antiguo faro y Rīgas brīvostas pārvalde, el edificio de la Autoridad del Puerto Libre de Rīga.

Ahora nos dirigimos a otro de los pulmones de la ciudad el Parque Bastejkalna, ubicado en el Distrito de Pārdaugava, también está recorrido por el Canal, donde los cisnes se desplazan lánguidamente. Tiene una pequeña colina, llamada el Bastión de la que brota una cascada, un puente de madera une los dos lados del canal. Pero lo que más destaca es el Monumento a la Libertad, todo un icono de la lucha por la libertad del pueblo letón. Muy cerca y a orillas del Canal, se encuentra la Ópera y Ballet Nacional de Letonia, LNOB, un teatro neoclásico del siglo XIX que alberga las sedes de las compañías nacionales de ópera y ballet.

Continuamos nuestra visita paseando por el Brīvības Bulvāris, Bulevar de la Libertad, de más de 12 km en sus tres tramos, hasta alcanzar el primero de los monumentos importantes la Catedral Ortodoxa de Riga o Catedral de la Natividad de Cristo situada al borde del Parque de la Esplanada. Se construyó entre los años 1876 y 1883 en el estilo neobizantino. La iglesia es un edificio central con cinco cúpulas parcialmente doradas, decorada con azulejos amarillos. En su interior destaca su iconografía, aunque está prohibida la fotografía. A lo largo de su historia, ha sido un templo luterano durante el periodo alemán o un planetario durante la dominación rusa, hasta recuperar el culto ortodoxo en 1991 con la independencia de Letonia.

Seguimos ascendiendo por la Brīvības iela y a mano izquierda encontramos la otra iglesia ortodoxa rusa, la Iglesia Alexander Nevsky, construida entre los años 1820 y 1825 en estilo clasicismo. Presenta una planta circular que descansa sobre 6 columnas dobles, rematada con una cúpula. Toda la construcción está realizada en madera, enlucida y pintada. La iglesia tiene 3 pórticos cerrados de orden dórico y un campanario de piedra independiente.

Muy cerca encontramos Iglesia Vieja de St Gertrudis de Riga, de culto luterano, construida con ladrillos rojos, es una muestra del incipiente estilo ecléctico que reinaba durante su construcción en el año 1869. Curiosamente, dos congregaciones alternaban aquí su culto, la alemana y la letona. Con la construcción de una Nueva St Gertrudis para los fieles letones, esta iglesia ha quedado exclusivamente para la comunidad alemana.

Si seguimos caminando llegamos a la antigua sede de la KGB, Casa de la Esquina o Cheka, en la que se pueden pueden visitar las celdas de la cárcel, los calabozos, las zonas de paseo, el ascensor para los interrogados y el espacio de trabajo de la oficina. Un recordatorio para las generaciones futuras de lo que los regímenes totalitaristas son capaces de justificar para implantar sus ideas y un monumento a quienes sufrieron dentro de estos muros.

Dejamos la capital letona para continuar nuestro viaje por esta República Báltica, en nuestra próxima entrada visitaremos la cercana zona balnearia de Jurmala, el Parque Nacional de Gauja o el magnífico Palacio de Rundale, atravesando zonas boscosas con inmensos campos verdes o la placidez del frío mar Báltico.