Teníamos muchas ganas de descubrir esta ciudad, tantas veces en Marruecos, y nunca la habíamos visitado, todos la nombraban, nos contaban sus beldades, nos ponían los dientes largos, pero esta vez conseguimos incluirla en nuestra ruta por el norte de Marruecos en agosto de 2022.

En nuestra ruta por el norte de Marruecos dejamos la ciudad de Tetúan, para trasladarnos hasta Chefchaouen a unos 65 km que se recorren en 1 h y 15 min, si no haces paradas. La carretera está bien, algo tortuosa con algún sube y baja por la zona montañosa y grandes embalses de agua, ya que no hay que olvidar que nos acercamos a las estribaciones del Rif.

Chefchaouen, también nombrada como Chaouen, que significa en bereber, cuernos, debido a que el pueblo se sitúa en un valle a las faldas de dos montañas, Tisouka y Megou, cuyos picos se elevan como dos cuernos. Fue fundada en 1741 por Moulay ‘Ali ibn Rashid al-Alami, aunque su población era originaria de los expulsados de al-Ándalus, tanto musulmanes como judíos. Por ello, su estructura arquitectónica es muy semejante a la de los pueblos andaluces, con pequeñas callejuelas de trazado irregular y casas encaladas, mayoritariamente de diferentes tonos de azules, algunos dicen que para evitar los mosquitos.

Muchos dicen que lo mejor es perderse por su callejas y disfrutar de todos los rincones. ¡Perfecto!, entonces terminaría aquí este relato y punto, no?. Creo que eso se puede hacer después de haber visto lo esencial de los lugares, sobre todo si tienes tiempo de sobra. Nos vamos a arriesgar a hacer una pequeña ruta, casi circular, donde podrás disfrutar de lo fundamental y luego ya te puedes perder, jajaja. Aunque para serte sincero la ciudad tiene la peculiaridad de cambiar en función de los diferentes tonos de luz, no es lo mismo temprano por la mañana que al atardecer o al abrasador sol del mediodía.

Nuestro recorrido comienza en la puerta Bab Souk, simplemente porque nuestro hotel, Hotel La Jiba, estaba próximo. Cruzando la puerta nos adentramos en la Medina y ya es imposible abstraerse del ajetreo diario, de los aromas del pan recién horneado o las frutas y verduras expuestas de forma sencilla a pie de calle en improvisados mercadillos. Si tomamos la calle a nuestra derecha nos toparemos con la Mezquita el Souk, caracterizada por su minarete de forma octogonal y su blanco inmaculado que contrasta con el azul que la rodea.

Dejamos atrás la mezquita y la cercana muralla, y seguimos en la Medina por la rue Jamaa, en ella encontraremos dos de los lugares predilectos de los instagramers, el callejón azul y el puesto de naranjas.

Continuamos hasta torcer a la derecha en la rue Akbat Mechaat que desemboca en la Plaza El Haouta.  La plaza está rodeada de edificios y en el centro hay una fuente pública, de cuatro lados ornamentados, alimentada por agua de manantial. Destaca la terraza con arcadas donde hay un cafetín, el suelo está bellamente pavimentado y los diferentes tonos de azul le dan un embrujo especial a esta plaza.

Salimos de la plaza por la rue Sidi Sellan y continuamos por varias callejuelas empedradas con arcos, descartando las calles con escaleras, hasta llegar al barrio comercial de Souika, en la rue Al Kissariya, una pancarta te lo indica, aquí hay un zoco de lo más auténtico.

Seguimos nuestro recorrido hasta llegar a la plaza principal de la ciudad, Uta el Hamman, rodeada de cafés y restaurantes. Es la plaza más bulliciosa y lugar fundacional de la ciudad. También tiene una pequeña fuente aunque en este caso está cegada. Hay dos edificios de interés, la Mezquita de los Viernes o Kebir y la Kasbah o  Alcazaba.

La Mezquita Kebir, El-Masjid El-Aadam es la mezquita más antigua de la ciudad. Destaca su alminar octogonal de estilo andaluz en un extremo de la plaza. Construía por orden del fundador de la ciudad Moulay Al Rashid, en el s. XVI. Su entrada, curiosamente, está por encima del nivel del suelo y se accede por dos escaleras laterales. Recordar que en Marruecos no se permite la entrada a los no musulmanes.

El otro edificio es la Kasbah o  Alcazaba, también fue mandada a construida por Moulay Al Rashid a finales del s. XV con varias reconstrucciones posteriores. Esta imponente fortaleza amurallada, protegida por sólidos muros rojizos, tiene una Torre del homenaje y un gran patio ajardinado con naranjos, palmeras, jazmines, rosales, fuentes, etc. En los bajos de la torre se encuentran las antiguas celdas de la prisión, hoy en día alberga un museo etnográfico. A partir de ella corre la antigua muralla que cierra la Medina con varias torres y hasta siete puertas.

Dejamos la plaza y nos adentramos por las callejuelas que ascienden al barrio alto, El Onsar, por la rue Ibn Asskar y rue Alhassan, en algunos tramos hemos de ascender escaleras, pasando por fuentes, pequeñas plazoletas, arcos de todos los tipos, etc. En estas calles se venden tejidos, cerámica, pigmentos, quincallerías, zapatos, etc. Pasamos por delante de la mezquita Elounssar y por la plaza Zaituna, que posee un olivo centenario; al final de la calle se llega a la Bab el Onsar, que es la puerta más oriental de la Medina y da acceso al manantial de Ras el Maa.

Saliendo de la Medina por la puerta Bab el Onsar, tenemos que cruzar el río Fouara (Oued el Kebir), por el puente de piedra construido entre los s. XVI-XVII y que nos permite contemplar el manantial de Ras el Maa, que brota en forma de cascada por ladera de la montaña, formando pequeñas piscinas naturales que son lugar de esparcimiento y relax de los locales.

El manantial Ras el Maa, abastece de agua a los antiguos lavaderos, hoy tomados por los vendedores de zumos de naranja que utilizan el agua fría que corre para refrescar las naranjas. En la época estival los habitantes del pueblo y el turismo autóctono, montan sillas y mesas en medio de las piscinas naturales para refrescarse los pies y hay una algarabía de niños jugando en el agua. Si se sigue el curso del manantial se pueden ver los antiguos molinos de harina.

Ahora sí, este es el momento en el que perderse callejeando por la ciudad en busca de esas instantáneas que quedaran en tu retina. Aunque para eso ya tenemos a los instagramers  que nos han elegido esos rincones maravillosos, los callejones el Asri, Dar Sababa, Sidi Bouchouka, Blue dream, Dar Yakhlef, calle Metilah, etc, etc…jajajaja. De tal manera, que los dueños de estos espacios cobran por cada instantánea en la que quieras retratarte, nosotros, evidentemente, nos negamos a pagar por sacar fotos. Pero no te apenes, lugares hay de sobra, y si te pierdes siempre puedes preguntar, amablemente te indicarán que calles debes tomar para volver a algunas de las plazas o calles principales. También es normal que se acerquen de forma misteriosa y te ofrezcan kif, kif.

Cuando la luz comienza a descender es el mejor momento para buscar un bar con terraza y vistas sobre la ciudad y pedir algo de picar o un té y disponerte a disfrutar de la llamada a la oración del muecín. El viaje se termina pero siempre te quedarán estos momentos.