Laos, es un país donde disfrutamos muchísimo, un país de aventura, es retroceder casi un siglo, lugares remotos, paisajes selváticos cubiertos de nubes, sonrisas en cada esquina, el aroma al incienso en los templos, arrozales infinitos o así lo vivimos nosotros. Antiguamente conocido como el país del millón elefantes.

De las tres antiguas colonias francesas de Indochina, Laos es la menos desarrollada y la más enigmática de todas. Logró su independencia en 1953, es un país eminentemente agrícola, mayormente de subsistencia. La mayoría de la población vive en los valles del río Mekong y sus afluentes, donde se puede cultivar arroz. Sin salida al mar, limita con Myanmar (Birmania) y China al noroeste, Vietnam al este, Camboya al sureste, y Tailandia al oeste y suroeste. La moneda local es el Kip (1€ = 22.026,61 kip 2023).

Nuestra aventura comenzó en Tailandia en la parada de guaguas de Chiang Rai, Bus Terminal 1, en Phaholyothin Road, cerca del Night Market. Las guaguas suelen salir de los andenes 6 o 9 y te llevan hasta el Puente de la Amistad en Chiang Khong para el cruce fronterizo a Laos (Houay Xai). La guagua (35 bath2023) te deja después de 2 h de trayecto en un cruce a 5 km Chiang Khong, allí se coge un tuk-tuk (50 bath2023) para recorrer los últimos kilómetros hasta la frontera con Tailandia. En el puesto de emigración que hay en la parte tailandesa y una vez sellado el pasaporte (no olvidar las tarjetas de entrada y salida del país) se toma obligatoriamente un transfer (guagua) (30 bath2023) para cruzar el Puente de la Amistad que conecta la frontera de Tailandia y Laos.

Cruzando la frontera entre Tailandia y Laos por el paso de Houay Xai

Ya en la parte Laosiana tienes que rellenar los formularios de solicitud de visado a la llegada, así como las tarjetas de entrada/salida. Hay varias ventanillas y vas pasando de una a otra entregando el pasaporte, 2 fotos de carnet y lo más importante pagar 40 usd2023, nuevos, porque te rechazan los que consideren arrugados o en mal estado. En cualquier caso también hay un cajero y se puede pagar en moneda del país. Tras pasar unos tornos de control te esperan un songthaew (50 bath2023), donde el precio está fijado para un grupo de 6-8 personas. El conductor preguntara cuál es tu hotel, en el pequeño pueblo de Huay Xai, y te dejará en la puerta del mismo.

Aunque cansados después de las 6 o 7 horas de la aventura del paso de la frontera, compramos una tarjeta Sim Unitel (5G, 15 días) y reservamos en el hotel el billete del slow boat que nos llevaría hasta Luang Prabang, porque nos incluía el transporte hasta el embarcadero en tuk tuk al día siguiente. Una de las cosas que se puede hacer en el pueblo es ascender a una pequeña colina por unas escaleras con nagas, hasta donde se erige el monasterio Wat Jom Khao Manilat, construido estilo Shan en 1880. Desde la colina vimos el atardecer, fue espectacular.

Por supuesto hay otras formas de llegar a Luang Prabang, pero la mejor manera es realizando una travesía en barco por el Mekong durante dos días. En sus más de 4.000 km desde el Himalaya tibetano hasta verter sus aguas en el fértil delta del Mekong, en el sur de Vietnam, el río cambia varias veces de nombre y de fisonomía. En Laos se le conoce como Mènam Khong, “la madre de todas las aguas”. 

La vida en Laos tiene el ritmo de su río, lento, sereno, tranquilo. El viaje es largo, muy largo. Se divide en dos días de unas 7 horas diarias, y la parada que efectúan los barcos para pasar la noche se hace en el pequeño pueblo de Pakbeng. Debes llevar tu propia comida y bebida, tanto en los hoteles como en los mercadillos suelen ofrecer almuerzos para llevar. Los barcos son lentos, muy rudimentarios y básicos, hay que armarse de paciencia, relajarse, leer, dormir y ver el paisaje para bajar el río Mekong hasta llegar al desembarcadero. Algunos se lo pasan bebiendo y jugando a cartas.

Luang Prabang, la antigua capital de Laos

Luang Prabang fue la antigua capital del reino Lang Xang (s. XIV-XVI), conocida como el Reino del Millón de Elefantes. Se ubica en la península formada por la confluencia del río Mekong con el afluente de su orilla izquierda, el Nam Khane, a los pies del monte sagrado Phousi, que la domina. También es conocida por sus refinados templos budistas, además de poseer una rica arquitectura colonial, reminiscencia del protectorado francés (s. XIX-XX) que se refleja en sus anchas avenidas y casas señoriales.

Un paseo obligado, a primera hora de la mañana, es por el mercado de productos frescos, Talad Sao, muy cerca del Palacio Real, es un festival de olores, especias, carnes, pescados, frutas, donde la gente local viene a desayunar o a tomar un tentempié.

Cuando cae la noche, los puestos de comida callejera, souvenirs y productos artesanales, toman el relevo y forman el famoso Night Market, una de las mayores atracciones turísticas del lugar.

Visitar los más de 50 templos budistas es una tarea inabordable, aunque es imposible pasear por la ciudad sin encontrarte a cada paso uno. Tal vez los más interesantes y los más citados en guías y webs de viajes sean el Wat Xieng Thong, el Wat Mai, el Wat Manorom, Wat-Wisunarat, Wat-Hoisan-Voravihane, Wat Mahatha, etc…

Tomando de ejemplo el Wat Xieng Thong, construido por el rey Setthatirath alrededor de 1560, es el que mejor representa el estilo arquitectónico local, con todos los elementos de un recinto monacal, desde el Sim o capilla principal, pasando por las stupas o monumentos-relicarios que contienen los huesos de monjes y fieles o la biblioteca donde se guardan los textos sagrados. Se caracteriza por un tejado a dos aguas que, rematado en sus extremos con adornos flamígeros, desciende escalonado hasta casi tocar el suelo. En su interior destacan paredes rojas y negras decoradas con plantillas doradas de escenas mitológicas y diseños geométricos,  mientras que la base está cubierta con azulejos de color turquesa y plata. El frontón trasero está decorado con un mosaico de vidrio que representa el árbol de la vida.

El recinto del Wat Xieng Thong se compone además de varias capillas y estupas. Entre ellas destaca la Chapelle Rouge, o la Capilla Roja, que contiene un Buda reclinado. Éste fue llevado a la gran Exposición Colonial de París en 1931. Otro atractivo importante del templo es la Capilla del Carro Funerario. En esta sala se encuentra la carroza funeraria del rey Sisavangvong, coronado en 1946 y fallecido en 1959. Este carro se caracteriza por sus 7 cabezas de serpiente.

Otro edificio que se tiene que visitar es el Palacio Real,  construido en 1904 durante la era colonial francesa para el rey Sisavang Vong y su familia. Hoy es un museo, en el que se exponen en varias salas objetos personales de la familia real y en el que destaca el salón del trono. ¡Ojo con hacer fotos porque te persiguen hasta que las hayas borrado!, está prohibido.

El otro edificio significativo es la pagoda Haw Pha Bang,  construida en 2006 para albergar el Phra Bang, la imagen de Buda más venerada del país y que da nombre a la ciudad. La sagrada figura de Buda mide 83 cm de altura, y pesa 50 kilos, fundida en oro, plata y bronce. La imagen fue un regalo del rey de Angkor en 1353, al primer gobernante del reino de Lan Xang, Fa Ngum, para difundir el budismo theravada.

En los antiguos jardines reales podemos ver un estanque de lotos y dos cañones en la entrada del palacio, además de la estatua del rey Sisavang Vong que se encuentra fuera de la sala de conferencias.

Ver el atardecer desde la cima del monte sagrado Phosi, es otro de los imprescindibles. La empinada escalera de gastados escalones que luchan por no ser engullidas por la maleza comienzan frente al Palacio Real. La cima está corona el templo Wat Chom Si, construido en el año 1804, destaca por su gran estupa dorada de 20 m de altura. Miles de personas se mezclan con los fieles que vienen a rezar en un hormigueo constante para desde la cima ver incendiarse el cielo y el río. ¡Otra experiencia única!.

Contemplar el atardecer desde aquí, es una de esas imágenes que quedan grabadas en tu retina y el mejor de los souvenirs que puedes llevarte contigo. Se pueden divisar todos los rincones de la ciudad, así como los distintos colores de rojo con los que se tiñen los ríos Mekong y Nam Kham.

Si eres un culo inquieto o te quedan más ganas de explorar los templos de la orilla opuesta de Luang Prabang, en el distrito de Chomphet, puedes cruzar el río Mekong en barcaza (10.000 Kip2023), como un local más. El embarcadero está situado al lado del Museo del Palacio Real y se paga en el transbordador que solo tarda unos minutos en cruzar.

Dejamos el trasbordador y atravesamos el pueblo de Ban Xieng Maen hasta encontrar los escalones al Wat Chomphet, compramos unas ofrendas y subimos, la sobria edificación data del siglo XVIII y las vistas son esplendidas. Continuamos hacia nuestro siguiente templo, el Wat Long Khoum. Te reciben unos guardianes chinos pintados en la entrada, dentro destacan la pinturas de las paredes y el techo de oro. Había muchos más templos pero teníamos que regresar, el atardecer nos acechaba.

Hay un ritual que no puedes dejar de realizar, el pasear distraídamente por las calles cercanas a la ribera del Mekong, disfrutando de las antiguas casa coloniales o tomándote alguna bebida refrescante en las terrazas con vistas al río y disfrutar con el ir y venir de barcazas y vidas que fluyen al ritmo del río.

Y cuando cae la noche y las temperaturas dan una tregua es el mejor momento para deleitarse con la comida laosiana, sabrosa, fresca, condimentada, sin exceso de picante. El Tam Lao, la ensalada de papaya verde, el Khao Naiw el arroz glutinoso o el Nam Khao, un plato de estofado son algunos de los platos típicos. Un broche de oro para un día agotador.

Una de las excursiones que se pueden realizar desde Luang Prabang es visitar las Cascadas de Kuang Si, situadas a unos 25 kilómetros. Nosotros negociamos la excursión en la calle y nos llevaron en songthaew (450.000 kip2023) hasta la entrada. Después de adquirir el ticket (25.000 kips2023) unos carritos eléctricos te dejan en la entrada. Un plano detallado te indica los senderos que debes tomar. Lo primero que vemos es el Centro de Rescate de Osos Tat Kuang Si, dedicado al rescate del oso negro asiático. A continuación, rodeados de árboles y selva, vamos ascendiendo por una ligera pendiente, en algunos casos por tarimas de madera, por tres niveles de cascadas y pozas, donde en algunas puedes darte un chapuzón, hasta llegar a la última de 60 m de altura. Aquí se ha construido un puente en la base de la cascada, sobre el curso del agua, desde donde se obtienen las mejores vistas.

Desde luego hay muchas más cosas que puedes hacer en Luang Prabang, como visitar las Cuevas de Pak Ok, nosotros las habíamos visto desde el río cuando veníamos de Tailandia o despertarse a las 5:30 h de la mañana para ver la ceremonia del Tak Bat o Ceremonia de las Almas. Al amanecer cientos de monjes abandonan sus monasterios y recorren las calles de sus barrios en fila y descalzos, con la esperanza de recolectar en sus cuencos las ofrendas (arroz, frutas, dulces o dinero) que les entregan los fieles, pero también la habíamos disfrutado en otros países budistas, como Camboya, India, Myanmar o Sri Lanka etc… Así pues, continuamos nuestro viaje por este increíble país lleno de sorpresas como veremos en nuestra segunda parte de Viaje con Nosotros al Sudeste Asiático: La ventura de Laos II. De Vang Vieng a Vientiane.