La primera cuestión que se viene a la cabeza cuando hacemos un itinerario por un país es responder a las mismas preguntas; qué debemos visitar, cuáles son los lugares imprescindibles, a dónde ir. Hoy en día es muy fácil responder a estas cuestiones ya que hay mucha información en las redes sociales, blogs de viajes, etc.. y ya no es necesario usar ni mapas, ni guías de papel, tienes toda la información a golpe de click. Por tanto, esta ruta es fruto de una búsqueda de todos aquellos lugares que nos parecieron interesantes y aunque seguro que nos hemos dejado alguno, esta es nuestra ruta de seis días por Estonia2023.

En primer lugar y después de alquilar el coche a través de Rentalcar, con Green Motions, nos dirigimos hacia la cascada de Jagala Juga y al parque nacional de Lahemaa. En una siguiente etapa visitamos la Isla de Saarema, la mayor de Estonia y de regreso al continente paramos en la ciudad balneario de Parnu. Continuamos atravesando el país de oeste a este para llegar a la ciudad de Tartu, la segunda en habitantes y ciudad universitaria. Por último, cruzaríamos la frontera con Letonia en la curiosa ciudad de Valga/Valka. Abróchense los cinturones porque comenzamos nuestro viaje.

Cascada de Jagala Juga y Parque Nacional de Lahemaa

La cascada se encuentra a 30 km al este de Tallin, muy bien señalizada y con buena carretera. Es la cascada más ancha de Estonia, 50 m y la caída de agua es de 8 m de altura. La desembocadura del río Jagala, no queda lejos, se sitúa a tres km en la bahía de Ihasalu, en el golfo de Finlandia.

Continuamos en dirección este por la autopista E20 en busca del Parque Nacional de Lahemaa (web), que cubre un área de unos 750 km2 , muy rico en flora y fauna. Destaca la zona del bosque y los pantanos, un humedal que acumula turba como un depósito de materiales vegetales muertos, a menudo musgos. Hicimos la ruta del Viru Bog o del pantano de Viru, circular de unos 6 km sin dificultad o desnivel.

Se comienza en la zona de parking, donde se encuentran los letreros con información sobre la ruta que se puede hacer. Iniciamos el trekking entre árboles, en algunas zonas muy tupido, pero poco a poco su altura disminuye, así como su densidad, para dejar paso a la zona del humedal.

Durante toda la ruta hay carteles donde te explican la historia, orígenes y características como su fauna y la flora, y como ha ido evolucionando el paisaje a lo largo de los años. Caminamos por un sendero de madera que salva el pantano y así se puede disfrutar de las vistas. Aunque el mejor lugar, sin duda, es desde la Torre de Observación, desde donde se tiene una vista panorámica de 360 grados de todo el paisaje, ¡espectacular!. Además el recorrido es accesible en silla de ruedas, incluido el ascenso a la torre.

Las islas de Saaremaa y Muhu

Pusimos rumbo suroeste desde la capital por la E67 y después de unas 2 h nos plantamos en el puerto de Virtsu, desde donde se coge el ferry que cruza hasta la isla de Muhu y posteriormente un puente que la une con la isla de Saaremaa. El ticket (8,40€2023 el coche y 3€2023 por pasajero) se compra en la taquilla desde el coche. Hay bastante frecuencia y el trayecto dura unos 25 minutos, se dispone de bar y free wifi.

Una vez se llega al puerto de Kuivastu, en la isla de Mohu, se toma la carretera en dirección a Kuressaare, la capital de la isla de Saaremaa, pero antes de cruzar el puente que une a ambas islas, visitamos el molino de viento de Eemu Tuulik. Los molinos de viento forman parte de la arquitectura campesina de Estonia y son considerados como un símbolo nacional. Este molino de caballete, forma parte de un museo donde se explica su funcionamiento e historia.

Tras cruzar el puente y ya en la isla de Saaremaa, visitamos el monumento Ö/Õ, de 5 m de altura, que marca la frontera dialectal entre los isleños y el continente. Este curioso monumento reivindica la diferencia de pronunciación de la O, pero ya les avanzo que hay que tener muy buen oído.

Nos desviamos al norte para visitar el pueblo Orissaare, donde vimos el roble ganador del premio al «Árbol Europeo del Año» del 2015, un roble de 150 años. Pero lo peculiar no es su longevidad sino que está plantado en medio de un campo de fútbol. Y es que durante la época soviética la maquinaria no fue capaz de arrancarlo y ahí se quedó.

A pocos kilómetros de Orissaare se visitan las ruinas del castillo de la Orden Maasi o Zoneburg, construido por La Orden de Livonia, rama de la Orden Teutónica, a finales del s. XV. Este castillo junto al mar se convirtió en un baluarte seguro hasta que los daneses lo volaron en 1576.

También cerca de Orissaare se encuentra la iglesia medieval de Poide, se construyó sobre los restos de una capilla del siglo XIII. Es de planta alargada y sencilla y consta de una nave con establos al este y torres al oeste.

Ahora nos vamos a disfrutar de las vistas de este museo al aire libre de la Colina de los Molinos de viento de Angla, el conjunto de molinos de madera más extenso de la isla. La entrada es de pago, pero, tal y como dicen en todos los Blogs de viaje, se ven perfectamente desde fuera. También se expone material agrícola y hay una pequeña granja de animales.

Continuamos hasta una de las mayores curiosidades de la isla, el cráter Kaali. Este cráter de meteorito se encuentra en el centro de la isla y se cree que el impacto ocurrió hace unos 3.500 años. Mide 110 m de diámetro y tiene una profundidad de 22 m, alberga un pequeño lago. Diseminados por la campiña hay otros cráteres más pequeños que también son visitables.

Finalmente se llega a la capital de la isla, Kuressaare, ubicada en la bahía de Livonia, en el extremo más al sur. Te recibe su encantador Kuressaare Raekoda o plaza del Ayuntamiento, donde hay muchos cafés y restaurantes junto con un mercadillo tradicional. Pasear por sus calles empedradas te invita a explorar sus edificios principales, El Ayuntamiento, la Casa de Peajes, hoy es el pub Vaekoja, ambos del s. XVII, la Iglesia de San Lorenzo, un templo luterano del siglo XVII,  la Casa Pallopson, con su característico reloj y el Monumento para los Habitantes de Saaremaa que perdieron sus vidas en la Guerra de Independencia,  el  Thule Koda, uno de esos centros multi culturales, con museo, centro de arte, cines, salas de juegos, etc., el Molino de viento que hoy en día funciona como restaurante de cocina local, la hermosa iglesia ortodoxa de San Nicolás.

En la zona del puerto se puede disfrutar de una pequeña zona de playa, y dando un paseo te encontraras con el conjunto escultórico de Suur Tõll y Piret, los héroes míticos de Saaremaa. Fue realizada por escultor estonio Tauno Kangro. La escultura simboliza la leyenda que cuenta que Piret encendió el fuego en el hogar, y antes de que el agua hirviera, su esposo el gigante Toll, había cruzado el mar hasta la isla de Ruhnu trayendo repollo para la olla.

Pero si hay un monumento importante en Kuressaare ese es su castillo, también contiene el Museo de Saaremaa. Está considerado una de las fortificaciones medievales mejor conservadas de Estonia. El castillo es de estilo gótico tardío y se caracteriza por la simplicidad de sus formas. El edificio central, el llamado convento, es un edificio cuadrado alrededor de un patio central. La llamada torre de defensa, en la esquina norte, alcanza los 37 metros. Su historia puede seguirse a través de sus conquistadores; la época de los obispos (primera mitad del siglo XIV – 1559), la época danesa (1559-1645), la época sueca (1645-1721) y la época rusa (1721-1918). 

Nadie que visite Kuressaare debería irse sin visitar este curioso bar, donde la barra es una guagua, tal tal cual, otro paraíso de instagramers, jajaja. Se encuentra en las inmediaciones del castillo, con una maravillosa terraza con vista al foso y al castillo. Su nombre es John Bull Pub.

La ciudad balneario de Pärnu

Dejamos atrás la isla de Saaremaa y Muhu y regresamos al continente poniendo rumbo a la capital del veraneo del Báltico, Parnu en la desembocadura del río del mismo nombre y a orillas del golfo de Riga.

Turistas y locales son atraídos por su clima suave, sus inmensas playas de arena blanca, cristalinas y poco profundas, sus establecimientos hoteleros y balnearios de fuentes termales, además de por sus numerosos eventos y festivales en la época veraniega.

Frente a la playa destacan dos edificios; el Mudaravila, que alberga los baños de barro. El inmueble es de estilo neoclásico, se construyó en 1926 y el Kuursaal, un local de madera, edificado en la década de 1880, restaurante y salón musical. Curiosa es la música que suena en la escultura del músico y compositor estonio Raymond Valgre que trabajó todas las noches al lado. Otra construcción que destaca, pero de épocas más modernas, es la Villa Ammende, de estilo art noveau, hoy en día es un hotel de lujo.

La ciudad se unió a la liga hanseática en 1346, desarrollándose como un de los puertos comerciales más importantes del Báltico. El único vestigio de este tiempo, que se conserva es la Torre Roja, que formaba parte de las murallas de la ciudad y se usaba como prisión.

La Puerta de Tallin, s. XVII, da la bienvenida a los visitantes que provenían de la capital, rodeada por los jardines Vallikäär, con sus hileras de ancestrales tilos, fuente y puentes de arco le dan un aire muy romántico al lugar.

El casco viejo queda dividido en dos por la calle peatonal Rüütli, donde podemos ver la arquitectura típica del país. Cerca del Ayuntamiento se encuentra la iglesia ortodoxa de Santa Catalina, construida en 1786 por orden de la emperatriz Catalina II tras un viaje a la ciudad. La casa más antigua de la ciudad es la Casa de la Limosna o Seegi Maja (1658), hoy en día convertida en restaurante y casi al final de la calle se encuentra el Memorial Momento en el Tiempo, que está dedicado a los fundadores de la República de Estonia, realmente feo.

Otro edificio impresionante por su fachada roja de estilo barroco con una aguja infinita es la iglesia Santa Isabel, a la que no pudimos entrar por estar cerrada por obras. Terminamos en la otra iglesia, la Ortodoxa de la Transfiguración de Nuestro Señor, de 1902 de estilo ruso antiguo.

Tartu, la capital intelectual de Estonia

Dejamos la apacible Pärnu y cruzamos el país de oeste a este para conocer la segunda ciudad más habitada de Estonia, Tartu, a orillas del río Emajõgi. Se la considera la capital intelectual por albergar la Universidad más antigua de Estonia, fundada en 1632.

Su casco histórico está bien conservado, donde domina el estilo neoclásico original, tras el incendio de 1775. El centro lo encontramos en la Raekoja Plats o Plaza Roja, con su inconfundible adoquinado de ladrillo rojo. Una alargada y pendiente plaza peatonal repleta de terrazas, tiendas y edificios neoclásicos, cerrada en su parte alta por el Ayuntamiento. Delante de su fachada está la fuente conocida como la pareja de estudiantes besándose bajo un paraguas, diseñada por Mati Karmin e instalada en 1998. Al lado contrario encontramos la casa inclinada, realmente lo está, alberga el museo de arte, Tartu, el Kunstimuuseum.

Continuamos por la calle Üllikooli Peahoone, en la trasera del Ayuntamiento y al pie de la colina Toomemägi, hasta llegar al edificio principal de la Universidad. Si seguimos, ahora, por la calle Jaani tänav, encontraremos la iglesia de San Juan Bautista, construida en ladrillo en el siglo XIV y rematada por una torre cuadrada en la fachada.

A la colina Toomemägi, se puede llegar subiendo por la calle Loosi tänav, pasaremos por debajo del puente de los ángeles hasta llegar a las ruinas del Toomkirik, la catedral gótica dedicada a los santos Pedro y Pablo, construida en el siglo XIII, devastada en la época de la Reforma y en donde hoy en día se encuentra la Biblioteca Universitaria y el Museo Histórico de la ciudad. También hay un puente del diablo, cómo no, construido en 1913 en honor del 300 aniversario de la dinastía Romanov.

Realmente la colina es un parque de estilo inglés donde pasear, hacer ejercicio o refugiarse en las horas de máximo calor en verano. También es lugar de esparcimiento de los estudiante universitarios y cuando acaba el curso, es tradición subir hasta allí para quemar los apuntes en la Piedra de los Deseos. Muy cerca se encuentra la colina del Beso, realmente es una colina artificial con una plataforma de observación con bancos, pero que los instagramers han hecho famosa por realizar instantáneas besándose. El parque está jalonado de estatuas de ilustres personajes de la vida de la ciudad.

En la colina hay varios edificios significativos como; el Observatorio, creado en 1808 por la Universidad sobre las ruinas de un castillo medieval, su principal atractivo es su espec­tacular telescopio. El Antiguo Teatro Anatómico también forma parte del conjunto histórico de la Universidad de Tartu. Por último, el Riigikogu, el parlamento, que es la única cámara de Estonia. Aquí se aprueba la legislación y se nombra a los altos funcionarios, incluido el primer ministro.

La ciudad está trufada de estatuas escultóricas donde destacan la de Óscar Wilde y el escritor estonio Eduard Vildesu. Se encuentran en un banco en posición de charla amistosa, la caricatura de un famoso profesor estonio llamado Yuri Lotman, para mi una maraña de tubos, o la escultura de las campesinas. También puedes encontrar múltiples obras de arte callejero.

El Jardín Botánico de Tartu fue creado por la Universidad en 1803. Ocupa tres hectáreas de terreno donde hay un gran invernadero, una rosaleda, jardines y diferente tipos de ecosistemas. En total alberga unas 10 mil especies de plantas de todos los continentes.

Otro de los imprescindibles en Tartu es dar un paseo por la orilla río Emajõgi, o alquilar un bote o kayak y navegar por él. Se puede comenzar desde el Puente del Arco muy cerca de la Plaza del Ayuntamiento hasta el barrio de Supilinna o al revés. Sus riveras están pobladas de árboles, zonas ajardinadas donde descansar, leer o simplemente hacer picnics. Hay barcos anclados donde tomarse algo y cómo no, estatuas de personajes célebres de la vida científica y cultural de Tartu.

Valga vs Valka, la ciudad frontera

Nuestra última parada en territorio estonio fue en la ciudad frontera de Valga/Valka a 1 h de Tartu. Históricamente Valga, al sur de Estonia y la ciudad de Valka en el norte del Letonia han constituido una única ciudad, hasta su separación en 1920 tras  I Guerra Mundial.

Durante la II Guerra Mundial los controles fronterizos desaparecieron para volverse a levantar durante la Época Soviética, cerrando el territorio con vallas fronterizas y pasos de control.

La entrada de las dos naciones bálticas en la Unión Europea, en 2004, ha eliminado esas separaciones y solo quedan algunos pasos de control como recuerdo y reclamo de turistas. Continuamos hacia Letonia en dirección a su capital Riga, pero eso será otra historia. No te la pierdas. Continuará…..