Estonia, y principalmente su capital Tallin, están más emparentados con sus vecinos Escandinavos, con los que comparte más raíces lingüísticas y culturales, que con las otras repúblicas, más Centro Europeas. Con una población de 1,3 millones de habitantes es el país menos poblado de la UE y el de menor en extensión de las repúblicas bálticas.

A Tallin, la capital de Estonia, llegamos en ferry con la compañía Vinking Line desde Helsinki, en un viaje de unas 2:30 h. Fue curioso ver como una gran mayoría de los pasajeros se agolpaban en los bares y tiendas del barco. Aunque nos habían contado lo del «duty free«, no creímos que fuese tan exagerado.

Nuestra idea era pasar 3 días en la capital y alrededores, y luego alquilar un coche en el aeropuerto, para transitar por el país en un recorrido de 5 días visitando las poblaciones de la isla de Saarema, Partu, Tartu y Valga.

Tallin, la capital medieval del Báltico

Aunque la capital tuvo un origen germánico, hasta principios del s. XX. Fue un importante puerto de la liga Hanseática, a la que denominaban Reval. Esto la hizo ser deseada y conquistada por daneses, alemanes, suecos y rusos sucesivamente hasta su independencia. Todos estos pueblos dejaron su impronta en el pueblo estonio y en sus ciudades.

El casco antiguo de Tallin parece sacado de un cuento de hadas de Andersen o de los hermanos Grimm, gracias al gran estado de conservación y la homogeneidad de su arquitectura. Callejuelas adoquinadas serpentean a la sombra de imponentes torres y bastiones góticos y grandes mansiones de antiguos gremios. La Ciudad Vieja o Vanalinn, rodeada por una monumental muralla está dividida en dos partes claramente diferenciadas, Toompea o la Ciudad Alta, donde tenían su sede los gobernantes de la ciudad y la Ciudad Baja cuyo centro neurálgico es el conjunto medieval de la Plaza Raekoja o del Ayuntamiento.

El Ayuntamiento de 1404,  de estilo gótico tardío, es el elemento más significativo de la plaza que fue mercado medieval y lugar de reunión. El campanario está decorado con una veleta de 1530, conocida como el “viejo Thomas“, también son singulares las gárgolas con forma de cabeza de dragón

En los bajos del ayuntamiento se ubica uno de los restaurantes más famosos de Tallin, el Draakon, que recrea el ambiente medieval, a la luz de las velas, donde los camareros van ataviados con trajes de la época y sirven sopa de alce, empanadas,  encurtidos, tartas, y cerveza tradicional.

El Ayuntamiento está acompañado de notables edificios donde destaca la Farmacia más antigua de Europa, que ha funcionado ininterrumpidamente desde 1422.

Perderse por las callejas de la ciudad vieja es todo un viaje al medievo. La Puerta de la Costa y la Torre Margarita la Gorda que alberga el Museo Marítimo te dan la bienvenida desde el mar. La otra puerta, de las seis que hubo, es la Puerta Virtu, compuesta por dos torres amuralladas.

Las puertas eran el acceso que salvaban el conjunto de murallas y bastiones (s XIII-XVI) , de la cuales se conservan 1,8 km. Hay tramos de las murallas que pueden ser recorridos, desde la Nunna Torn o Torre de la Monja hasta la Sauna Torn o Torre de la Sauna, también se puede realizar este recorrido ascendiendo en la Torre Hellemann del siglo XIV. 

Las iglesias que más destacan en la ciudad baja son la de San Olaf (s. XII) con el campanario más alto de la ciudad, con 112 m y un mirador espectacular, la de San Nicolás (s. XIII) hoy museo eclesiástico, la Iglesia de San Juan es Luterana de estilo pseudo-gótico, construida en 1867 y situada en la Plaza de La Libertad y la iglesia más pequeña de la ciudad, la iglesia Luterana del Espíritu Santo (s. XIV) con su encantador reloj.

Otro de los alicientes de pasear por las callejuelas adoquinadas de Tallin es deleitarse con la arquitectura de sus casas, en especial de aquellas que albergaron los gremios de la ciudad antigua. Y si tenemos que citar una calle especial esa es la Pikk o Calle Larga, donde se ubicaban algunos de los gremios mas importantes de la ciudad como; La Casa del Gran Gremio, n.º 17, en un edificio de estilo gótico del año 1410, en el nº 20 se encuentra la sede del Gremio de San Canuto (el edificio actual del s. XVI), era la sede de los artesanos más sencillos como carniceros, curtidores, carpinteros, etc…O la Casa de los Cabezas Negras, en el n.º 26, del siglo XV que sirvió como lugar de congregación de una asociación de comerciantes y armadores solteros. Otro conjunto de edificios que no debes perderte son las Tres Hermanas en el n.º 71, Se trata de un conjunto de tres casas medievales del s. XIII, que en su momento fueron casas de mercaderes.

Además hay rincones muy especiales, donde ingresar en ellos es retroceder 700 años, como el Pasaje de Santa Catherina, también conocido como Callejón de los Monjes, es una calle abovedada donde se pueden ver a diferentes artesanos trabajando el vidrio, la cerámica o las joyas. El cercano patio del Convento Dominico, de 1246 o el Patio de los Maestros, en la que disfrutar de la arquitectura medieval. Singular es el Pasaje Borsi, en el que han escrito la historia de Estonia en placas en el suelo.

La mejor forma de alcanzar Toompea o Ciudad Alta es subir por la empinada calle Pikk Jalg o pierna larga, cruzando la Torre del mismo nombre. Esta adoquinada y pendiente calle nos lleva hasta la entrada del antiguo castillo, es el edificio más importante de la colina y está coronado por la torre Pikk Hermann (s. XIII). La bandera en la parte superior de la torre es uno de los símbolos más conocidos de Estonia. Reformado por daneses (1219), alemanes (1227), suecos (1561) y rusos (1710) que lo transformaron en un palacio, con un ala barroca y neoclásica, en color rosa por capricho de Catalina la Grande, conocido como Riigikogu y que fue ampliado en 1920 para albergar el Parlamento de Estonia.

Frente a él se levanta Catedral Ortodoxa de Alejandro Nevski, de 1900, con sus cúpulas bulbosas, sus mosaicos de la fachada y una arquitectura realmente llamativa y original hacen de esta catedral una joya arquitectónica que estuvo a punto de desaparecer en 1924, cuando, tras la independencia, el gobierno quiso borrar todo rastro del dominio ruso, pero finalmente no se derribó.

Otra forma de acceder a Toompea es por la calle Lühikese jala o Pierna corta, es una calle-escalera de 80 m de largo que conecta la ciudad baja con la ciudad alta, hasta una puerta Torre del mismo nombre que da acceso a la calle Pikk Jalg, o al Jardín del Rey Danés. Según cuenta una antigua leyenda, este fue el lugar donde una bandera descendió del cielo durante la invasión danesa por el Rey Valdemar II y cambió el rumbo de la batalla en favor de los daneses. Esa enseña se ha convertido desde entonces en la bandera nacional de Dinamarca. También podemos ver la escultura de tres monjes, en alusión a otra leyenda sobre un verdugo que quiso refugiarse en un convento pero seguía ajusticiando a los vecinos del pueblo.

Atravesamos la muralla que está protegida por varias torres defensivas como la torre Neitsitorn, del s. XIV y planta cuadrada, llamada irónicamente de la Doncella, por haber sido cárcel de prostitutas, o la Torre Kiek in de Kök, que en dialecto alemán de la época significaba «vigilante de la cocina», hoy alberga parte del Museo de Historia de la ciudad. Otro edificio significativo en la colina es la Catedral de Santa María o Toomkirik, (1233), que no pudimos visitar por estar en reformas.

En la colina destacan varios miradores, Piiskopi, Kohtuotsa o Patkuli, con excelentes vista sobre la ciudad baja, pero es este último el que tiene una vista privilegiada sobre el casco antiguo, así como de sus torres y murallas, que se pueden ver hasta el puerto. La escalera Patkuli, construida en 1903, conecta la colina de Toompea con la ciudad baja, mediante 157 escalones que finalizan en el parque Toompark, junto al estanque Snelli y nos devuelven a la ciudad baja.

Otra zona de Tallin que se ha puesto de moda en los últimos años es la llamada Ciudad Creativa de Telliskivi, situada en un antiguo complejo industrial soviético en los límites de la ciudad antigua, cerca de la estación de ferrocarril, Balti jaam y del mercado Balti Jaama Turg. Alberga galerías de arte, pequeñas tiendas, varias empresas creativas, restaurantes o sedes de diferentes ONGs. Además, se pueden encontrar más de veinte obras de arte callejero diferentes.

Por último, a unos 10 minutos del centro, en coche o mediante las líneas 1 ó 3 del tranvía, se encuentra el Palacio y Parque de Kadriorg. Una gran zona verde pública que se expande alrededor del palacio barroco del s. XVIII de Kadriorg, construido como residencia de verano para el zar Pedro el Grande de Rusia.